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jueves, 21 de mayo de 2026

El premio

A finales de febrero o principios de marzo de este año leí la convocatoria de los Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla La Mancha 24-25, que convoca el COACM. Era la tercera edición. Habitualmente estas cosas me entran en la bandeja del correo electrónico, o aparecen en las redes, o las comenta alguien, y yo las veo como las vacas ven pasar los trenes: sin fijarme.

Ya estoy más que acostumbrado a ser un arquitecto del montón, cutre y completamente ajeno a estos oropeles. Sí que miro siempre a posteriori la lista de premiados, porque tengo bastantes amigos muy buenos y a menudo ganadores, y disfruto viendo sus éxitos y felicitándoles.

Sin embargo esta vez se me encendió una lucecita: como arquitecto diseñador-constructor, rehabilitador y/o todolodemás soy un desastre, pero en la categoría de "Difusión de la Arquitectura" igual podría presentar este blog, a ver qué pasaba.

martes, 13 de enero de 2026

Contra el sentido común

Lo primero, permitidme un poco de autobombo: Hasta ahora mismo (13 de enero de 2026, 20:12 h), este blog ha sido visitado dos millones quinientas diecinueve mil trescientas cincuenta y tres veces.

Algo que yo no podía ni siquiera imaginarme cuando lo comencé hace quince años y medio. Algo verdaderamente inaudito y que me pasma.

Me di cuenta ayer y lo dije en las redes, y en seguida empecé a recibir felicitaciones. Los visitantes, tanto habituales como esporádicos, de este blog tienen una generosidad descomunal y me han dicho muchas cosas muy hermosas. Una de ellas, que sin duda es elogiosa, es que escribo sobre arquitectura de una manera bastante clara y sensata. Es decir: por una parte doy mis opiniones sin jeribeques estilísticos ni solemnidades huecas, y, por otra, lo hago con sentido común. Maldito sentido común.

martes, 13 de febrero de 2024

Insultos

Tengo un lector que me insulta.

Mi madre siempre decía que el mayor desprecio es no hacer aprecio, y así lo he hecho hasta ahora con este personaje. Leo sus estúpidos y malignos comentarios y paso de él. Pero hoy me decido por fin a escribir para decirle que ha ganado.

Sí, le felicito a usted: ha ganado. No sé qué, pero ha ganado. Para usted la perra gorda. Ya puede celebrarlo. Hala.

Reproducción de uno de los bloques de la casa Ennis, de Frank Lloyd Wright.
Regalo de un amabilísimo lector de este blog.

lunes, 13 de junio de 2022

Concurso ArquiRelato. Segunda edición

El año pasado Ekain Jiménez y yo organizamos un concurso de ArquiRelatos, y salió tan bien que dijimos que en un año organizaríamos el siguiente. Tocaba convocar en abril y resolver en mayo, y casi lo hemos cumplido sin mucho retraso.

Hemos negociado con Reto Kömmerling y con Ediciones Asimétricas y se han prestado a financiar el concurso, de manera que esta vez tenemos un premio verdaderamente importante. Les damos las gracias efusivamente.

Así que os animamos a participar. Merece la pena. No hagáis pereza, que solo os pedimos trescientas palabras (como máximo).

Aquí tenéis las bases:

martes, 21 de diciembre de 2021

Pastelería y bellas artes

A M. Carmen Montolío Burgués,
seguidora generosa de Twitter, que
me ha hecho el regalo que cuento aquí.


No me atrevo a decirlo, pero creo que ya soy un influencer, o al menos un poquito influencer, una especie de influencer but not too. (En español decimos ma non troppo). Un influens minor, obviamente, pero que se está decantando hacia la especie influens gorronis, o algo así.

En definitiva: Soy un mierdecilla, poco más que un cero a la izquierda, pero me regalan cosas. A mí con eso me vale. Me planto ahí. Yo ya lo firmo.

Me encanta. Yo, que fui educado en la austeridad y que siempre he vivido de una manera comedida y ordenada, ahora me estoy convirtiendo en un caprichoso. Y todo es por las redes: Mis seguidores me miman y yo ya he perdido el pudor: Pido cosas. Y lo malo es que me las dan. Y a menudo aunque no las pida. ¿Qué locura es esta?

Me han mandado, así que yo recuerde a bote pronto, ejemplares de la revista Nueva Forma, tortas, aceite de oliva, bizcochos, una réplica de una placa de la casa Ennis, libros... yo qué sé. Un montón de regalos que no merezco y que no entiendo, pero que me hacen muy feliz(1).

Y todo porque soy un bocazas impúdico. La última ha sido porque alguien ha juntado dos tuits que he lanzado: uno al salir de mi exitosa revisión de oncología, en la que no solo me han dicho que lo tengo todo en su sitio y en correcto estado de revista, sino que además me han aflojado la cuerda citándome para dentro de cuatro meses y no de tres, y el otro sentado en el sofá de mi casa, comiendo frutas de Aragón, que me encantan a pesar del odio que suscita la fruta confitada en mucha gente.

Pues eso: que por un lado digo que qué suerte tengo de pasar mi revisión con éxito y por otro cuánto me gusta el dulce, y recibo un mensaje de una seguidora anunciándome el envío de una caja de la prestigiosa pastelería Fantoba, de Zaragoza, experta en estos cacharritos de fruta y chocolate, para que lo celebre a gusto.

"¿Pero yo qué he hecho?" "No me lo merezco", decimos cuando nos cae una bofetada inesperada e injusta. Sin embargo, lo que es una maravilla es recibir de una manera igualmente inesperada e injusta no una bofetada, sino un beso, un piropo, un regalo. Qué enorme placer es recibir algo bueno que se merece, pero qué placer muchísimo mayor es recibirlo cuando no se merece. Qué feroz alegría disfrutar de una injusticia que te beneficia. Vivan esas arbitrariedades. Vengan dulces, que aquí estoy yo agradecido y emocionado

mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente.
Y ríase la gente.

Con esa emoción he ido a ver la web de tan prestigiosa pastelería y lo que he leído en ella me ha terminado de enamorar:


En 1660 «LA MOLINA» preparaba el chocolate para la Infanta María Teresa de España y Luis XIV, rey de Francia.
Antonin Carême (1784-1833) fue el más grande de los cocinautores, rey de cocineros y cocinero de reyes, arquitecto, pastelero y un extraordinario grafómano. Inventor del vol-au-vent, cocinero de Talleyrand, del Zar Alejandro, del barón de Rothschild…

La pastelería Fantoba ilustra a la perfección esta frase de Antonin Carême: «Las bellas artes son cinco, a saber: la pintura, la escultura, la poesía, la música y la arquitectura, la cual tiene como rama principalísima la pastelería». Lástima que el ilustre cocinero muriera 33 años antes de 1856, año de su fundación, porque, de no ser así, con seguridad Carême mismo hubiera hablado de Fantoba.


¿Pero qué maravilla es esta? ¿Pero quién fue este cocinero-arquitecto francés llamado Antonin Carême que vivió a finales del siglo XVIII y a principios del XIX y que dijo que la arquitectura tiene como rama principalísima la pastelería?

