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martes, 13 de enero de 2026

Contra el sentido común

Lo primero, permitidme un poco de autobombo: Hasta ahora mismo (13 de enero de 2026, 20:12 h), este blog ha sido visitado dos millones quinientas diecinueve mil trescientas cincuenta y tres veces.

Algo que yo no podía ni siquiera imaginarme cuando lo comencé hace quince años y medio. Algo verdaderamente inaudito y que me pasma.

Me di cuenta ayer y lo dije en las redes, y en seguida empecé a recibir felicitaciones. Los visitantes, tanto habituales como esporádicos, de este blog tienen una generosidad descomunal y me han dicho muchas cosas muy hermosas. Una de ellas, que sin duda es elogiosa, es que escribo sobre arquitectura de una manera bastante clara y sensata. Es decir: por una parte doy mis opiniones sin jeribeques estilísticos ni solemnidades huecas, y, por otra, lo hago con sentido común. Maldito sentido común.

miércoles, 25 de octubre de 2023

El sentido de la arquitectura (y II)

El otro día corté mi discurso y la verdad es que no sabía exactamente cómo lo iba a terminar. Ahora, pasados unos días, ya no tengo ni idea.

Quizá tomé un mal ejemplo con las Torres de Colón. O, mejor dicho, esas torres son un magnífico ejemplo de muchas cosas, pero lo que hice mal fue poner ese título. ¿Qué sentido tiene la arquitectura? Muchos, muchos sentidos, pero precisamente en este caso no lo sé muy bien, porque, como dije, las riendas las ha tomado la ingeniería, y ha hecho (está haciendo) muy bien su trabajo.

En todo caso podría decir que la ingeniería hace muy bien lo suyo aunque todo el conjunto sea más que discutible. ¿No sería precisamente ese el papel de la arquitectura en este asunto: diseñar una buena solución, darle argumento y contenido a todo ello y pedirle a las ingenierías (estructuras, instalaciones) la ayuda necesaria para llevarlo a cabo? ¿Puede hacer algo la arquitectura, atrapada entre la normativa, la tecnología y los ambiciosos deseos de los propietarios?

miércoles, 18 de octubre de 2023

El sentido de la arquitectura (I)

El otro día, en Madrid, bajaba por la calle Goya hacia Colón y me encontré esto:

Había oído hablar mucho del asunto, e incluso lo había comentado con amigos alguna vez, pero aún no lo había visto. Está ya bastante avanzado. Me llamaron la atención varias cosas que creo que merecen comentario en este blog.

(Aclaro, antes de continuar, que esto es un blog, nada más. Y concretamente el mío: uno de los más indocumentados del panorama. Si quisiera escribir un artículo académico serio me documentaría lo mejor posible y emplearía varias semanas, o incluso meses, en componer un artículo digno y capaz de resistir algún análisis. Pero como es un blog y escribo casi de corrido no me concedo el desahogo ni el consuelo de las precisiones y salto sin red y a la pata coja a lo que salga, a lo que brote. Tanto es así que os ruego que si sabéis algo que yo explico mal o no explico me lo aclaréis en los comentarios).

Las Torres de Colon, proyectadas por el Estudio Lamela y construidas entre finales de los 1960s y mediados de los 1970s causaron sensación: Se habló mucho de que abolían el dicho de "empezar la casa por el tejado" como sinónimo de cometer un disparate.

jueves, 24 de agosto de 2023

Ganitas de tema (y 2)

El otro día pretendí provocaros un poco criticando (apenas nada) a Le Corbusier y a Gaudí y hoy voy a terminar de resultaros un patán por decir que el concepto estructural y espacial de las Bodegas Ysios de Santiago Calatrava, básicamente el mismo que el de las escuelas de la Sagrada Familia que vimos el otro día, es mucho más coherente y limpio que el del maestro catalán.


La idea es la misma: unas vigas que van formando un conoide manteniendo una generatriz recta horizontal en el centro del alabeo.


En este caso las vigas van juntas, adosadas una al lado de otra, sin espacio de entrevigado. Son vigas anchas de sección rectangular y su yuxtaposición no forma una cubierta de superficie alabeada continua, sino escalonada o estriada. (Esto es un capricho de diseño, porque se podían haber hecho de sección tal que dieran continuidad a la superficie, o bien se podrían haber rellenado las estrías). Son de un solo vano de veintitantos metros de luz y se apoyan solo en las fachadas delantera y trasera. De ese modo no hay ninguna viga recta horizontal en el centro ni tampoco pilares.

El espacio que queda es mucho más puro, y de paso le enmienda la plana a Gaudí eliminando la innecesaria viga central y los antipáticos soportes.

martes, 9 de noviembre de 2010

El arquitecto de Dios

Así llama el ABC a Gaudí: El arquitecto de Dios. También le llama -otra variante- El arquitecto de la fe.
Todo ello a cuento de la visita del Papa Benedicto XVI a Barcelona y de la consagración de la Sagrada Familia.
Sin embargo, las fotos con las que se ilustran esos artículos del ABC no son de la obra de Gaudí, sino de la que ha perpetrado el conjunto de profesionales mejor intencionados del mundo. (El infierno está empedrado de buenas intenciones).



Vaya por delante que en mi opinión La Sagrada Familia era una obra inacabable, imposible, incluso para el propio Gaudí, que se había metido en un atolladero delicioso desde el punto de vista literario o cinematográfico (¡Ay, Dios, qué buena historia!), pero envenenado arquitectónicamente. Por lo tanto, al equipo que la está terminando no se le debe acusar de nada. Al menos yo no lo haré.