En un famoso episodio de Los Simpson Marge le escribe una carta a Frank Gehry pidiéndole que diseñe un gran edificio para Springfield. El famoso arquitecto lee la carta con desinterés, la arruga y la tira al suelo. Pero cuando la ve hecha un burruño le gusta mucho su forma y decide hacer el proyecto que le piden.
martes, 3 de marzo de 2026
En qué orden
miércoles, 25 de octubre de 2023
El sentido de la arquitectura (y II)
El otro día corté mi discurso y la verdad es que no sabía exactamente cómo lo iba a terminar. Ahora, pasados unos días, ya no tengo ni idea.
Quizá tomé un mal ejemplo con las Torres de Colón. O, mejor dicho, esas torres son un magnífico ejemplo de muchas cosas, pero lo que hice mal fue poner ese título. ¿Qué sentido tiene la arquitectura? Muchos, muchos sentidos, pero precisamente en este caso no lo sé muy bien, porque, como dije, las riendas las ha tomado la ingeniería, y ha hecho (está haciendo) muy bien su trabajo.
En todo caso podría decir que la ingeniería hace muy bien lo suyo aunque todo el conjunto sea más que discutible. ¿No sería precisamente ese el papel de la arquitectura en este asunto: diseñar una buena solución, darle argumento y contenido a todo ello y pedirle a las ingenierías (estructuras, instalaciones) la ayuda necesaria para llevarlo a cabo? ¿Puede hacer algo la arquitectura, atrapada entre la normativa, la tecnología y los ambiciosos deseos de los propietarios?
viernes, 9 de diciembre de 2022
Un libro de arquitectura
El otro día una alumna ya de la segunda mitad del Grado de Fundamentos de la Arquitectura me dijo que hasta el momento había estado muy ocupada en ir aprobando las asignaturas y en ir avanzando con su carrera -lo que no es poco-, y que tenía la sensación de que no se había ocupado de pensar qué es la arquitectura, cómo la quiere entender, y no había reflexionado sobre las cuestiones principales.
Me pidió que le recomendara un libro de arquitectura -porque además ahora, con las vacaciones de Navidad y con los Reyes Magos, es un buen momento para comprar alguno e incluso para leerlo- y no le supe qué decir. Le di muchas vueltas evocando qué libros de arquitectura me habían sacudido a mí y en qué circunstancias.
Me hice una lista apresurada con la convicción de que eran libros que me gustaron mucho, pero no sé si a ella le interesarían, y me sentí perdido y desorientado. Si mi misión es dar alguna orientación o alguna idea soy (de nuevo) un fraude.
La foto que he puesto es un fragmento de mi biblioteca, formada por años de amor por los libros. ¿Pero en qué se podría resumir? ¿Qué tres o qué cinco libros podría seleccionar para pasárselos ahora a alguien que está empezando a leer y a mirar? ¿Cuál fue el primer libro de arquitectura que yo leí?
jueves, 25 de agosto de 2022
Criticones aficionados
Sigo de vacaciones, así que perdonadme esta entrada frívola y facilona sobre esta época del año en que casi todos viajamos y casi todos, arquitectos o no, acabamos viendo arquitectura. Y, naturalmente, opinamos, que para eso pagamos, y, a lo que se ve, demasiado dinero.
Estamos en una época en la que gracias a internet y a las redes nos podemos sentir importantes. Hace décadas podías enfadarte con un presentador de televisión y ladrarle desde el sofá de tu casa; muy poquísima gente se tomaba la molestia de escribirle una carta y dirigirla a la sede de la televisión. En general la protesta se quedaba en el cuello de tu camisa. Pero ahora se lo puedes decir en Twitter, e incluso puedes conseguir, para tu orgullo, que te acabe bloqueando por pesado. "Ja. Le he dicho cuatro cosas a Fulano de tal. Se ha cabreado conmigo y todo. Me ha bloqueado". Con el mismo descaro y la misma seguridad podemos decir en internet que tal obra, maestra para todo el mundo, es una porquería. No nos callamos. No le debemos nada a nadie y somos insobornables. Y nos sentimos estupendos.
