Mi amigo Francis me saluda el viernes 21 con la noticia de que pretenden derribar este edificio:
jueves, 27 de noviembre de 2025
Todas las derrotas
martes, 11 de noviembre de 2025
Requeteimpostor involuntario
Hay una película, quizá bastante "menor" y que solo he visto una vez y hace muchísimos años, pero que se me quedó bien grabada en la memoria. Su título original es Being There, que en España (¡ay!) se cambió por Bienvenido Mr. Chance). (Al vicio de traducir testicularmente unieron el de omitir la coma del vocativo).
El protagonista de la película -personaje que representa Peter Sellers- es un jardinero con escaso cociente intelectual que, por circunstancias casuales, da con alguien que interpreta sus simplezas como agudísimos comentarios llenos de dobles intenciones y significados sofisticados, y toma esos comentarios como consejos inteligentísimos y los sigue. Interpreta como alegorías o metáforas muy penetrantes lo que solo son bobadas.
Yo tuve la suerte de que me pasara lo mismo.
lunes, 16 de septiembre de 2024
Melancolía III
Una tarde Fullaondo nos habló en clase del Poliedro de la Melancolía de Durero, y lo hizo como si ya lo conociéramos. Yo conocía a Durero, claro, pero jamás había visto ese grabado ni ese poliedro. Lo proyectó en la pantalla y nos explicó un problema proyectual muy interesante.
Su amigo Antonio Fernández Alba estaba haciendo el Tanatorio de la M30 de Madrid y le encargó un diseño para el patio central que actuaba como lugar de encuentro y distribuidor a las distintas salas.
Le pidió que diseñara algún símbolo que evocara la muerte y pudiera servir de consuelo, de motivo de reflexión, de punto de atención, etcétera. Pero había una condición importante: el tanatorio era aconfesional y el símbolo o la alegoría que diseñara no podía formar parte del imaginario de ninguna religión.
miércoles, 19 de julio de 2023
Arquitectura con clac (y 2)
Josep Quetglas, a modo de provocación, escribió que "solo los [arquitectos] torpes viajan a ver arquitectura". Vamos, que no entendía por qué ni para qué viajamos a tal fin. Señalaba que es una pérdida de tiempo, un gasto innecesario, una confesión de incapacidad o incluso de estulticia. ¿Es que acaso no sabemos leer un plano? ¿Es que no somos capaces de hacernos una perfecta construcción mental al estudiar plantas, alzados y secciones? Pues vaya una porquería de arquitectos que somos.
Yo, como todos mis colegas, sí que sé hacerme una construcción mental de un edificio viendo sus planos; lo "entiendo"; pero "vivirlo" es otra cosa. Tengo que experimentarlo. Con los planos lo entiende mi cerebro, pero al visitarlo lo siente mi corazón(1)
Por ello, y lamentándolo mucho, me voy a limitar a comentar solo algunos de los (escasos) edificios en los que he estado(2).
¿Hay arquitectura que tenga un clac, una articulación, una clave, que dé sentido a su espacio y a su idea?, preguntaba el otro día. Y me respondía que sí.
miércoles, 14 de junio de 2023
Hay rabas y callos
El prodigioso pabellón de España de la Expo 58 de Bruselas, de los arquitectos José Antonio Corrales Gutiérrez y Ramón Vázquez Molezún, después de despertar el interés y la admiración de todo el mundo arquitectónico fue desmontado (es lo que pasa casi siempre en estos casos) y reimplantado en la Casa de Campo de Madrid, donde tuvo un papel poco destacado y acabó abandonado, maltratado y destrozado (algo que también suele pasar)(1).
Entre los intentos fracasados de uso, el desinterés y la vandalización, Juan Daniel Fullaondo contaba a menudo(2) una pequeña anécdota personal, pero que me parece muy gráfica:
Fue a visitarlo a la Casa de Campo. Se adaptaba a la pendiente del terreno banqueándose sobre unos muros de ladrillo. Fullaondo dice que "algún ingenio local había perforado ese paramento, creando una especie de gruta, con un letrero pintado a mano con pintura negra sobre el ladrillo, que proclamaba orgullosamente bajo el bosque de capiteles exagonales: 'Hay rabas y callos a la madrileña'. A eso se llama sabor local".
miércoles, 29 de marzo de 2023
Edificios feos, bonito periodismo
y a Carlos Polimón).
