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viernes, 8 de mayo de 2026

Malditos estímulos


A mis amigos Manuel Pina y Ekain Jiménez,
por motivos opuestos. (Cada uno está en un bando).


Ya sé que también estoy solo (o casi solo) en esta batalla, y también sé de sobra que la tengo perdida: la de la fiebre del muralismo:

Uno de tantos concursos de "arte urbano" convocados por
uno de tantos ayuntamientos patrios. (Y el dato añadido: el anuncio
ilustrado con una imagen generada por inteligencia artificial).

Sí, es una batalla perdida porque los murales gustan a casi todo el mundo, y además porque se realizan en medianeras perdidas o en fachadas de edificios obsoletos, sosos, feos o incluso ruinosos. Y a menudo ni siquiera en edificios, sino en tapias. ¿Quién se puede oponer a eso? Es hacer "arte urbano" donde hasta ese momento solo había roña y abandono.

Pero aunque no tenga ninguna esperanza contra tales evidencias, me gustaría decir algunas cosas:

jueves, 20 de noviembre de 2025

(Est)ética - Grandiosidad y chapuza

Hoy se cumplen cincuenta años. Yo tenía quince. Qué de cosas han pasado desde entonces.

En estos días hay mucha rememoración, y entre el material con el que he sido bombardeado ha estado esta imagen:

La cortinilla del NO-DO. Un diseño que quería ser grandioso, imperial, pero que se queda un poco (o bastante) pobre. Y eso que es solo la imagen, y os he ahorrado la sintonía (tiii, tiririti riti riti riti tááá. Titiri titiri ráá) y la voz aflautada del personajillo locutor. Qué ridículo parece ahora todo, pero qué importante era. Uf.

Esa portada palidece ante la de cualquier película de Hollywood. Qué esplendor tenía la Metro, la Columbia, la Paramount, la Universal... Esas sí eran formas impresionantes de empezar películas, y no esta tan triste.

De entre todo el impacto cutre de esa imagen no puedo evitar fijarme en lo que me parece más obvio: la cinta ondeando y enroscándose a las dos columnas. ¿Que hay en esa cinta entre "EL" y "MUNDO", pero, sobre todo, entre "ESPAÑO-" y "LES"? ¿Qué mensaje o qué universo paralelo se nos oculta en los pequeños tramos que quedan detrás de los fustes?

domingo, 29 de junio de 2025

Menudo Cristo

Una cosa que me llama muchísimo la atención es cuánto se aburre la gente y qué de cosas está dispuesta a hacer para que se le pase esa intolerable sensación. A mí el aburrimiento me parece muy bien, pero creo que siempre hay que tomárselo con paciencia y tranquilidad, y no con ese loco frenesí drogadicto de buscar nuevas excitaciones por todas partes.

Saco este tema porque leo que en Boadilla un grupo de pazguatos (y ojalá fueran solo eso) quieren hacer el Cristo más grande del mundo.

¿Por qué? Pues porque ha terminado la liga y en la tele no echan nada que les guste. Y tampoco se van a poner a agarrar un libro a estas alturas.

lunes, 29 de enero de 2024

El desaforado y febril disparate de Fred Mamany

Hay espacios que nos hacen replantearnos nuestro concepto de arquitectura, nuestro criterio de belleza e incluso nuestras convicciones éticas y nuestras ganas de vivir.

Hay cosas que son insoportables. Por ejemplo este restaurante:

¿Podríais comer ahí, tranquilamente sentados, un trozo de carne asada sin tener sobre vuestra conciencia catorce asesinatos? ¿Podrías comer como si tal cosa, sin que se os alterara una docena de constantes vitales? Yo (y eso que soy muy comilón) no probaría bocado. Es más, me pondría a llorar desconsoladamente con un infinito sentimiento de desamparo y con la certeza de que nadie me quería y de que la vida no tenía sentido.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Edificios feos, bonito periodismo

(A David García-Asenjo
y a Carlos Polimón).


De este tema ya he escrito. Perdonad que me repita, pero es que los medios no paran. Ellos regurgitan esta murga cada cierto tiempo: LOS EDIFICIOS MÁS FEOS DE MADRID, y vuelvo a hacerme eco. Quizá no debería, porque es siempre lo mismo y ya aburre, pero es que esta vez el número uno es de mi maestro, mi querido Juan Daniel Fullaondo, con José Luis Íñiguez de Onzoño, y eso me ha llegado al corazón.

Al menos han puesto una buena foto. (La de la Wikipedia)

No conocí a Íñiguez, pero por las cosas que le he leído y por lo que Fullaondo contaba de él estoy seguro de que se habría reído. Desde luego Fullaondo sí sé que incluso se sentiría orgulloso de encabezar ese ranking. No es fácil. El listón está muy alto.

Creo que para alcanzar la meta les ha beneficiado mucho que el que se exhibe en cabecera, el famoso edificio de viviendas de Sanchinarro, no se mencione después en el texto, lo que por otra parte muestra una preocupante falta de atención y de continuidad discursiva en quien ha escrito el libelo. ¿Le parece feo lo de Sanchinarro o sí pero no? Me deja en ascuas. Lo pone como estandarte del feísmo pero luego no lo incluye en la lista. Qué poca seriedad.

sábado, 29 de octubre de 2022

La casa de John Wayne

A Emilio


Acabo de ver por internet esta magnífica foto de John Wayne y me he quedado loquísimo.

No sé nada de ella, y me sugiere (quiero que me sugiera) que está tumbado en el sofá de su casa, aunque bien podría ser una foto de estudio, de promoción, de publicidad o de quién sabe qué. En todo caso quiero seguir suponiendo que sí, que esa es su casa; que sí, que así vivía él en su intimidad.

