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jueves, 6 de agosto de 2015

El damero maldito

Me gustan los pasatiempos dominicales del periódico; especialmente el Damero Maldito.
Supongo que lo conocéis, pero de todas formas os lo explico:

Damero Maldito de EL PAÍS, domingo 2 de agosto de 2015

Hay un texto literario en blanco, que tendremos que completar, y debajo se nos dan las definiciones de unas cuantas palabras que tenemos que averiguar. De las pocas que sacamos a la primera trasladamos las letras al texto de arriba. Cada letra tiene un número que le permite viajar de la lista de definiciones al texto y viceversa.
Si supiéramos todas las palabras a la primera a partir de sus definiciones el juego no tendría gracia. Trasladaríamos mecánica y rutinariamente las letras al texto de arriba y ya está. Pero no es así. La cosa es difícil, y tenemos que hacer muchas idas y venidas.
Averiguamos muy pocas palabras, ya digo, y trasladamos sus letras al texto. Este queda muy despoblado, con una letra por ahí y otra por allá. Por puro instinto completamos alguna palabra de ese texto, o suponemos alguna terminación, y probamos esas letras en las palabras de abajo, a ver si ahora las averiguamos.
Hay una pista complementaria: Las primeras letras de cada palabra de las del grupo de abajo forman en acróstico el nombre del autor y el título de la obra.
Es un poco laborioso, pero a mí me entretiene mucho.
(Sí; ya sé que diréis que vaya una vida de mierda que tengo, que empleo las mañanas de los domingos en estas cosas en vez de en vivir. Pero eso es otra cuestión que prefiero soslayar).

¿Por qué traigo este juego aquí? Pues porque a las letras les ocurre una cosa curiosa que me llama mucho la atención: Por ejemplo, vamos a ver una T. Concretamente la que ocupa la casilla 88 y pertenecece a la definición G.
Cada definición tiene una letra identificativa empezando por la A y siguiendo por orden alfabético. La G dice: "Sepulcro levantado de la tierra". Confieso que a la primera no lo he sabido.
Posteriormente, según iba acertando otras palabras y completando el texto, tenía EX---A, que he pensado que podría ser EXACTA o EXALTA. En cualquier caso la penúltima letra podría ser una T, y la he probado en la definición G. En algún momento he caído en que ese sepulcro levantado podría ser un TÚMULO. He vuelto a probar llevándome sus letras al texto.
Etcétera. Tanteando muchas veces (podéis ver las enmiendas en la imagen), poco a poco la cosa ha ido tomando forma.

Bueno; a lo que voy: La misma T pertenece a "TÚMULO" y a "EXALTA". Para más desconcierto (y más pistas) también pertenece en vertical al apellido del autor del texto; "MATEOS".

Pero siempre es la misma T. La 88-G. Qué curioso.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Talibanes... Música... Alegría... ¡Yo qué sé!

El otro día el diario EL PAÍS publicó un artículo que me preocupó: Un grupo salafista se ha apalancado en Melilla y ha empezado a soltar barbaridades rigoristas que, al parecer, tienen eco y seguidores. Una de ellas es que la música es malvada, es satánica, es pecado. (Hace muy pocas décadas lo que era pecado aquí era el baile, así que tampoco estamos tan lejos).
Yo soy músico (aficionado, muy malo, pero músico al fin y al cabo. Y toco en una Big Band y todo). Me sorprendo a mí mismo diciéndome que la música es puro rigor, pura matemática, puro control del tiempo, pura precisión. ¡Qué narices! ¡La música es alegría! Señores salafistas: Alegría. Alegría.


(Puro Armstrong. Pura vida. Una vez actuó en Roma, y el Papa los recibió a él y a su esposa. Les hizo la pregunta de compromiso y de rigor: "¿Tienen hijos?", y el gran bocachancla le contestó: "No, Santidad. Pero lo pasamos muy bien intentándolo". Ese es mi Louis. ¡Salafistas a él! ¡Ja!).

(Y ahora, unos demonios que incitan a pecar a unas pobres descarriadas. ¡Virgen del Amor Hermoso! ¡En qué pocos años los demonios de antes se quedan en nada, y los horribles pecados en tiernos recuerdos!)