De este tema ya he escrito. Perdonad que me repita, pero es que los medios no paran. Ellos regurgitan esta murga cada cierto tiempo: LOS EDIFICIOS MÁS FEOS DE MADRID, y vuelvo a hacerme eco. Quizá no debería, porque es siempre lo mismo y ya aburre, pero es que esta vez el número uno es de mi maestro, mi querido Juan Daniel Fullaondo, con José Luis Íñiguez de Onzoño, y eso me ha llegado al corazón.
No conocí a Íñiguez, pero por las cosas que le he leído y por lo que Fullaondo contaba de él estoy seguro de que se habría reído. Desde luego Fullaondo sí sé que incluso se sentiría orgulloso de encabezar ese ranking. No es fácil. El listón está muy alto.
Creo que para alcanzar la meta les ha beneficiado mucho que el que se exhibe en cabecera, el famoso edificio de viviendas de Sanchinarro, no se mencione después en el texto, lo que por otra parte muestra una preocupante falta de atención y de continuidad discursiva en quien ha escrito el libelo. ¿Le parece feo lo de Sanchinarro o sí pero no? Me deja en ascuas. Lo pone como estandarte del feísmo pero luego no lo incluye en la lista. Qué poca seriedad.
viernes, 5 de agosto de 2022
Querido maestro:
(Permítame que le siga llamando así, aunque, ya próxima la terminación de mi carrera profesional, no haya realizado jamás un solo trabajo digno de que se me pueda llamar discípulo suyo).
El año pasado, a mis sesenta y uno de edad (tres más de los que vivió usted), supe con gran alegría que le iban a hacer una exposición en la Delegación de Vizcaya del COAVN. La comisariaba Joaquín Lizasoain, otro arquitecto admirador de usted y de su entorno. (Su tesis doctoral se titula El muro de Oteiza, y seguro que le habría gustado mucho).
Tenía todo preparado para ir a Bilbao a verla con mi mujer (que le manda recuerdos) cuando un problema familiar nos impidió hacer el viaje.
Pero este año (yo ya con sesenta y dos) la ha hecho el Instituto de Arquitectura de Euskadi, y la ha hecho muy bien, con mucho cariño y mucho cuidado, y ahora ya sí que la hemos podido ver.
La sede del instituto es el antiguo convento de Santa Teresa, un lugar estupendo en la zona vieja de San Sebastián, a dos pasos del Museo de San Telmo, en el que han montado una de Oteiza y Chillida. Están ustedes tres casi juntos. (Recuerdo que usted decía que las exposiciones había que verlas de dos en dos. Pues figúrese esta vez).
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Mecenas
Mi amigo Ekain Jiménez me ha llamado ya dos o tres veces "Mecenas" porque he participado mínimamente en hacer correr la voz de que estaba pintando arbolitos de Navidad para quien quisiera, y así, de algún modo bastante insignificante, le he ayudado a difundir su obra y a extender su fama. Supongo que también me lo llamará porque tengo más obra suya, como veréis a continuación.
(Nota que viene a cuento: Ekain, además de magnífico dibujante y acuarelista, es un narrador curioso. Está liado ahora con su personaje "El hombre del sombrero", haciéndolo pasear por su mundo onírico y surrealista, y espero que pronto lo saque a la luz a este mundo nuestro, mucho más prosaico y tan necesitado).
Hemos enmarcado los arbolitos navideños y los hemos colgado en la pared. Los he mirado con satisfacción y entonces he visto que tenemos unos cuantos dibujos y cuadros de amigos, de gente muy buena y muy entrañable, y sí que me he sentido en cierto modo no un mecenas, pero sí un hombre rico, un coleccionista de arte, un connaisseur. Tanto que voy a presumir mostrándoos parte de mis tesoros.
viernes, 18 de octubre de 2019
Nueva Forma
sábado, 31 de agosto de 2019
A buenas horas
me ha subido como una ola de nostalgia y me he puesto a escribir esto.
Es el catálogo de la exposición antológica que se le hizo a Picasso con motivo de su centenario en el Museo Español de Arte Contemporáneo en Madrid, en el año 1981.
Yo tenía veintiún años. Estaría en tercero. El museo estaba al lado de la escuela, y la entrada para estudiantes era gratuita (¿o en aquella época lo era para todo el mundo?), así que mis amigos y yo vimos esa fantástica exposición unas cuantas veces.
Editaron ese catálogo enorme, rojo, buenísimo, y le pusieron un precio bastante bajo; tanto que se agotó en muy pocos días.
Nada más inaugurarse la exposición lo vimos y lo hojeamos con placer, pero yo no llevaba suficiente dinero encima en ese momento y dejé su compra para más adelante.