Sí, ya sé que un actor tiene muchas vidas y muchas caras, pero se le ve tan natural, tan cómodo, tan en su salsa que me lo quiero creer. (Ay, si de verdad lo fuera. Yo apuesto que sí).

martes, 6 de septiembre de 2022

Mi casa

Esta entrada surge de una imagen que he visto en Facebook:

No voy a hablar del contenido del mensaje (que en mi caso es cierto desde que era joven), sino del icono de "mi casa". El cartel no pretende ser realista. (No vemos películas en casa con un proyector de cine. Eso es obvio). Utiliza símbolos.

(Sin embargo para el "no salir de casa" pone la silla BKF, un magnífico ejemplo del diseño moderno).

También vemos que para el "volver a casa" aparece una puerta pintada en rojo inglés y muy engalanada, como de Navidad.

Pero lo que más me llama la atención, con enorme diferencia, es el dibujo de "mi casa". ¿Alguien vive en una casa como esa? ¿Cuántos de vosotros vivís en una parecida? Yo diría que prácticamente nadie. Y, sin embargo, tenemos ese diseño (o similar) grabado a fuego como nuestra casa ideal.

Ese diseño es inconseguible, y sin embargo mis clientes se han acercado a él algunas veces. El resultado es siempre de un kitsch insoportable, las soluciones constructivas son alambicadas e ineficientes y también la comodidad de uso se resiente mucho. Pero mucha gente quiere eso. (Yo creo que de alguna forma todos lo tenemos grabado en nuestro ADN).

martes, 28 de diciembre de 2021

El Quijote peludo

A lo mejor publicar esto un 28 de diciembre os hace pensar que es una broma y no os creéis nada, pero os aseguro que esta historia es real. Es tan real como pueden serlo las cosas reales, las manías de la gente, sus decisiones incomprensibles, sus rasgos morbosos de mal gusto y de sentimentalismo más kitsch y más siniestro.

(Si no os fiáis de mí os invito a navegar por internet y, sobre todo, a leer el artículo que enlazo en la nota final. Hay muchos testimonios de lo que sigue).

Le Corbusier tenía un perro al que llamó Pinceau (que podríamos traducir como "Pincel", "Brocha", o algo así, y que desde luego tiene relación con su pelaje).

Hay fotos en las que se le ve en actitud cariñosa con su perro, al que le tenía mucho cariño.



Aquí también está Yvonne, la esposa del arquitecto

Parece que hay un tipo bastante recurrente en la historia de la literatura que es el de "escritor con gato", y que no sé si implicará algún estilo o querencia en concreto. También podríamos establecer la de "arquitecto con perro", pero no es esta mi intención, al menos en este momento. Baste saber que Le Corbusier tenía perro y lo quería mucho.

De lo que va esta entrada es de que tal vez lo quería demasiado, o al menos de una forma desaforada.

Los perros viven bastante menos que las personas, y en este caso también fue así y el cariñoso Pinceau falleció el día 6 de noviembre de 1945. Père Corbu se sumió en la angustia y en la desesperación y no se resignó a separarse de él del todo y para siempre, así que se quedó con un recuerdo.

martes, 7 de agosto de 2018

La habitación cursi

(Consecuencia -más que continuación- de mi entrada
anterior, que ha suscitado comentarios muy interesantes
y me ha dejado con ganas de decir más cosas).


El término kitsch se acuñó en Múnich hacia mil ochocientos sesenta y tantos. No se conoce su etimología: Unos dicen que procede de kitschen, una palabra del dialecto alemán del sur que significa chapuza y mugre, y otros dicen que viene de la mala pronunciación del inglés sketch, que los turistas pedían a los artistas locales. A mí ambos argumentos me parecen forzados. Pero es lo que hay.

Algunos autores dicen que kitsch no se puede traducir a ningún idioma más que al español cursi, que a su vez tiene una etimología más que dudosa (las hermanas Sicour, de Cádiz, y otras tres o cuatro versiones más) y además no significa exactamente lo mismo.

Sí hay un punto en que coinciden lo kitsch (o cierto subgrupo de lo kitsch) y lo cursi: Ambos son sucedáneos de lo artístico, de lo intelectualmente valioso, a lo que se supone que querrían aspirar pero se quedan en algo cómodo, trillado y con pretensiones, en algo ridículo.

El público no avisado (y un poco patán) aspira a vivir experiencias artísticas pero se va a lo cursi y a lo hortera porque se cree que esos sucedáneos son arte verdadero. (El arte verdadero no le suele gustar).

Ramón Gómez de la Serna tiene un texto delicioso y lucidísimo que se titula "Ensayo sobre lo cursi"(*). En él dice con gran ternura e ingenuidad, pero también con gran perspicacia, que en su casa racional y sensata necesita tener una habitación cursi, llena de cosas y recuerdos, blanda: Una habitación donde refugiarse, donde esconderse como en el claustro materno.
"En esa habitación sí que no me puede coger la mala muerte y me siento en una lejanía de todos los gases asfixiantes".


Este es el fundamento del kitsch: la huida de la tragedia y el consuelo ante la dureza de la vida. Todos necesitamos una habitación cursi.

Decimos que amamos el arte, que deseamos el arte, pero a menudo se nos olvida que el arte no es esa bella fruslería cómoda y hermosa que deseamos. Esa cosa amable y dulce es una bella imitación, es el kitsch. El arte es jodido. El arte es sumergirte en la duda, en el torbellino, luchar, perder, dejarte la piel a tiras, no descansar ni un momento, angustiarte, buscar. El arte es una mierda.

Y la vida es otra mierda. O la misma. Competir, afanarse, madrugar, fracasar, jadear, llegar tarde y al sitio equivocado, volver a empezar...

Pero el kitsch, lo cursi, es una maravilla. Nubecillas de algodón dulce y muchos lazos rosas(**). Es un consuelo y un placer.

