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martes, 7 de febrero de 2017

La culpa de todo

Hace unas semanas mi hijo Diego, usuario cotidiano de los trenes de cercanías de Madrid, me dijo:
-Papá, a la entrada de Atocha hay una pintada buenísima. Dice: "La culpa de todo es de Le Corbusier"
-¿De verdad? ¿Así, sin más? ¡Qué bueno! ¡Quiero foto!
-No me ha dado tiempo. Ha sido un momento. Un día de estos te la hago.
Y ayer me mandó estas tres:




Es, como veis, una pintada muy pulcra y discreta. Nada de estridencias. Da la sensación de ser una queja sentida, resignada y muy cívica (dentro de lo que es hacer pintadas en la propiedad y el espacio públicos, que supongo que también entraña en sí mismo algún tipo de civismo).
Ni que decir tiene que me faltó tiempo para colgar la primera imagen en Facebook y en Twitter.
El éxito ha superado cualquier previsión. Me ha desbordado.
En Twitter, en un solo día, esta foto ha sido "favoriteada" más de mil novecientas veces, ha sido retuiteada más de mil trescientas y ha tenido cuarenta y un comentarios. Y sigue: No hacen más que llegarme notificaciones.


Los comentarios han sido, en general, de lo más divertido. La verdad es que la pintada es buenísima y se presta a ello. Y la gente que comenta es muy ingeniosa.
Pero, como suele pasar, siempre hay más haters que lovers, y entre los primeros, tras los divertidos, sutiles y complejos, vienen los más simples y directos, hasta que uno, por fin, ha hecho un comentario con solo dos palabras: "HIJO PUTA". (Supongo que dedicadas al Corbu, aunque también podrían ir destinadas al autor de la pintada o a mí. Esto nunca se sabe).

Creo que merece la pena decir un par de cosas. (Siempre merece la pena decir un par de cosas sobre el tema que sea).
Todo apunta a que el autor de la pintada padece alguno de los barrios del extrarradio de Madrid, y soporta diariamente el follón de los transportes públicos, con varios transbordos, con el tiempo justo, con líos de todo tipo. Vive en uno de esos barrios que siguen un modelo propugnado y propiciado por Le Corbusier (entre muchos otros) que prometía espacio, sol, ventilación, vegetación y que en realidad han quedado en algo mucho menos atractivo, y donde además hay un complejo y problemático tejido social, una patente falta de servicios públicos, etcétera. (Aunque también hay que decir que en las últimas décadas todo eso ha mejorado bastante. Es verdad).
Hay que decir que Le Corbusier fue un talento plástico de primera, uno de los grandes genios de la humanidad. Pero también hay que reconocer que no tenía ni la formación ni el conocimiento suficientes como para hacer propuestas urbanísticas serias. Tenía brillantes intuiciones, y las sabía exponer con elocuencia. Y era un gran publicista de estas ideas, por lo que consiguió que le hicieran algunos encargos gigantescos y disparatados.

Los edificios de Le Corbusier: sol, ventilación, vegetación, vistas, planta baja liberada...
Y la ciudad configurada por una trama de estos edificios higiénicos y felices y
 por una zonificación férrea.

Le Corbusier, como también les pasa a muchos políticos, proponía soluciones muy simples para problemas muy complejos. Ese tipo de cosas gusta mucho. No hay más que ver cómo triunfa el populismo y la demagogia. Es muy fácil dar una solución genialoide para resolver de un plumazo el paro, la inmigración, las guerras, el comercio, los precios, las zonas verdes, los espacios de relación social, los transportes públicos o lo que sea. Muy fácil. Una buena campaña publicitaria hace que la gente se crea esos esquemas tan sencillos y elocuentes y el pisto está servido. El follón y la zorrera que se forman pueden ser irreversibles y tener efectos dramáticos.

Vale. De acuerdo: LA CULPA DE TODO ES DE LE CORBUSIER.

jueves, 6 de octubre de 2011

El arquitecto místico (y III)

Si en las dos entradas anteriores hemos hablado de un arquitecto visionario, trascendente y místico, entregado a un monumantalismo metafórico, pero hemos mostrado algunas de sus obras más valiosas (que repetimos que las tiene), ahora vamos a mostrar sus ejemplos más simplones, incomprensiblemente muy valorados en su momento por la inmensa mayoría de la crítica y de los arquitectos.
(Ahora se habla ya muy poco de todo eso. Pero curiosamente la búsqueda de una monumentalidad intemporal, de la "arquitectura esencial de siempre", abocó a una moda, a una moda más. En su momento arrasó, pero ahora parece haber pasado. Como todo).
El gran Bruno Zevi dice que "los residuos Beaux-Arts de Kahn fueron aceptados como novedades dentro del fenómeno de 'vanguardia hacia atrás' más clamoroso de cuantos se produjeron en el pasado siglo". (Se refiere al S.XIX).
También dice que "el esplendor de Louis Kahn se explica sobradamente con el vacío cultural determinado por la crisis de 1955: era preciso descubrir, en parte inventar, a otro "maestro", función que él supo desempeñar. Tuvo la desgracia de ser glorificado como héroe y demiurgo por críticos desenvueltos que postularon apresuradamente el agotamiento de las invariantes lingüísticas, abiertas y dinámicas, del movimiento moderno [...]. De hecho, Kahn no creía en el revival académico, pero se vio atrapado por el personaje que le habían atribuido sus incautos exegetas. Sustituía el lema 'la forma sigue a la función' por 'la forma evoca la función'; con todo, el clasicismo no sigue ni evoca, sino que humilla las funciones y representa únicamente ideas abstractas".
Aquí tenéis algunos ejemplos, un poco sonrojantes: