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jueves, 23 de enero de 2025

Melancolía V-a

A Antonio Esteban Hernando, gran pintor y gran
arquitecto toledano de Aranda de Duero (Burgos).
A mi hermana Gema, artista total, de la pintura al
títere.
A mis hijos, que pasan bastante de mí, pero que si
tienen que dibujar un Hitlerito lo dibujan.


Cuando empecé a escribir esta serie pensé que necesitaría tres entregas. Al final fueron cuatro, porque añadí un tema personal sin conexión con lo que contaba en las tres primeras. Pues bien: ahora veo que, aunque quede ya fuera de todo, aún quiero contar una cosa más. Esta es ya la última. Lo prometo. (Al menos de esta serie; quien sabe si volveré a hablar de melancolía en alguna otra ocasión).

[Nota a posteriori: La divido en dos, V-a y V-b, por la gran cantidad de dibujos, que pesan mucho, pero lo que cuento en total cabría en una sola entrada. Considerad por tanto que esta y la siguiente son solo una].

Portada de mi hermana Gema. Se la
pedí para mandar la novela a un concurso.

Hace ya demasiados años (de todo hace ya demasiados años) tuve en Toledo una comida deliciosa y divertidísima con mis amigos. Publicábamos por entonces una vez al mes y de forma "colegiada" (hoy yo, el mes que viene tú, el siguiente él...) un artículo sobre arquitectura en la revista local Ecos y comíamos juntos el día que salía, para leerlo en grupo y comentarlo. Esa vez le había tocado a Pablo Alguacil, que hacía una reseña sobre un libro de un arquitecto estadounidense muy comercial y un pelín cínico: Paul Watercil.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Mecenas

ADVERTENCIA ANTES DE EMPEZAR: Tenemos una casa muy agradable, muy bonita, muy funcional, muy de todo, pero tiene las paredes pintadas al gotelé y con diversos colores pastel. Gotelé; ¿vale? Pastel; ¿de acuerdo? Pues asumidlo. Tomad aire, relajaos; no pasa nada. Contad hasta diez y no os excitéis ni os indignéis cuando veáis las fotos que siguen. Tomaos vuestra medicación, serenaos todo lo que podáis y no me mandéis demasiado a la mierda. Muchas gracias. Dicho lo cual, empezamos:


Mi amigo Ekain Jiménez me ha llamado ya dos o tres veces "Mecenas" porque he participado mínimamente en hacer correr la voz de que estaba pintando arbolitos de Navidad para quien quisiera, y así, de algún modo bastante insignificante, le he ayudado a difundir su obra y a extender su fama. Supongo que también me lo llamará porque tengo más obra suya, como veréis a continuación.

Ojalá fuera yo de verdad su mecenas, o al menos su representante. Primero le pondría a sus obras los precios adecuados, y luego las pilas a él para que se lanzara al frenesí de la producción venal y del más vil mercantilismo. Otro gallo nos cantaría a los dos: Él gozaría del dinero, de la fama y del prestigio que su talento merece y yo de un veinte por ciento.

(Nota que viene a cuento: Ekain, además de magnífico dibujante y acuarelista, es un narrador curioso. Está liado ahora con su personaje "El hombre del sombrero", haciéndolo pasear por su mundo onírico y surrealista, y espero que pronto lo saque a la luz a este mundo nuestro, mucho más prosaico y tan necesitado).


Obviamente, le hice un pedido de arbolitos. Juro que pretendía utilizar las tarjetas (acuarelas originales) para felicitar a mis amigos, pero cuando mi mujer y yo las tuvimos en nuestras manos no fuimos capaces de deshacernos de ellas. (Tan solo regalamos una).

Hemos enmarcado los arbolitos navideños y los hemos colgado en la pared. Los he mirado con satisfacción y entonces he visto que tenemos unos cuantos dibujos y cuadros de amigos, de gente muy buena y muy entrañable, y sí que me he sentido en cierto modo no un mecenas, pero sí un hombre rico, un coleccionista de arte, un connaisseur. Tanto que voy a presumir mostrándoos parte de mis tesoros.

lunes, 26 de agosto de 2019

En mi hambre mando yo

(A Antonio y a Ekain, naturalmente).