Si te encierras en la habitación cursi y te abrazas a un cojín blandito y mullido nadie va a venirte con un burofax y, como dice mi ilustre tocayo, ni siquiera la muerte te va a encontrar.

Los libros que más gustan, las músicas, las películas... todo eso es un sucedáneo de arte que va muy bien, que está muy bien hecho y nos satisface, pero que no es arte en lo que este tiene de vanguardia y de experimentación e investigación. (Vamos, en lo que tiene de arte de verdad).

miércoles, 2 de mayo de 2018

La fealdad

Advertencia: Sobre la fealdad se pueden (y se deben) escribir varios tratados muy extensos. Esto es solo el blog de un aficionado, y por lo que me pagáis debéis conformaros con tres o cuatro brochazos rápidos exponiendo un par de ideas (o solo una), y nada más. Seguramente retomaré el tema más de una vez.


INTRODUCCIÓN:

Vincent Van Gogh no consiguió vender un solo cuadro en toda su vida porque todos eran horribles. (Bueno, vendió uno a su hermano, que era marchante, pero eso no cuenta porque su hermano le daba dinero y le intentaba mantener como podía, de manera que esa venta no puede considerarse tal, sino una ayuda fraterna).


No es que los cuadros de Van Gogh no gustaran a casi nadie. No es que solo gustaran a unos pocos. No. Es que no le gustaban a nadie. A nadie. Repito: A nadie. Es decir: en la segunda mitad del siglo XIX lo que pintaba Van Gogh era feísimo.
Y sin embargo hoy esos cuadros nos gustan a todos. A todos. No a la mayoría, no a muchos. A todos. Es decir: en la primera mitad del siglo XXI lo que pintó Van Gogh es bellísimo.
¿Y eso por qué es? ¿Acaso la belleza y la fealdad son una moda? ¿Acaso la belleza y la fealdad van por rachas? Pues sí. Parece obvio.

sábado, 14 de octubre de 2017

Horno de pan (y 2)

El otro día me supo a poco lo que iba diciendo y me quedé con ganas de más. Por eso titulé la entrada con el número uno y prometí una segunda parte. Pero ahora ya se me ha ido el hilo de lo que iba diciendo.
Además en estos días le han dado un premio al horno de pan y ya se me ha cortado el rollo del todo.

¿Por qué somos así los arquitectos? ¿Por qué admiramos
y premiamos estos edificios que no gustan a la gente?

Sí que me gustaría seguir con mi afán didáctico e insistir un poco (muy por encima) en lo que decía el otro día.

Para empezar, deberíamos intentar comprender las complejas condiciones de partida que tiene este edificio: Está en el borde de una plataforma, ante un vertiginoso desnivel, y además tiene que arrodillarse ante el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, y no solo respetar, sino incluso acoger unos restos arqueológicos. Aparte de su complejo programa (auditorio, museo de tapices, museo de objetos suntuarios, museo de carruajes...) tiene que ser capaz de resolver la esquina más residual de la plaza que queda entre el palacio y la catedral. 


El acceso se hace por arriba, por la plaza, y desde ahí se va bajando, descendiendo por la cornisa famosa.
Ponedle además los camiones de abastecimiento, los recorridos, el transporte, la seguridad, la comodidad de accesos y estancias, etcétera, y tendréis un señor problema.

Obviamente, la cuestión de raíz, la matriz del proyecto, es hacer toda esa organización y toda esa relación de la manera más sencilla y eficaz posible. El problema, ya lo dijimos, es que el horno haga buen pan.
Luego, naturalmente, todo eso tiene que tener una forma, una imagen, una expresión plástica.




La expresión puede (y debe) ser discutible una vez visto el nivel de solución de las condiciones de partida antes dichas. ¿Es un acierto lo de las tiras verticales en fachada? Pues si no dejan pasar una luz uniforme y limpia serán un error, y si sí un acierto.
(A mí me parece, además de por su mera funcionalidad, que esa fachada ofrece una imagen neutra, como un zócalo o pedestal de piedra levemente labrada bajo la catedral).

¿Qué pasa si olvidamos todo esto y nos dejamos llevar solamente por la primera impresión que nos ofrece su fachada? Pues que entramos en el "me gusta" o "no me gusta", que ya vimos que es muy respetable en el interior de la intimidad de cada uno, pero cuando sale de ahí ya no merece especial respeto.
¿Nos gusta más con columnas jónicas? ¿Le ponemos unos arcos? Podríamos hacerlo: Tenemos todo el catálogo de formas arquitectónicas para usarlo según nuestro gusto, nuestro sacrosanto gusto personal. ¿Pero qué ganamos con ello?
(A una tía mía le entusiasmaban los bocadillos de bonito en escabeche bien espolvoreado de azúcar. De verdad. Los gustos personales son así).

Pero no merece la pena seguir intentando buscar ejemplos cuando tenemos uno perfecto justo al lado.

domingo, 18 de junio de 2017

Comentarios

Tengo ya el vicio de mirar este blog varias veces al día por si hay algún nuevo comentario. En general sois parcos o tímidos, o es que para dejar algún comentario se os piden demasiados datos y molestias y os da pereza.
El caso es que, salvo en algunas entradas muy "calientes", no suele haber demasiados comentarios. Pero, eso sí, los que hacéis suelen ser muy cariñosos y a veces hasta elogiosos. Así que me hincho como un pavo.

A menudo ocurre que cuando alguien está de acuerdo con el contenido de una entrada no se suele tomar la molestia de hacer un comentario. ¿Para qué? ¿Para decir que muy bien, que vale? Sin embargo, cuando se está en desacuerdo, y no digamos cuando la entrada le llega a indignar a uno, sí que salva todos los laberintos y tropezones que le impone el blog (los he dejado en lo mínimo posible) para hacer constar su disconformidad.

