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martes, 29 de abril de 2025

La edad de la inocencia

 A Emilio


Hace unos años, un día frío y lluvioso de abril me sentía melancólico y algo tristón, y escribí aquí una entrada glosando el famoso verso de T.S. Eliot "Abril es el mes más cruel". Desde entonces, no sé cómo me las arreglo, cada año en abril suele caer alguna entrada blue. Mi amigo Emilio, fidelísimo lector de este blog, siempre me lo afea: "Ya te has puesto abrileño". Pues bien: hoy la entrada abrileña va por él y sobre todo para él.

Siempre intento hacerle caso a Emilio y contener mi ñoñería especialmente este mes, pero hoy me lo vais a permitir porque cumplo sesenta y cinco años. Es un momento muy especial.

Fotograma de Los cuatrocientos golpes. El argumento de la película
no tiene que ver con lo que cuento, pero la foto me gusta para esta entrada.

martes, 28 de febrero de 2023

La reina de Somosaguas

A Agustín Ferrer Casas, que otra vez que le metí
prisas no solo conseguí que terminara un cómic insigne,
sino que incluso me mencionara en los agradecimientos.
A ver si con esto le vuelvo a animar. 


La Casa Carvajal está en venta por cuatro millones doscientos mil euros, y eso me hace pensar varias cosas que voy a intentar explicar aquí.

En el reportaje de El País dicen 4.200.000 €. En este
anuncio pone 3.950.000 €. (No sé si es que ya lo han rebajado).

La primera es que la casa "está en precio". Tan grande, con una parcela también enorme y en una urbanización de lujo, se está pidiendo por ella lo que vale el metro cuadrado en esa zona, sin ningún plus por ser una obra de arte (aunque en el anuncio inmobiliario presumen de ello con legítimo orgullo).

Pero es que el hecho de ser oficialmente una obra de arte no solo no hace que el precio suba, sino que la perjudica notablemente y los vendedores quisieran quitarle esa etiqueta para que los posibles compradores se animaran. Porque ¿quién quiere una obra de arte? Colgada en una pared está muy bien, y de adorno en un jardín también, pero para vivir en ella es una tortura.

viernes, 28 de octubre de 2016

Crítica funcionalista

El otro día, a raíz de la entrada que escribí sobre la corrección de Carvajal a un proyecto de un alumno, alguien me comentó que Carvajal no tenía un cuerpo teórico coherente, y que se limitaba a hacer una crítica funcionalista, que es algo muy fácil, muy elemental y muy pobre, ya que consiste tan sólo en ir leyendo los planos.
(La verdad es que ese sistema ha sido el de casi todos los profesores que he conocido).
Esto me hizo pensar un par de cosas que quiero contar ahora.
En primer lugar, creo que la funcionalidad es obligatoria. La funcionalidad es una condición previa y sine qua non. Hay que satisfacerla siempre. Una vez que hemos constatado que está ahí y que cumple, podemos pasar a hablar de otras cosas.
De nada sirve hacer consideraciones plásticas, espaciales, estéticas, etc., si el edificio no funciona. Si no funciona no hay nada más que hacer.


Veamos por ejemplo una planta de una vivienda situada en Francia. Vemos varias cosas antifuncionales: La escalera hace el cambio de dirección con peldaños compensados muy incómodos, y eso que le sobra sitio para haber tenido una meseta amplia. Al desembarcar de ella tenemos un largo pasillo para ir a un dormitorio, allá al fondo, y otro pasillo para ir al dormitorio principal, también al fondo (y al que además se entra a través de un baño). Es decir: un pasillo por delante de la escalera y otro por detrás cuando cualquiera habría sabido aprovechar mejor la superficie útil haciendo uno solo. También hay un amplio espacio de distribución al lado de la escalera, al que abre la puerta del salón estorbando la salida a la terraza. (A quienes hemos hecho adosados de 5,50 m de fachada nos parece mentira que en un distribuidor tan grande se puedan estorbar las puertas). Vemos además un baño ciego cuando hay metros y metros de fachada por todas partes.
Etcétera. ¿Para qué seguir? Carvajal se habría puesto las botas corrigiendo este proyecto.


Veamos ahora una casa de campo en Estados Unidos.
Con esta no vamos a perder el tiempo. Sólo diremos:
-¿Cariño, vas a quedarte hasta tarde viendo la tele?
-Hasta que termine el fútbol.
-Pues me voy a la cama a leer un rato.

sábado, 22 de octubre de 2016

Javier Carvajal: la lúcida mala leche

A Alfredo Aviñó y a José Javier Quintana,
que aseguran que salieron airosos de las
correcciones de Javier Carvajal.

Yo era de la cátedra de Oiza, y mis mejores amigos de la escuela (Emilio, Paco, Joaquín, Iván...) eran de la de Carvajal. Eran dos mundos irreconciliables. Podéis reíros de los Capuleto y de los Montesco, o de los merengues y culés: Esto sí que era una rivalidad peor que la de West Side Story. Nos mirábamos los unos a los otros por encima del hombro. Nos despreciábamos olímpica y minuciosamente.
¡Bah, los de Oiza!
¡Puaj, los de Carvajal!