El otro día mi amigo Antonio Esteban Hernando, estupendo arquitecto y pintor, ha puesto en su muro de Facebook esta foto con este texto:


Hoy he visto uno de los silos manchegos "decorados" por artistas urbanos. Lo que me temía.
No tengo nada en contra de estos artistas, pero eso de convertir estos magníficos edificios en "lienzos" me produce vergüenza ajena.
Demuestran una incultura y una falta de sensibilidad y de respeto por el patrimonio realmente lamentable.
Y lo peor de todo es que lo quieren vender como iniciativa cultural e integradora.
Qué pena, cómo duele ver estos gigantes desprovistos de la nobleza de su arquitectura que es digna y sobradamente expresiva por su rigor, sencillez, austeridad y potencia plástica.
Los han rebajado a la categoría de trapo pintable, de gran camiseta decorada a mano.
Siempre he considerado que una pintura de cualquier técnica, tamaño o valor debe empezar por conocer y analizar el soporte en el que se va a apoyar, aunque sólo sea por aprovechar al máximo sus posibilidades. Aquí no ha habido nada de eso. Las formas arquitectónicas, el sustrato constructivo del soporte no importa, se desprecia. Seguro que estas características del edifico les han resultado más un estorbo que un estímulo plástico.
Me avergüenzo, como arquitecto, como pintor y como castellano manchego de adopción.

Esta denuncia tan dolida y lúcida ha tenido muchas respuestas. A mucha gente le ha indignado que vandalicen de esa forma obras tan características y magistrales, que marcan, con las iglesias, los modestos skylines de nuestros pueblos, y en la mayoría de ellos son los únicos ejemplos de arquitectura racionalista y moderna.

Como bien dice Antonio en uno de los comentarios a su hilo, ¿consentiríamos que unos "artistas urbanos" hicieran uno de esos bellos murales en alguno de los paños de la catedral de Toledo? ¿Consentiríamos que se lo hicieran a un palacio renacentista o barroco cualquiera, incluso al menos importante? ¿Por qué a una obra inscribible en el Movimiento Moderno sí se puede?

Y, como también dice, ¿el "artista urbano" del ejemplo de arriba se ha tomado la molestia de analizar los relieves que forma la estructura en fachada, los ritmos de los pilares, la cornisa? En absoluto: Ha pintados sus esqueletos como le ha dado la gana. Le importa todo un pito. Todo salvo su estúpida y grosera pintada. Nadie ha merecido la pena antes que él. Nadie ha hecho nunca nada digno de atención antes que él.

viernes, 6 de marzo de 2015

Dibujar

A Ana Fernández del Prado, cuyos dibujos no he visto aún.

Hay una forma inefable de entender el mundo y de entrar en sus secretos: dibujar.
Todos los que dibujamos lo sabemos.
No quiero hablar de eso que se suele entender por "dibujar bien", y que cada vez sé menos en qué consiste. De lo único que yo quiero hablar es de "dibujar".

Gema Hernández Correa

En todas las culturas se ha entendido siempre que el dibujo es mágico, y que tiene el poder de convocar y conjurar, de bendecir y maldecir. Dibujar significa destripar el mundo, abrir los gajos de la naranja y verlos desde el otro lado, desde todos los lados. Dibujar es romper para reconstruir, es fabricar, es desmenuzar y recolocar, es analizar y sintetizar.

Antonio Esteban Hernando

Dibujar es comunicar, es pensar, es preguntarse, es sufrir y es divertirse. Dibujar es un vicio y una maldición. Es una bendición que nos acerca a los dioses. Dibujar es hablar con Dios.

Jesús Martínez Flores

Dibujar es describir el mundo con todo detalle, pero también es inventar otros mundos que, precisamente por estar basados en las formas, son otra vez este, pero de otra manera.