Hace dos entradas me eché al monte a hablar de un personaje muy difícil: Juan Navarro Baldeweg. Me superó. No fui capaz de decir nada interesante de él. Se me escurrió entre los dedos (como suele hacer, el cabrito) y me dejó sin nada. Mi blablablá no pudo ser más vacío ni más torpe. Esa entrada merecía comentarios acerbos, sin duda. Pero creo que no se merecía los que recibió. Porque los comentarios que tiene hasta este momento(1) no critican mi pobreza analítica y expositiva, sino el arte de Juan Navarro y la pintura y la arquitectura contemporáneas en general. Benditoseadiós.

 

A estas alturas esos argumentos. Otra vez.
Se le quitan a uno las ganas de seguir.
(Me estaban esperando desde lo de Adriansens).
Menos mal que por las redes sociales -y los más íntimos cara a cara- me hacéis comentarios y críticas de otro tipo.
¿Cómo se puede seguir alimentando, a estas alturas, ese desprecio a todo lo que supone la modernidad, la contemporaneidad? ¿Cómo se puede, para reforzar esa postura, hacer dos bandos no basados en la calidad ni en la profundidad programática, sino en la mera percepción superficial y anecdótica?

A estas alturas. Vamos, por favor.
En algún comentario detecto una sana ironía. O a lo mejor me la imagino yo, que ya no sé ni qué pensar.

jueves, 13 de octubre de 2016

La mona

El otro día el concejal de arquitectura, paisaje urbano y patrimonio del ayuntamiento de Barcelona dijo que la Sagrada Familia es una mona de pascua. Esa declaración ha levantado revuelo, pero no es nueva. Desde hace muchas décadas muchos artistas e intelectuales (incluido nada menos que Le Corbusier) han pedido que se pare de una vez ese horror.


Lo que ocurre con estas críticas es que suelen dar por buena la obra de Gaudí, y claman contra la continuación porque desvirtúa el proyecto del genio.
Yo, seguramente pecando de bocazas indocumentado, sostengo que ya la actuación de Gaudí (por otra parte un arquitecto admirable, autor de unas cuantas obras maestras) era fallida desde el principio.
Una mala tarde la tiene cualquiera, y una mala obra la tiene cualquier arquitecto. Y esta, a mi juicio, fue mal desde el principio.
En 1866 el librero Josep Maria Bocabella i Verdaguer fundó la Asociación Espiritual de Devotos de San José, que tomó en sus manos la desaforada misión de construir en Barcelona un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia.
La asociación, siempre escasa de recursos, al fin consiguió contratar al arquitecto Francisco de Paula de Villar y Lozano, que hizo un proyecto de templo neogótico.

El proyecto neogótico inicial de Villar

El día de San José de 1882 comenzó la obra, y al poco tiempo empezaron los problemas. Los pilares de piedra maciza proyectados por Villar eran caros. Era mucho más barato chapar de piedra unos pilares de argamasa y cascote. Villar se indignó y abandonó la obra.
Este detalle me parece muy interesante: Desde el primer momento, los piadosos socios pretendían que la obra mintiera. (Nunca he entendido que alguien, movido por su fe, haga una obra en loor de lo que tiene por más sagrado y para ello se agazape en la mentira, en la mera apariencia. Volveré a ello porque Gaudí siguió en parte con esa actitud).
A la mentira del estilo (neo-loquesea) se unía, pues, la mentira constructiva (pilares de hormigón ciclópeo pero que parecieran de piedra).
La obra, apenas empezada, se quedó parada.

sábado, 9 de julio de 2016

Mortadelo y Filemón en La Manga de misión

y a Jaume Prat(*)


Mortadelo y Filemón dormían profundamente cuando, casi al amanecer (hacia las once y cuarto de la mañana), sonó el teléfono-despertador (un ingenioso invento del Doctor Bacterio que consistía en un teléfono conectado a unos cubos de agua en equilibrio inestable sobre sus cabezas).
El Súper ni saludó siquiera:
-¡Los quiero en mi despacho dentro de diez minutos! ¡Utilicen la entrada secreta 17B!
Tras los habituales traspiés los dos agentes secretos comparecieron ante el Superintendente Vicente.
-Tienen que realizar una misión importantísima.
-Diga, Súper.
-La patria los necesita. Está en juego la principal fuente de ingresos de la nación: el turismo.
-¡Yupi! ¡Nos vamos a hacer turismo!
-¡Cállese, Mortadelo! ¡Esto es muy importante! Nuestro país, tras haber inventado el calimocho, la paella apegostoná, la tomatina de Buñol y la sangría revenía, ha alcanzado las más altas cotas en el aprecio de los turistas de todo el mundo. Todos quieren venir a nuestras playas, comer nuestros potingues, ponerse como cochinillos asados bajo nuestro sol, emborracharse con nuestros enjuagues, lanzarse desde nuestros balcones...
-Aaaah, la paella apegostoná, la sangría revenía... Es que se me caen dos lagrimones.
-¡Claro que sí, Mortadelo! ¡Es que es para estar orgulloso! Como también es para estarlo el despliegue inmobiliario en nuestras costas. ¡Qué chaleses! ¡Qué hoteles! ¡Qué bungalós!
-Somos los mejores.
-Pues sí. No lo dude. Pero entre tantos edificios preciosos tenemos algunos casos, afortunadamente muy pocos, horribles, humillantes, ¡y uno de ellos nada menos que en La Manga del Mar Menor! ¡Un desdoro para nuestro pabellón, para nuestro liderazgo turístico! ¡Y en La Manga! ¡Han ido a plantar ese adefesio en el centro de nuestro buque insignia!