Es indignante que haya alguien que crea tan firmemente en un dios que es malo, que es cruel, que es un amargado y un tocapelotas de tal calibre. Y eso no es propio de ninguna religión en sí, sino de una cierta forma de entender las religiones, todas las religiones, cualquier religión.
Es una forma de ser: Apocalíptica, amargada, aguafiestas, triste. Y da igual aplicarla a la religión, a la política... o a la arquitectura.
Y me interrogo a mí mismo sobre mi forma de entender la arquitectura: ¿Es apocalíptica, amargada, aguafiestas, triste? Parece que sí. No me gusta nadie. No me gusta nada. ¡Qué horror!
Ahí fuera está la gente bailando, riendo y divirtiéndose, y yo les espío desde el interior de mi casa, a oscuras, mirando por las rendijas de la persiana, reconcomiéndome, planeando mi venganza, musitando: "Bailad, bailad, reíd, que ya vendrá el llanto y el crujir de dientes".

martes, 7 de diciembre de 2010

Armas de destrucción pasiva

La Navidad está al caer y, como todos los años, ellos lo saben. Saben que durante unas semanas nos volveremos imbéciles (quiero decir más imbéciles que de costumbre) y se nos pondrá el ojo tierno y la garganta áspera, y buscaremos cualquier excusa para emocionarnos cual Vargasllosa en Estocolmo. (Es que caen hasta los mejores. Hasta se echa de menos a Pérezreverte repartiendo hostias).
A este estado de estupidez transitoria se une el temblor angustioso del quéleregalo Diosmío. Y entonces surgen, hábilmente agazapados, los premiosplaneta, las peliculitas navideñas y, sobre todo, los discos vergüenzajena.
A los que aún recordamos a Plácido Domingo cantando Yesterday... Perdón, quería decir: "A los que, incluso tras someternos a cirugía mayor, seguimos recordando el Yesterday de Plácido Domingo"  nos ataca ahora un engendro aún mayor: un disco de una señora rara que quiere hacerse la enrollada y perpetra versiones de gente que, que yo sepa, no le ha hecho nada; desde Peter Gabriel a Los Secretos, pasando por Nirvana, Antonio Vega y Louis Armstrong. La madre que la parió.



Lo peor es que uno se queda encantado ante tanta sublime belleza, y como con ganas de decir: "¡Qué bonito es todo!", tan extasiado y trastornado como Woody Allen en aquella escena de El Dormilón, cuando se cree Miss Montana y empieza a darle las gracias a todo el mundo, a la vida, a Dios, a la Humanidad. Así se siente uno: entre hugochavista y culé. Dios mío.
Pero hay que resistirse a ese sentimiento y repetirse una y cien veces que esa tía loca chillando entre ese grupito de teletubbies emasculados, vergüenza del pueblo gitano, no podrá con nosotros.
Prefiero un millón de veces a la Terremoto de Alcorcón versionando lo que se le ponga por delante.

La lista de crímenes perpetrados es ésta:
1. DON’T GIVE UP (Peter Gabriel)
2. WITH OR WITHOUT YOU (U2)
3. POR EL BULEVAR DE LOS SUEÑOS (Los Secretos)
4. SHE (Charles Aznavour)
5. SWEET CHILD O’ MINE (Guns N’ Roses)
6. SAD EYES (Josh Rouse)
7. CONTIGO (Joaquín Sabina)
8. WHAT A WONDERFUL WORLD (Louis Amstrong)
9. SMELLS LIKE TEEN SPIRIT (Nirvana)
10. SE DEJABA LLEVAR (Antonio Vega)
11. BIZKAIA MAITE (Benito Lertxundi)
12. SUMMERTIME (George Gershwin)

Esto es un blog de arquitectura. Bueno; eso parece a veces. Pero es que esto que cuento es tan arquitectónico que casi ni merece la pena decirlo. Es un mismo tipo de persona este productor musical y el político al uso que nos regala para unas navidades perpetuas un edificio de un arquitecto famoso envuelto en celofán. Y es un mismo tipo de ciudadano el que llora emocionado y agradecido ante ambas atrocidades.
De nuevo tengo presente a Don Umberto Eco y a su libro Apocalípticos e Integrados (ante la cultura de masas). De nuevo me indigno ante tantos que viven tan contentos, perfectamente integrados en el sistema, sonrientes, cómodos, sin problemas. Y de nuevo me siento idiota por enfadarme, por no saber disfrutar, por ser un viejo gruñón apocalíptico, un aguafiestas, un maldito pesado y un estreñido mental ante tantas bellezas que nos da la vida y que me niego a apreciar.
Puesto que sólo me queda protestar, ¡protesto! Puesto que sólo me queda patalear, ¡pataleo!
No, si al final me voy a merecer que venga ese prohombre, ese sabio y heroico salvador de la patria, (me refiero a Pérez) y me llame "perfecto mierda" como sólo él sabe hacerlo.