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martes, 31 de octubre de 2023

Una tomadura de pelo

Hace tiempo dediqué una entrada de este blog a una obra arquitectónica que me parece muy interesante y que está cargada de un alto contenido simbólico. Creo que es un acierto, y además está perfectamente "ensamblada" en el lugar y genera una imagen urbana muy atractiva. Al menos a mí me lo parece, y así lo conté con la verborrea que me caracteriza.

Hoy, bastante tiempo después, me entra el siguiente comentario a aquella entrada: "Una tomadura de pelo". Punto pelota. Ya está. No hay más que hablar. Chimpún.

Otra famosa "tomadura de pelo"

Resulta que yo estoy blablablá, consumiendo cientos de palabras (casi casi mil) en mi exposición y un lector me calla la boca con apenas cuatro(1). Estuve escribiendo durante dos o tres buenos ratos y lo primero que he pensado es que merecía una contraexposición o algo así; un razonamiento, un argumento. Pero luego me he dado cuenta de que "una tomadura de pelo" queda bastante claro. A otros que me han dicho "qué bueno" o "me ha gustado mucho" no les pido que justifiquen su opinión. Pues entonces a "una tomadura de pelo" tampoco. Tiene el mismo derecho.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Entre Pinto y Valdemoro. (El pato).

Últimamente me están pasando algunas cosas curiosas, y, como ya sabéis que este blog es el desagüe y la purga de mi corazón, os las voy a contar.

Se trata de méritos científicos-académicos, seguramente modestos, pero que me llenan de satisfacción y de alegría. (Y también de sorpresa).

Lo primero fue que se pusieron en contacto conmigo para ser uno de los lectores-informadores de un artículo candidato a ser publicado en la prestigiosa revista Constelaciones.


¿Yo? ¿Por qué yo? ¿Juzgar yo a un autor? Yo no soy nadie. No tengo ningún mérito académico, ningún peso científico, ningún prestigio.
"Se han debido de equivocar conmigo", me dije. Es algo que últimamente me suelo decir mucho. Mi honradez me lleva a explicarle a quien me ha llamado que no reúno los requisitos adecuados, pero nada: insisten y entonces sí que me dejo querer.

Lo segundo fue que yo, a mi vez, publiqué sin mayor problema, pasando con comodidad y rapidez los preceptivos controles de calidad, un artículo en el número 1 de la revista VAD (Veredes, arquitectura y divulgación) 


Otro "éxito" ha sido que recientemente El Confidencial ha publicado un reportaje sobre Gutiérrez Soto y el autor consultó este blog entre otras fuentes y me entrevistó (junto con gente muy prestigiosa). Me cita mucho. Tanto que después una de las hijas de Gutiérrez Soto se puso en contacto conmigo para agradecerme lo que conté de su padre. (En ese momento sí que me pareció que lo que yo había dicho eran cuatro tonterías).


Ahora me llega este libro, muy profundo y riguroso, de varios autores, entre los que me encuentro:


También me han invitado a participar en una mesa redonda sobre Curro Inza el próximo 1 de octubre en la sede del Colegio de Arquitectos de Segovia. (Todo ello, también, por las dos entradas que le dediqué en este blog).

Y ya, para colmo, estoy en proceso de tener una actividad académica que me va a entusiasmar y de la que contaré algo cuando lo tenga más definido.

Qué locura. ¿Y todo esto de dónde viene? Pues en definitiva de este blog. (Lo de Gutiérrez Soto y lo de Curro Inza directamente, pero lo demás también de alguna forma).

martes, 21 de mayo de 2019

La chorraera

(NOTA.- En Málaga a los toboganes se les llama chorraeras, un nombre muy gráfico, especialmente en este caso).


El genial alcalde de Estepona es abogado del estado, notario y registrador de la propiedad. Quizá sea el único español que haya alcanzado esos tres ochomiles. (Unos me dicen que es el único y otros que ya hubo uno antes. En todo caso, es un personaje de récord). Un talento inconmensurable.