Pero ya no son solo las obras de arte: En internet hay reseñas de cárceles, de misas, de todo.
Tonteando, se me ha ocurrido fisgar reseñas dadas por visitantes de obras incuestionables de arquitectura. De las que llevan siglos en nuestro acervo y tienen el beneplácito de todos. No me he querido aventurar en edificios polémicos, de gusto más difícil, que necesiten algún entrenamiento previo, sino que me he ido al consenso de los consensos, a lo que sale en cualquier guía turística general (y no las obras que solemos buscar los arquitectos, que no las conocen ni los taxistas de la ciudad).
Os pongo algunos comentarios que me han gustado especialmente, y espero que también los apreciéis:
viernes, 7 de enero de 2022
El insoportable estruendo
Iba a titular "Ruido" y he tenido el vago recuerdo de que ya había empleado ese título alguna vez. He buscado y, en efecto, lo usé aquí. Así que, entre que ya lo había utilizado y que ahí hablaba del ruido con intenciones serias de intentar comprender sus alcances semánticos y culturales mientras que ahora solo quiero contar mi desorientación y mi desamparo, he cambiado de título.
El día 4 de enero vi esta imagen en Twitter, con la consiguiente denuncia del tonteriísmo al que estamos sometidos:
Es una foto de una joven vestida de paje de los Reyes Magos, tomada (supuestamente) del Telediario de la primera cadena de Televisión Española con un rótulo que dice: "Las pajas recorren pueblos y ciudades".
La "viralización" de esta foto tiene el objetivo de poner en ridículo a los defensores del lenguaje inclusivo señalando un involuntario juego de palabras.
sábado, 20 de febrero de 2021
"Aarón" Johnson
Canseco, que me proporcionaron material gráfico y datos
básicos para esta entrada, pero que no comparten necesariamente
las opiniones que vierto aquí.
No le tengo ninguna simpatía a Philip Johnson. (Ya está. Ya lo he dicho. Se queda uno mucho más a gusto así: Declarando sus fobias para que queden claras desde el principio y escribiendo luego sin más tapujos).
Fue un joven rico y muy listo, incluso demasiado rico y demasiado listo, que sintió una gran atracción por el nazismo, cosa bastante difícil de entender en un homosexual, pero yo ya estoy curado de espanto, y a estas alturas tampoco me tiraría de espaldas una asociación de toreros afiliados al PACMA o incluso otra de futbolistas no tatuados. En este mundo hay de todo.
Philip estudió filología. Se sentía fascinado por las ideas potentes y rotundas, por el arte y supongo que por los uniformes de Hugo Boss y toda esa faramalla que encandiló a tanta gente lista y tonta. Nacido en 1906, a sus veintitantos y treinta y pocos años se propuso impulsar la agenda nazi en los Estados Unidos. Viajó a Alemania y no le pareció mal lo que se estaba haciendo con los judíos. Tampoco se opuso a las burlas al "arte degenerado", aunque él sí que admiraba a muchos de los artistas de vanguardia e incluso a algunos los ayudó a salir del infierno.
De alguna forma quería conservar una vergonzante apariencia de dignidad y de hipocresía. Era un mal bicho, pero un hombre inteligente y astuto. Cuando el partido nazi estadounidense que estaba auspiciando y en el que incluso tanteó hacer carrera política no llegaba a nada, cuando en Europa la locura del Tercer Reich se veía que no iba a triunfar, pero sobre todo cuando toda la gente guapa de Nueva York le hacía ascos a esa brutalidad, dio un descarado giro de timón, pasó a otra cosa, mariposa, y olvidó todo eso. Las ideas son hermosas cuando tienen aspecto de triunfar, pero se vuelven intolerables cuando fracasan. A él le podía valer cualquier ideología, menos la de perdedor.
