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martes, 2 de junio de 2026

Todo cuanto te rodea

Tras darse un garbeo por la Feria de Nuestra Señora de la Salud el pasado viernes 29 de mayo, discutiendo probablemente de metafísica, y a lo mejor probando algún producto típico de la tierra, fermentado o destilado, que les ha debido sentar mal, tres jóvenes se han subido a sendas columnas y han orinado ante y hacia la Puerta del Perdón de la mezquita de Córdoba.

Lo primero que se me ocurre es que su situación fenomenológica no les ha impedido trepar ahí, cosa que me parece dificilísima, ni, lo que aún me parece mucho más meritorio, bajarse los pantalones (uno de ellos, según vemos, solo se ha bajado la bragueta) y encontrarse el elemento (aunque también parece que solo se lo ha encontrado el de la bragueta, obviamente el más hábil, centrado y ecuánime; según se ve, los otros dos han dejado fluir la cosa como saliera).

Los tres metafísicos y la mezquita

Uno piensa, emocionado, que ambas cosas son puro patrimonio de la humanidad, pura base y estructura de toda nuestra existencia: por una parte una mezquita asombrosa, construida en 786 por Abderramán I y ampliada sucesivamente, y por otra la alegría desatada de la juventud. ¡Ay, juventud, divino tesoro! ¡Qué chisposos los muchachos!

martes, 19 de abril de 2022

Buenos días lo primero

Todos hemos tenido a alguien que nos lo ha dicho: nuestros padres, nuestra abuela paterna o nuestra tía Herminia. Entrábamos corriendo, urgidos por una novedad o un hallazgo, donde estaban reunidos nuestros familiares, lo proclamábamos con entusiasmo y en vez de pasmarse ante nuestros asertos nos recriminaban: "Buenos días lo primero". No entendíamos nada: Lo que estábamos contando era emocionante, importante, divertido, y nos cortaban para exigirnos que cerráramos el chorro y diéramos los buenos días. ¿A quiénes les podían importar los buenos días? No obstante, al parecer era obligatorio darlos.

Imaginaos a Hitler o a Rommel mandando callar al espía que traía los datos del lugar y el momento exactos en que se iba a producir el desembarco en Normandía y gritándole: "¡Buenos días lo primero!" Imaginaos al excitadísimo espía intentando pese a todo decir cuántas tropas, cuántos barcos y con qué armamento iban a desembarcar y a sus superiores arrestándolo e incluso mandándolo fusilar por cabezota e indisciplinado, y no haciéndole caso por no haber dado los buenos días. (¿Os imagináis?)

Pues con lo de Normandía es casi seguro que no ocurrió, pero con la arquitectura ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Nos hemos creído portadores de nuevos conceptos de espacio, de nuevas y mejores eficiencias, de mayor lógica constructiva y de más avanzado régimen de confort, pero nos obstinamos en proclamarlo sin dar los buenos días (o, mejor dicho, los damos de una manera muy rara) y nos mandan al cuarto de los ratones sin escuchar ni apreciar nuestra buena nueva.

Vamos a hacer una prueba. Proponédsela a vuestros amigos cultos pero no en arquitectura ni especialmente interesados en ella. Mostradles estas cuatro parejas de edificios y pedidles que elijan el que más les guste de cada una.




(Se pueden clicar para verlas más grandes)

Yo lo he hecho y los resultados son prácticamente unánimes: derecha, izquierda, izquierda e izquierda.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Imágenes

La tarde está gris y plomiza, y yo también. Estoy tan bobo (y tengo tan pocas ganas de trabajar) que me quedo medio aplatanado mirando desde mi estudio y pierdo el tiempo. "Cuando el diablo no tiene qué hacer con el rabo mata moscas", así que, como quien no quiere la cosa, cojo el teléfono y "clic".


Hala. Ya está. Acabo de hacer la foto y de ponerla en el blog, pero la podría haber subido también a Twitter, Instagram, Facebook... Lo suyo sería añadirle un título o comentario: "Tarde gris", o mejor: "Meditaciones en una tarde gris", que queda más interesantón. Qué bien, qué bonito y qué sentimental. (Y, sobre todo, qué fácil).

Nos podemos pasar el tiempo que queramos, todo el tiempo, contando nuestra vida segundo a segundo, emitiendo fotos y vídeos, comentando nuestra riquísima existencia, iluminando al mundo con nuestras excitantes experiencias.

