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lunes, 21 de septiembre de 2015

Pura fachada

Llevamos ya unos meses escuchando la murga del millonario chino que ha comprado el Edificio España de Madrid para tirarlo y hacer esas cosas que hace (o que dice que va a hacer) cualquier millonario que se acerca por Madrid: hoteles, salas de fiestas, casinos, puticlús o lo que sea. Pobre Madrid, que no sirve para otra cosa.
La operación consiste en comprar un edificio a pesar del edificio. Es decir: Te compras un edificio que no te gusta un pimiento y lo derribas.
Vamos, que lo que te compras es un "solar con bicho".

Edificio España. Madrid

Se juzga que el lugar es muy interesante para el negocio, pero que el edificio estorba. El edificio está en malas condiciones, cerrado y abandonado desde hace años, pero no se contempla la posibilidad de restaurarlo. (Creo que no tiene daños estructurales). Se propone directamente su derribo.
El Ayuntamiento de Madrid, náufrago en la miseria económica, pero sobre todo en la miseria moral, segrega jugosa saliva por la comisura de los labios y dice que, aunque el edificio está protegido (esas cosas raras que se hacen a veces: proteger edificios), se podría estudiar su derribo. Ya veremos.
En esto se celebran elecciones municipales en Madrid y entra a gobernarla un nuevo equipo, con una alcaldesa más sensata que dice que sólo la puntita. Es decir: Que se puede derribar el edificio, sí, construir otro, sí, y hacer lo que les salga de ahí, sí, pero dejando la fachada.
Surge entonces un problema técnico en el que entran incluso prestigiosos arquitectos e ingenieros: ¿Cómo se puede derribar ese edificio dejando en pie su fachada? Es como dejar el terreno de juego del Bernabéu de canto (qué didáctica es la "unidad campo de fútbol"). ¿Dónde narices se ancla eso? ¿Cómo se apuntala?
El chino dice entonces que se compromete a tirar el edificio completamente, y a construir luego otro con una fachada igualita.
El equipo de arquitectos e ingenieros enrollados al servicio de la alcaldesa enrollada dice que de eso nada, que la fachada debe ser protegida y que hay medios técnicos (caros, que se fastidie el chino) para dejar provisionalmente la fachada en el aire mientras se construye el nuevo edificio que la anclará y estabilizará.
Y la alcaldesa enrollada dice, con honda satisfacción, que la fachada del Edificio España va a salvarse.

Al loro: Por lo que están discutiendo todos es por la fachada, por la pura fachada.
El Edificio España está protegido por su valor histórico-tecnológico. Es una muestra de una técnica constructiva y de un alarde estructural de su época, y un logro en la concepción y construcción de edificios altos en una España que en 1948 soñaba con despertar a no se sabía bien qué.
Si lo tiran y dejan la pura fachada no habrá testimonio de nada. No habrá ya más Edificio España, sino un póster (carísimo y disparatado) en su recuerdo y homenaje.

Un edificio no es su fachada. Un edificio es un todo coherente y complejo que no se puede reducir a la imagen que da al exterior. Un edificio es un organismo completo. (¿Tan difícil es entender esto?).

Decorado de cine

Nótese que, ante el pretendido abuso del inversor, que consiste en tirarlo todo, los garantes del bien común y del alma urbana sólo exigen que se conserve la fachada.
¿Y esto por qué?
Pues porque reina la idea de que uno de puertas para dentro puede hacer con su vida lo que quiera, pero de puertas para fuera debe dar una cierta imagen. Es decir: "Dentro de tus oficinas, o de tus casinos, o de tus burdeles, tienes vía libre, pero no nos estropees la Plaza de España. Déjanos seguir paseando por la Plaza de España tan tranquilos y como siempre; sin que nada cambie; sin que nos planteemos siquiera qué está ocurriendo detrás de las fachadas".
Perfecto: Una ciudad-decorado, una arquitectura falsa y vaciada. Qué sublime ideal. (Y nosotros paseando por la ciudad como figurantes, como extras, como zombies de nosotros mismos).