En Europa le había llamado muchísimo la atención la arquitectura moderna, y a su vuelta a casa se convirtió en un ferviente divulgador y promulgador de ella. Se le escuchaba y se le atendía. También se le temía. En poco tiempo fue uno de los más influyentes popes del Movimiento Moderno. En 1930, con solo 26 años de edad, se convirtió en el primer director del recién creado Departamento de Arquitectura del MoMA. En 1932 organizó y dirigió junto al historiador Henry-Russell Hitchcock una fantástica exposición sobre arquitectura moderna en su departamento del MoMA y escribió con él su catálogo, que se convirtió en la piedra fundacional del Estilo Internacional y cuyas tesis marcaron el rumbo de la arquitectura mundial durante décadas.
En 1940, ya con treinta y cuatro años, comenzó a estudiar arquitectura. Lo hizo en Harvard, claro, y con Walter Gropius como profesor. Era lo mínimo para él.
Estaba obsesionado con Mies van der Rohe. Tanto que en cuanto el maestro alemán se puso a construir la casa Fransworth él se hizo la suya imitándolo (pero peor: Cuentan que el propio Mies pasó una noche en ella sin poder dormir por lo mal resueltos que estaban a su juicio los soportes de esquina).
Johnson escribió la primera monografía sobre Mies y le abrió las puertas de la alta sociedad estadoundiense. Puso todas sus influencias al servicio del alemán, y en 1954, finalmente, proyectó con él el edificio Seagram. (Entiendo que estuviera deseando trabajar con su admirado maestro, ¿pero por qué iba a querer Mies admitirlo como coautor? Nada de colaborador, o ayudante; no, no: coautor. ¿Tal vez porque el rico e influyente Johnson había sido quien había conseguido el encargo convenciendo a los propietarios de las bondades de Mies? Pues sí, claro; naturalmente).
No sé cuánto hay de Johnson en el proyecto(1). En todo caso se ve el talento y la finura de Mies en cada detalle, en cada tornillo. (Esto es literal: Me contaron que los miles que fijan los junquillos de las carpinterías de fachada tienen todos -todos- la ranura paralela al plano del vidrio).
En 1955 el aprendiz diseñó la casa Leonhardt, en Lloyd Harbour, Long Island, con algo más que una influencia de su maestro:
Tal vez más que "inspirada" en un croquis de 1934 de Mies para una no construida casa de cristal en una colina.
viernes, 24 de enero de 2020
Destacar
¿Qué ha pasado?
¿Qué mente enferma ha podido perpetrar esa cosa? ¿A qué corporación municipal o a qué jurado le pudo parecer bien que se hiciera eso?
Este ejemplo está tomado en Valdepeñas, pero no quiero ensañarme con esta ciudad: Es un fenómeno incomprensible que arrasa y vandaliza cualquier otra que se nos ocurra visitar. Pero ya que estoy con este famoso emporio manchego del vino aprovecho para poner una foto de sus bolardos. ¿Apetece una copita?
De verdad: Qué gracia y qué humor tiene la gente. Qué derroche de imaginación el de todos los ayuntamientos. Así da gusto vivir en estos entornos sugerentes, simbólicos y divertidos.
Sin embargo, creo que todas estas chorradas y mamarrachadas no son lo peor. Creo que mucho más doloroso que estos chispazos de pobre ingenio y de dudoso gusto son los paisajes urbanos desabridos, son los entornos tan chungos en los que vivimos casi todos nosotros.
miércoles, 23 de octubre de 2019
Perfecto
lunes, 11 de junio de 2018
A dos manos de Molezún y a tres de Wright
viernes, 15 de septiembre de 2017
En el 148 (¿eh?) aniversario del nacimiento de Frank Lloyd Wright
a todos los miembros de La morsa era yo y a
Fredy Ovando Grajales, con mi gratitud.
Dicen que este año se cumplen (¿de verdad?) ciento cincuenta años del nacimiento de Frank Lloyd Wright, y desde la Frank Lloyd Wright Foundation hasta el MoMA, pasando por muchas instituciones de todo el mundo, lo están celebrando por todo lo alto.
Pero hace apenas unos meses mis amigos de La morsa era yo me señalaron que en la contraportada de ese mismo libro pone que nació en 1867. Treinta y tantos años con ese libro en las manos y no me había dado cuenta de eso.
Qué bueno, qué saber nadar y guardar la ropa. Ese libro sostiene las dos fechas.