-Miren ustedes. ¡Miren qué chalet indignante! ¡Miren qué menoscabo, qué insulto a nuestra costa mediterránea!






Corrales y Molezún. Casa Catena. La Manga del Mar Menor, 1966-67.

-Vaya truño, Súper. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Derribarlo como hicimos con la pagoda?
-No. Hay casas al lado. Sería un follón y llamaría mucho la atención. Lo que quiero que hagan es reformarlo.
-Pero nosotros no somos albañiles.
-Contarán con Pepe Gotera y Otilio. Ustedes serán más bien los arquitectos, las cabezas pensantes.
-Muy bien, pero no tenemos experiencia, ¿Por qué no llama a un arquitecto de verdad?
-¡Porque a los arquitectos de verdad les gusta esa castaña!
-No me diga. Qué gente más rara.
-Razón tenía doña Espe. Quiero, en definitiva, que dejen ese chalet a su gusto.
-¿Al de doña Espe?
-Quiero decir a su gusto de ustedes. Pero, sí, supongo que también será ese el gusto de ella.
-Natural: El de cualquier persona normal y sensata.
-¿Y de presupuesto cómo andamos?

Tuvieron que salir por piernas del despacho.

viernes, 31 de julio de 2015

Sexo y kitsch

En una entrada reciente decía que había que atacar el afán simbolista en la arquitectura, y que había que clamar siempre contra la arquitectura que simboliza cosas. Y relacionando esta idea con el kitsch y con el espíritu romántico, apunté brevemente que "el kitsch es romántico, y el romanticismo es una actitud reaccionaria ante el sexo. El romanticismo necesita una muy buena excusa para acceder al sexo, y esta arquitectura kitsch necesita una muy buena excusa para apelar a los sentimientos y al honor de un pueblo. Pero en ambos casos son excusas simbolistas, falsas, postizas, manipuladoras".

Llámalo amor y romanticismo, pero ya sabemos lo que quieres decir

Como no me puedo callar la bocota, prometí desarrollar esa insinuación en una posterior entrada. Bueno, pues a ver cómo cumplo mi promesa y cómo, ligando sexo y kitsch, puedo hablar de arquitectura simbólica.
(En menudos líos me meto. Menos mal que mi asesor personal, Jesús Julián Federico Alfonso Vélez de la Revuelta y Díaz de Montenegro Santafé -Chusi-, me dice que poniendo la palabra sexo en el título voy a batir records. Pues sea por ello. Me meto en el charco).

En su imprescindible y curioso libro Kitsch, Vanguardia y el Arte por el Arte (1), Hermann Broch dice que en el origen del romanticismo está "el origen, por un lado, de la exaltación de quien, desdoblando todas las energías espirituales, incluidas las artísticas, intenta elevar a una esfera absoluta o pseudoabsoluta el mezquino acaecer cotidiano de la vida terrenal y, por otro, del terror de quien intuye el peligro de una empresa de este tipo. De hecho, de dicha exaltación y de dicho terror deriva esa particular incertidumbre del alma romántica que, trémula y vacilante, quisiera volver atrás, quisiera correr hasta el seno de la Iglesia para refugiarse nuevamente en su certidumbre sobre el absoluto".


Vamos, que el romántico quiere exaltarse por cualquier chorrada o, mejor dicho, quiere que todo lo que le pasa sea sublime. Sólo quiere vivir en una exaltación continua, en una excitación permanente. Pero se da cuenta de que por ese camino acaba sacralizando todos sus instintos y todas sus circunstancias, y se asusta. No quiere ser un "pagano naturista" o algo así. Se siente culpable. Es puritano, y le da vergüenza descubrir tanta intensidad en sus sentimientos, tanta sensualidad.
"Toda ascesis, toda represión del placer tiene un centro de gravedad sexual. Es cierto que el puritanismo no imponía una castidad monástica, sino una rigurosa monogamia. Precisamente, lo que había que confirmar y reforzar era la monogamia; tanto más cuanto que, de esta manera, se podía impregnar el corazón de libertinage. El amor monógamo quedaría a salvo, si se lo intensificaba hasta la exaltación que en otro tiempo había sido rigurosamente prohibida por la ascesis".
El monógamo envidia al libertino, y para vencerle resuelve que lo suyo es mucho más puro y mucho mejor. Está seguro de su superioridad ética y moral sobre el libertino, pero pierde pie cuando considera que el libertino se divierte y disfruta más que él, y dedica todas sus energías a corregir esa sensación, de manera que decide que su monogamia es mucho más intensa, sublime, estupenda, completa, etc.
"La nueva época, es decir, la época de la burguesía, aprueba la monogamia, pero al mismo tiempo quiere gozar de todos los placeres del libertinage, de forma todavía más concentrada, si ello fuera posible. Por ello, no se contenta con elevar hasta las estrellas el acto sexual monógamo; obliga a las estrellas, junto con las demás cosas eternas, a descender a la tierra para ocuparse de la vida sexual de los hombres y permitirles alcanzar mayor intensidad de placer. El medio para alcanzar dicho resultado es la fantasía reforzada con la exaltación".
El "enamoramiento romántico" es algo sublime, y tan fuerte que obliga al propio Dios a ser su testigo y su cómplice. Hay una falta absoluta de medida, de proporción y de límite. Nada es suficiente para exaltar tanto amor. Toda la historia de la humanidad, todos los milenios transcurridos hasta ahora sólo han tenido como objetivo que yo me enamorara de esa mujer. Mi amor convoca a todas las fuerzas cósmicas y las conjura.
Puestas así las cosas, ¿habrá alguna tarjeta postal capaz de expresar lo que siento? ¿Habrá algún perfume, algún regalo, algún dulce, algún adorno digno de este amor? No. Imposible. Nada es suficiente. Nada es demasiado. Necesito más, más y más.




