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domingo, 29 de junio de 2025

Menudo Cristo

Una cosa que me llama muchísimo la atención es cuánto se aburre la gente y qué de cosas está dispuesta a hacer para que se le pase esa intolerable sensación. A mí el aburrimiento me parece muy bien, pero creo que siempre hay que tomárselo con paciencia y tranquilidad, y no con ese loco frenesí drogadicto de buscar nuevas excitaciones por todas partes.

Saco este tema porque leo que en Boadilla un grupo de pazguatos (y ojalá fueran solo eso) quieren hacer el Cristo más grande del mundo.

¿Por qué? Pues porque ha terminado la liga y en la tele no echan nada que les guste. Y tampoco se van a poner a agarrar un libro a estas alturas.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Hoy no me puedo levantar

Hoy es un día especial, uno de esos raros en los que una historia que venía fraguándose desde hacía tiempo cierra con una guinda, con un perfect. Hoy es un día de alegría para la arquitectura, porque es precisamente ella la que engarza ese broche de oro.

Todo encaja como en una  trama de una novela policíaca, y se resuelve con una solución tan inesperada como coherentísima que nos deja con la boca abierta, pasmados, admirados.

La historia empieza hace ya un par de décadas: El ayuntamiento de Madrid le cedió una parcela en el distrito de Hortaleza al gran emprendedor José Luis Moreno para que construyera en ella el fantástico proyecto empresarial del Coliseo de las Tres Culturas. (Perdonad: No sé qué tres culturas. Supongo que la del pelotazo, la del mamoneo y la del abuso). Parece ser que el ayuntamiento le dijo: "Toma, Moreno", y ya.

El insigne empresario presentó su proyecto y todo parecía ir bien (aunque despacio) hasta que de repente, vaya usted a saber por qué, el gran hombre cayó en desgracia. Ya sabéis cómo va esto: Eres una persona encantadora y en un momento, porque haces negocios con la mafia o porque tú eres la mafia(1), te empiezan a mirar mal y te hacen de lado. Tiquismiquis.

El caso es que la parcela de patrimonio público que el ayuntamiento de Madrid le había puesto a su disposición se quedó sola y abandonada, con toda su pública patrimonialidad desatendida.

Acaso la asociación de vecinos de Hortaleza pudo llegar a pensar que con esa parcela hicieran algo infame como un edificio público: un centro social, un centro de salud, una biblioteca... Esas estupideces.

Pero menos mal que otro prohombre se prestó a recibir ese suelo y rescatarlo de la mediocridad de lo público-vecinal. Un héroe: "Si no puede ser para Don José Luis Moreno yo mismo me puedo hacer cargo de él". Benefactor.

miércoles, 3 de junio de 2020

Ignominia y torpeza

Aunque ya sé que nunca aprenderemos y que siempre seremos igual de imbéciles(1), me enfado cada vez que tengo noticia de un nuevo episodio, pero es siempre el mismo.

Hoy toca hablar, de nuevo, de políticos emocionados con el arte. Pero si no entienden nada, si no saben nada, si no les importa ni un poquito. ¿Para qué destrozan? ¿Para qué ofenden? ¿Para qué vandalizan? No ayuden, por favor, pero tampoco estorben ni arruinen.

Que a los políticos no les interesa el arte, la arquitectura, el diseño ni la cultura es notorio. Ya nos hemos resignado a ello. Pero cuando se entusiasman con algo es peor; es para salir corriendo.

Ya hablé aquí del vergonzoso episodio del "vandalismo artístico" de los silos castellanos. Ahora toca cargarse el faro de Ajo (Cantabria).


En esta foto tenemos a una caterva de impresentables haciendo el ridículo y posando ante la nueva agresión que van a perpetrar. Y tan contentos. Y con esa cara tan grimosa de "¿pero no decías que no nos interesaba el arte contemporáneo?; pues aquí nos tienes".

Uno enrojece, mira hacia abajo, humillado y cansado, y dice: "No es eso. No es eso".