Bien. Hay que pensar que la contraportada la he escrito cualquiera de la editorial, buscando el dato en enciclopedias, y por lo tanto esa fecha no tiene por qué ser la que defienda Zevi. Pero si a eso vamos, también la nota biográfica la puede haber redactado otro documentalista y no el autor.
Lo que sí escribe Zevi en el artículo introductorio del libro (p. 11 en mi edición) es: "...en 1910, cuando el maestro, a los cuarenta y tres años, es invitado..." 1910-43=1867. (Oh, no. Tampoco me había dado cuenta hasta ahora).
Entonces hay que concluir que mi admirado Zevi defiende la misma fecha que la Frank Lloyd Wright Foundation, heredera del legado del maestro, albacea suya y garante de su biografía: 1867.
Por su parte, Finis Farr, el autor de la biografía más seria (en mi opinión) de Wright, dice ya en la primera frase (¿dónde si no?) que nació el 8 de junio de 1869. (Pero, claro, digo que es la biografía más seria porque dice lo que yo quiero).
Si le hablas de Henry-Russell Hitchcock a alguno de los miembros de la foundation te dirá que era un papanatas y una mala persona que tenía oscuros intereses en mantener la mentira de 1869, y que se inventó la confesión de Wright. Y si le hablas de Finis Farr te dirá: "¿Ese quién es?"
sábado, 8 de julio de 2017
Hendrik Petrus Berlage: Un hombre honrado
Perdonadme este exordio que ocupa mucho y aporta muy poco, pero es que soy un frikicoleccionista y me llaman la atención estas cosas. Creo que dos de los signos más claros de haber triunfado en la vida es que le pongan tu nombre a una calle o plaza de tu pueblo y que te saquen en un sello de correos. Y con las imágenes que he puesto se nota que los holandeses siguen apreciando a Berlage al cabo de los años.
Hendrik Petrus Berlage es un hombre muy honrado por sus compatriotas. Y además fue un hombre honrado.
Berlage fue un arquitecto de muchísima importancia. No fue un gran creador, un hombre de talento excepcional, no, permitidme que insista, pero fue un gran profesional y una persona lúcida, muy lúcida.
Cuando ganó el concurso de la Bolsa de Ámsterdam lo hizo con un diseño neomedievalista, interesante pero anclado en el pasado, y que conservaba algunos de los tópicos de la arquitectura holandesa (o, si preferís, nordeuropea) tradicional.
martes, 16 de mayo de 2017
Neoclasicismo
lunes, 16 de mayo de 2016
Pabellón de Barcelona: El no ya lo tienes
Cuando Lola Flores actuó en el Madison Square Garden de Nueva York el crítico del New York Times escribió: “Lola Flores no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan”.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Manierismo, Mies, pop, Cantinflas, Chabeli...
(La primera la puedes ver aquí, y la segunda aquí).
Dicen que lo cuento bien. Sólo cuento lo que pasó. Lo que vi. Ojalá supiera contarlo mejor y dar mejores detalles.
El libro es una edición casera, personal, cuidadosa, que hizo María Teresa Muñoz de los guiones del curso de doctorado 1993-94 que impartieron juntos: Manierismo, Mies van der Rohe, Arte Pop. (Juan Daniel Falleció el 26 de junio, cuando el curso llegaba al final). La edición consta de 99 ejemplares numerados, para amigos y alumnos, y tengo el honor de que ella me regalara, en su casa, el ejemplar nº 16.
Es un libro de 264 páginas más unas ochenta (sin numerar) de trabajos de los alumnos. El libro tiene formato A4 vertical y está encuadernado en tela azul.
Junto al ejemplar me regaló una fotocopia de la carta que Bruno Zevi le mandó tras haber recibido el suyo y habérselo leído en una noche entera sin dormir. (L´ho sfogliato lentamente per circa due ore. Poi ho dedicato la notte a leggerme pagine e capitoli). La verdad es que es una experiencia excitante.
Non sono abituato a fare complimenti, anzi in genere sono un critico brutale e spietato anche e specialmente con gli amici. Ma debbo dirle che sono rimasto incantato, e che il mio entusiasmo e' cresciuto sempre piu' durante la notte, tanto che e' l'alba e le scrivo.