¿Hace falta seguir? No; ¿para qué?
En esta misma línea leemos las letras de algunos boleros: "Sabrá Dios si tú me quieres o me engañas"; "Amor, amor, amor, nació de Dios para los dos; nació del alma"; "Mujer, si puedes tú con Dios hablar pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar"; "Ahorita estaremos juntos, unidos por siempre en nombre de Dios"; "Qué tendrán tus ojos que cuando ellos miran me acercan a Dios". Y muchos más. (Se ve que Dios no tiene mejor cosa que hacer que andar de carabina, o estar ahí plantificado para hacer de testigo, o algo así).
Resumiendo lo dicho por Broch, el libertino emite y reparte material genético a plena satisfacción, sin complicarse la vida ni pensárselo dos veces, mientras que el romántico, muchísimo más limitado en cuanto al reparto, necesita convencerse de que lo suyo es mucho más valioso, e incluso más placentero. Y no repara en exagerar.
Según Broch, esta es una de las características fundamentales del kitsch.

lunes, 20 de julio de 2015

La verdadera democracia

Este edificio es la sede de la Asamblea de Murcia, la expresión más pura y respetable de la democracia que se encarna en una región española.


De la Constitución Española de 1978, cristalizadora de nuestra democracia y marco de nuestra convivencia no sólo pacífica sino creativa y constructiva de un progreso innegable, surgieron las comunidades autónomas, que se establecen a su vez como democracias regidas por sus respectivos parlamentos y gobiernos.
La sede de la asamblea de una comunidad autónoma es, por lo tanto, el palacio del pueblo, el espacio arquitectónico que aloja las ansias y las aspiraciones de una sociedad. Es el lugar de las ideas, las palabras, las leyes que se imponen los ciudadanos a sí mismos para convivir y para prosperar.


Arquitectónicamente hablando, diseñar esa sede es un ejercicio fascinante.





miércoles, 27 de mayo de 2015

Mentiras, mentiras y mentiras

Acabo de escribir sobre la mentira del helecho y quería cambiar de tema, pero la actualidad no me deja.
Estos días asisto harto y aburrido a tres nuevas barbaridades antiarquitectónicas y antiéticas de las que tanto proliferan.

1.- Primero nos enteramos de que en el último momento de su mandato, y de una manera vergonzosa y vergonzante, la alcaldesa saliente de Madrid ha aprobado el mierdaproyecto de museo del que hablamos hace poco. No insistiré. Se veía venir, y en el último segundo no ocurrió un milagro de sensatez. ¿Para qué? ¿Por qué iba a ocurrir?

2.- Casi al mismo tiempo me entero de que una empresa francesa pretende construir en Madrid-Río un centro comercial de nada, de sólo 130.000 metros cuadrados (¡CIENTO TREINTA MIL METROS CUADRADOS! ¡SEISCIENTAS UNA Y MEDIA PISTAS DE CURLING!), y, gracias a una filigrana legal vergonzosa, podrá hacerlo sin licencia.

Infografía de la nueva mpeup

Si usted quiere cambiar los azulejos del baño, remozar el portal de su casa o cerrar un balcón le caerá encima todo el aparato legal y burocrático, que pondrá a prueba su paciencia hasta límites insospechados de tocapelotismo. Le restregarán mil normas por las narices, le impondrán un procedimiento kafkiano y al final, si consigue realizar la obra, usted habrá quedado flaco y macilento, sus ojos habrán perdido todo el brillo y su cara estará llena de arrugas cenicientas y fláccidas. (Es una experiencia inolvidable, durísima).
Pero el promotor de esta barbaridad, en la que van a entrar a diario miles y miles de personas, no va a soportar ni una sola inspección, ni se le va a chequear siquiera su proyecto. (¿Medidas de accesibilidad? ¿Medidas de protección contra incendios? ¿Ventilación?). Nada.
Bastará con que el interesado haga una "declaración responsable" (me meo) jurando por Snoopy que cumple toda la legislación. Y ya está. A él se le cree. Se le presupone buena fe, responsabilidad, veracidad y honor. Y no se le molesta.
Pero a usted no se le presupone nada de eso, sino justo lo contrario. Usted es un presunto, y cuando dice que quiere cambiar los azulejos del baño debe de ser por algún motivo oscuro e inconfesable. ¡Ay de usted! Le va a caer todo lo caíble.
Por añadidura, como no podía ser de otra manera, el edificio que quieren perpetrar es una mpeup. Un vago aire post-barroco neo-clásico, con un arco muy francés en la entrada. Pilastras, balaustradas, zócalos, cornisas... Lo de siempre.
¿Para esto se han endeudado hasta las trancas los madrileños, sus hijos, sus nietos, sus biznietos...? ¿Para soterrar la M30 y dejar así un fantástico río, con parque, paseos y la biblia en verso? ¿O para que venga esta empresa y se lo lleve crudo sin más?
"Es que va a generar muchos puestos de trabajo". Ah, sí; lo de siempre. ¡Ja! Los malditos puestos de trabajo, tan falsos y tan infames como la mierdarquitectura del centro comercial. Doce horas diarias de trabajo, más sábados y domingos, por contratos de tres meses a lo sumo, por cuatrocientos o quinientos euros al mes. Y patada en el culo cuando quiera el honrado empresario (en cuya palabra y buenas intenciones cree el ayuntamiento a pie juntillas). No sea que el infame trabajador acabe adquiriendo derechos laborales. (¡Derechos no! ¡Cargas! ¡Cargas a costa del honrado empresario y del justísimo sistema!).
Alguien se tiene que llevar una buena carretilla de todo esto. Si no no se explica.
¿Y nosotros? ¿Cómo consentimos estas cosas? Se me dirá que no podemos hacer nada, que son los mandatarios quienes hacen estas barbaridades, y que a nosotros sólo se nos deja votar cada cuatro años, y que si votamos a otros harán cosas parecidas.
No es cierto. Podemos hacer mucho más, además de votar, y no cada cuatro años, sino día a día: Podemos no ir.
Los ciudadanos somos los que mandamos. Con no ir a esos sitios el problema se resolvería, o, al menos, no se repetiría. Pero en el museo habrá el suficiente pijerío y la suficiente tontería como para que al final nos animemos a ir para escuchar la conferencia de algún impresentable o ver la exposición temporal de algún petardo, y en el centro comercial habrá unas botas de fútbol muy buenas y muy baratas que nuestros hijos querrán que les compremos (y ya aprovecharemos para comprarnos una tableta, un esmarfón o un porculizador sexual; o alguna chorrada del tipo que sea. Del que sea. Es igual. Todo es igual).
Al final, y puesto que vivimos en una sociedad de consumo, la culpa es nuestra, pues somos los consumidores y los que mandamos. Con no ir, problema resuelto. Con mandar de una maldita vez, asunto concluido.

