Hace muchos años leí Islas a la deriva, de Hemingway, y me gustó. No la recuerdo muy bien, pero la frase que he puesto arriba no se me olvida. Esa escena me impresionó. Es al final (penúltima o antepenúltima página). El protagonista, Thomas Hudson, está en una situación muy difícil, tal vez definitiva, y se define: "No somos la chusma. Somos lo mejor y lo hacemos gratis". La frase me gustó muchísimo. Tiene orgullo, honradez, desfachatez y algo así como la conciencia limpia. (Me gustó tanto que ya digo que es prácticamente de lo único que me acuerdo de esa novela tantos años después).
Debía de estar muy tonto con esa frase porque, en pleno frenesí de un proyecto se la dije a Tomás, mi socio: "Somos lo mejor y lo hacemos gratis". Me miró con una expresión inolvidable. Creo que no hace falta que os la describa: Tenía, como siempre, toda la razón. Menos mal que trabajaba con él y que él tenía las ideas mucho más claras que yo. No somos estúpidos románticos ni soñadores melifluos: Somos profesionales y nuestro trabajo vale mucho. (Ah: Y vivimos de él).
Vuelve la frase a mi memoria porque acabo de ver algo que no debería haber visto y que me ha perturbado mucho: He tenido acceso a un proyecto de una vivienda redactado por un arquitecto de un pueblo cercano a quien conozco de referencia y de rebote. En su interior había (por error e indiscreción) la hoja de comunicación de encargo del arquitecto técnico a su colegio, con mención de sus honorarios como director de la ejecución de la obra y coordinador en materia de seguridad y salud.
El doble de esa cantidad me habría parecido aceptable con muchas objeciones: Baja, pero podría haberlo comprendido. Ojo: que estoy hablando del doble. Esto era la mitad.
¿Pero cómo es posible? ¿Pero dónde hemos ido a caer y cómo es que hemos caído tan bajo? La casa tiene garaje y piscina, y todo ello suma trescientos cincuenta metros cuadrados construidos. Es un verdadero casoplón, y el aparejador de la obra, el encargado de supervisar las certificaciones, velar porque sus clientes no paguen ni un céntimo más de lo justo, comprobar las calidades de los materiales y su correcta ejecución, y responsabilizarse (civil e incluso penalmente) de la seguridad de la obra, echándose a sus espaldas los accidentes que ocurran y los desperfectos de acabados, remates, piezas, etc., es quien menos va a cobrar de todos los que intervengan allí. Hasta el antenista, el instalador del wifi y el del videoportero van a cobrar más que él.
Este arquitecto técnico trabaja con el arquitecto; son equipo, y sé que el arquitecto va del mismo palo. No he visto sus honorarios, pero sé que también son ridículos. Menos que ridículos. Inconcebibles.