Entusiasmo. Sí. Y en mi caso, que soy tan tiquismiquis y tan puñeterito con estas cosas (a veces me veo como el bobo que explica los chistes y a veces como el bobo que necesita que se los expliquen), desorientación, desazón, ansiedad. Ese libro es un agua que no sacia, que da más sed, más curiosidad, más ganas. Es una insinuación de ideas, un torbellino, una cascada copiosísima, pero que me pasa por encima.
Porque el libro consta de los guiones de las clases sin desarrollar. Ideas, ocurrencias, relaciones... Algunas son bastante claras. Otras son oscuras, pero ya se las escuché alguna vez en clase, en su casa, en un restaurante...
Por ejemplo:
- El episodio del Vizcaíno.
Así, tal cual. Sin más. (Está tratando del Quijote). Yo recuerdo que él se burlaba de sí mismo como vizcaíno contándonos una noche mientras cenábamos que en todo el libro, en las dos partes, sólo hay un personaje que se toma en serio a Don Quijote: el Vizcaíno. Y no sólo es el único que se lo cree, sino que es el único que pierde contra él. El personaje más ridículo de toda la novela. (Sin embargo, también es el único que ve lo que los demás no ven; el único que reconoce ese mundo maravilloso y no lo considera una impostura).
Pero si alguien no le escuchó esa disertación es muy difícil que adivine su intención leyendo sólo eso: El episodio del Vizcaíno.
Así me pasa con:
- Borges y el Persiles y Segismunda.
Esa no me la sé. ¿Qué quiere decir? ¿A qué se refiere? Probablemente a alguna entrevista en la que Borges cuenta su interpretación de la obra cervantina. Sería interesantísimo conocer la opinión de Borges y la reopinión de Fullaondo sobre ella. Pero me tengo que resignar a no enterarme.
Tampoco me entero de:
- El "pollo frito" del Alcalde de Atlanta.
[En un contexto en que se está hablando de las Meninas].
Y tampoco me entero de:
- La filosofía de Chabeli.
Los hombres son historiadores, las mujeres filósofas.
El Ser y la Nada.
Chabeli sale más veces. Se menciona su vídeo. Recuerdo que una revista regalaba el vídeo de la boda de Chabeli con Ricardo Bofill jr. Busco por internet y... ¡justo! Se casaron en 1993. O sea, que era un tema candente en ese momento. Fullaondo debió de poner el vídeo de la boda en clase, y comentarlo como sólo él sabía hacerlo. Qué envidia. Qué rabia.
Fullaondo te ponía en su casa una película experimental sobre el Ulises de Joyce y remataba con el juicio de El Supersabio, de Cantinflas o con las empanadillas de Encanna, de Martes y Trece. Y lo ligaba todo con su inagotable cultura, su inagotable talento y su inagotable sentido del humor.
Bueno, esta creo que me la sé. El discurso como disolución del lenguaje. El discurso vacío, el significado vacío, la oratoria cromlech. Fullaondo era tartamudo; supongo que por eso pondría en clase fragmentos de la serie Yo, Claudio. A su lado, el brillantísimo discurso de Marco Antonio en la película Julio César, de Mankiewicz, maravillosamente dicho por Marlon Brando. También inmediatamente los discursos rotos y disueltos de Jerry Lewis y Cantinflas, y el brillante alegato de Gary Cooper en El Manantial. Todo junto, explicando unos discursos con los otros, enriqueciendo estos con aquellos. En su casa participé de algún show parecido y certifico que eran divertidísimos. Pero además eran una fuente inagotable de aprendizaje: arquitectura, semiótica, arte, comunicación..., con ejemplos siempre brillantes, que no dudaban en ir de lo trágico a lo trivial, de lo exquisito a lo intrascendente, de lo sublime a lo ridículo.
viernes, 9 de mayo de 2014
Basílicas, templos y duros comentarios
Pues después de unos cuantos elogios a esa entrada tengo dos comentarios muy recientes que dicen que ese texto sólo expresa una opinión personal (de Oiza, que yo encontré acertadísima cuando la escuché, y por eso la conté) y que no hago un estudio previo real sobre los dos arquitectos comparados. (Hombre: Hacer un estudio previo de Mies van der Rohe y de Alvar Aalto antes de contar la charla de Oiza es hacer varias tesis doctorales, y esto no es más que un blog, y yo no soy más que un bocazas).
