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sábado, 24 de septiembre de 2022

Mercados medievales

Desde hace unos años no hay feria ni fiesta de pueblo o de barrio que no tenga su mercado medieval. En ellos se venden objetos artesanos y productos de gastronomía. Además los puesteros se visten raro y también salen de vez en cuando saltimbanquis o músicos que dan ambiente a todo aquello.

El otro día un amigo me dijo, indignado, que había estado en uno de ellos y que le habían dado un cucurucho de patatas fritas. ¡Patatas! No le ofendía tanto que la freidora fuera eléctrica ni que el propio cucurucho fuera de papel plastificado, sino que hubiera patatas. Por cierto, que con ellas le dieron un sobrecito de plástico que contenía ketchup (o sea, tomate). Y una cocacola.

Nadie más se enfada con estas cosas, que tiran por tierra el propio concepto de lo "medieval" y que requerirían que la autoridad municipal interviniera de oficio y cerrara semejante tinglado mentiroso y falsario.

Pero no: El propio ayuntamiento lo auspicia, y se pueden ver al alcalde y a los concejales, con sus respectivas familias, triscando por allí.

Qué vergüenza. Qué atropello a la razón. Qué mundo sin principios y sin ninguna moral.

Un atractivo galán de mediana edad ataviado
con ropajes más que discutibles pretende pasar
por juglar con una flauta de plástico.

Los puestos tienen estructura de tubo conformado de acero y cubierta de lona de fibras sintéticas. Los paneles que configuran los mostradores son de chapa de acero galvanizado o de aluminio; y cuando son de madera es tablero contrachapado. Se han montado con una blacandéquer eléctrica y por la noche están iluminados con unas bombillas led. ¿Qué medieval? Todo es un despropósito tras otro. Incluso a alguno de los vendedores medievales, que dejaban sus hombros expuestos, les he visto las marcas de las vacunas.

¿Medieval? ¿Qué mierda es esa de un mercado medieval? ¿Quién se lo traga?

miércoles, 20 de mayo de 2015

Helecho, dime que me quieres

He estado en el mercado, y he comprado en esta carnicería:


El puesto está bastante bien: es variado y está organizado y mostrado con limpieza y esmero. Incluso el carnicero se toma la molestia de colocar entre las piezas de carne unos helechos que sugieren frescura y le dan como un aroma...
Pero al fijarme un poco mejor, al mirar una pieza para pedir, me he dado cuenta inmediatamente de que los helechos...

Detalle de la fotografía anterior

¡Son de plástico! ¡Son de mentira! Son unos arbolitos de plástico verde pinchados sobre una peana corrida de plástico incoloro.

Detalle de la fotografía anterior

La pescadería de enfrente tiene los helechos de plástico de otro tipo, más planos y grandes, como abanicos, y tumbados entre los pescados, sobre el hielo.
Son trucos que no engañan a nadie (o que engañan durante dos segundos), mentiras blancas, inocentes. Pero día a día, cuando montan sus puestos, el carnicero y el pescadero emplean un rato en poner los helechos para alegrar la presentación y para que la gente (que no queda engañada en absoluto) se sienta más a gusto y compre más.
Los políticos también nos cuentan mentiras que no creemos, y que ellos saben que no creemos, pero los seguimos votando, y las casas exhiben también engaños ingenuos que no se traga nadie, pero no por ello se van erradicando. Al revés: gozan de muy buena salud y cada día hay más.