Mostrando entradas con la etiqueta Del Bosque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Del Bosque. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de marzo de 2022

Eso no es fútbol

A Pedro Torrijos por una opinión que comparto.
Y a Emilio por el vídeo del final de esta entrada.


Hace muchos años (demasiados, ay) mi padre me llevó al fútbol, y entre la variada fauna que poblaba las inmediaciones del estadio (incluidos caballos de la policía) había un chico dándole toques a un balón.

Lo que hacía era pasmoso: Mantenía el balón en movimiento tocándolo con los pies, con los muslos, con la cabeza. Se giraba y lo daba con la espalda. Se agachaba y lo dejaba parado sobre su cuello. Y sobre sus hombros, y en la cara, y en todas partes. Y el balón nunca se caía al suelo. Era de una habilidad increíble.

Delante de él, sobre la acera, tenía una gorra con unas pocas monedas, con la que nos invitaba a colaborar en su sustento.

A mí me llamó mucho la atención que haciendo unas cosas tan difíciles y tan meritorias necesitara pedir dinero para vivir, cuando los futbolistas, bastante más torpes a mi juicio, ganaban un montón. (No las cantidades inconcebibles que ganan ahora, pero aun así era ya mucho dinero).

Se lo comenté muy sorprendido a mi padre: que por qué no estaba jugando ese chico en el Real Madrid, con las cosas tan difíciles que sabía hacer, y él me dijo sentencioso: "Eso no es fútbol".

miércoles, 14 de julio de 2010

El Gimnasio Maravillas

En 1962 el Colegio Maravillas de Madrid necesitaba ampliarse, y tenía para ello un solar endiablado.
El problema era muy difícil, pero el arquitecto Alejandro de la Sota lo resolvió con una gran sencillez. Como ocurre a menudo con las soluciones brillantes, parecen muy fáciles, porque parece que la cosa no podría haber sido de otra manera. (Inmanencia, que dije el otro día).

El colegio daba a dos calles, con un gran desnivel entre ellas. Tanto que la cubierta del nuevo gimnasio quedaría a la altura del patio de recreo. Así que ésta se usó como prolongación de aquél.
Para salvar el gran vano del gimnasio (no se suele admitir de buen grado que una pista de baloncesto tenga columnas en medio) se hicieron unas enormes cerchas, pero a su vez la forma de éstas sirvió para alojar dentro unas aulas.

Entre cercha y cercha se colocó un suelo para las aulas. Éstas se asomaban al gimnasio, y tenían las gradas debajo.

Las aulas tenían buena luz, la forma curva del suelo les daba muy buena visibilidad. Tenían ventilación natural y a la vez estaban protegidas del ruido del tráfico de la calle de Joaquín Costa.

Lo que resulta muy curioso, y es lo que quería relacionar con nuestro amigo Del Bosque, es que De la Sota hace un truco muy hábil, resuelve un problema muy difícil, pero no presume. Como le pasa a Iniesta, mete el gol, pero le da vergüenza que le aclamen por ello. Así, a la hora de hacer la fachada, sencillamente no la hace. No hay "fachadismo". Todos nos volvemos locos por las fachadas, pero a De la Sota "le sale sola". Resuelve funcionalmente el problema, y el aspecto final será el que sea.
(Eso no es del todo cierto: Hay que elegir el color del ladrillo, el de las carpinterías metálicas, su división, etc. Pero lo hace sin retórica vana. Sin presumir. Como los chicos de la roja).
Conozco a algún estudiante de arquitectura de fuera de Madrid que vino a ver esta obra maestra que le habían recomendado que visitara. Le dieron la dirección exacta, pero no había visto fotos ni nada. Llegó allí, miró por todas partes y no encontró la maravillosa obra de la que le habían hablado, sino sólo una tapia de ladrillo muy sosa. Y se volvió.