jueves, 15 de enero de 2015

Kitschpectáculo

Los arquitectos nos quejamos de la arquitectura espectáculo, pero todos vivimos en un espectáculo total. Todo es espectáculo. ¿Cómo no iba a participar también la arquitectura en él?
Cada vez es más frecuente que en las noticias de la tele nos hablen de un "espectacular accidente", o de un "terremoto espectacular", o de un "atraco espectacular".
Es decir, esas desgracias (accidente, terremoto, atraco) nos son propuestas a todos nosotros como elementos de diversión. Todo es un espectáculo. La muerte y el hambre. La tragedia. La usura, la crueldad, la enfermedad, el mal. Todo.
A eso se reduce todo: a espectáculo.
Tal y como lo dicen en las noticias, se conoce que en tal país han muerto cientos de personas sólo para que nos divirtamos, ya que, según nos dice el pedropiqueras de turno, la matanza ha sido "espectacular".
"Espectacular" es lo propio del "espectáculo", y un "espectáculo" es una función o diversión pública.
(Sí, ya sé que el DRAE ha terminado por admitir también la desviación que yo estoy denunciando, pero el DRAE es un notario que va glosando -con retraso- los crímenes que se van perpetrando contra nuestra lengua).

Entonces, si hasta las matanzas, las guerras y los genocidios son ya espectaculares, ¿por qué no iba a serlo la arquitectura, que tiene muchos más motivos y más razones para ello?

Como ya comentamos hace poco, Frank Gehry se enfadó porque le dijeron que su arquitectura era espectáculo. Pues claro que lo es. ¿Cómo no iba a serlo?

Así se puso Frank Gehry cuando le hablaron de arquitectura espectáculo

La gente va a Oak Park a ver las Prairie Houses, o a Sidney a ver la ópera, o a Ronchamp, o a Nueva York o a Barcelona para ver edificios y plazas. ¿Por qué no iba a ser un espectáculo la arquitectura?
Claro que lo es. Es una fuente de diversión, de alegría y de placer. Pues qué maravilla y qué bendición.
Otra cosa es cuando la arquitectura es sólo espectáculo, y además malo: del nivel de "Humor amarillo" o "Sálvame de Luxe".
Puesta a ser un espectáculo, podría ser uno mejor.

El problema no es que la arquitectura sea espectáculo; el problema es que cuanto peor espectáculo es a más gente gusta.
Claro, que eso no le pasa sólo a la arquitectura. Lo mismo sucede con la novela, con la canción, con el cine... Lo malo es constatar que la aceptación popular va en sentido contrario a la calidad de las obras.

Señor Ghery: Cuando alguien hace esto

Frank Gehry, Clínica mental en Las Vegas
(Por si necesitabas una temporada de reposo: Pues te fastidias)

no puede pedir respeto después, ni enhestar el dedo corazón de la mano derecha mientras lanza miradas de monja cabreada a quien, honradamente, le ha preguntado por su arquitectura espectáculo.

Es curioso: Si te dicen que tu arquitectura es espectáculo te cabreas, pero si te dicen que es espectacular te sientes muy honrado.
-Señor Gehry: Ha hecho usted una clínica espectacular.
-Muchas gracias. (A ti no te levanto el dedito).

Incluso salvadores de la patria que propugnan una nueva sociedad ideal y revolucionaria acaban cayendo ante el espectáculo.

El rey desnudo y su sastre

Y en países que tienen serios problemas de abastecimiento y donde se nos cuenta (seguro que son insidias imperialistas) que carecen incluso de papel higiénico (por ejemplo) a sus dirigentes no les tiembla la mano para encargar arquitectura espectáculo. (O, si lo preferís y lo veis mejor, arquitectura espectacular).

El cine es puro espectáculo. El problema es que alguien considere espectacular Pepito Piscinas. Y también que valore la calidad de una película sólo por el número de helicópteros y aviones estampados.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Maldita belleza

El arquitecto Alberto Campo Baeza ha ingresado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ha leído un discurso que ha titulado "Buscar denodadamente la belleza".

(Nota mía que no viene a cuento. Son sólo mis neuras: No me gusta nada ese adverbio. "Denodadamente". Está admitido por la RAE, y Don Alberto lo ha empleado con propiedad, pero... no. No me gustan quienes Juanmanueldepradean. No mola nada. Me parece un estupendismo innecesario y... vamos, que no. Además, con ese título no puedo dejar de imaginarme a Don Alberto buscando la belleza en plan gñññññññññññññ).