A mí, desde luego, ya me ha ganado para siempre, y desde ahora mismo lo añado a mi altarcito particular de grandes personajes de la humanidad.

martes, 15 de junio de 2021

Nota de servicio

La plataforma Blogger, en la que está alojada este blog, me ha dado un buen disgusto mediante un recuadrito de texto casi ininteligible para mí:

Me dicen que en julio el widget FollowByEmail (Feedburner) va a desaparecer, y eso me llena de consternación. ¡Con lo que he sido yo del widget!, que cuando mis hijos eran niños los bajaba al parque pero en seguida los dejaba solos para ir corriendo a atender al widget; pero no a cualquier widget, no: Al widget FollowByEmail (Feedburner). Que yo habré sido un padre pésimo, vale, pero un widgetero ejemplar. ¡Y ahora me lo paga así!

Resulta (si he sido capaz de entender lo que pone ahí) que el feed seguirá funcionando (menos mal, sea lo que sea el feed), pero quienes me hicisteis el gran honor de suscribiros no vais a recibir ya más avisos por email cada vez que publique una nueva entrada.

Me ofrecen, si quiero seguir avisándoos, que me descargue vuestra información de contacto, y me invitan a pedir más información.

He ido a pedirla y no he entendido apenas nada, y creo que cien vidas que viviera serían muy pocas para atreverme a aventurarme en esos laberintos que se me abren.

Una de las cosas que sí he podido entender es que me proponen un nuevo sistema, pero de pago. Y eso no me ha hecho gracia.

Este blog no tiene publicidad. No cobro un céntimo por él. (Mi cobro, generosísimo, es vuestra atención y los mensajes cariñosos que me mandáis a menudo). Pero tampoco quiero pagar dinero por mantenerlo. Voy a intentar evitarlo mientras pueda.(1)

Así que, entre que la forma de activar todo eso se me hace inextricable y que encima tengo que pagar, lo dejo. No hago nada.

Por lo tanto dejaréis de recibir avisos de mis nuevas entradas. Lo siento mucho. Os pido encarecidamente que un día por semana o cada diez días, más o menos, o cuando os venga bien, os asoméis por aquí para ver si hay algo nuevo.

Siento que ocurra esto. Ya sé que estamos todos muy liados y tenemos mil cosas en la cabeza, y que si un email nos da un toque diciéndonos que hay algo nuevo y nos pilla de humor podemos decirnos: "Ah, pues voy a mirarlo". Pero que tengáis la disciplina de ir a mirar cada pocos días es mucho pediros, y sé que se os va a olvidar. Son demasiadas cosas las que hay.

Sé que muchos sí que lo hacéis: mirar periódicamente el blog, pero también sé que a algunos os voy a acabar perdiendo. Lo siento mucho.

Yo seguiré escribiendo aquí mientras pueda.

Saludos. Sed felices. Pasadlo bien y leed este blog alguna vez si os apetece.

Abrazos y muchas gracias por haberme acompañado hasta aquí.


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(1).- El 6 de mayo recibí un correo de Marina, de follow.it (un sustituto de Feedburner), en el que me ofrecía los servicios de tan sorprendente aplicación. Como no le contesté y ya se aproxima la hora inexorable del cese de mi queridísimo aunque para mí completamente desconocido widget, ayer me ha mandado un mensaje por email ofreciéndome un descuento. Pues bien que lo siento, pero no.



domingo, 5 de julio de 2020

Diez años

El día 5 de julio de 2010 nació este blog con esta primera entrada. Por lo tanto, hoy cumple diez años.


Empezó llamándose "Arquitectamos locos?", sin signo de apertura de interrogación, pero no fue por postureo, sino porque había diseñado uno muy aparatoso, al modo de las letras capitales de los amanuenses, que quise insertar delante y no supe. Y ya se quedó así. Al cabo de años puse el que veis. Lo que no quité fue la tilde de "sólo", que poco a poco, obediente aunque disconforme con la Academia, voy suprimiendo con esfuerzo en mis escritos. Pero en esta cabecera no he querido quitarla; al menos por ahora.

¡Diez años ya! Las primeras entradas las escribía en word y luego las insertaba aquí porque no sabía que se podía editar directamente. Tampoco sabía que se podían insertar imágenes, ni nada de nada.

Tenía cuatro seguidores, amigos y compañeros de Toledo y uno de Las Rozas (saludos si me seguís leyendo), a quienes mandaba un correo electrónico cada vez que publicaba una nueva entrada.

Y desde entonces hasta ahora. Diez años que por una parte parecen un suspiro y por otra casi una vida entera.

He celebrado ya aquí sus primeros cinco años, su primer millón de visitas (por cierto, acaba de llegar al millón y medio), etc, y siempre he contado lo mismo: las grandes alegrías que me ha dado y que me sigue dando, la cantidad de buena gente que he conocido, las oportunidades que he tenido, los eventos a los que me han invitado gracias a él... Todo estupendo. Lo empecé al poco tiempo de cumplir cincuenta años, sintiéndome un hombre derrotado, y ahora tengo sesenta y estoy renacido.

Pero hoy no quiero seguir por ahí. No quiero contaros las buenas cosas que me ha traído el blog ni lo encantado que estoy con él. No, que me pongo ya muy cansino y luego me regañan.

Por ejemplo: El otro día, como digo, he llegado al millón y medio de visitas. Lo he contado en las redes y mucha gente me ha felicitado; entre ellos, mi amigo de Facebook Carlos Bento Company me ha hecho este gracioso meme:

Gropius, Corbu y Breuer: Fans.

Me ha encantado. Me he hinchado como un pavo. (Uy, como un pavo; qué más quisiera: Como un hipopótamo).
He puesto en seguida esa imagen en Twitter (Carlos Bento no lo trabaja) y por ella han seguido felicitándome, hasta que...


¡Zas! ¡En toda la boca! Es verdad. Y entonces he humillado las orejas y me he dado cuenta de que este blog es totalmente insignificante e inane. Me da alguna satisfacción banal y un nocivo sentimiento de plenitud, como si fuera algo importante. No lo es. En realidad no me sirve para nada.

Por ejemplo:

lunes, 1 de junio de 2020

El flexo

(A -por orden de aparición- Lorenzo,
Darío, José María y Andrea. Muchas
gracias por todo).


¡Taratará tarááá! ¡El flexo! Si has entendido esto y lo has tarareado comilfó es que tienes sesenta años, como yo, y hace cuarenta oías la SER.


Y de eso va esta entrada. Hace un mes conté que cumplía sesenta y no quiero repetirme, pero es que esta provecta edad me está marcando demasiado y también marcó mi parte en lo que sigue y es de lo que quiero hablaros.

El otro día los incansables Stepienybarno convocaron un debate on line sobre arquitectura y blogs y me invitaron a asistir junto con José María Echarte, del blog n+1, y Andrea Griborio, de Arquine. Moderó el arquitecto sevillano-segoviano Darío Núñez, del estudo SF23.

