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viernes, 22 de julio de 2022

Decadencia

Ahora que acaba de terminar el curso y que han salido nuevas hornadas de arquitectos en todas las escuelas de arquitectura me parece pertinente comentar el habitual mantra que salmodiamos los arquitectos mayores acerca de que cuando nosotros estudiábamos todo era más difícil y más exigente, que nuestros profesores nos hacían estudiar y trabajar mucho más y que salíamos mucho mejor preparados que los jóvenes de ahora.

Supongo que esto mismo lo dirán los médicos, los abogados, los geógrafos y los historiadores viejos de sus colegas recién titulados, pero yo lo oigo donde lo oigo y solo puedo referir mi experiencia. Y, precisamente hablando de mi experiencia, os cuento:

Cuando yo comencé a estudiar Arquitectura en Madrid la ETSAM estaba aún sin construir. La tuvimos que hacer nosotros, curso a curso, al estilo de los discípulos-esclavos de la alegre hermandad de Taliesin.

Ese año solo se daba primer curso. Nos dieron un pico y una pala y nos pusieron a hacer las zanjas de cimentación. Mientras sudábamos y teníamos la espalda y los brazos doloridos, un maestro nos recitaba en voz alta los fundamentos del álgebra y de las proporciones armónicas, que teníamos que retener en la memoria sin pizarra y sin tomar apuntes (teníamos las manos ocupadas con las herramientas de trabajo), y de los que éramos preguntados inesperadamente en cualquier momento.

¡Ay de ti como no supieras la respuesta correcta! Te llevaban a la picota y allí te daban diez azotes que no te eximían de hacer después los metros de zanja que tuvieras asignados para ese día. Te tocaba quedarte a cavar una vez terminada la jornada.

martes, 28 de julio de 2020

Manifiestamente arquitectónico (y aristotélico)

He recibido el esperadísimo libro Manifiesto arquitectónico paso a paso, de David García-Asenjo Llana y me he lanzado a devorarlo.


El libro debía de haber salido en abril. Ya estaba todo listo, y hasta la presentación preparada, cuando la pandemia lo aplazó todo. Pero da igual: Nunca es tarde si la dicha es buena, y esta sí que lo es.

David García-Asenjo leyó su brillante tesis doctoral en octubre de 2016, y uno de los miembros del tribunal, el autor del prólogo de este libro, Eduardo Delgado Orusco, le aconsejó que publicara, si no toda ella (las tesis son muy ásperas y muy difíciles de publicar fuera de los ámbitos académicos), al menos una de sus partes, que es la que, reconstruida, redactada de nuevo y completamente reconfigurada para ser leída por un público más amplio, tenemos en la mano.

La tesis iba de "estrategias de proyecto" en la arquitectura sacra contemporánea, y de esto va este libro, pero me atrevo a decir que va de mucho más, como voy a intentar explicar.

En primer lugar quiero señalar por qué es un "manifiesto". Según el DRAE, un manifiesto es un "escrito en que se hace pública declaración de doctrinas, propósitos y programas", y yo me atrevo a añadir que suele hacerse en un tono autoritario y perentorio. Los manifiestos suelen tener bastante de ladrido e incluso de arrogancia, descaro y desabrimiento. Pero este tono le es completamente ajeno a García-Asenjo. Esa gesticulación rabiosa y seca no es propia de él. A él le va más un tono aristotélico, como luego diré.

Este es un manifiesto (intentaba decir) porque en efecto es una declaración pública de propósitos y de programas (las dos últimas facetas de la definición de la academia). En cuanto a la doctrina (la primera de las tres facetas), ya la lleva incorporada el tema elegido: las iglesias. (Es broma: No va de doctrina religiosa, sino arquitectónica).