Pero no ha sido aquí, en el blog, sino en twitter donde he recibido la puntilla: Una tuitera dice sobre esa entrada: "El peor artículo de Arquitectura de toda la historia. ¡Hay que estudiar más, señores!". Tela: El peor de toda la historia. Jopelines, qué bajona.
¿El plural "señores" incluye a Oiza? Porque mi artículo era tan solo la glosa de su charla. Pues no: Al parecer no lo incluye. Otro tuitero le contestó para defenderme (se lo agradezco mucho), y ella insistió, diciendo esta vez que yo me limitaba a reproducir lo que oí, sin aportar nada. En eso tiene razón. Releo el texto y veo que lo único que dije de mi cosecha fue el final: La comparación entre las iglesias de Alvar Aalto y de Mies van der Rohe.
Así que, como purga y penitencia, me propongo desarrollar (mínimamente: Esto es sólo un blog, y un blog muy personal) la idea del templo como casa de Dios y la del templo como asamblea de los fieles. Y en esto no copio a Oiza.
Aalto hace una iglesia muy agradable, muy acogedora, mientras que Mies hace una iglesia muy fría. La de Mies es geometría, pura abstracción. Es la casa donde vive un dios racional y conceptual, un ser absoluto y trascendente. Y vive allí. Allí sólo puede vivir un ser sobrenatural.
La iglesia de Aalto es, por el contrario, el espacio en el que los seres humanos -dubitativos, imperfectos, torpes- le buscan.
Aalto, con su iglesia, ayuda a los fieles a que estén tranquilos, plácidos, y puedan elevar sus pensamientos y sus sentimientos. A Mies, en la suya, le da igual cómo estén los fieles: Dios está a gusto. O, mejor dicho, Dios está en su sitio. Y eso es lo que cuenta.
Aalto proyecta para los hombres, y Mies para Dios.
martes, 29 de abril de 2014
Canto al constructor. (El valor de un rótulo).
El constructor organiza a su gente, dispone los medios, las máquinas, los equipos, y le mete mano a lo que hasta ahora sólo estaba en el papel (o en la pantalla del ordenador o de la tableta).
Todo comienza en ese momento. Replantea, hace el vaciado, abre las zanjas, etc.
viernes, 21 de marzo de 2014
Clasicismo, Modernidad y Metafísica china
El otro día por Facebook mi amiga virtual Ana Fernández del Prado hablaba de un libro que le habían mandado leer en la asignatura Clasicismo y Modernidad. ¿Cómo? ¿WTF? ¿Pero existe esa asignatura? Al parecer sí. (Lo he buscado y he puesto el enlace. Por cierto; la página está vacía, lo que me parece muy coherente con el concepto "Clasicismo ∩ Modernidad". Es decir: La intersección del "Conjunto Clasicismo" con el "Conjunto Modernidad" es un "Conjunto Vacío").
Aclararé previamente que la Modernidad se tiene que valer de elementos técnicos, de referencias lingüísticas, lógicas, rítmicas, constructivas, etc, que a menudo utilizan herramientas que ya utilizó el clasicismo. Sí, naturalmente. También los arquitectos modernos comen manzanas similares a las que comieron los clásicos, o caminan moviendo las piernas de manera parecida a como lo hacían aquéllos. Nada más.
La estructura de Mies niega la de Schinkel. El espacio de Mies niega el de Schinkel. La forma de Mies niega la de Schinklel. Los materiales de Mies niegan los de Schinkel.
Mies es otra cosa, siempre sorprendente, incomprensible e inabarcable. Su ansia de perfección platónica es al mismo tiempo un afán de reducción, de esencialidad, de minimalismo. ¿Puede tener esto algo que ver con el clasicismo? Creo que es evidente que no. Cómo plantea los programas, cómo enfrenta los problemas, cómo enuncia los... De Mies hablaremos otro día. Pero vamos: Que no. Que no es clasicista. Quien tenga ojos que mire.