Y ya no pudo ser. Cuando fui por fin a comprarlo ya se había agotado.
Una de mis amigas sí lo había conseguido y yo sentí tanta envidia que volví varias veces a la librería del museo a preguntar si iba a haber una segunda edición o si alguna entidad que hubiera recibido una remesa de catálogos había devuelto alguno... o lo que fuera.
Nada. Imposible. Después fui por la Cuesta de Moyano, pateé alguna librería de viejo, pero ya nada. El catálogo era inconseguible. Debía aprender a vivir sin él durante el resto de mi existencia.
Y mirad por dónde, ahora, casi treinta y ocho años después, me pongo a buscarlo en internet porque me he acordado y me ha dado por ahí, y veo cinco o seis ejemplares a la venta. Y, naturalmente, me lo compro. (Me ha costado, al cambio a pesetas y tantos años después, aún menos de lo que costaba entonces).
Y lo acabo de recibir con gusto. ¿Pero ya para qué? A buenas horas. Ya todo es diferente, muy diferente. Ya no viene a cuento. (Tampoco tengo yo ya el furor, el ansia y la curiosidad que tenía entonces). A buenas horas.
En todos estos años he hecho mi vida sin necesidad de tener ese libro en mis estanterías: Terminé la carrera de arquitectura, empecé a trabajar, me casé, tuve hijos... y también compré muchos más libros, incluso algunos de Picasso. ¿Para qué quiero ya este?
Mi amiga, la afortunada y envidiada propietaria de aquel remoto catálogo, también terminó la carrera, también empezó a trabajar, también se casó, también tuvo hijos, sufrió un golpe terrible... Hace muchísimo que no la veo. ¿Conservará el libro? ¿Llevará treinta y ocho años cogiendo polvo o ella y su familia lo habrán consultado y disfrutado a menudo?
¿Y los míos? Pues como todos: Ahí están también, relegados en sus estantes. A veces hojeo alguno y disfrutamos aireándonos mutuamente durante unos minutos, pero en seguida él vuelve a su mutismo y yo a mi rutina.
Siendo así las cosas, ¿por qué siempre he querido libros? Durante toda mi vida los he comprado, los he pedido para mis cumpleaños y para reyes; he leído bastantes; otros no, y muchos de ellos ya no creo que los lea jamás. Y ahí los tengo. Ahí los conservo mientras mi vida me ha ido llevando por caminos inciertos y más bien sosos.
Este libro de Picasso que me llega hoy inopinadamente me trae a la mente otros tres -al menos- con los que me ha pasado lo mismo. A buenas horas.
domingo, 3 de marzo de 2019
Necrotectónica (fuera de programa)
Fullaondo, siempre delicado de salud, nos contó que Kevin Roche decía que para ser arquitecto había que tener una salud de hierro, una forma física envidiable. No se refería solo a una fuerza psicológica, a una alta capacidad de resistencia ante los numerosos problemas e inconvenientes que siempre surgen y tanto agobian, sino a una auténtica fuerza física. Esto lo ha demostrado muriéndose a los noventa y seis años.
Otra cosa que nos contó Fullaondo es que en sus fantásticas obras de los años 1960s y 1970s se adivinaba siempre un componente comercial, en la mayoría de ellas muy digno, pero ya en algunas un tanto frivolón, y que ese componente fue desbocándose en los 1980s y en los 1990s, en una fiebre disparatada y postmoderna que en algunos casos llegaba incluso al delirio y era capaz de sonrojarnos.
De alguna manera algún amigo (yo creo que fue el propio Fullaondo, por cómo nos lo contaba) fue capaz de decírselo con mucho tacto. ¿Cómo era posible que él, tan grande, que había demostrado ser capaz de hacer tantas obras fantásticas, se dejara resbalar en tantas ocasiones por ese facilismo, por esa frívola tendencia a lo meramente espectacular?
A lo que Kevin Roche, muy tranquilo y de muy buen humor le contestó:
-Pues que sepas que soy capaz de hacerlo aún bastante peor. No te quepa duda.
viernes, 22 de febrero de 2019
Dos dibujos
porque aunque todavía no es abril me he puesto temible.
Te prometo que en abril te dedicaré una entrada alegre.
Pero, para mi desgracia, los rotuladores tienen la maldita cualidad de irse borrando con los años. Estos dibujos que acabo de mostrar eran una febril combinación de trazos cortos, nerviosos, de colores variados: rosas, marrones, verdes, azules suaves... Hoy apenas queda una muy pálida sombra de lo que fueron.
viernes, 14 de diciembre de 2018
Parecer listo
lunes, 29 de octubre de 2018
Si sale con barbas...