Estuvimos hablando más de una hora y media, y aquí tenéis la sesión completa.


Para mí es una verdadera angustia (y al mismo tiempo una enorme excitación y un estímulo) estar con los directos de Instagram, los Team, los Zoom y los Güebinar, que ni sé lo que son, y aparecer siempre desorientado y desubicado junto a gente joven y, lo que es peor, algún que otro cuarentón que presume de viejo.

Para empezar os diré que tengo varios ordenadores, pero ninguno tiene cámara ni auriculares ni una buena conexión a internet (la justa para trabajar y consultar cosas). No tengo portátil, y para estos bolos me suelo conectar con una tableta que me regaló mi hijo mayor, que, como es natural en su edad, está muy enrollado con los cachivaches.

Para este tipo de eventos, que requieren mucha conexión a internet (técnicamente diríamos "un buen chorraco"), mi estudio no me vale, y el mejor sitio de la casa es el cuarto de mi hijo, ese hijo tecnológicamente integrado del que acabo de hablar, que recibe la fibra óptica directamente en su mesa y que desde ahí tiene la condescendencia de reenviárnosla al resto de la casa.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Su blog favorito

Ayer, viernes 15 de noviembre, un amigo en twitter me señaló un artículo en la sección La Otra Crónica (LOC) del periódico EL MUNDO(1), que glosaba la exitosa y reciente entrada de este blog sobre la casa de la modelo y el jugador de baloncesto arquitectos.

Me puse a leerlo con interés y con expectación. Por una parte me sigue llamando la atención la cada vez más extendida costumbre de los periodistas de armar un artículo glosando el de otro, a quien no le envían ni la delicada lata de caviar iraní ni el contundente jamón ibérico(2). Pero por otra, me hace mucha ilusión que me citen, y más que me citen elogiosa y cariñosamente. En ese sentido, este artículo no podía empezar mejor: "Leo en mi blog de arquitectura favorito..."


"¡Anda, qué bien!", me dije, y seguí leyendo.
Pero en todo el texto ni mencionaba mi nombre ni, lo que sería más pertinente, el de este blog. Hay uno, su favorito, en el que se habla de ese asunto. Pues bueno.

Os aseguro que por unos momentos pensé que a lo mejor otro blog (su favorito) había tocado también ese mismo tema. ¿Y le había dado la misma orientación que yo? ¿Y había señalado también los mismos detalles? No: Tenía que ser el mío.

Como lo que me había señalado mi amigo era el propio tuit del autor que adjuntaba su artículo de LOC, pude contestarle directamente. Le dije: "Muy bueno. Me quedo con ganas de saber cuál es su blog favorito".

Y a partir de ahí se desató la mundial. Ay, la que lié(3).

jueves, 9 de mayo de 2019

Tatuajes: El tiro por la culata (I)

Antes de entrar en el tema quiero declarar lo siguiente: Acabo de cumplir cincuenta y nueve años. Me crié viendo a Locomotoro, a Matías Prats, a José Bódalo, a John Wayne, al Cordobés, a Mariano Medina, a Tony Leblanc, a Amancio, a Bugs Bunny, a Gila y a Torrebruno, entre otros muchos.
Fui a un colegio de curas. El profesor de gimnasia (educación física) y política (formación del espíritu nacional) era falangista y muchos días iba a clase con la camisa azul y la insignia del yugo y las flechas. Quien no jugaba al fútbol era marica... Si tenéis menos de treinta años dudo que podáis haceros una idea del panorama.
Y sin embargo tuve una infancia feliz y además, para mi suerte, siempre he sido muy curioso, he leído mucho y he tenido la mente muy abierta. Así que poco a poco he ido afinando mis criterios, acaso demasiado simplistas en su origen, y me he ido haciendo a casi todo.
Digo esto como excusa y a modo de justificación de lo que sigue. He evolucionado algo, incluso bastante si nos ponemos como referencia los años sesenta y setenta, pero se me notan los ramalazos de rancio, machista, etc., que aún me quedan y que en esto que cuento se me notan.

Bueno: Vamos con ello.

Una de las entradas más frecuentadas de este blog, con más de quince mil visitas, es la que dediqué a glosar el artículo "Ornamento y delito" de Adolf Loos. Pero tanto a él como a mí nos salió el tiro por la culata.

El artículo (y mi glosa) trata de que una arquitectura ética y racional no debe llevar adornos. El adorno es un despilfarro de dinero y de diseño, demuestra primitivismo, no sirve para nada, no aporta nada y lastra la obra de arquitectura. El adorno no es ético.

Buscando ejemplos y pruebas de ello, Loos llegó a una que consideró irrefutable: los tatuajes. "¿Quién se hace tatuajes?", se preguntó. "Los primitivos y los delincuentes", se contestó.


Pues ya está: Asunto arreglado. Queda demostrada la tesis. Así como ninguna persona moderna, culta y ética se hace un tatuaje, así la arquitectura moderna, culta y ética no debe llevar adornos. El adorno es un delito.

Durante unas décadas ese ejemplo le sirvió. Pero finalmente le ha salido el tiro por la culata. Ahora todo el mundo, sobre todo la gente moderna, culta y ética, se hace tatuajes.

Y a mí también me salió el tiro por la culata. Hice mi "famosa" entrada glosando el artículo de Loos y desde el primer momento recibí un aluvión de visitas. Eso me tupió de satisfacción. Pero pronto me di cuenta de que tal afluencia no era por lo que yo contaba, sino por todo lo contrario: Había puesto una impactante imagen de un tatuaje que rodeaba el cuello de un hombre como si fuera una horrible raja cosida de mala manera. La gente buscaba tatuajes llamativos y molones en la sección de imágenes de google y le aparecía la de mi blog entre las primeras. (Lo sé porque blogger me brinda una herramienta para que sepa qué busca la gente que da con mi blog).
La imagen que yo puse como ejemplo del sinsentido de los tatuajes pasó a ser el motor por el que los curiosos me visitaban. Vaya fracaso.

Como google es como la máxima del evangelio que dice: "al que tiene se le dará", cuanta más gente entraba a mi blog por ahí, mejor se colocaba mi imagen y más aparecía en las búsquedas, así que cada vez entraba más gente. Era un círculo vicioso.
Supongo que de los quince mil que visitaron esa glosa loosiana apenas doscientos o trescientos la leerían. Los demás buscaban más fotos, veían que no había y se iban.
Así que en unos cuantos meses el flujo fue remitiendo, y, como google sigue aplicando aquella misma sentencia evangélica: "...y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene", la imagen y el enlace a mi blog fueron sumiéndose en la sima infinita de los desterrados y hoy ya puedes teclear "tatuajes impactantes", "tatuajes molones", etc., que mi blog no sale y ya nadie visita aquella vieja entrada. Sic transit gloria mundi.

viernes, 6 de julio de 2018

Hacer cosas

A Ana Asensio, que hace muchísimas cosas


Hoy, por enésima vez, he leído a un listo, a un suficiente, a un serio, criticar a un compañero porque aún está haciendo... lo que sea. El caso es que este compañero está haciendo cosas y el listo estirado no hace nada.

