Ha muerto Ennio Morricone a los 91 años, sin que le haya dado tiempo a venir a Oviedo a recoger el premio Princesa de Asturias ni a comerse una fabada y unos carbayones. Una pena.
La música de Morricone siempre me ha gustado mucho; y a quién no. Recuerdo el día en el que el director de la banda de música de Seseña nos repartió los papeles de una obra nueva: Moment for Morricone, un popurrí de composiciones suyas adaptado para banda.
Moment for Morricone. Comienzo de
la partitura-guía para el director.
Curioseé a ver qué películas suyas estaban. Todas las buenas. Y busqué con más tiento para ver si venía la maravillosa balada de Once Upon a Time in the West (traducida en España como Hasta que llegó su hora). Sí que estaba. Qué bonita. A poco que la hubieran arreglado y orquestado medianamente bien iba a ser de esos fragmentos que uno toca transido de emoción(1).
(Os pido por favor que veáis y escuchéis este vídeo entero antes de seguir leyendo, y que cuando termine lo volváis a escuchar).
Qué cosa tan bella, qué carne de gallina. Y además estaba muy bien arreglada para la banda. El énfasis de las trompetas, la dulzura de los clarinetes, la limpieza de la flauta, el jugueteo aterciopelado de los saxos... altos. Sí, altos. ¿Y qué pasaba con los tenores? (Soy saxo tenor, toco un instrumento al que los arreglistas odian). Pues los saxos tenores en esa parte solo teníamos redondas y alguna blanca. Una especie de bajo continuo o de mugido de vaca.
Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Fooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Y en ese plan.
Es cierto que los demás instrumentos tenían que regatear entre corcheas y semicorcheas, mientras que el papel de los tenores era facilísimo, pero también es cierto que si ensayabas eso en casa venían los vecinos a echarte, y ni siquiera tú sabías por dónde te andabas. Qué cosa más aburrida y más triste.