Los de Carvajal dibujaban en la escuela; no podían llevarse los dibujos a casa. A mí eso me parecía incomodísimo. Dibujaban en papel caballo, en un formato enorme, pegado al tablero.
El papel caballo es opaco. No se puede calcar en él. Eso les obligaba a dibujarlo todo minuciosamente a lápiz antes de empezar a pasarlo a tinta. Y, naturalmente, toda esa brega previa no podía ensuciar el papel. Recuerdo que usaban una especie de microbolitas de goma que esparcían sobre el papel para que el paralex corriera sin ensuciar. Y también polvos de talco. Las minas de lápiz eran 4H, 5H, qué sé yo.
¿Para qué servía dibujar en papel caballo? Era un sistema de tortura hábilmente diseñado. Era un sádico y sofisticado sistema de dolor. Era un taller medieval de duro y ascético aprendizaje.
Además, los chapones de tinta son muy difíciles de raspar en papel caballo. Lo que en papel vegetal es una pequeña molestia fácilmente reparable, en ese antipático papel supone un desafío muy duro, con altas probabilidades de cagarla después de tantísimas horas de trabajo. Saber raspar era aún más importante que saber dibujar.

Pero lo peor, con todo, era que las interminables horas nocturnas y finisemanales que todos nos pegábamos en casa, en nuestro cuarto, ellos se las pasaban en el aula.
Vivían en una especie de monacato, yendo a la escuela los sábados por la tarde e incluso los domingos para tirar líneas y líneas con un lápiz 5H afilado como un estilete.
También era divertido. Se despedían de sus padres o de sus compañeros de colegio mayor y se disponían a pasar unos cuantos días seguidos en el aula, con los demás monjes, todos locos de estrés.

Carvajal, al menos por esa época, ni tenía grupo de alumnos ni iba mucho por la escuela. No recuerdo con qué periodicidad iba, pero sí que iba periódicamente, y que el día que tocaba su visita era una fiesta. Cada profesor seleccionaba uno o dos proyectos de sus alumnos (los mejores), y todos los seleccionados se mostraban ante el gran maestro, que los corregía (y con ello corregía a sus profesores por la tremenda osadía de haber pretendido que esos eran buenos proyectos).

Javier Carvajal

Los seleccionados lo sabían con varios días de antelación, y temblaban ante la idea de ser juzgados por el monstruo.
Una vez Paco fue uno de los elegidos, y nos pidió a todos sus amigos -incluso a los que estábamos en la cátedra de Oiza- que fuéramos a verle para hacerle sentir arropado.

Aquello fue una masacre.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aburrimiento. Desánimo

Nos lo estábamos temiendo y al final parece que la cosa es ya inminente. Hasta mandé una protesta al Ayuntamiento de Madrid, un mero recurso al pataleo. Me contestaron con muy buena educación diciéndome que me tomara algo, o que me diera un tripazo contra el suelo. Todo da igual. Nada sirve para nada. Qué aburrimiento. Qué desánimo.
Hace unos días he visto en EL PAÍS un artículo que decía que la cosa ya va en serio, y aquí os lo pongo por si lo queréis leer.

La cosa de Emilio Ambasz en el Paseo del Prado de Madrid

Parece mentira de qué forma tan estúpida se le puede vender una moto al que probablemente tenga el dudoso honor de ser el consistorio local más tonto y más patán de todas las capitales europeas.
Un espabilao, un arquitecto mediocre pero socialmente exitoso y políticamente apetecible como Emilio Ambasz, que ha tenido a veces intuiciones arquitectónicas interesantes, pero a mi juicio no las ha sabido desarrollar, ha parido una idea muy ambigua: Hacerse un automuseo de la Arquitectura, de las Artes, del Diseño, del Urbanismo y de los Afinadores de Pianos, donde se homenajeará a los grandes artistas mundiales, entre los que, naturalmente, está él mismo.
Un museo sin programa, sin estructura, sin argumento. Tendrá unas maquetas y unos paneles de los más grandes arquitectos: Le Corbusier, Mies, Wright, Ambasz... Vamos, túyamentiendes.

Emilio Ambasz

Para hacer semejante parida se carga un edificio protegido. Qué más da.
A lo mejor usted quiere poner una peluquería por allí y le vuelven loco con el tamaño de la primera P del rótulo ("Peluquería López"), con la rejilla del aire acondicionado y con el color y la tupidez del cierre enrollable. Pero a Don Emilio le dejan que derribe un edificio protegido, completo, y que levante en su lugar una mierda pinchada en un palo.

Perdón por la grosería. Pretendo ser un crítico medianamente serio de la arquitectura y debería utilizar un léxico más apropiado y adecuado. Perdón.
Lo que quería decir, y ahora hago un análisis de las informaciones gráficas y programáticas de que dispongo, es que el proyecto de Museo de Ambasz es una obra arquitectónica cuya estructura espacial y plástica, tanto desde el punto de vista fenomenológico como incluso desde el punto de vista epistemológico-crítico, es una señora mierda pinchada en un señor palo. Así está mejor.
Y con jardín vertical. Naturalmente. ¿Cómo hacer hoy un edificio sin jardín vertical?
(Hasta el jardín vertical es una mpeup, comparado con el del CaixaForum de al lado).

¿Por qué se le deja a este señor hacer este edificio? ¿Por qué a nadie más le habrían dejado ni tocar una cornisa, una jamba o un dintel del edificio actual y a este señor le dejan derribarlo impunemente?
¿Qué concurso ha ganado Ambasz para poder hacer esa cosa? Ah, que no, que es una cosa privada, que es suya y no necesita concurso. ¿Entonces por qué el Ayuntamiento de Madrid le hace la cesión de ese solar?
Por muy privada y muy particular que sea la "Peluquería López" al señor López no le dejan tocar ni un ladrillo del edificio protegido, y menos le dejan tirar un edificio de propiedad pública para cederle el solar ad eternum. (Está bien: ad multo tempore).

Vamos, lo de siempre: Todos los demás tenemos que correr siempre la Maratón con los clavos de las zapatillas hacia adentro y con la boca llena de polvorones, mientras que unos pocos privilegiados la hacen en Rolls Royce, bebiendo champagne en el asiento de atrás, tapizado con piel de lomo de ternera virgen.