Ah, y otra cosa, que aunque no venga a cuento no puedo dejar de señalar: Mies es primerísima línea mundial, un dios, un hipermegamaxi, y Schinkel es Segunda División B, se ponga quien se ponga como se ponga. Es como si dijéramos que Ancelotti, para tomar ideas para el Real Madrid, va los sábados a ver al Juvenil de la A.D. Illescas, equipo que elijo sólo a título de ejemplo, y no porque en él juegue mi hijo Andrés. Eso no tiene nada que ver. (Anda, Carlo, échale un ojo, que nos sacas de pobres).
lunes, 23 de septiembre de 2013
Arquitectura y Caos
Hacer arquitectura es coordinar aspectos que en principio no son coordinables, y es dar cancha a muchas solicitaciones diversas.
Estoy de acuerdo con lo que dice Koolhaas, sólo que yo utilizaría como conclusión (y titular) prácticamente la contraria: La arquitectura es una aventura que siempre lucha contra el caos.
¿Que pierde? Vale, también nosotros, todos, nos pasamos la vida luchando contra la muerte y al final perdemos. La vida es una enfermedad mortal, y la arquitectura es una aventura caótica que acaba naufragando en el caos. Sí, de acuerdo. Pero es un naufragio extraordinario, fruto de la convicción de que se puede y se debe luchar.
Eso es lo que le da gracia y sentido a la aventura. Sentimos trágica, unamunianamente, la vida. Tenemos miedo a morir, a desaparecer sin dejar nada, a dejar de ser. Pero por eso mismo nos aferramos a la vida y la disfrutamos. Si no muriéramos nunca no tendría sentido nada; todo sería un aburrimiento.
Por el mismo motivo, si nuestro mundo fuera un ente ordenado no habría por qué hacer arquitectura, ya que nos vendría todo dado, y cualquier chabolo (o cualquier montón de trastos) colocado y dispuesto de cualquier manera sería armonioso y bello, útil y funcional, y sus proporciones, dimensiones y características varias serían siempre gratas.
Pero no es así. La entropía es una puñetera. (Es una puñetera y al mismo tiempo una estimuladora y una entusiasmadora. Es la que nos hace saltar de la cama todas las mañanas y lanzarnos a la lucha diaria).
El Otro poema de los dones, de Jorge Luis Borges, comienza así:
El universo es un inextricable (y divino) laberinto de causas y efectos, pero el ser humano jamás renunciará a soñar con un plano del laberinto, y a trabajar duramente para dibujarlo.
Tal vez en muchos siglos sólo sea capaz de cartografiar un par de giros o recodos, pero no se desanimará ante el ingente trabajo que le queda, sino que celebrará haber reconocido esos dos giros, y estará siempre dispuesto a descifrar el siguiente, aunque le lleve otro milenio.
Esa es la condición humana.
En arquitectura, no sólo una obra tiene que luchar contra mil dificultades, y no triunfa nunca completamente y casi nunca parcialmente, sino que las pocas veces que sale más o menos airosa se levanta en medio de un entorno hostil. (¿Cuántas veces hemos ido en peregrinación a ver una obra mítica y nos la hemos encontrado casi tapada por un concesionario de coches o por un restaurante de comida rápida, que los fotógrafos de arquitectura evitan hábilmente?). Ya no es que no podamos hacer una buena obra de arquitectura: Es que no podemos cambiar el mundo.
Y sin embargo seguimos.
He puesto antes un enlace al concepto "entropía" de la wikipedia, y me ha sorprendido (y agradado especialmente) que la palabra proceda del griego "evolución" o "transformación". Yo ya sabía que era una medida del desorden, y que era una energía que no produce trabajo, una energía inútil, una gaita. Y además significa la irreversibilidad de los procesos y, en definitiva, la tragedia de la vida (El Sentimiento Trágico de la Vida). Pero lo que no me esperaba (pero, por lo demás, es obvio) es que eso mismo fuera la evolución o la transformación.
sábado, 12 de mayo de 2012
Historia Universal de la Infamia (I)
Sin embargo, estos tres brillantísimos arquitectos tienen también sus zonas oscuras, sus infamias monstruosas, y mi obligación autoimpuesta es contarlas aquí. Cada uno de ellos cometió más de una, pero voy a contar solo una de cada uno: No sé si la más vil. Tal vez sí.