Cuando alguien hace cosas (un blog como este, tartas, sonetos, vídeos, acuarelas, solos de xilófono, punto de cruz, pantalones... ¿sigo? Millones de cosas) siempre se expone a que otro le critique. Sí: Quien hace algo lo expone a la opinión de terceros, e igual que está dispuesto a que lo elogien y feliciten ha de estarlo a que le examinen con alguna dureza. Eso está claro, y creo que todos los que hacemos cosas lo asumimos.

¿Punto de cruz? Pues punto de cruz.

Pero una cosa es que alguien critique tal cosa que has hecho o has escrito, y lo haga con argumentos, con ideas, con sugerencias... y otra es que te diga: "¿Pero aún estás con eso? ¿Pero sigues con esas cosas? Si eso ya está pasado, ya nadie lo hace". Y te deja fuera de juego y con la cara de gilí.

-¿Sigues con tu blog? Pero si los blogs ya han muerto.
-¿Lees libros todavía? Qué atrasado.
-¿Sigues cocinando con horno de gas? Pues vaya.
-¿Sonetos? ¿De verdad sonetos?
-¿Coleccionas sellos? Eres un crío. Un crío viejo.
-¿Acuarelas? Qué pequeñoburgués.

Ellos no hacen nada. Ellos están agazapados. Solo critican cualquier cosa que los demás hagan. Ellos nunca se equivocan, nunca se exponen.

Pues allá ellos. Que nadie ose negarnos el sagrado derecho (y placer) que tenemos de hacer cosas y, sobre todo, de hacer el gilipollas.

Bendito sea el punto de cruz, el horneado de bizcochos, el aeromodelismo, el submarinismo, el enredeo con el coche y el "manitismo" en general, la lectura, la escritura (sea de novelas, de sonetos o de dramas de honor), la ejecución (en todos los sentidos) de piezas musicales, el canto, el coleccionismo de chapas, de llaveros de talleres mecánicos o de posavasos, el senderismo... Hay millones de cosas por hacer y estamos en este mundo para hacerlas. ¿No se te dan bien ni te gustan chorrocientas mil? Pues dedícate a tres, o cuatro, o diez de las que sí. Porque algo tienes que hacer. Para ser persona tienes que volverte loca con alguna cosa. Tienes que entusiasmarte. La gente que no hace nada, que no se vuelca con algo, no sirve; solo está para estorbar.

viernes, 25 de mayo de 2018

Advertencia

Hoy entra en vigor el nuevo reglamento de protección de datos y llevo desde hace un par de días recibiendo mensajes de todo el mundo y por todas las vías imaginables diciéndomelo. Una tienda virtual me explica que puedo acceder a los datos que tiene de mí (porque me compré unos calcetines por internet hace diez años), que puedo exigir que me los borren (rellenando un formulario en su web, para lo que tengo que acceder a "mi perfil"; eso sí: si soy capaz de recordar qué sobrenombre me puse y qué contraseña utilicé hace diez años cuando me compré esos calcetines). Y así todo el mundo. De pronto se han vuelto todos locos y me están volviendo loco a mí.

En definitiva, me cansan y me abruman explicándome el derecho que tengo a que no me cansen ni me abrumen.

Resulta que me ha dado por pensar que llevo casi treinta y tres años haciendo proyectos de edificios y conservo los planos secretos de los polvorines y los datos de mis clientes, y estoy por quemarlo todo y, si me apuráis, quemarme yo también, porque no soporto tener tanta responsabilidad (incluso sobre edificios que han cumplido sobradamente el plazo decenal, algunos de los cuales no tienen grietas ni humedades).

Vamos, que no sé qué hacer con mi archivo. En cuanto a los nuevos proyectos lo tengo muy claro: En la carátula y en la memoria dirá:
Proyecto de Ejecución de Un Edificio.
Situación: Un lugar.
Promotor: Una persona (física, con su DNI o NIE, o tal vez jurídica, con su CIF), domiciliada en su casa (o acaso en su oficina).
Y, naturalmente, todos los planos irán pixelados para que no se vea cuántos cuartos de baño hay ni cosas así, que la gente es muy cotilla.

Si no les dan licencia de obras se siente. Yo más no puedo hacer.

Pero ya el colmo, lo que me ha inquietado, me ha aturdido, me ha desazonado y me ha angustiado es que Blogger me manda este mensajito:

Por favor, clicad para verlo más grande.

Así, diciéndome que tenga cuidadito con quienes entráis aquí de vez en cuando (y no digamos si además dejáis un comentario) porque tengo una altísima responsabilidad y me la estoy jugando.

No entiendo nada, no sé nada. Soy como la infanta.

No sé qué datos vuestros recopilo en mi blog. Vamos, que yo no recopilo ninguno. Los que queráis dejar vosotros.
Blogger me dice que ya os está dando una advertencia sobre las cookies, cosa que le agradezco porque yo no sabría. Bueno, yo ni sé todavía exactamente qué son las cookies, Hulio. Pero me advierte de que si estoy usando otras (¿estoy usando otras?), como por ejemplo las que añadan determinadas funciones de terceros (¿?) puede que esté cometiendo el pecado nefando.

Qué angustia, de verdad. Qué coraje. Yo solo os puedo decir -y os lo digo con la mano en el corazón y lágrimas en los ojos- que jamás utilizaré ni daré a nadie vuestros datos bancarios, vuestro historial médico ni vuestros antecedentes penales. Lo juro. Y no solo por mi inmarcesible ética personal, sino porque no sabría cómo hacerlo.

Podéis estar tranquilos. (¿O no?)

martes, 26 de septiembre de 2017

Millonario

Ayer por la noche este blog recibió su visita un millón.

Estoy muy contento y (siempre lo digo) sigo sorprendido por despertar tanto interés.

Tengo en cuenta, naturalmente, que muchos entran por error, que otros miran un segundo, dicen "bah" y se van y que otros leen alguna entrada o parte de ella y piensan "vaya tontería". Sí, lo tengo en cuenta. Pero de todas formas un millón de visitas me parece una cifra escandalosa, inconcebible.

Llevaba ya unos días con las novecientas noventa y pico mil visitas y confieso que estaba expectante. Ayer por la tarde iba por las novecientas noventa y nueve mil y algo y pensaba que llegaría al millón hoy, pero fue ayer mismo.
A las ocho y media o nueve de la noche ya miraba el contador cada pocos minutos, y finalmente a las diez menos diez:


Refresqué la imagen y a los pocos segundos:


Qué rabia. Se me había escapado el pantallazo al visitante un millón.

Muchas gracias a todos, y especialmente a quienes os tomáis la molestia (verdaderamente lo es) de dejar un comentario en el blog. También especialmente a quienes me hacéis esos comentarios en alguna de las redes sociales o en la más antigua de todas: cara a cara.
(Ayer me dijo un compañero que le encantaba el blog y que alguna de las entradas le arrancaba una carcajada. Se me saltaron las lágrimas de emoción y de alegría).

