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lunes, 16 de septiembre de 2024

Melancolía III

Una tarde Fullaondo nos habló en clase del Poliedro de la Melancolía de Durero, y lo hizo como si ya lo conociéramos. Yo conocía a Durero, claro, pero jamás había visto ese grabado ni ese poliedro. Lo proyectó en la pantalla y nos explicó un problema proyectual muy interesante.

Su amigo Antonio Fernández Alba estaba haciendo el Tanatorio de la M30 de Madrid y le encargó un diseño para el patio central que actuaba como lugar de encuentro y distribuidor a las distintas salas.

Antonio Fernández Alba. Tanatorio de la M30, Madrid
Patio distribuidor central a las salas

Le pidió que diseñara algún símbolo que evocara la muerte y pudiera servir de consuelo, de motivo de reflexión, de punto de atención, etcétera. Pero había una condición importante: el tanatorio era aconfesional y el símbolo o la alegoría que diseñara no podía formar parte del imaginario de ninguna religión.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Traicionando a Gerardo Diego

a los dioses se les ha caído el verdoso paladar salpicado de estrellas marinas


rezando a su dios huevo duro con retóricas ocarinas


sólo existe lo inesperado desde la luz solar en estos días
de otoño babeante yo busco una flecha de oro que niño
de un hada madrina acaso putativa adquirirá en cómodos plazos lustrales


Primavera sempiterna pútrida hacia el ocaso dadme mi lira dádmela


una piara de válvulas pronosticadas ah exalado policía municipal
sin humorismo de patíbulo esa sanción indefinible
como de nube fría y parda verdes prados salpicados de chichones
moviéndose hacia atrás que digamos me atenaza el alma


Estaba confundido ah ah aquellas aquellas imágenes


nada más luz de mis ojos nada más


Advierto desolado que mi potencia brigadier
se extingue segunda mano y también el alma humana llama de vela


procesiones de semana santa sevillana y suculentas gabelas
a cargo del Ku Klux Klan rigor de las desdichas
y el Presidente de las Cortes deslumbrado por espejos gravitados


Me siento mal tengo volando bajo volando bajo
como una piedra de madera en el estómago
y estoy enfermo de sombras nada más como la cegada golondrina


Nadie te aguarda ya a tu alcance lo que quieras
rígidos misterios civiles con sonido a hueco y despojos
soledad tan enmohecida pese a quien pese mansedumbre
mentira al canto gelatinosa en las zonas medias del ensueño conspiración
me da lo mismo marchar por mis dichas inseguras con retraso
todos los defectos nuestros puestos de manifiesto con estampas
fórmulas de temporada garfios en lugar de dedos y fragmentos de entusiasmo


viernes, 1 de abril de 2016

Zaha Hadid: Necrotectónica

Dedicado a mi amigo Fredy Ovando Grajales,
arquitecto y profesor en Chiapas (México).

Ayer nos ha sorprendido y consternado a todos la noticia de la muerte de Zaha Hadid.
Era aún joven, 65 años, y no padecía ninguna enfermedad preocupante. Apenas una bronquitis (era propensa: tenía una tos crónica muy característica) que se estaba tratando en Miami y que desencadenó un inesperado ataque cardíaco.
Hace tiempo escribí en este blog sobre el "efecto estrella" de las "Zahas Hadides", y en ese texto comentaba que todos estos arquitectos eran ya corporaciones, entes abstractos e impersonales, aunque en su origen hubieran sido jóvenes brillantes. Lamentaba, pues, que su personalidad se hubiera opacado tras el estrellato y se hubiera atrincherado tras una empresa, una marca, una máquina.
Pero la inapelable muerte nos pone frente a la persona, y volvemos a ver a la Zaha Hadid que un día fue.

La primera noticia que tuve de Zaha Hadid fue sólo unos pocos días después de que la tuviera Juan Daniel Fullaondo, que a su vez la tuvo unos pocos después que Antonio Fernández Alba. Este último había descubierto unos fantásticos dibujos de aquella desconocida en una revista en Londres, se la trajo para Madrid y se la enseñó a su amigo Juan Daniel.




Los dos estaban entusiasmados, impactados. Fullaondo nos habló de esa mujer con pasión, con fascinación.
De alguna manera podría recordar a una cierta visión post-moderna del constructivismo, y esos dibujos ideales podrían emparentar con los de Yakov Chernikhov. (Esto lo digo yo; él no lo dijo. Pero quiero suponer que habría estado de acuerdo). 
Los dibujos eran algo más que meras ilustraciones. Parecían expresar una gran sabiduría arquitectónica muy polémica y combativa. Eran el manifiesto de quien no puede construir pero tiene mucho que decir (y también mucho que construir a la primera oportunidad que tenga). Exactamente igual que todos aquellos brillantes y desgraciados arquitectos soviéticos.
También eran dibujos que ponían de manifiesto toda la confusión post-moderna de aquella época, toda la ambigüedad ideológica y todo el talento y la potencia de proponer estructuras delicuescentes y tramas superpuestas, contradictorias y dotadas de "profundidad teórica", "complejidad semiótica" o como lo queráis decir.
Esto fue más o menos hacia la mitad de la década de los 1980s. Muy pronto (desde luego mucho más que los rusos) Zaha Hadid construyó: Hizo su estación de bomberos de Vitra en 1993 y... Bueno, no era lo mismo. No tenía la misma tensión. Pero, claro, es que eso era muy difícil. Había que confiar en que siguiera construyendo. A ver qué tal evolucionaba.
Pues mal. Evolucionó mal. Es cierto que mantener esas expectativas con su obra construida era imposible. ¿Qué habría pasado si Chernikov hubiera construido? ¿Qué habría sabido construir el mismo Leonidov? Nadie lo sabe, pero podríamos temer decepciones parecidas.