¡La belleza! ¡Ay, la belleza!
Este considerable arquitecto español ha dicho en alguna otra ocasión que cuando algún alumno le dice que ha ido a Roma él le pregunta si ha llorado al ver el Panteón. (Sólo los mejores alumnos -léase los más pelotas- le confiesan que sí, que han llorado bastante).
Belleza, sublimidad, goce celestial, síndrome de Stendhal... Idos por ahí. Idos a tomar por conducto reglamentario de una maldita vez.
Belleza. Belleza. Belleza. Ya está bien.

Quentin Matsys, A Grotesque Old Woman (La Duquesa Fea), 1513.
National Gallery, Londres

En su discurso Don Alberto dice que, como arquitecto, lo que de verdad busca es la belleza. No estoy de acuerdo en absoluto. En mi modesta (pero firme) opinión un arquitecto no debe buscar la belleza. Todos haríamos mucha mejor arquitectura si no la buscáramos (y, desde luego, si no la buscara el promotor). A todos nos hace mucho daño la maldita belleza. La arquitectura que busca la belleza (denodadamente o no) pierde mucho.
El arquitecto debe buscar (incluso denodadamente) la idoneidad, la bondad, la eficacia, la adecuación... pero no la belleza. La belleza, si viene, viene sola. Viene por su cuenta, sin que nadie la invite ni la busque. La belleza se cuela en la fiesta, pero si la invitas no viene, sino que manda en su lugar a sus primas la horterada y la cursilada. Eso si no viene su tío abuelo el kitsch.

Francisco de Goya, Saturno devorando a un hijo, 1819-1823.
Museo del Prado, Madrid

Ni bellezas ni chorradas. La arquitectura (como la literatura, la música, la pintura, etc) no tiene que ser bella; tiene que ser buena. Todo lo demás sobra.

-¿Don Joserramoncito, y qué es la arquitectura buena?
-Yo qué sé, Arturo Arístides Artemio. Yo qué narices sé. (Pero me entiendo).
-Pues yo no le entiendo.
-Te callas.

El Bosco, Cristo con la cruz a cuestas, (detalle), 1510-1535.
Museo de Bellas Artes, Gante

Don Alberto dice que hay que conseguir la Venustas tras el cumplimiento perfecto de la Utilitas y de la Firmitas. ¡Oh, no!
¡Coño, Don Alberto! ¡Que estamos en el siglo veintiuno! ¡Que han pasado muchas cosas desde Vitruvio! Y, siguiendo con ese principio inmarcesible y tan viejuno de la tríada belleza-utilidad-firmeza (ya está bien, hombre), abunda además en el pensamiento retrógrado de que primero hay que garantizar la utilidad y la firmeza, y ya si eso, después le ponemos la venustas. O sea, que el arquitecto primero se comporta como alguien responsable y eficiente, y decente, y una vez que ha cumplido con su deber cívico y ha conseguido rematar la faena con éxito, ya tiene licencia para volverse locaza y hacer cosas bonitas. Santo cielo.
Esa era la frase de Sullivan: "La forma sigue a la función". En su caso incluso cronológicamente: Su socio Dankmar Adler hacía "la parte ingenieril", "la caja" y luego él la revestía "de arte".
Todo esto consolida la imagen (que tanto me repugna) de que el acto edificatorio tiene dos facetas: la de ingeniero y la de arquitecto. Una vez escindida absurda, injusta y esquizofrénicamente esa realidad edificatoria, a la supuesta "parte ingenieril" le tocan la sensatez, la profesionalidad, la lógica, la razón y la eficacia, mientras que a la supuesta "parte arquitectónica" le tocan el delirio, la melifluidad, el capricho, la verborrea, los ojos en blanco, el estupendismo y la superfluidad. Me niego a eso. Soy arquitecto, no un caprichoso disparatado ni un loco estúpido.

Dicho lo cual, puntualizo y matizo:
En realidad, finalmente es una cuestión de léxico. ¿A qué llamamos belleza? Lo que he escrito antes es completamente así si la belleza es "buscar lo bonito", "hacer filigranas", "mariposear". Pero un poco más adelante Don Alberto dice: "A la belleza en arquitectura se llega de la mano de la Razón". ¿A ver, a ver? Esto ya me va gustando más.

jueves, 17 de julio de 2014

Es mero esmero.

Todos conocemos la famosa frase de Mies van der Rohe. Y si no la recordamos ya se encargan nuestros amigos del facebook y del twitter de recordárnosla todas las semanas con esos rótulos-lápida que están tan de moda:


Vale. "La arquitectura empieza...". Empieza. Pero no creo que eso sea todo. Eso es sólo empezar. A base de ladrillos colocados con mucho esmero he visto yo cada obrita kitsch que tira de espaldas.


Estos ladrillos otra cosa no tendrán, pero esmero tienen de sobra.
Por lo tanto, el esmero no parece ser condición suficiente de la arquitectura.
Desde luego, es una buena cosa. Es incluso entrañable y emocionante (y muy cursi) ver las cosas que es capaz de hacer el esmero.


Fachada de un local comercial. La bajante ha sido pintada para imitar la textura del chapado de piedra de la fachada, y está realmente muy bien. La línea negra imita la junta entre las piezas.
Es emocionante ver este tipo de cosas en un mundo en el que prolifera el descuido y la falta de cariño y de cuidado por todo.


Otra bajante inoportuna, esta vez en la jamba de una puerta. El adorno de la jamba no parece demasiado afortunado, pero ni siquiera la bajante de aluminio hizo desistir al diseñador ni le condujo a modificar su diseño. Nada: La idea era firme y nada se opondría a ella.


Otro magnífico ejemplo de esmero es este. El propietario de esta vivienda ha decidido pintar en el cerramiento de su casa un curioso simulacro de chapado, y no le han quitado la idea los diversos armarios de contadores, que ocupan un alto porcentaje de ese cerramiento. Otro gran ejemplo de voluntad inquebrantable.