He visto un vídeo en Facebook, pero no lo sé poner aquí, así que os lo contaré mientras muestro algunos pantallazos.
Se trata de la subasta que hace Sotheby's del cuadro Brown and Blacks in Red de Mark Rothko.
He visto un vídeo en Facebook, pero no lo sé poner aquí, así que os lo contaré mientras muestro algunos pantallazos.
Se trata de la subasta que hace Sotheby's del cuadro Brown and Blacks in Red de Mark Rothko.
Me acaban de llamar del ayuntamiento de Tabardillo para decirme que tienen un PHH (Programa de Hactuación Hurbanizadora(1)) de hace veinte años, cuyo autor soy yo, y que yace en una especie de armarito-estantería sin que nunca nadie haya hecho nada con él, así que quieren proceder a su archivo.
Tabardillo. Sector A3. Año 2006. A nombre de Promociones Penegordo. Uf. Ni idea. No recuerdo nada. Me van dando pistas y poco a poco, muy vagamente, voy evocando aquellos años en que todos éramos supermanes con caspa.
Cuando he consultado mi archivo y he ido recordando, me ha dado incluso vergüenza retrospectiva. Tanta que, como en muchas otras ocasiones, voy a usar este blog para hacer un enésimo ejercicio de catarsis.
Abro con estos versos de Quevedo para decirle que no, que no tiene razón. Pretendo demostrar (o al menos defender) que en esta dinerocracia, o, mejor dicho, dinerolatría en que vivimos valor y precio son exactamente iguales.
Acabo de leer este titular de BBC:
En esta escena de la novela La agonía y el éxtasis, de Irving Stone, vemos a Miguel Ángel hablando con su amigo y protegido Sebastiano Luciani, más conocido como Sebastiano del Piombo precisamente por lo que ahí cuenta: porque el papa le nombró guardián de los sellos (de plomo) de la Santa Sede. Un cargazo.
Sebastiano fue un magnífico pintor, con influencias cruzadas de los opuestos estilos veneciano (color) y florentino (dibujo) -perdón por la excesiva simplificación-, que siempre admiró a Miguel Ángel y fue ayudado por este (aunque al parecer la cosa no acabó muy bien. Ya sabéis: los artistas).
El cartero acaba de traerme estas acuarelas de Ekain Jiménez, amigo, arquitecto y dibujante-pintor.
Pensando en hacer un regalo de Reyes Magos le pedí que me mostrara qué tenía por ahí disponible y que me dijera precios.
Me mandó algunas imágenes por WhatsApp y un enlace a su Instagram, y mi mujer y yo nos pasamos un rato diciendo: "Qué buena esta". "Mira esta otra". "Qué bonita esa".
Al final preseleccionamos unas cuantas, y en una segunda vuelta nos quedamos con dos: una para el regalo "externo" que teníamos pensado y otra para autorregalo nuestro.
Luego empezó la parte más difícil: Los precios. Ekain sabe lo que es vender dibujos y acuarelas; no es un novato en esto, pero le queda una especie de pudor de pedir dinero por algo que hace como un desahogo, como un capricho y con una facilidad pasmosa. (Algunos de sus dibujos son elaboradísimos y muy muy minuciosos, pero otros son un pis-pas). Y ya empezamos: "¿Cuánto te cobro?" "Es que no sé qué decirte". Etcétera.
(Ahí hay un momento delicado, entre el "pero si yo hago esto sin ninguna intención económica" y "una buena acuarela hay que valorarla; no es ninguna tontería". Y de ahí podríamos pasar a la posible situación incómoda de que finalmente me dijera un precio mucho mayor que cualquiera que yo hubiera previsto, y en un punto en el que ya no habría una marcha atrás cómoda. En definitiva, una negligencia por su parte; con lo fácil que es hacer una web y tenerla actualizada con las cosas que tienes y sus precios. Así podría mirar quien quisiera, sin compromiso alguno, y comprar lo que le apeteciera. Tengo más amigos arquitectos-artistas y todos son un poco así. Y mira que me ofrezco a ser su marchante y a tenerles trabajando a base de látigo y con unos precios bien claros, pero no hay manera. Entre que de lo que ya les va quedando más "bonito" se cansan para empezar nuevos caminos, que no se ponen a ello con constancia y que cuando tienen algo bueno no saben ni cuánto dinero pedir por ello no hago carrera de ellos. Es que son muy tontos).