A quienes leéis alguna entrada y no sois gente propensa a comentar también os doy las gracias muy efusivamente.

Me siento realmente millonario en lectores y en amigos. Espero que sigáis visitando este blog de vez en cuando y deseo tener la lucidez suficiente como para no aburriros.

Abrazos, besos, gratitud, todo. Como se suele decir, me dais la vida.

______________________________
NOTA PARA POSIBLES EMPRESAS ANUNCIANTES: Nunca me había planteado tener publicidad en el blog, pero estoy pensando que sería muy feliz viviendo exclusivamente de escribir aquí. Para ello no pudo mucho: Me conformo con muy pocos miles de euros al día. Anúnciense aquí; ya verán qué bien.

domingo, 18 de junio de 2017

Comentarios

Tengo ya el vicio de mirar este blog varias veces al día por si hay algún nuevo comentario. En general sois parcos o tímidos, o es que para dejar algún comentario se os piden demasiados datos y molestias y os da pereza.
El caso es que, salvo en algunas entradas muy "calientes", no suele haber demasiados comentarios. Pero, eso sí, los que hacéis suelen ser muy cariñosos y a veces hasta elogiosos. Así que me hincho como un pavo.

A menudo ocurre que cuando alguien está de acuerdo con el contenido de una entrada no se suele tomar la molestia de hacer un comentario. ¿Para qué? ¿Para decir que muy bien, que vale? Sin embargo, cuando se está en desacuerdo, y no digamos cuando la entrada le llega a indignar a uno, sí que salva todos los laberintos y tropezones que le impone el blog (los he dejado en lo mínimo posible) para hacer constar su disconformidad.

Hace dos entradas me eché al monte a hablar de un personaje muy difícil: Juan Navarro Baldeweg. Me superó. No fui capaz de decir nada interesante de él. Se me escurrió entre los dedos (como suele hacer, el cabrito) y me dejó sin nada. Mi blablablá no pudo ser más vacío ni más torpe. Esa entrada merecía comentarios acerbos, sin duda. Pero creo que no se merecía los que recibió. Porque los comentarios que tiene hasta este momento(1) no critican mi pobreza analítica y expositiva, sino el arte de Juan Navarro y la pintura y la arquitectura contemporáneas en general. Benditoseadiós.

 

A estas alturas esos argumentos. Otra vez.
Se le quitan a uno las ganas de seguir.
(Me estaban esperando desde lo de Adriansens).
Menos mal que por las redes sociales -y los más íntimos cara a cara- me hacéis comentarios y críticas de otro tipo.
¿Cómo se puede seguir alimentando, a estas alturas, ese desprecio a todo lo que supone la modernidad, la contemporaneidad? ¿Cómo se puede, para reforzar esa postura, hacer dos bandos no basados en la calidad ni en la profundidad programática, sino en la mera percepción superficial y anecdótica?

A estas alturas. Vamos, por favor.
En algún comentario detecto una sana ironía. O a lo mejor me la imagino yo, que ya no sé ni qué pensar.

martes, 29 de noviembre de 2016

Sobrevalorado, absurdo, snob, casposo, gilipollas

El otro día (el 25 de noviembre) al consultar las estadísticas de mi blog me quedé patidifuso viendo que había habido un tsunami de visitas.


En un momento había habido tres mil simultáneas. (Y en un par de días sumaron ocho mil y pico).
Busqué con inquietud más datos, y resultó que la entrada objeto de aquel "ataque" era una de agosto que ya dormía el sueño de los justos: "Piso en venta", y que aquel desaforado tráfico de visitantes procedía de "menéame".
¿Que qué es eso de menéame? Pues no lo sé muy bien. Un sitio web que tiene muchísimos seguidores y comentaristas (y un buen puñado de brothers-in-law) que cuando se fijan en una noticia, en una entrada de un blog o en lo que sea, lo "menean". Y vaya si lo menean. A mi entrada la han meneado pero bien. Demasiado.
Un sitio web pequeño y modesto como es este blog se ve de pronto petado a visitas, colapsado, y roza por un  par días la gloria de... ¿la gloria de? ¡qué narices! Este blog ni tiene publicidad ni vive de las visitas ni ingresa ni un céntimo por ellas, pero reconozco que yo sí vivo (moralmente) de vuestros comentarios y de vuestro más que demostrado aprecio. (Ah, vanitas vanitatis).

Pues, hablando de vanidad, cuando vi esto fui a menéame (os he puesto el link más arriba) y comprobé con alegría (vale, y también con babosa autosatisfacción) que había muchos comentarios elogiosos. Creo que me hinché más de lo que me convenía. Qué tonto y qué ingenuo fui.
Porque los comentarios seguían apareciendo sin parar, hasta que entró el primer ¡zasca!: "El autor es un snob, pero los que comentan en el blog se llevan la palma". (Sí, amigos: os incluyen).


También había bastantes consideraciones de que el fin último de las viviendas es que sus usuarios vivan en ellas, de que cada uno es libre de decorar su casa como le parezca, etcétera. Pues naturalmente que sí; estaría bueno. Hasta ahí podríamos llegar. Yo nunca he pedido penas ni multas de ningún tipo para ninguno de estos propietarios. Lo que no me va a quitar nadie es mi afán de bocazas, de opinador, incluso de crítico. Pues también eso estaría bueno y también hasta ahí podríamos llegar. Eso sí: suelo ser educado, e incluso suelo tirar de sentido del humor, enfangarme lo menos posible e insultar muy poco.

Y ya, claro está, como no podría ser de otra manera, por fin apareció la palabra que todos estábamos esperando: gilipollas.

Soy un purista, prefiero la versión original con mención a Alfredo Kraus
en vez de a Luz Casal, pero dejo esta por el clarinete. Qué bueno.

"Un gilipollas se hace el graciosillo guay porque la gente tiene su casa como le viene en gana.
Esa casposa superioridad moral, bastante más casposa que cualquiera de esos muebles o decoración".


Bueno: se ve que esto es el precio de la fama. Lo asumo. No pasa nada. Keep calm and lo que sea. "Menéame me lo dio y menéame me lo quitó. Bendito sea su santo nombre".

sábado, 24 de septiembre de 2016

¡Que tiemble Eisenhower!

Hace unos días mi cirujano me mandó hacer unas pruebas médicas y un tratamiento y me recomendó una clínica madrileña donde hacérmelo. Como no la conocía y no sabía dónde estaba hice lo evidente: teclear su nombre en google para ver su dirección.
Para mi sorpresa, lo primero que me salió fue una retahíla de críticas. Llamadme ingenuo, pero yo pensaba que esas cosas se hacían con los restaurantes y los hoteles. Y con las películas. Pero no. Se hacen con todo.
Como digo, me quedé sorprendido ante ese tripadváisor de hospitales. Esa fue mi primera sorpresa. La segunda fue que TODAS las críticas eran malas.
* "Fui con mi padre el sábado a urgencias y tardaron horas en atenderle".
* "Pésimo servicio médico y pésima educación".
* "Todo muy sucio".
* "Estuve hospitalizado una semana. La comida horrible".
Etc, etc, etc.


