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jueves, 17 de julio de 2014

Es mero esmero.

Todos conocemos la famosa frase de Mies van der Rohe. Y si no la recordamos ya se encargan nuestros amigos del facebook y del twitter de recordárnosla todas las semanas con esos rótulos-lápida que están tan de moda:


Vale. "La arquitectura empieza...". Empieza. Pero no creo que eso sea todo. Eso es sólo empezar. A base de ladrillos colocados con mucho esmero he visto yo cada obrita kitsch que tira de espaldas.


Estos ladrillos otra cosa no tendrán, pero esmero tienen de sobra.
Por lo tanto, el esmero no parece ser condición suficiente de la arquitectura.
Desde luego, es una buena cosa. Es incluso entrañable y emocionante (y muy cursi) ver las cosas que es capaz de hacer el esmero.


Fachada de un local comercial. La bajante ha sido pintada para imitar la textura del chapado de piedra de la fachada, y está realmente muy bien. La línea negra imita la junta entre las piezas.
Es emocionante ver este tipo de cosas en un mundo en el que prolifera el descuido y la falta de cariño y de cuidado por todo.


Otra bajante inoportuna, esta vez en la jamba de una puerta. El adorno de la jamba no parece demasiado afortunado, pero ni siquiera la bajante de aluminio hizo desistir al diseñador ni le condujo a modificar su diseño. Nada: La idea era firme y nada se opondría a ella.


Otro magnífico ejemplo de esmero es este. El propietario de esta vivienda ha decidido pintar en el cerramiento de su casa un curioso simulacro de chapado, y no le han quitado la idea los diversos armarios de contadores, que ocupan un alto porcentaje de ese cerramiento. Otro gran ejemplo de voluntad inquebrantable.