No se enteran de nada. En su inconcebible ignorancia omnímoda escuchan siempre al cantamañanas y nunca al artista, siempre al demagogo y nunca al riguroso, afrontan proyectos absurdos y nunca los verdaderamente válidos y necesarios. Tienen un radar infalible: Apunta siempre al revés. Si caminaran hacia el lado contrario del que les dicta su instinto acertarían siempre.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Pura fachada

Llevamos ya unos meses escuchando la murga del millonario chino que ha comprado el Edificio España de Madrid para tirarlo y hacer esas cosas que hace (o que dice que va a hacer) cualquier millonario que se acerca por Madrid: hoteles, salas de fiestas, casinos, puticlús o lo que sea. Pobre Madrid, que no sirve para otra cosa.
La operación consiste en comprar un edificio a pesar del edificio. Es decir: Te compras un edificio que no te gusta un pimiento y lo derribas.
Vamos, que lo que te compras es un "solar con bicho".

Edificio España. Madrid

Se juzga que el lugar es muy interesante para el negocio, pero que el edificio estorba. El edificio está en malas condiciones, cerrado y abandonado desde hace años, pero no se contempla la posibilidad de restaurarlo. (Creo que no tiene daños estructurales). Se propone directamente su derribo.
El Ayuntamiento de Madrid, náufrago en la miseria económica, pero sobre todo en la miseria moral, segrega jugosa saliva por la comisura de los labios y dice que, aunque el edificio está protegido (esas cosas raras que se hacen a veces: proteger edificios), se podría estudiar su derribo. Ya veremos.
En esto se celebran elecciones municipales en Madrid y entra a gobernarla un nuevo equipo, con una alcaldesa más sensata que dice que sólo la puntita. Es decir: Que se puede derribar el edificio, sí, construir otro, sí, y hacer lo que les salga de ahí, sí, pero dejando la fachada.
Surge entonces un problema técnico en el que entran incluso prestigiosos arquitectos e ingenieros: ¿Cómo se puede derribar ese edificio dejando en pie su fachada? Es como dejar el terreno de juego del Bernabéu de canto (qué didáctica es la "unidad campo de fútbol"). ¿Dónde narices se ancla eso? ¿Cómo se apuntala?
El chino dice entonces que se compromete a tirar el edificio completamente, y a construir luego otro con una fachada igualita.
El equipo de arquitectos e ingenieros enrollados al servicio de la alcaldesa enrollada dice que de eso nada, que la fachada debe ser protegida y que hay medios técnicos (caros, que se fastidie el chino) para dejar provisionalmente la fachada en el aire mientras se construye el nuevo edificio que la anclará y estabilizará.
Y la alcaldesa enrollada dice, con honda satisfacción, que la fachada del Edificio España va a salvarse.

Al loro: Por lo que están discutiendo todos es por la fachada, por la pura fachada.
El Edificio España está protegido por su valor histórico-tecnológico. Es una muestra de una técnica constructiva y de un alarde estructural de su época, y un logro en la concepción y construcción de edificios altos en una España que en 1948 soñaba con despertar a no se sabía bien qué.
Si lo tiran y dejan la pura fachada no habrá testimonio de nada. No habrá ya más Edificio España, sino un póster (carísimo y disparatado) en su recuerdo y homenaje.

Un edificio no es su fachada. Un edificio es un todo coherente y complejo que no se puede reducir a la imagen que da al exterior. Un edificio es un organismo completo. (¿Tan difícil es entender esto?).

Decorado de cine

Nótese que, ante el pretendido abuso del inversor, que consiste en tirarlo todo, los garantes del bien común y del alma urbana sólo exigen que se conserve la fachada.
¿Y esto por qué?
Pues porque reina la idea de que uno de puertas para dentro puede hacer con su vida lo que quiera, pero de puertas para fuera debe dar una cierta imagen. Es decir: "Dentro de tus oficinas, o de tus casinos, o de tus burdeles, tienes vía libre, pero no nos estropees la Plaza de España. Déjanos seguir paseando por la Plaza de España tan tranquilos y como siempre; sin que nada cambie; sin que nos planteemos siquiera qué está ocurriendo detrás de las fachadas".
Perfecto: Una ciudad-decorado, una arquitectura falsa y vaciada. Qué sublime ideal. (Y nosotros paseando por la ciudad como figurantes, como extras, como zombies de nosotros mismos).