Pero bueno: ¿Qué infecto tugurio me había recomendado mi cirujano? ¡Pues sí que estábamos apañados!
Entonces, ya picado por la curiosidad, busqué el hospital en el que fui operado, del que no tengo sino buenas palabras y mi mejor consideración. Y también salió lo primero la lista de improperios:
* "Fui con mi padre el sábado a urgencias y tardaron horas en atenderle".
* "Pésimo servicio médico y pésima educación".
* "Todo muy sucio".
* "Estuve hospitalizado una semana. La comida horrible".
Etc, etc, etc.
Ya. Ya caí en la cuenta: Estoy convencido de que todas esas críticas son sinceras. ¿Por qué no habrían de serlo? Pero seguro que quien es atendido con normalidad y corrección no pierde su tiempo ni gasta su esfuerzo en registrarse en una web para exponer que ha quedado satisfecho, mientras que quien ha sido maltratado sí que remueve Roma con Santiago, preso de indignación, para que conste su queja.
Así que digamos que si son bien tratados el noventa y cinco por ciento y mal el cinco restante, en los comentarios parecerá que el cien por cien ha sido humillado y escarnecido en ese antro de perdición. (Véase nota 1).

Otro caso de estos días: Estoy intentando regalarle un libro a mi prima Eli y dudo entre dos o tres que no he leído. (Mi prima y yo siempre nos regalamos libros que no hemos leído, para después poder prestárnoslos).
Ante las dudas, me voy a una conocida web y leo opiniones de los lectores. Para un mismo libro encuentro esto:
* "Imprescindible".
* "Una obra maestra. Profundiza en la esencia de los personajes y plantea un conflicto muy duro, que resuelve magistralmente".
* "Infumable. No pude acabar de leerlo".
* "Pretencioso y vacío".
Vale. Creo entender que se trata de un libro ambicioso y complejo pero que tal vez peque de ladrillosidad y de excesivo estupendismo. ¿O es una obra maestra sin tacha y ha habido dos lectores muy simplones e incapaces de entenderla? ¿O es un libro pretencioso y estúpido que ha tenido dos lectores pretenciosos y estúpidos investidos de trascendencia?
No termino de fiarme y opto por otro de mis seleccionados, mucho más divertido:
* "Ritmo trepidante. Te engancha y no puedes dejar de leerlo".
* "Me lo leí en un día. Lo terminé a las siete de la mañana".
* "Muy cinematográfico. Lo recomiendo".
* "Escrito con ligereza. Demasiada ligereza. Muy esquemático y previsible. Los personajes son de cartón".
* "¿Pero quién le ha dicho a este tío que sabe escribir? Tiene errores de sintaxis para no aprobar la ESO".
* "Muy divertido".
* "Pim pam, pim pam, pero no tiene nada".
Vale. En este caso sí parece claro que...
...que no tengo nada claro. Opiniones para todos los gustos y para todos los paladares.
Claro: Si busco opiniones sobre el Finnegans Wake un experto en Joyce hará una crítica en la que probablemente resalte sus diversos planos semánticos, su lejanía del Ulises, y también sus aspectos comunes. Pero el lector habitual de best-sellers que haya tomado por error esa madre de todos los retorcimientos hará una crítica muy diferente, y seguramente muy cítrica.
Y las dos opiniones reposarán en la web con el mismo peso y la misma importancia: ninguna.
Porque cuando todas las opiniones valen lo mismo ninguna vale nada. Porque cuando todo el mundo tiene el mismo derecho a opinar sin importar sus condiciones y circunstancias, su formación, su personalidad, su cabreo, su nada, su todo, entonces todas las opiniones forman un ruido blanco, un runrún de fondo que no significa nada.

Todos somos pensadores. Todos somos críticos. Todos emitimos. ¿Y el poso? ¿Se acaban posando nuestras opiniones? ¿Se acaban decantando, filtrando? ¿La gente acaba apreciando y degustando el pensamiento que más útil les resulta? ¿En medio de todo este ruido se hacen notar las opiniones más fundadas, más profundas, mejor cimentadas? ¿Sabemos valorar a nuestros mejores pensadores?

Eso no está claro. ¿Los mejores? ¿Quiénes son los mejores? Dejémoslo en que sabemos valorar a los pensadores que más confianza nos inspiran. Eso sí.

Naturalmente, son cientos y cientos los pensadores que inspiran
confianza a la gente y que forman y nutren la opinión pública.
Estos nueve que pongo son sólo un pálido ejemplo.

sábado, 12 de marzo de 2016

Agradecidoooo, y emocionadoooo...

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó me han entrevistado en su gran blog.


Como podéis suponer, me encanta.
En las redes sociales tanto ellos como yo hemos difundido mucho la entrevista. Y a su vez muchos amigos se han hecho eco, me han dedicado muy amables palabras y también la han difundido.
Pero como sé que muchos de vosotros seguís este blog pero no estáis en las redes (y hacéis muy bien, qué narices) os pongo abajo el enlace por si os apetece leerla.

Muchas gracias a Lorenzo y a Agnieszka por su atención, y por dedicarme espacio en su solicitadísimo y seguidísimo blog. Han sido muy buenos anfitriones.
Muchas gracias también a todos los que han leído la entrevista y me han felicitado y la han difundido.
Y muchas gracias a todos vosotros. Espero que os guste.

Podéis leerla clicando aquí.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Algunas consideraciones sobre el blog

Martina, una estudiante de arquitectura, me dice que tiene que hacer una presentación sobre algún tema, libro, arquitecto, movimiento, crítica, etcétera, para suscitar un debate en clase, y que ha elegido este blog.
La idea me emociona y me vuelve aún más pasteloso de lo que lo soy habitualmente. (Ni "no me lo merezco" ni narices: Las cosas vienen de la forma más inesperada y hay que celebrarlas; todas. Yo lo celebro; claro que sí).
Me pide que le cuente cómo surgió el blog, qué "ideología" tiene, etcétera, y que haga una "lectura crítica" de él.
Las circunstancias sobre cómo surgió Arquitectamos locos? ya las he contado aquí alguna vez, así que me temo que me voy a repetir.
No obstante, esto es lo que le he contestado:



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL BLOG “ARQUITECTAMOS LOCOS?”, por su autor.

