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jueves, 17 de julio de 2025

Heliotropos

Introduje mi anterior entrada contando un episodio de un escritor insoportable para mí que escribió un prólogo a un libro sin hablar de ese libro, sino de uno que había escrito él sobre el mismo tema. Pues bien, todos conocemos gente así de toda edad y condición, de todo lugar, profesión y pelaje, pero en la sacrosanta arquitecturidad es algo que se da muy especialmente. Y es que tenemos que tener siempre presente que nuestra profesión es muy de artista y de querer llamar la atención.

Me acaba de volver a pasar: un homenaje a un viejo arquitecto en el cual quienes decían unas palabras no lo hacían en honor del compañero (y en cierto modo maestro), sino en el suyo propio. Hay muchísima gente que solo sabe hacer autohomenajes.

A esa actitud permanente e insufrible de "el guapo soy yo", "el listo soy yo", "quien tiene que destacar a toda costa soy yo" la acompaña, lógicamente, un estilo verborreico pasmoso. Se trata de que nadie entienda nada. Se trata de decir "heliotropo" siempre que se pueda, sea eso lo que sea.

Nota: He buscado una palabra sorprendente en el fondo de mi memoria y me ha salido eso: "heliotropo". No sabía qué podía ser. Me podía sonar más o menos a "bicho vegetal" o algo así. He buscado una imagen en Google y me ha salido esta:

Heliotropo

martes, 29 de abril de 2025

La edad de la inocencia

 A Emilio


Hace unos años, un día frío y lluvioso de abril me sentía melancólico y algo tristón, y escribí aquí una entrada glosando el famoso verso de T.S. Eliot "Abril es el mes más cruel". Desde entonces, no sé cómo me las arreglo, cada año en abril suele caer alguna entrada blue. Mi amigo Emilio, fidelísimo lector de este blog, siempre me lo afea: "Ya te has puesto abrileño". Pues bien: hoy la entrada abrileña va por él y sobre todo para él.

Siempre intento hacerle caso a Emilio y contener mi ñoñería especialmente este mes, pero hoy me lo vais a permitir porque cumplo sesenta y cinco años. Es un momento muy especial.

Fotograma de Los cuatrocientos golpes. El argumento de la película
no tiene que ver con lo que cuento, pero la foto me gusta para esta entrada.

viernes, 25 de octubre de 2024

Los malos arquitectos

"Los malos poetas son malas personas, gente cobarde"
José Avello, Jugadores de billar


Acabo de leer esta frase en esta magnífica novela (injustamente olvidada durante muchos años y que ahora, reeditada, tiene una nueva oportunidad) y me ha llamado mucho la atención. ¿Malas personas?

Me hace reflexionar, porque yo me tengo por mal arquitecto pero no por mala persona. A no ser que le dé una vueltecita al concepto, que es lo que pretendo hacer a continuación.

Yo en principio diría que el mal poeta, como el mal arquitecto, es una persona torpe en su oficio y en su pasión, un desatalentado, incluso un plasta, pero que eso no tiene nada que ver con la maldad. ¿O sí?

viernes, 7 de julio de 2023

No es solo talento

En esta entrada voy a ser un poco como la zorra aquella de las uvas, un personaje de Esopo que no me gusta nada, a quien sufro de vez en cuando y de quien siempre procuro huir. Es un ser abominable que disimula su envidia con desprecio y se hace así triplemente repugnante por envidioso, despreciativo e hipócrita. Espero no serlo mucho y poder salir airoso de ese siniestro estado que me corroe.

La zorra y las uvas
Ilustración de Milo Winter, 1919

Este estado se debe a que soy un arquitecto mediocre (queda mejor decir "mediano") y sin talento. Creo que un buen profesional, que no es poco, pero tampoco nada más.

Conozco a algunos verdaderamente notables. Siempre he tenido relación con varios; los he visto trabajar y se me ha caído la baba. Hacen una arquitectura francamente buena, que me gustaría muchísimo ser capaz de hacer yo. Tienen un talento innegable, pero no es solo talento. Tienen una cualidad muy superior: una determinación y una seguridad tal en lo que hacen y en lo que proponen que nadie puede ponérseles por medio.

Son arquitectos poseídos por una pasión febril, y siempre dispuestos a sufrir, a trabajar más, a no conformarse con ninguna solución estándar, a buscarle tres (o cinco) pies al gato, a no acomodarse jamás y a asumir riesgos. Y a hacérselos asumir a todos en beneficio de su sacrosanta obra.

viernes, 10 de febrero de 2023

El técnico

La primera vez que alguien se refirió a mí como "técnico" me sentí muy raro. (Además fue en una situación muy desagradable que nunca olvidaré, y que me enseñó mucho). Acababa de terminar la carrera y fue en mi segundo trabajo como arquitecto.

Fijaos qué tontería: me habría sorprendido mucho menos que me llamaran "artista". Desde luego yo me sentía muy arquitecto y mucho arquitecto. Estaba muy orgulloso de serlo, de haber alcanzado ese estatus tan deseado. Y para mí por aquel entonces un arquitecto estaba mucho más cerca de ser un creador que de pasar datos a una tabla.