Tengo que alegar que a estos héroes o se les santifica o se les ataca sin piedad, motivo por el que sus puntos negros nunca están claramente contados: O se disimulan e incluso se niegan, o se amplifican desproporcionadamente. Yo intentaré ser objetivo, aunque tengo las fuentes que tengo. Creo que lo que digo es verdad en su conjunto, aunque seguro que me fallan muchos detalles.
Hoy me dedicaré al primero, a quien siempre he venerado, a quien le dediqué mi tesis doctoral y hasta le escribí una novela (que os podéis descargar en este blog) para intentar exorcizármelo (quitármelo de encima) y apearle del altar en que le tenía. (Lo malo es que el canalla aguanta en el sillón presidencial de mi corazoncito a pesar de todo. Es como una lapa).
Vamos con la infamia.
Albert Chase McArthur fue el mayor de los tres hijos de Warren McArthur, un exitoso hombre de negocios cuya casa construyó Frank Lloyd Wright en 1892, en Chicago. El muchacho creció admirando al genial arquitecto. Tanto que él mismo se hizo arquitecto, y llegó a trabajar a las órdenes de su ídolo entre 1907 y 1909.
En 1927, Charles y Warren McArthur, los dos hermanos de Albert, compraron un terreno al pie del Monte Camelback, cerca de Phoenix (Arizona), y le encargaron el proyecto de un hotel: El Arizona Biltmore. Albert se puso a trabajar en el diseño del edificio y decidió emplear el sistema de bloques de hormigón que había creado su maestro. Convenció a sus hermanos para que pagaran a Wright por los derechos de utilización de esos bloques. Wright les vendió los derechos por un dineral, olvidando el pequeño detalle de que en su desastrosa situación legal y financiera le habían embargado todo lo que fuera susceptible de ser embargado, incluyendo, por supuesto, esa patente. Pero es que, además de vender lo que no era suyo, como no tenía trabajo se presentó en Phoenix a ayudar a Albert, sin que él se lo hubiera pedido. Albert ya tenía el diseño del edificio terminado, y Wright se entusiasmó al verlo.
Wright caracoleaba por el estudio con Olgivanna, estorbando, reconsiderando cosas que ya estaban resueltas, mareando a todo el mundo hasta que Charles, el hermano de en medio de los McArthur, y jefe de la empresa Arizona Biltmore, le pidió con el mayor tacto que se volviera a su casa, pues su hermano se bastaba y se sobraba para terminar los detalles del proyecto.
Albert hizo el trabajo con toda su ilusión, con toda su alma, con tanto amor por sus hermanos como por su maestro Wright.
El resultado fue una obra muy atractiva, con un aire wrightiano inconfundible. Menos "inspirada" y menos "magistral" que las auténticas obras de Wright, pero, al fin y al cabo, una muy digna pariente de ellas.
La obra se inauguró el 23-F de 1929. En seguida apareció el abogado del auténtico dueño de la patente de los bloques y les metió una demanda de pronóstico a los hermanos, que tuvieron que volver a pagar por utilizar los bloques. (No sé si le pidieron a Wright que les devolviera el dinero, pero lo llevaban claro).
En todo caso, Wright no devolvió un dólar (no lo tenía), pero a cambio se mostró tan amable, tan cariñoso, tan solícito con su discípulo, que cuando vio la obra terminada dijo:
"Ha quedado tan mal como esperaba".
¡Qué generoso! ¡Qué manera de devolver amor y cariño!
Albert le adoraba, y su esposa se había hecho muy amiga de Olgivanna. A cambio, Wright se burlaba de la mujer y del hijo de Albert siempre que podía.
Pero volvamos al hotel.