Hola, Martina:
(Esto que te cuento ya lo he dicho en el blog. Me repito).
Siempre he sido muy discutidor (o muy bocazas), pero limitaba mis diatribas a los bares y sitios similares, con un reducido número de amigos.
Empecé a oír hablar de los blogs, y me puse a leer algunos, sobre todo de libros y de cine. Me iba haciendo gracia la idea de tener uno, pero no tenía ni idea de cómo se hacía eso.
Coincidió con el cierre de mi estudio y con la peor situación profesional y anímica que he tenido en mi vida. Mi hermana tenía un blog y me dijo que era muy sencillo. Me metí en blogger y, sin tener ni idea, acepté las plantillas que se me ofrecían, sin plantearme nada en cuanto al diseño o a la imagen del blog, y me lancé a escribir.
Esto ocurrió en julio de 2010, y yo escribía pensando en cinco o seis personas concretas (que al final son las que menos me leen) y no podía ni sospechar que en cinco años iba a tener más de medio millón de visitas.
El blog nació con un título que ni supe poner bien. Ahí se ve el nulo conocimiento que tengo de estas cosas. No me gusta la moda de escribir en español las interrogaciones con un solo signo, y hasta con el teléfono móvil las abro y las cierro, pero en el blog me diseñé un logo (que luego ni supe insertar) que jugaba con un solo signo de interrogación.
Yo quería dar un grito de indignación contra la pérdida de sensatez y de criterio en la arquitectura de relumbrón y de disparate, y titulé: ¿Estamos locos?, que a la segunda vuelta (¿Estamos locos con la arquitectura? ¿Hacemos arquitectura locos? ¿Arquitecturamos locos?) se quedó en “¿Arquitectamos locos?” Me gustó el título, pero iba con dos signos de interrogación.
Sólo tenía claro que lo que me gusta es la literatura, el cine, la música (especialmente la de jazz), y que un “blog de arquitectura” se debía abrir a esos campos. Vamos, que la sola idea de un “blog de arquitectura” me parecía un poco tonta y corta. Por eso puse el lema (que no es mío): “Quien sólo sabe de arquitectura no sabe de nada, ni siquiera de arquitectura”.
(Hace muchos años, siendo estudiante, me bajé del autobús con un libro del grandísimo Jardiel Poncela bajo el brazo. Me vio un compañero de clase, cogió con curiosidad el libro y en cuanto vio la portada me lo devolvió casi con asco, diciéndome: “¡Pero esto no es arquitectura!” Pues eso: Me ha enseñado mucha más arquitectura Jardiel Poncela que Aldo Rossi, porque Jardiel me ha hecho reír, pensar, coger ritmo, contrastar… etcétera).
Mi blog no tiene criterio, ni línea editorial. Hay algunas entradas más serias sobre algún arquitecto o movimiento, o sobre el concepto de espacio moderno o de fisión semántica, en la que me veo más profesor (aunque sin decir palabros y sin avasallar ni agobiar). Y hay otras de mero cabreo ante algún atropello. Hay otras sobre jazz. Hay otras más bromistas. Etcétera.
Cuando publico una entrada creo que ya no voy a ser capaz de publicar ninguna más. No tengo más que decir. No sé nada más. Y sin embargo al cabo de unos días me sale una nueva. Salgo más o menos a una entrada por semana, y nunca tengo la menor idea de cuál va a ser la siguiente.
(Mira: Ahora que lo digo, este texto va a ser el siguiente).
Creo que mi blog es un auténtico blog en cuanto a “diario personal”. Soy yo mismo, y se me nota mucho. Pero por ese mismo motivo adolece de falta de línea argumental o expositiva, de falta de programa.
A mucha gente le gusta leer lo que dice este bocazas, y a mí me gusta mucho escribir. Suelo hacerlo además con algún ligero tono humorístico (a veces es más descarado) y caricaturesco.
No me debo a nada ni a nadie. No cobro de nadie. No le debo obediencia a nadie. Así que lo que pongo en el blog son chorradas, pero son las que me salen libremente y sin mayor pretensión ni alcance.
Quería hacer alguna autocrítica, pero me releo hasta aquí y observo que estoy encantado de haberme conocido. Lo siento. En general no soy así, y acepto mis limitaciones y carencias con bastante deportividad y aun con cierta elegancia.
Por resumir, esto es sólo un blog. Son mis obsesiones y mis cabezonerías machaconas. Aún me sorprende que le interese a alguien.
Por favor: Si haces algún trabajo previo de presentación sobre este blog pásamelo, y si en tu clase debatís hazme un resumen.
Abrazos

José Ramón

domingo, 5 de julio de 2015

Cinco años

Este blog cumple hoy cinco años. ¡Qué barbaridad! Cuando lo empecé no sé si habría sido capaz de hacer votos por cinco años. No sé si esperaba algo así. Seguro que no.

(Claro, que hay otros más lanzados, que en seguida los hacen pero luego no duran nada).
Reverso de un centenional de Joviano en el que hace votos por cinco años,
aunque sólo fue emperador durante ocho meses. (Cortesía de tesorillo.com)

En el peor momento profesional de mi vida me dio por abrirlo. Hacía ya tiempo que quería hacerlo, pero no me terminaba de decidir y no sabía cómo. Mi hermana Gema tenía un blog en Blogger y me dijo cómo se creaba.
Yo no sabía nada. Quería que se titulara ¿Arquitectamos locos?, y empecé por dibujar el título que debía hacer de cabecera. Lo hice con una tipografía muy rotunda y muy bruta, en la que destacaba tanto el signo de cierre de la interrogación que acabó por comerse al de apertura. Así que al empezar el proceso de creación del blog y tener que escribir el título puse "Arquitectamos locos?" esperando que me pidiera en algún momento la terrible imagen jpg que tenía preparada, pero ni me la pidió ni yo supe dónde tocar para subirla. Fui dejándome llevar, eligiendo fondos y formatos entre los que me aparecían como disponibles, sin pensar siquiera en cómo diseñar yo uno, y me lancé a escribir.
No sabía ni insertar una imagen, ni hacer un enlace, ni nada de nada. (Ahora sé muy poco más).
Mi primera entrada fue esta. Hasta tiene el título repetido porque me lié y porque no sabía cómo aparecería en pantalla. (Pensaba que el título que yo ponía en el cajetín del borrador era un nombre de fichero para mi uso interno, pero que no se vería. Por eso lo volví a poner en el cuerpo del texto. A veces soy muy retorcido y hago ese tipo de cosas. Ya os he dicho alguna vez que jamás he sido capaz de rellenar correctamente un formulario: Suelo decir más de lo que me preguntan, y más enrevesadamente). Tampoco sabía editar lo ya publicado, y así se quedó.
Rápidamente me hicieron comentarios a esa primera entrada unos entrañables, grandes y valiosos amigos, así que a partir de ahí seguí escribiendo muy animadamente. Y hasta ahora. ¡Cinco años ya!

Esta es la entrada trescientos cuarenta. (Bueno, vale: tricentésima cuadragésima). Salgo a una media de 68 entradas al año. Una cada 5,37 días. Vale, quizá no sean muy buenas, pero son muchas. ¡Y hay quien se ha leído el blog entero! (Enormes gracias y un emocionado abrazo a Sergio Andrés Uribe -Arquitecturibe-, que en un determinado momento descubrió el blog y lo fue leyendo hacia atrás, sin perderse tampoco las nuevas entradas. Y sé que como él lo han hecho otros. Es una exageración tan formidable que no sé qué pensar. Me deja anonadado y muy agradecido).