¿Por qué precisamente iglesias? El tema es perfecto para hablar de arquitectura por -al menos- tres razones:
La primera, como señala el autor, es que en cualquier barrio que elijamos es muy probable que el edificio más provocador, más evocador, más moderno y más interesante sea la iglesia; y si no es el más será sin duda de los que más.
La segunda, también señalada por García-Asenjo como frontispicio de su libro, es una cita de Bolaño según la cual parecería que la historia de la literatura no es solo la de sus obras maestras, sino también la de los libros "menores", pero eso no es cierto porque toda obra "menor" tiene un autor secreto, que es, por definición, autor de obras maestras, y así David García-Asenjo se entrega con pasión tanto a los edificios que todos veneramos como a algunos otros de "segunda fila", que o bien ignorábamos o bien no habíamos sabido apreciar hasta que él nos los ha mostrado y ponderado, y con todos ellos hace un discurso coherente y aleccionador, y de todos ellos fabrica una "trama de iglesias" (el tema lo permite e incluso lo pide estratégica y programáticamente) que configuran una obra maestra total, continua y ubicua.
Y la tercera es que, al ser el programa de necesidades y usos siempre el mismo, y relativamente sencillo, al cotejarlo con las tan diferentes soluciones en los ejemplos seleccionados nos hace reflexionar mucho sobre la enorme importancia que tienen los condicionantes externos (topografía del solar, limitaciones del entorno, condiciones económicas...) y los deseos e intenciones de los autores, que son muy elocuentes porque nos muestran las diversas estrategias de la arquitectura.

Contaba una vez el autor que uno de sus hijos, comprendiendo finalmente su profesión, le dijo: "Papá, pero entonces tú no haces casas. Tú haces libros de instrucciones sobre cómo hacer casas". Fantástica definición del oficio de arquitecto.
Tan en serio se tomó David García-Asenjo esta lúcida visión de su hijo que se ha concentrado en hacer libros de instrucciones. Libros de instrucciones son sus proyectos de edificación, pero también sus artículos, sus clases, sus charlas, sus intervenciones en la radio y este manifiesto. Desde luego, si alguno de ustedes tiene el encargo de proyectar una iglesia debería leerlo y estudiarlo. Pero si no lo tiene también le interesará.

domingo, 13 de mayo de 2018

La estética como excepción al pensamiento

(A Mapila)

Fernando Savater ha escrito ayer un artículo en EL PAÍS que me ha dejado con la sensación déjà vue, déjà connue de que los arquitectos contemporáneos son la plaga y de que la arquitectura actual es la perversidad misma.
Vale. Ya aburre. Ya lo sabemos. Pero es que esta vez me ha llamado la atención más que otras veces porque se supone que Savater es un pensador. Y porque se supone que un pensador piensa.


En su día no me leí su en muchos colegios obligatoria Ética para Amador (a mí me pilló ya muy mayor para ello), y a partir de ahí ya todo me vino torcido con él.
Sé que de vez en cuando escribe un libro, pero hasta ahora los he ido evitando concienzudamente, y ya a estas alturas espero salir de este circo con mi virginidad savateriana intacta.

Me cae bien porque es, como yo, un apasionado de La isla del tesoro, y sé con absoluta seguridad que si eres stevensoniano no puedes ser mala gente. Es imposible.

Hace tiempo escribió un libro sobre caballos, y entonces me enteré de su pasión por la hípica. 

Y en el artículo de ayer vuelve a hablar de esa pasión. Mejor dicho: De lo que habla es de que por culpa de esa pasión ha tenido que sufrir la inmersión en una obra de arquitectura contemporánea, y es que su amado hipódromo de Longchamp ha padecido una reforma perpetrada por el arquitecto francés Dominique Perrault.

lunes, 17 de octubre de 2011

El alma de la casa

Los arquitectos nos dedicamos (o nos dedicábamos) a hacer edificios, y de ellos casi todos son (eran) casas. Pero en realidad no nos atrevemos a decir "casas", sino que decimos "viviendas" que, no sé por qué, suena más aséptico, y eso que deriva de "vivir".
Se habla del problema de la vivienda, del derecho a la vivienda, del acceso a la vivienda, etc. Incluso se dice eso tan horrible de "vivienda unifamiliar" y "vivienda multifamiliar" (que debería ser aquella en la que viven muchas familias: el piso-patera). Pero ningún niño, al terminar su partido de fútbol, dice: "me voy a mi vivienda", ni ninguna empresa repostera nos pide: "vuelve a tu vivienda por Navidad".
¿Qué es una vivienda? Una cosa mensurable, valorable, calculable... y, sobre todo, hipotecable. Es una cosa que hacemos los arquitectos. ¿Y una casa? Eso es otra cosa.
Estoy ahora enfrascado con la excelente novela Las correcciones, de Jonathan Franzen, en la que acabo de leer lo siguiente:

En las alumbradas casas de los Meisner, los Schumpert y los Person y los Root, se veía claramente que había gente en casa, familias enteras agrupadas en torno a las mesas, cabezas jóvenes inclinadas sobre los deberes, rincones que destellaban televisión, bebés en carenaje, un abuelo que pone a prueba las calidades de una bolsa de té utilizándola por tercera vez. Eran casas con espíritu, sin complejos.
Que hubiera alguien lo significaba todo para una casa. Era algo más que un hecho fundamental: era el único hecho.
La familia era el alma de la casa.
La mente despierta era como la luz de una casa.
El alma era como la ardilla terrera en su agujero.
La consciencia era al cerebro lo que la familia era a la casa.
Aristóteles: Suponiendo que el ojo fuera un animal. la visión sería su alma.

Este tipo de descripciones no son sorprendentes ni excepcionales en el mundo de la literatura, ni en el del cine. Sí que lo son en el de la arquitectura. Quiero decir que el "tema" de la literatura y del cine es el ser vivo, los problemas existenciales, mientras que el "tema" de la arquitectura es el espacio, configurado por elementos inertes.
En las fotografías de las grandes obras de arquitectura no hay gente. Se ven los espacios vacíos, los planos abstractos, la luz, pero nadie habita esos espacios ni nadie es iluminado por la luz.
Las casas de verdad son otra cosa.
Estamos hablando de cosas distintas, naturalmente. Una es la profesión, la técnica, el diseño. La otra es la experiencia vital, las peripecias de la vida.
Planteo la pregunta siguiente: "¿En una casa bien diseñada y construida hay más probabilidad de vivir feliz?" Nos gustaría que la respuesta fuera "sí", pero es, obviamente, "no". No tiene por qué. Pero es que la arquitectura no trata de eso.
Se supone que en una estancia bien iluminada se estudia mejor, se está más a gusto, se es más feliz, pero sabemos que esto no es necesariamente así.
Todo este artículo está mal planteado, porque sugiere que el arquitecto, con su oficio, no tiene ni idea de cómo hacer a la gente feliz. Es lo mismo que si dijera que un arquitecto, por bueno que sea, no puede evitar que contraiga un cáncer un habitante de una casa diseñada por él.
Ya, ya lo sé. Solamente me apetecía, por una vez, mostrar casas en vez de arquitectura.
Y pienso, por ejemplo, en la casa de mís tíos Carlos y Celia. Fue diseñada por mi tío, que no sabía nada del asunto, y estaba distribuida muy toscamente (el enorme salón central era ciego, el cuarto de mi primo daba a un patinillo muy pequeño, etc). Pero yo siempre fui muy feliz allí.
(No era la arquitectura: Eran las personas).
Me ha pillado blandito el texto de Franzen: El alma de la casa. ¿Qué es el alma de la casa?

jueves, 17 de marzo de 2011

Punset vs Racionalismo

Eduard Punset es un tipo encantador. A mí me parece un humorista de primera, y me lo paso muy bien escuchándole. Otra cosa muy distinta es que en este marasmo de incultura y de brutalidad muchos le tomen por el oráculo de la ciencia y de la sabiduría.

Tiene un programa maravilloso en la tele, Redes, en el que habla con científicos de mentira, muy raros, que viven marginados de la sociedad y ocultos del FBI. Llevan camisas de franela y pelucas (y algunos bigote postizo). Y lo bueno es que, digan lo que digan, Punset nunca se desternilla en sus narices. Hace tiempo uno hablaba de que la tierra iba cayendo insoslayablemente hacia el sol (lo cual es obvio), evitándolo por ahora por su órbita elíptica de amagar y no dar, pero que cada año se acercaba no sé cuántos milímetros. Y que había un grupo de científicos a lo Bruce Willis que estaban pensando en cómo darle un zambombazo desde fuera para "enderezar" su fatal trayectoria un pelín.
El cachondo del Punset, imperturbable, le dijo muy serio:
-Ssssí... Losss cien...tíficos, ehh, se dividen ennnnn dosss gruposss, ehhh, los que piensannn alterar la, ehhh, trayec...toria de la Tierra, ehhh, y los que no.
No he oído algo tan divertido fuera de las Celebrities de La Hora Chanante.
Este tío es único.