Yo mismo, en algún momento y en las distintas redes sociales, he vertido los siguientes testimonios gráficos, todos ellos impresionantes: Fotos de edificios, de libros, de comidas (con predominio del café con leche con porras, pero también un par de veces sendos platos de kokotxas), de botellas de vino con hermosas etiquetas, de detalles chuscos y/o graciosos, fotos artísticas (la textura de una pared con sucesivas capas de carteles pegados y rascados), fotos de mis pies en la playa, del morro de mi coche cagado con saña por los pájaros, de un lápiz, de varias camisetas, autorretratos con gorra, sellos, monedas y medallas, cerveza Estrella Galicia, mi escalímetro bueno, una libreta con gomita, un esqueleto de cartulina a medio armar, mi mesa hecha un desastre... Y un vídeo de la punta norte de Baiona (Pontevedra), donde el parador, filmado muy lentamente de izquierda a derecha y repetido tres veces porque en el momento más inoportuno se plantaba alguien a mirar el mar y no se iba.

A lo tonto, y smartphone en ristre, podemos generar y generamos cientos de fotos cada día. Una diarrea de fotos de cada cosa que nos llame la atención, de cada chorrada que nos haga decir: "Ay, mira", de cada: "Esto lo tiene que ver Fulanito": Un tacón muy alto, una gaviota posada en una balaustrada, un coche con matrícula FLW (lo he hecho) o DWG (también), unas nubes, una rosaleda, unos adoquines, un panel con el menú de un bar...

Sin embargo, no tengo ni una sola foto en la escuela con Emilio, ni con Iván, ni con Joaquín, ni con Paco, ni con Merche, ni con Marta, ni con Arancha, ni con Juan, ni con (otra) Marta, ni con Pablo, ni con Ochan... Y mira que pasamos años juntos; un día, y otro día, y otro... ¿Pero quién se hacía fotos entonces?

Primero, porque inmersos en nuestra rutina cotidiana no nos dábamos cuenta entonces de lo preciosos que eran esos momentos y de la añoranza que nos iban a suscitar años después, y segundo, porque las fotos eran caras: Tenía uno que comprar el carrete y luego revelarlo. Uno se lo pensaba mucho antes de disparar. Te ibas de vacaciones con una película de 36 fotos y tenías más que suficiente. Incluso te sobraban. Volvías a casa sin haberla agotado, calculabas que te quedaban cinco o seis disparos por hacer (nunca era exacto) y los querías aprovechar. Y ya llevabas a revelar el carrete varios meses después, cuando ya no se estilaba.

No había escasez ni penuria alguna, pero sí es verdad que algunas cosas no se parecían nada a las de ahora. Por ejemplo esto que digo de las fotos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Contra la arquitectura

No hay escritor-pensador que se precie que no acabe escribiendo un artículo o incluso un libro entero contra la arquitectura contemporánea, y, si lo leemos con atención y amplitud de miras, veremos que es contra la arquitectura. Así, en general: contra la arquitectura como disciplina, como ocupación, como forma de ver las cosas, como pretensión, como plástica. Como todo. Contra la arquitectura.

Alegoría de la Arquitectura en la fachada del Museo del Prado, Madrid.
Obra de Valeriano Salvatierra, o de Francisco Elías, o de José Piquer y Duart,
o de Francisco Pérez Valle, o un poco de todos ellos. 1830-1852.
La foto de base es de Rafael Gómez. Los tachones rojos son míos.

No quiero citar nombres porque son muchos (y además porque no quiero "linkarlos" ni "hastagearlos" aquí; no me apetece nada), pero es fácil identificarlos. No falla: Si han destacado en tertulias televisivas o radiofónicas, si han entrevistado por extenso a un futbolista retirado en una revista cool, si son expertos en la literatura española de postguerra, si han publicado un ensayo sobre la despoblación del campo y el éxodo a las ciudades, si se han distinguido como hábiles críticos de la política internacional, si han escrito libros de ética, si han publicado reseñas de jazz... no falla: Acabarán despotricando de lo inhumana que es la arquitectura moderna, de lo fea que es, de lo alienante, agria, cara, horrible... De que produce granos, impotencia, alopecia, miopía, sarna y dengue en quienes la padecen y, sobre todo, en quienes la ejecutan.
(Bueno, en realidad quienes la ejecutan ya venían con todo eso de serie. Por eso son tan mala gente, tan hijosdeputa, y su mayor afán es propagar sus taras).

