A Ana Fernández del Prado
Acabo de leer en twitter que el torero (y últimamente ideólogo) Fran Rivera ha dicho que le gustaría que volviera la mili por los mismos motivos por los que mi madre y mi novia querían que la hiciera yo (me libré por excedente): para que los jóvenes se curtieran y aprendieran lo que vale un peine.
En seguida twitter se ha puesto a hervir. (¿Qué es twitter sino un hervidero?). La mayoría se ha burlado (de nuevo) del torero, pero unos cuantos le han dado (de nuevo) la razón.
Yo he pensado que es hermoso (y totalmente estúpido) añorar los viejos tiempos, y de repente he vislumbrado una Arcadia feliz y viejuna en la que los hombres adultos no se pusieran nunca pantalones cortos, la música fuera melódica y en español (y la foránea se tradujera: "Ansietat / de tenedte en mis brasos..."), los muchachos se pusieran la gorra con la visera para delante (y se la quitaran al entrar en los sitios), a los mayores se nos llamara de usted, hubiera más respeto y las autoridades fueran más contundentes con... con todo.
Y he caído en la cuenta de que eso es precisamente el neoclasicismo. O sea (que lo sepáis): Fran Rivera es neoclásico.
El neoclasicismo es muchas cosas, algunas de ellas incluso interesantes. Pero es -yo creo que sobre todo- esto: ¿Hacia dónde va el progreso, la modernidad, la vida? Pues yo tiro para el otro lado.