¿Se puede ser una persona inteligentísima y preparadísima y al mismo tiempo un papafrita? Es obvio que sí. Lo estamos viendo cada día. Pero en este caso, dada la excelencia inalcanzable, la sublimidad olímpica del personaje, también su papafritismo es inconmensurable. Estamos ante un ser extremo, mitológico, legendario.


Y es que al giligenio se le ocurrió instalar una chorraera para salvar el enorme desnivel(1) que hay entre dos calles de Estepona, y que obliga a un largo camino para salvarlo. ¿Por qué no tirar por la chorraera de en medio? Y así lo hizo. Apenas veintiocho mil euros resolverían un problema urbano y además le darían vidilla y cachondeo a la población. La genial idea lo tenía todo.

La chorraera no estaba pensada solo para divertirse, ni solo para los jóvenes intrépidos con muy alta condición física, sino que era una instalación urbana de uso cotidiano apta para todos los públicos y para todas las necesidades: Para ir al mercado con el carrito de la compra, para ir al ambulatorio a lo de las recetas, para comprar una bombilla, para ir al ayuntamiento a las cosas del ayuntamiento (yatúsabeh)... Para todo. Una maravilla.

jueves, 7 de febrero de 2019

La tontería

A un cliente mío le han pedido una fotocopia del certificado final de una obra que hemos terminado hace poco.
Naturalmente, se la he hecho de mil amores (José Ramón Hernández: Un admirador, un amigo, un esclavo, un sierrrvo; estaría bueno; para eso estamos), pero, para mi sorpresa, ha quedado así:


A la izquierda podéis ver un fragmento del certificado original, y a la derecha su fotocopia. ¿Qué ha pasado? Pues que en esta ha desaparecido el sello de visado del colegio de arquitectos.

Qué error, ¿no? Valla(*) fallo.

Soy muy tolerante con los errores -con los de los demás más que con los míos-, y si esto se hubiera debido sencillamente a una mala elección del color de la tinta por un descuido, y porque no se puede estar en todo, pues venga, vale, no pasa nada. Se aprende del error y se corrige. Pero no: Se ha debido a que somos siempre sublimes, refitoleros, exquisitos, y estas cosas sí que me sacan de quicio. Se trata, una vez más, de un inconveniente debido a nuestra proverbial tontería. Sí: Los arquitectos tenemos una tontería encima...

lunes, 2 de abril de 2018

El grano de Plutón

A Ekain Jiménez Valencia, que me ha contado
lo del grano de Plutón, me ha pasado las fotos
del grano y me ha hecho así más de media entrada.


Parece que mucha gente se ha puesto de acuerdo en elogiar el arte de Gian Lorenzo Bernini comentando esta foto:


Últimamente la veo por todas partes. La gente se hace cruces de la maravilla que supone hacer que el frío y duro mármol parezca carne. Mirad cómo presionan los dedos de Plutón en el muslo de Proserpina. La verdad es que es impresionante.
Sin embargo, a mí eso no me parece que sea la quintaesencia y la razón de ser del arte, como dicen todos. No le quito mérito, naturalmente que no -¿cómo se lo podría quitar?- pero me parece que eso se ha llamado siempre "oficio". No es fácil, claro que no, pero se aprende.
Ya hablé de eso aquí, así que no voy a repetirme ahora.

Esta escultura, El rapto de Proserpina, es muy buena. Está muy bien, naturalmente que por las texturas que logra su autor, pero tanto o más por la composición, por el movimiento contenido y vibrante, por las tensiones enfrentadas... En fin.


El arquitecto vitoriano Ekain Jiménez estaba hace poco en la Galería Borghese de Roma y se quedó mirando atentamente esta magnífica estatua. Siendo él un gran dibujante imagino que miraría detalles, proporciones... De pronto, por la parte trasera de la estatua, la menos vista, atendida y fotografiada, le pareció ver...




