Acaba de empezar el nuevo curso, y confieso que mi primera experiencia ha sido de bajona: nos hemos reunido para que nos contaran que en todos los trabajos evaluables cada vez es más frecuente la presencia de IA (Inteligencia Artificial) y que esta no se usa como una herramienta que ayude, que haga búsquedas, que proporcione datos, incluso que proponga líneas, sino directa y rotundamente como un sustituto total del estudiante humano. Es decir, que haga ella todo el trabajo y que este se presente así, sin más, para obtener una calificación suficiente y quitarse de encima la asignatura.
La IA es imparable, y avanza con una velocidad de vértigo. En meses evoluciona de forma impensable, de modo que lo que creíamos poder entender -e incluso soñábamos con ser capaces de controlar- el curso pasado, en este ha pegado tal cambiazo que vuelve a pillarnos con la guardia baja y la cara de tontos.
Hablamos de qué podemos hacer, qué estrategias podemos tomar, qué debemos exigir a los estudiantes... pero yo empiezo a disparatar y me salgo de plano con mi imaginación.