Se culpa al arquitecto, a su ego, a su vanidad, a su inconsciencia, a su avaricia, de todos los vómitos de acero cortén que arruinan nuestras vidas, de todas las rotondas con osos gigantes de gominola (aunque no sean cosa suya) y de todos los volúmenes inclinados al borde del Cantábrico, en una zona que fue tan señorial y tan bonita. Se le culpa de destrozar hipódromos históricos con ampliaciones de color caca. Se le culpa de fabricar hornos de pan en plena Plaza de Oriente de Madrid, de hacer iglesias que parecen trasteros y casas que parecen frigoríficos, de acabar con aquel mundo tan bonito y anacrónico del romanticismo. Se le culpa de haber interpuesto su criterio, su trabajo, su habilidad, su determinación, entre el ojo del paseante y el paisaje construido. En definitiva se le culpa del delito de lesa arquitectura y, prácticamente, de lesa humanidad.

Algunos de estos aguafiestas criticones saben de otras cosas, pero de arquitectura no tienen ni idea. Sin embargo, compruebo que otros sí que saben del asunto, y mucho. Es solo que no les gusta, que no lo soportan.

jueves, 8 de enero de 2015

La pluma, la espada y la indiferencia

Todos estamos consternados estos días porque unos analfabestias han asesinado a unos dibujantes groseros que hacían chistes y bromas sobre Mahoma y el Corán. Bueno, los hacían también sobre Jesucristo y sobre cualquier religión o convicción. Y sobre cualquier cosa que se moviera. O que no.
Algunos de esos chistes son muy buenos, pero otros son un mero eructo sin gracia alguna. Pero eso ahora es lo de menos. La gente civilizada cuando lee un chiste que no le hace gracia lo dice, pero no mata a nadie.


Ha habido una reacción emocionante en todo el mundo ante este atentado. Muchos dibujantes han hecho sus homenajes particulares a los asesinados (en mi opinión con dibujos muy superiores a los de la revista asaltada, y de los que he seleccionado una muestra para ilustrar esta entrada), y se ha suscitado la eterna pregunta de si la pluma es más fuerte y noble que la espada. (Pregunta que se hace el mismo Cervantes en el Quijote y que, curiosamente, resuelve a favor de la espada. Cervantes mira con nostalgia sus años de soldado y siente que ser escritor es un mal sucedáneo, un pobre refugio de impotentes).


Ese debate fue muy fecundo en los siglos del Renacimiento y del Barroco, pero hoy parece totalmente superado. La gente civilizada cree en la pluma, y en que, aunque los bestias de la espada siempre ganan en el cuerpo a cuerpo, en las distancias largas el mundo es de los pacíficos y de los cultos. La inteligencia vence a la fuerza: Eso es lo que quisiéramos creer.


Por otra parte, también estos días ha salido a la luz un dato del CIS que dice que el 35% de los españoles no lee nunca o casi nunca. Vamos, que las tres palabras (cuatro a lo sumo) que trae el titular de la portada del MARCA son su límite. O sea, que les das un libro y no saben por dónde se abre.


Desde hace años, con la escolarización universal y la Enseñanza Secundaria Obligatoria se supone que el nivel cultural y formativo de los españoles ha subido. Pero la realidad es que cada vez se lee menos y cada vez importa todo menos.
(Importa si Rosaura y Penélope, que son dos concursantes de Gran Hermano que me acabo de inventar, se han peleado porque Penélope se quiere zumbar a Yuyo y Rosaura es una lagartona zorrona. Pero poco más. La vida sigue plácidamente y el rascado de escroto se realiza en todo momento y a completa satisfacción).


Dos ejemplos, vistos con mis propios ojos y escuchados con mis propios oídos, de la alta formación de la juventud española, de esta rozagante "generación mejor preparada de la historia":
1.- En el programa Lo sabe, no lo sabe, de la cadena cuatro de televisión la concursante tiene que conseguir que un viandante que ella elija sepa qué mar baña Almería. Elije a un joven de unos veinte años que pasa por allí. El presentador le hace la pregunta: "¿Qué mar baña Almería?" El muchacho lo piensa unos segundos y contesta: "El Ebro".
2.- La cadena Telecinco emite un programa concurso vergonzoso y zafio que se llama Mujeres y hombres y viceversa. El nivel es tan ínfimo que un ingenioso tuitero escribe: "Estoy seguro de que ningún espectador de 'Mujeres y hombres y viceversa' sabe lo que significa viceversa". Un lector del tuit, ofendido, contesta: "Yo soy espectador de ese programa y lo sé: significa bisexual". (Miro el TL de este mamífero, me pasmo ante otros tuits que ha escrito y deduzco que no ha escrito eso de coña).


O sea, que ante el "hecho cultural" tenemos mucha gente que reacciona con intolerancia y con violencia y otra mucha gente que no reacciona en absoluto y se disuelve en la indiferencia. No sé qué me da más miedo.





(Si te ha gustado, clica el botón g+1 que verás aquí debajo. Muchas gracias).