(Dicho lo cual, voy con mi entrada):
Seguro que todos conocéis el proverbial dicho de aquel tallista de imágenes religiosas que sobre ser muy malo era de muy buen conformar y muy despreocupado: "Si sale con barbas, San Antón; y si no, la Purísima Concepción".
Así que el autor, resignado -también él veía que el retrato le había salido mal y tiraba mucho al cardenal Roncalli-, lo acabó titulando como retrato doble.
domingo, 29 de julio de 2018
Juan Daniel Fullaondo: Cuestionario proustiano
(puede decirse que he hecho esta entrada por ellos y para ellos)
y a todos los jóvenes arquitectos apasionados por la arquitectura
moderna que estudian incluso obras ocultas y relegadas.
Su recuerdo de Fullaondo me ha impulsado a poner aquí este
documento que tal vez les interese.
El escritor francés Marcel Proust compuso un cuestionario para entrevistar con él a cualquier persona que tuviera interés.
Lo transcribo del libro Juan Daniel Fullaondo, de la editorial Munilla-Lería, de Madrid, 1996. El libro fue coordinado y maquetado por la hija del protagonista, María Fullaondo. Tiene 255 páginas y el cuestionario va desde la página 11 hasta la 17.
Espero que os gusten su sentido del humor, su mala leche, su aroma de desencanto y su desbordada cultura.
-Empecemos. ¿Qué virtud es la que prefieres?
-La inteligencia, simultáneamente ecuánime y creadora. La lucidez, si quieres. Desgraciadamente esto te sitúa, habitualmente, a contracorriente. Hace poco he visto parangonar a Teruel con Atenas, por ejemplo. Con la Atenas de Pericles, quiero decir.
-Pues lo mismo. Esa inteligencia, unida a un cierto sentido del coraje, de la decisión. Hay cobardes muy listos, pero que, por ello mismo, terminan haciendo las cosas más disparatadas... Generalmente suelen vestirse de saltimbanquis. A rombos.
-¿Cualidad preferible en la mujer?
-Es difícil hablar sobre el mundo de la mujer. Oteiza hablaba de la comprensión sentimental.Pero también está el talento, la inteligencia, lo mismo de antes, y el saber integrarse, hasta el fin, en todos los terrenos, la belleza, el atractivo...
-¿Tu ideal de felicidad terrenal?
-Disponer de la tranquilidad necesaria para poder seguir indagando. En otra clave, que me dejen en paz, por el amor de Dios. Lo que parece bastante difícil. También podría, alternativamente, decir, como Borges, convertirme en el Hombre Invisible.
-¿La ocupación que prefieres?
-La mía, como arquitecto, dentro de ese aludido marco "inter científico". Desde la arquitectura, hacia casi todo. Otros van hacia casi nada. Aunque hablen de la Acrópolis, que ahora se lleva mucho. Yo prefiero hablar del Bomarzo de Chillida.
¿Cuál es, para ti, la mayor de las desgracias?
Rodearse de majaderos. Que, inevitablemente, desembocan en traidores de tercera. Eso también pasa mucho.
-¿Qué te hubiera gustado ser?
-Lo mismo que soy, pero mejor, con un mayor margen de maniobra, de confianza...
-¿Dónde te gustaría vivir?
-He variado bastante con el tiempo, la edad. Ahora pienso en un panorama frío, con lluvia y nieve, cerca del mar...
-¿Cuál es el estado actual de tu espíritu?
-El de una cierta perplejidad dentro de una reflexión constante, personal. Esto ha sido bastante constante en mí.
-¿Qué don de la naturaleza te gustaría tener?
-Son tantos... Me gustaría no ser calvo. Y tener mejor salud. Y jugar mejor al ajedrez. Me pierdo en el medio juego. Pero hay muchas otras cosas.
-¿Hacia qué falta tienes mayor indulgencia?
-Obviamente, hacia las del corazón.
-Como antes, la majadería. Si además se une, como es frecuente, a la petulancia y al poder, ya tendríamos, verdaderamente, la apoteosis.
lunes, 11 de junio de 2018
A dos manos de Molezún y a tres de Wright
lunes, 8 de enero de 2018
El último racionalista
1.- He escrito que no teníamos ninguna foto juntos pensando en los tiempos de la escuela, pero luego he recordado que muchos años después sí nos la hicimos. En 2002, en nuestras vacaciones en Cantabria, quedamos en Santoña.
Aquí estamos las dos familias: Él con su mujer y su hija y yo con mi mujer y mis dos hijos.
jueves, 15 de junio de 2017
Adiós, doctor
Monté un estudio con un amigo y funcionó estupendamente durante veinte años. Él no era doctor y, aunque me animaba a hacerlo, yo nunca puse "doctor" en mis tarjetas. Nos las encargábamos juntos, con el mismo diseño, y en las dos decía: ARQUITECTO. Bella palabra. Bella profesión. Ni quería aparentar ser más que él ni desde luego lo era en nada. De ahí que estuviera mucho tiempo sin mencionar en ningún sitio mi rimbombante (e inútil) título académico.
Al cabo de los años, en una reforma y remozamiento que hicimos en el estudio, él quiso que enmarcáramos nuestros títulos (él tenía varios cursos de urbanismo) y los pusiéramos en la sala de juntas del estudio, en la que recibíamos a los clientes, para que luciesen. Así lo hicimos. No sé si alguna vez algún cliente reparó en nuestros numerosos y variados marchamos y patentes, pero ahí estaban.
Cuando en 2010 la crisis se llevó por delante nuestro estudio y nos fuimos cada uno a nuestra casa a lamernos las heridas, mis títulos (de arquitecto y de doctor) fueron a un mueble y ahí siguen. (Eso sí: enmarcados).
Tampoco he formado parte de consejos o grupos de sabios ni de investigadores ni de nada parecido, y la única vez que me he presentado a un puesto no se valoraba el título de doctor.
De manera que mi título ha sido solamente lo mejor que podría ser: un motivo de satisfacción personal.
De la redacción de la tesis recuerdo la incansable lectura de libros -incluso en lenguas que desconocía(**)-, la apasionante relación con Fullaondo, con sus libros, con los datos que iba obteniendo, la búsqueda de relaciones entre eventos que no las tenían, pero que a veces hacían saltar alguna chispa, más voluntariosa que lógica, la estúpida pero intensa sensación de redescubrir la pólvora a cada momento. Todo valía. Todo sumaba y yo lo tomaba todo, y todo me parecía revelador.
Qué bien me lo pasé.
Leí la tesis poco antes de que naciera mi primer hijo, y meses después, con él ya nacido, fui investido doctor en la apertura del curso académico de la UPM, ceremonia a la que mi mujer no pudo venir porque no pudimos dejar al niño al cuidado de nadie y se quedó en casa con él, pero a la que vinieron mis padres, que debían de sentirse muy orgullosos de mí, ay, pardillos, y que cuando el decano me encasquetó el exiguo birrete alquilado (soy cabezón) y abrazó ceremonialmente mi cuerpo vestido de castañera galáctica tuvieron un nudo en la garganta y en los ojos. Benditos sean.
domingo, 16 de octubre de 2016
Mi tesis
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Traicionando a Gerardo Diego
rezando a su dios huevo duro con retóricas ocarinas
sólo existe lo inesperado desde la luz solar en estos días
de otoño babeante yo busco una flecha de oro que niño
de un hada madrina acaso putativa adquirirá en cómodos plazos lustrales
Primavera sempiterna pútrida hacia el ocaso dadme mi lira dádmela
una piara de válvulas pronosticadas ah exalado policía municipal
sin humorismo de patíbulo esa sanción indefinible
como de nube fría y parda verdes prados salpicados de chichones
moviéndose hacia atrás que digamos me atenaza el alma
Estaba confundido ah ah aquellas aquellas imágenes
nada más luz de mis ojos nada más
Advierto desolado que mi potencia brigadier
se extingue segunda mano y también el alma humana llama de vela
procesiones de semana santa sevillana y suculentas gabelas
a cargo del Ku Klux Klan rigor de las desdichas
y el Presidente de las Cortes deslumbrado por espejos gravitados
Me siento mal tengo volando bajo volando bajo
como una piedra de madera en el estómago
y estoy enfermo de sombras nada más como la cegada golondrina
Nadie te aguarda ya a tu alcance lo que quieras
rígidos misterios civiles con sonido a hueco y despojos
soledad tan enmohecida pese a quien pese mansedumbre
mentira al canto gelatinosa en las zonas medias del ensueño conspiración
me da lo mismo marchar por mis dichas inseguras con retraso
todos los defectos nuestros puestos de manifiesto con estampas
fórmulas de temporada garfios en lugar de dedos y fragmentos de entusiasmo


