Gabriel Buda

Dibujar es no tener nunca suficiente, no resignarse a nada, no conformarse.
Es soñar, desear. Es disponer lo que debería ser tal como debería ser.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El peldaño y el abismo

Dedico esta entrada a wallace97 y a MJGE,
que me la han sugerido con sus acertados comentarios.
Agradezco los comentarios de todos: Buenísimos.
Pero han sido precisamente wallace97 y MJGE quienes
me han hecho formular lo que sigue, con lo que supongo
que no estarán de acuerdo. 

Siempre me ha llamado la atención lo siguiente: Conozco a varios licenciados en Bellas Artes (mi hermana lo es), y dibujan maravillosamente bien. No se puede dibujar mejor. También tengo bastantes compañeros arquitectos que dibujan de escándalo.
Dentro de lo bien que dibujan todos, podría establecer una cierta gradación entre ellos, según me parezcan (a mí) muy buenos, mejores o aún mejores dibujantes: Uno que dibuja muy bien, otro mejor, otro mejor aún...
Y luego, aparte, en otro universo, está Miguel Ángel.
Pues bien: ¿Qué pasa con Miguel Ángel?


Veo los dibujos de Miguel Ángel y sí, son magníficos. Pero no tienen mucha más técnica, mucho más talento ni mucho más acierto que los de algunos de estos extraordinarios dibujantes que conozco.
Y, sin embargo...
Hay miles de dibujantes formidables. También hay miles de guitarristas muy buenos, y de... de todo. Hay miles y miles de "de todo" fantásticos, pero languidecen en el anonimato, en la exclusión, incluso en el fracaso.
Y, sin embargo, Miguel Ángel es poco más. Sólo un poco más.
¿Un poco más? Según se mire ni siquiera es más, pero según se mire es otra galaxia. Por una parte, entre los dibujos de Miguel Ángel y los de tantos dibujantes muy buenos apenas hay diferencia. Tal vez un peldaño de pocos milímetros. Pero por otra el salto es abismal, es otro mundo, otra dimensión.
¿Por qué? ¿Dónde reside el vértigo del genio? ¿Se puede medir?

Yo diría que no. Yo diría que no es una cuestión cuantitativa, sino cualitat... No, tampoco es sólo un cambio "de calidad". ¿Qué es? Yo creo que se parece más bien a un big bang. Una discontinuidad, una excepcionalidad.


Y creo que esa excepcionalidad, ese salto, ese quiebro en el continuum lo hemos hecho nosotros.
Cuando Miguel Ángel tenía que pelearse con sus colegas para conseguir un encargo de algún mecenas tenía que demostrar ser el mejor entre sus iguales. Ganaba un concurso esa vez, y perdía otras veces. No estaba divinizado. Era un profesional que conseguía agradar al cliente en tal encargo mejor que sus colegas.
Pero tras siglos de veneración lo hemos descoleguizado. Ya no es un primus inter pares. No tiene pares. Es más, quienes podrían estar a su altura, aquéllos contra quienes luchaba en su quehacer diario, y que incluso a veces le ganaban, están en otras vitrinas, en otros altares, en otros templos, aislados unos de otros para que no compitan nunca más. Todos reinan en nuestros corazones y nadie puede ya alcanzar esos niveles, que no son ya profesionales, sino legendarios.


Miguel Ángel era famoso en vida, pero era humano. Hoy nosotros, desde mucho antes de ver un dibujo suyo, o de rodear su David y sus esclavos en la Galería de la Academia, o de ver su Piedad Rondanini, ya estamos postrados, entregados. No juzgamos su obra, no tenemos mentalidad crítica, sino devota. No valoramos: veneramos.

Tenemos nuestra capacidad crítica suspendida ante estos dioses, que, por lo tanto, no están en la escala graduada de las obras humanas, ni en el plano de comparación con los demás, sino en un reducto inalcanzable.