Debe de ser por la misma razón por la que siempre me he obstinado en hablar de "mi estudio" y no sucumbir a la tendencia cada vez más generalizada de llamarlo oficina. Un estudio es mucho más bohemio. Un estudio es el sitio de un pintor, de un poeta, de un músico, y una oficina es el de un contable, un agente de seguros, un auxiliar administrativo. En un estudio puede morir Mimi, en una oficina te pueden compulsar una fotocopia.

Pues bien, este artista que aquí veis no ha hecho en su vida ni una obra de arte, mientras que pasa horas y horas descargando fichas catastrales. La profesión era esto.

Y a mucha honra. Como decía Antonio Machado y yo repito a menudo,

a mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago.

domingo, 1 de mayo de 2022

Vestido de nazareno

No tenía intención de continuar la entrada anterior, ni la planteé como primera parte de nada, pero en ella comenté de pasada que hacía no mucho tiempo Norman Foster era un huracán que se remangaba la camisa y dije que alguna vez lo contaría aquí si no lo había hecho ya. (Obviamente, en seguida alguien me pidió que lo hiciera).

Suelo escribir tan compulsivamente que ni me paré a comprobarlo antes de publicar esa entrada. Lo hice después y vi que no lo había contado, así que creo que está bien hacerlo ahora. (También vi que no se remanga la camisa. La memoria es engañosa y, al menos en mi caso, magnifica las escenas y las hace más épicas aún de lo que ya son).

Titulo esta entrada "vestido de nazareno" para completar el dístico de Machado que transcribí el otro día, aunque los títulos resultan ahora cruzados. Hoy cuento lo del trueno y la semana pasada dije lo del nazareno.

Foster sin chaqueta y con el rotu gordo

En mayo de 2012 la empresa L&L Holding Company invitó a once estudios de arquitectura de fama internacional para que presentaran ideas para un rascacielos de oficinas que pretendían construir (conservando el 25% de la estructura del edificio existente(1)) en el número 425 de Park Avenue, en Nueva York. De esos once quedaron cuatro finalistas: Foster + Partners, Rogers Stirk Harbour + Partners, OMA y Zaha Hadid Architects, y se les pidió que participaran en una segunda vuelta para ver a quién le encargaban el proyecto.

Esa ronda final se filmó y tenemos a nuestra disposición un documento valioso de cómo venden sus dotes y sus cualidades tan grandes estudios. Vamos a verlo un poco(2).

lunes, 25 de abril de 2022

Aquel trueno

El otro día el perfil de instagram officialnormanfoster ha publicado esta foto:

Y me ha dado mucha envidia. ¿Os cuento por qué? Creo que es fácil, pero aun así os lo voy a decir. Lo primero es que está trabajando en su casa. Tiene un enorme estudio en Londres (y en más sitios, claro) en el que trabajan cientos de personas, pero él está trabajando en casa. Lo segundo es que menuda casa tiene que tener, a la vista de lo poco que se atisba. ¿Habéis visto esa pradera al fondo, y esos árboles? Tanto espacio, tanta luz, tanta blancura. Lo tercero es la camisa rosa: Recién lavada y recién planchada; fresca, cómoda, ligera. No es la camisa, claro; hasta ahí llego (es a lo único que llego); es la ausencia de metro, de autobús, de prisa, de sofoco, de sudores camachiles. Veo (creo ver) que se ha levantado, ha hecho algo de deporte ligero, se ha duchado, ha desayunado una tostada con mermelada de arándanos, un zumo de naranja y un café con leche y se ha quedado tan a gusto. Yo no estoy así ni en vacaciones. Yo salgo de la ducha y ya estoy más sucio y más sudoroso que él. Lo cuarto es que está trabajando con una paz envidiable, sin teléfono, sin correo electrónico, sin molestias de ninguna clase. Lo quinto es que está trabajando en algo muy bonito y gustoso: coloreando delicadamente un dibujo, y no contestando a un requerimiento o algo así. Y lo sexto, y corolario de todo lo anterior, es que no está trabajando.

Está coloreando, sin salirse de las rayas, una perspectiva de la parte inferior de un edificio. Alguien la ha dibujado en cad y la ha ploteado, y el jefe la colorea con lápices. Un trabajo perfectamente inútil.

Quien le lleva el instagram ha insistido y nos ha mostrado la escena desde el otro lado:

Pues bueno, pues vale. Estupendo. Miradle qué aplicadito y qué mono.

Norman Foster está desde hace muchos años en un plan de 

Se hace fotos en su unicornio gigante flotante, o esquiando, o conduciendo coches de lujo, o lo que sea. Siempre algo más allá de cualquier sueño humano. Pero esto de dibujar en casa, que es con mucho lo más asequible para todos, se me antoja lo más sacachorrero: "Hala, hala, trabajad, que yo estoy aquí tan a gusto con mis cositas".

Y eso precisamente es lo peor de todo: Él está ahí con sus cositas mientras un montón de gente trabaja en un proyecto en el que él, alejado en su casa, coloreando con sus lápices, no participa en absoluto.