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lunes, 5 de mayo de 2025

Saltos mortales

Acabo de terminar de leer este libro:

Es de una jovencísima escritora belga, Charlotte Van den Broeck, que hasta ahora solo había escrito poesía. Esta es su primera obra en prosa y demuestra un dominio sorprendente para ser su debut.

Son trece relatos de suicidios de arquitectos, y me interesó en cuanto supe de su existencia porque lo asocié mentalmente con mi libro Necrotectrónicas, en el que contaba veintitrés muertes de arquitectos (aunque solo una por suicidio).

lunes, 31 de marzo de 2025

Trampantojo

El otro día llovía en Aranjuez, y mi mujer y yo, caminando bajo el paraguas, charlábamos. Mientras lo hacíamos, yo miraba distraídamente al frente, pero poco a poco me sentí extraño. Noté que algo no cuadraba en lo que estaba viendo y me costó un rato entender qué era. Me quedé parado, sin cruzar la calle, mirando un balcón que he visto mil veces.

Ese balcón... ¿Qué le pasaba a ese balcón?

lunes, 4 de octubre de 2021

La venganza

En el delicioso, divertido y aleccionador libro Tendencias Compulsivas, José María Echarte nos cuenta, entre otros episodios delirantes, el del contrato de Norman Foster con la Comunidad de Madrid para aportar su grano de arena a la Ciudad de la Justicia, por el que cobró una cantidad impresionante de dinero a cambio de unos meros dibujos iniciales que finalmente no cuajaron en nada(1).

El autor del libro, visiblemente emocionado por semejante heroicidad escribe: "Norman, eres mi ídolo". Yo añado: "Gracias, Norman. Nos has vengado a todos. Nos has vengado, además, ante una política que nos odia. Y, de entre todos nosotros, has vengado especialmente a Ventura Rodríguez. Solo por eso me descubro ante ti".

Ventura Rodríguez fue un arquitecto importantísimo: Lo pintó Goya, tiene sello de correos y tiene estación de metro en Madrid. Esas son tres señales inequívocas de haber triunfado en la vida. Y sin embargo... 

Sin embargo siempre me queda la sensación de que anduvo a salto de mata, tapando agujeros, poniendo parches a encargos urgentes y mucho más tontos y anodinos de lo que su enorme talento merecía. Poco más y me lo imagino proyectando la reparación de un canalón, urgido a ello por el poder, que le negaba proyectos mucho más importantes y lucidos para que no le distrajeran de estas cagadas siempre perentorias.

Tras unos inicios muy prometedores, los reyes lo apartaron de las mejores obras para dárselas a algún arquitecto francés y a alguno siciliano. Pero, eso sí, él hacía un vallado, una puerta, una isleta para plantar en ella a La Cibeles... En mi opinión, chorradas indignas de él.

lunes, 20 de enero de 2014

Necrotectónicas (I)

¿Sabíais que Antonio Sant’Elia murió en la Primera Guerra Mundial, atacando una fortaleza, a la carga, en bicicleta?

Alegoría sobre la muerte de Antonio Sant’Elia, por Gema Hernández Correa

¿Sabíais que Francesco Borromini se clavó una espada en el vientre en un ataque de rabia, en un enfado terrible?
¿Sabíais que Louis I. Kahn murió en una estación de tren, en Nueva York, solo e indocumentado, y estuvo varios días sin identificar en el depósito de cadáveres? ¿Sabíais que esta triste muerte fue la ocasión para que se conocieran sus tres mujeres?
¿Sabíais que Carlo Scarpa murió en Senday (Japón) a causa de...? ¿De qué murió Scarpa? Nadie lo dice. En el librito de la colección Estudio paperback de Gustavo Gili se menciona textualmente “un accidente trivial”. Nada más. ¿Qué accidente? ¿Qué pasó?
En algún libro más amplio ni lo mencionan. Y no escribáis al Centro Carlo Scarpa: No os contestarán.
Nadie habla de estas cosas.
Nadie decente, “como Dios manda” cuenta episodios tan morbosos.
El caso es que, tras mucho preguntar, mucho buscar y mucho leer, sé que hay un escalón (o unos escalones, o una escalera) y un tropiezo (o una caída, o un desmayo). He recopilado varias versiones contradictorias (el enlace que he puesto a la wikipedia da una de ellas), y sigo sin saber si alguna es la correcta.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El concepto moderno de espacio arquitectónico

Los del ranking de blogs de arquitectura me han subido de golpe del puesto 72 al 39. ¡Vaya! Esto me carga de responsabilidad, así que hoy debo ser serio y endiñaros un poco de doctrina.
(Que conste que me han debido de subir por algún ajuste raro. Lo primero es que de Wikio han pasado a llamarse ebuzzing, y lo segundo es que nadie o casi nadie baja de puesto, así que ha debido de haber una limpia general, y a partir de ahí volveré a bajar y a normalizarme, y trataré de las banalidades habituales. Pero hoy voy a ser pero que muy serio).
Hay un libro de Giulio Carlo Argan que se titula El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de los años sesenta y hoy descatalogado (como tantos y tantos libros fundamentales), que a mí me parece interesantísimo. (Era de la editorial Nueva Visión, de Buenos Aires, y aprovecho para agradecer a las editoriales argentinas la inmensa labor que han hecho por la cultura en castellano, y lo mucho que les debemos desde España. También saludo con cariño a las bibliotecas y a las librerías de viejo, que nos dejan conocer tantísimos libros que el mercado y la moda han devorado).
Bueno: Al grano. He dicho que hoy me pondría estupendo, pero tendré piedad de vosotros y simplificaré todo lo que pueda.
Aparte de esto, hay que tener en cuenta que cuando se habla de términos tan resbaladizos hay que exagerar o, por decir así, forzar los contrastes. Ni lo blanco es tan blanco ni lo negro es tan negro. Es una forma de entendernos.
Argan dice que el espacio no es una relidad objetiva, definida, con una estructura estable, sino que es un concepto; es decir, una idea que tiene un desarrollo histórico propio.
Desde el Barroco hasta nuestros días ese concepto de espacio se ha transformado desde ser considerado algo previo hasta entenderse como consecución final.
Antes del seiscientos la arquitectura se pensaba como representación del espacio, pero en el Barroco se transformó hasta concebirse como determinación del espacio.
El arquitecto del Barroco se da cuenta de que el espacio no existe previamente, sino de que él lo puede crear. Imaginaos la normativa estricta del Renacimiento, los órdenes, la claridad de composición. Entonces el arquitecto también creaba, pero su creación era para constatar que el espacio era como tenía que ser, que la obra se había realizado correctamente.
Sin embargo, el arquitecto del Barroco crea convexidades y concavidades que chocan, explosiones imprevistas y desordenadas, contradicciones. El espacio no es previo, sino que se va determinando a través de las formas arquitectónicas. El arquitecto hace que el espacio palpite, y el ser humano se ve inmerso en una concepción mental, en una abstracción que, no obstante, se materializa muy carnal y concretamente.
El espacio da vértigo.
El arquitecto ya no representa el espacio, sino que lo hace.