El primer -histórico- comentario de este blog es de mi amigo Pablo a aquella entrada inaugural, y consiste en un lacónico pero estimulante "Enhorabuena!!" que me produjo una gran alegría y el vértigo de pensar que ya no había marcha atrás; que ya no podía hacer melindres ni vaguear, y también el vértigo de preguntarme cada día qué podría contar yo aquí. En ese vértigo sigo.
(Es curioso, pero en ese primer mes del blog, julio de 2010, escribí 17 entradas. Una barbaridad. Eran cosas rápidas, inmediatas. Eran, como el Oficio de Tinieblas 5, la purga de mi corazón).

A las pocas semanas mi socio Tomás y yo cerramos el estudio y me vine a mi casa, desde donde sigo trabajando a salto de mata y haciendo mis proyectos y mis cosas en solitario y como puedo. En algunos aspectos he madurado (a mis cincuenta y cinco años); en otros -la mayoría- sencillamente he envejecido.

Mientras tanto, he cambiado mis bobadas y diatribas en el Amedros (léase el segundo comentario de Pablo) con cuatro (u ocho) amigos por este blog, con muchos lectores, pero añoro aquellos días. (Hoy el Amedros, igual que mi estudio, está cerrado). También añoro la actividad de entonces. Siento muy nítidamente, cada vez más nítidamente, que el peor de los proyectos y el peor de los edificios es mejor que la mejor que las críticas, reseñas o habladurías (llamad a estas de aquí como queráis). Hacer edificios -como hacíamos entonces- era tan apasionante que no nos quedaba tiempo ni para escribir, ni para leer, ni apenas para reflexionar en algo más que en los propios problemas técnicos y constructivos. Qué fantástica es la pasión por construir. Qué estimulante es ver levantarse de verdad, en carne y hueso, lo que uno ha pensado y dibujado.

Este blog me ha salvado la vida, y espero que a vosotros os la entretenga de vez en cuando. Pero vida, lo que se dice vida, es hacer edificios. Todo lo demás, todo esto, es subsistir, luchar, patalear, no dejarse vencer, pero no es lo mismo. No. No lo es.
Si tienes alas, vuela; si tienes piernas, corre; y si no las tienes, arrástrate. Nunca te rindas, nunca dejes de moverte, de manotear, de morder, de arañar. Como sea. Por eso sigo con el blog. Y si me lo quitaran hablaría por la calle. Y hasta daría clases si fuera preciso. Pero no nos confundamos, no perdamos la perspectiva: Esto no es volar.

Gracias a este blog he conocido a mucha gente, la mayor parte compañeros de profesión, pero otros no. Amigos virtuales todos, que me llenan de alegría y de estímulos para escribir, para pensar, para discutir... Pero he perdido (a estas alturas ya pienso que definitivamente) a mis compañeros del estudio: a Adeli, a Eva, a Rafa, a Miguel Ángel... (A Tomás, a Germán y a Andrés los sigo viendo de una forma más o menos irregular pero mantenida y continuada). No sé si leeréis esto alguna vez. No sé qué es de vosotros. Ojalá os vaya todo bien, razonablemente bien, o al menos no muy mal. Me acuerdo constantemente de vosotros, y lo hago con nostalgia, con pesimismo y con desazón. Ojalá me mandarais algún tipo de mensaje para desarmar mis temores.

En fin. Lo siento. Quería celebrar el privilegio que tengo por escribir aquí, y la alegría que me dais leyendo y comentando estas cosas, y haciéndome sentir acompañado y querido, pero me ha dado llorona.

Maldita sea. Quemaría este blog y todo lo que contiene por un café en el Tanín con vosotros.



(Pero sigo. Sigo y seguiré. Tengo que escribir).
Silicua de Valentiniano I. Cumplidos cinco años de fidelidad a su pueblo
promete cinco más, hasta un total de diez. Lo tomo como ejemplo.
(Y después, cumplidos los diez, otros diez. Etcétera).

Las indicaciones nusmismáticas se las debo a mi amigo Manuel Pina,
factótum de la web tesorillo.com y seguidor de este blog.
Muchísimas gracias, Manuel.

sábado, 20 de junio de 2015

Quinientas mil visitas

Se dice pronto, pero es algo inconcebible: Este blog, desde su creación, ha tenido medio millón de visitas.


¡Medio millón! ¡Qué barbaridad! Hace cinco años casi exactos que lo inauguré -los cumple el cinco de julio-. Lo creé en el peor momento profesional de mi vida, y en uno de mis peores momentos personales. Lo hice como desahogo, como válvula de escape de mis tonterías. No podía ni sospechar que iba a suscitar tanto interés.
Siempre lo digo: Cada vez que escribo una entrada me pregunto si seré capaz de escribir otra, porque no tengo nada más que decir ni que contar. Claro que, por otra parte, el ritmo y la cadencia son infinitos. De lo que se trata es de estar siempre contando lo mismo, de afrontar cada nuevo día con las novedades que traiga, pero con las obsesiones y manías de siempre.
Soy consciente de que mucha de la gente que entra aquí lo hace por error, y otros cuantos ojean un poco las imágenes, leen diez o doce palabras y se van. Pero también sé que algunos leéis los textos con interés y con placer, y me escribís mensajes por correo electrónico y por otras vías, y me demostráis un cariño que no me veo capaz de asimilar ni de comprender, pero que agradezco muchísimo.
Muchas gracias a todos. De corazón.
Aun con esas salvedades de gente que entra por error, o que queda decepcionada en los primeros segundos pero cuya visita deja involuntaria constancia en el contador, quinientas mil son una barbaridad para un blog como este, estrictamente personal y solitario, y no soportado por ningún medio, asociación, organismo ni nada parecido.
Empecé este desempeño creyéndome una voz que clamaba en el desierto, pero ha resultado que el desierto estaba lleno de amigos.


Nota.- He cometido el error de hablar de cantidades -en este caso quinientos mil visitantes- sin referirlas a campos de fútbol, como es preceptivo desde la aprobación del R.D. 32/2012 por el que se establecen las "Condiciones para la Intuición de Magnitudes por Referencia a Estadios Deportivos" -el CIMRED-. Corrijo ahora mismo el imperdonable error. Puesto que el aforo del Estadio Santiago Bernabéu -¿cuál si no?- es de 81.044 forofos, vosotros lo habéis llenado hasta los topes seis coma diecisiete veces, o, si no os gustan los decimales, seis veces y os habéis quedado fuera 13.736 esperando la séptima, y no para verme meter goles, sino para escuchar mi perorata. Qué pasada.
(Todavía impresiona más pensar en el Teatro Real de Madrid, cuya sala principal tiene un aforo de 1.746 espectadores. Lo habéis llenado doscientas ochenta y seis veces y un tercio. Pero mejor es que no haga alharacas ni saque pecho por ello: Tengo que reconocer que la mayoría habéis salido zumbando antes de que la gorda soltara el primer gorgorito).
Muchas gracias y muy afectuosos abrazos a todos. De verdad. Vosotros me dais la fuerza y la alegría para seguir escribiendo.