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sábado, 21 de enero de 2012

La película de moda

The Artist es la película de moda.
Es una película muy buena, con momentos emotivos, divertidos... inolvidables.
Pero lo único que dice todo el mundo, entusiasmado, incluso poniendo los ojos un poco en blanco es:
-¡Es en blanco y negro! ¡Y m... m... muda!
Lo más comentado y celebrado de la película es que el director-autor ha tenido las santas narices de filmar una película en blanco y negro, y muda. A estas alturas.
Qué valor, qué integridad artística, qué talento más grande.
Que conste que los espectadores indignados que han pedido en varios cines del Reino Unido que les devuelvan el dinero al enterarse en la sala, atónitos, de las dos gracias de la película, me parecen unos zoquetes. ¿Pero es que no se habían enterado? Hay gente que va sin saber a lo que va.
Que conste, digo, que no estoy de acuerdo con ellos. Son los mismos que o se van indignados de una ópera cuando se dan cuenta de que es cantada o siguen el aria marcando el ritmo con las palmas. Son los que quieren extasiarse ante el vidrio impenetrable y reflectante de La Gioconda, sin poder ver nada, y pasan de largo ante los otros leonardos sin darse ni cuenta de que están ahí. Son, en definitiva, los que vienen de la Alhambra diciendo que les gustó más El Escorial, y vienen de El Escorial diciendo que les gustó más la Alhambra. (Y los que dicen que Toledo es
Pre.
Cio.
So.
Pero muy cansino).
Ahora bien: Dicho lo cual, a mí me parece que hacer ahora una película muda es ser muy estupendo, ¿no?. Casi más que Garci.
El fabuloso cine mudo se hacía con los mayores avances técnicos de la época. No tenía nada de revival, sino, por el contrario, era una revolución tecnológica. Cada plano, cada efecto, cada secuencia, era un desafío técnico. ¿A qué viene, pues, esta ñoñería?