Ekain Jiménez. Serie Aproximación al grano, pixel sobre pantalla

¡Un grano! ¡Una verruga! ¡Un angioma  rubí (o beso de ángel)!

sábado, 25 de noviembre de 2017

El pabellón

Dedicado a Agustín Ferrer Casas (a quien
espero no contaminarle el cómic que está
haciendo), a Ekain Jiménez Valencia y a
Javier R. Cabello por haberme disparado a
elucubrar esta fantasía.


Alemania se jugaba mucho en la Exposición Universal de Barcelona. Desde la derrota de la Gran Guerra Europea, hacía ya diez años, no habían sido capaces aún de levantar cabeza, y eso que seguían siendo un ejemplo de finura y precisión. ¿Cómo era posible que teniendo una tecnología tan avanzada, una maquinaria tan eficiente y una capacidad de trabajo tan alta no terminaran de imponerse en los mercados ni de salir de la crisis que los asfixiaba?
En Barcelona tenían que enseñar lo que eran y lo que sabían hacer. Tenían que mostrar con orgullo sus productos perfectos. Tenían que sorprender y engatusar a los estadounidenses, a los italianos, a los españoles, a los franceses, a los ingleses... A todos. Tenían que conseguir que todos los países del mundo les encargaran barcos, aeroplanos, automóviles, maquinaria pesada y objetos manufacturados de todo tipo, y que la banca mundial les financiara esos encargos.

La Exposición Universal de Barcelona tenía que conseguir el milagro de que Alemania enamorara al mundo entero.
Naturalmente, aparte de los productos que se expusieran el propio pabellón tenía que ser un ejemplo de buena construcción, de solvencia, de avance técnico. Había que convocar a los mejores arquitectos para que lo diseñaran.
Pero el pabellón también tenía que movilizar al pueblo alemán, tan sufrido y en esos momentos aún tan humillado. Los alemanes tenían que ilusionarse con el pabellón. Su pabellón. Su patria.

En 1928, para involucrar al pueblo en el diseño del pabellón de su patria, el comité designado decidió convocar un concurso abierto tanto a profesionales como a aficionados. Cualquier ciudadano interesado en ello podía presentar un diseño. Y podía ganar.
(Esto era una medida demagógica y tramposa. Que participaran todos los que quisieran y que presentaran sus torpes e infantiles diseños: Al final, lógicamente, se llevaría el premio un profesional y todos tan contentos).

Efectivamente, se recibieron miles de propuestas. La inmensa mayoría eran torpísimos dibujos de gente incompetente y fueron desechados a la primera. Unos cincuenta llegaron a la fase final, y se fueron haciendo varias rondas eliminatorias hasta que quedaron dos propuestas:

Finalista nº 1. Fue llamada "Monumento" por los miembros del comité

Finalista nº 2. Fue llamada "Esa cosa" por los miembros del comité

domingo, 30 de junio de 2013

El himno

Como esta es una historia inventada, que no tiene nada que ver con la realidad (pero nada de nada: nada), diremos que ocurrrió en un pais imaginario del suroeste de Europa, al que llamaremos Hispania.
Todo empezó cuando el Ministro de Cosas dijo que ya estaba bien de sufrir que las juntas, reuniones y asambleas de las Comunidades de Propietarios fueran tan tristes y sosas, tan desangeladas y tan deprimentes, y que a partir de tal fecha (fecha, por supuesto, inaplazable) todos los edificios de viviendas tenían que tener su himno, que se tocaría en las ocasiones apropiadas (que, en su caso, se fijarían reglamentariamente).

Banda Municipal de Seseña (Toledo)
hace ya bastantes años.

El Gobierno de Hispania hizo un borrador de Decreto-Ley, cuyas prescripciones más relevantes eran:
a) Los edificios de viviendas deberían contar con un himno que debería tener, al menos, dos líneas (sic): una de melodía y otra de acompañamiento.
b) El himno podría tener letra o no. (Tal cual).
c) El himno podría ser grabado, y en las reuniones podría reproducirse en un equipo ad hoc. Pero al menos una vez al año (en la asamblea anual de aprobación de cuentas) debería ser interpretado por una agrupación musical de al menos tantos músicos como la mitad de las viviendas que tuviera el edificio o conjunto, y nunca menos de dos (uno para la melodía y otro para el acompañamiento).
d) Las viviendas unifamiliares quedaban exentas, a no ser que formaran un conjunto con otras viviendas con las que compartieran servicios comunes (por ejemplo, piscina. En este caso el himno debería ser "muy veraniego").
e) Los edificios de cualquier otro uso quedaban exentos, excepto los que se señalaran en su momento.

Inmediatamente ocurrió lo siguiente (aunque lo enumero, fue todo a la vez):
1.- Los propietarios se quejaron ante un nuevo gasto tan injusto. El Ministro respondió que esto ya se hacía en otros países de Europa.
2.- Los Colegios de Arquitectos dijeron que en edificios de viviendas el técnico ultracompetente y megaomnisciente es siempre el arquitecto, y por lo tanto todo lo que fuera exigible en esos edificios debía resolverlo un arquitecto, pues era el único que de verdad, íntima y profundamente, conocía la esencia del edificio, sus implicaciones últimas, sus trascendencias más trascendentes... y empezaron a organizar cursillos ultrarrápidos para enseñar la escala musical a sus colegiados, que, salvo honrosísimas excepciones, la ignoraban concienzudamente.
3.- Los Colegios de Ingenieros, en general, y los Industriales en particular, dijeron que los ingenieros son los técnicos idóneos para todo, y que si sabían calcular el aire acondicionado y otros vientos benéficos, ¿no iban a saber pergeñar una agradable música de viento?
4.- Los Colegios de Aparejadores y Arquitectos Técnicos (e Ingenieros de la Edificación) protestaron porque no les dejaban componer el himno, y al mismo tiempo reclamaron su exclusividad para dirigir las interpretaciones y/o ejecuciones, como reconocidos directores de ejecución que habían sido siempre.
5.- Los Colegios de Administradores de Fincas dijeron que las comunidades de propietarios eran cosa suya, y que ellos eran los máximos expertos en organizar las reuniones. Y que si había que servir un catering lo servirían ellos, si había que componer una canción la compondrían ellos y si había que cantarla la cantarían ellos (o contratarían a quien lo hiciera).
6.- Los músicos ni estaban colegiados ni nada, y apenas coordinaron una tímida protesta y/o postulación como profesionales competentes. Pero fueron convenientemente silenciados. ¡Qué sabrían ellos de música para edificios! (Y no digamos nada de los poetas y letristas: Esos casi ni protestaron siquiera).
7.- La Sociedad General de Autores de Hispania (SGAH) creó una tarifa especial para el registro de esos himnos, y habilitó un servicio para pasar a partitura el tarareo o silbido del técnico que no conociera la notación musical.

La fecha inaplazable de entrada en vigor del decreto se aplazó dos o tres veces, pero al final parecía que iba a salir.

Todo el mundo estaba satisfecho, pues se adivinaba una nueva fuente de trabajo y/o negocio.
Los colegios de arquitectos, ingenieros, aparejadores y demás profesionales argumentaron que esos himnos habían de ser visados, porque estaba en juego la calidad de la edificación, el confort de las personas y la paciencia de la colectividad, y sólo el visado garantizaría la correcta y adecuada blablabla blablabla.
Un experto musical, a quien el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de Hispania (CSCAH) pagó un dineral para que evacuara un informe convincente, dijo que un himno que se considerase como tal sin menoscabo, debería tener, como mínimo, pero como mínimo minimísimo, los siguientes papeles: clarinetes principal, primero y segundo, flauta, saxos altos primero y segundo, saxos tenores primero y segundo, trompetas solista, primera y segunda, trombón, tuba, trompa, caja, platos y pequeña percusión. Y concluyó que los honorarios de arquitecto para escribir todos esos papeles podrían estar en torno a los dos mil euros.
Acto seguido, el Tribunal de Defensa de la Competencia le cascó al CSCAH una multa de seiscientos mil euros por sugerir honorarios de referencia y romper así la límpidas y transparentes reglas de juego libre y feliz de los mercados.