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viernes, 23 de agosto de 2024

Desprecio y veneración

He leído (en un grupo de Facebook de admiradores de Frank Lloyd Wright) que la Torre Price está cerrada, sin uso, y que el dueño está vendiendo las decoraciones interiores.

No conozco el grado de fiabilidad de esta noticia, que está sin contrastar y en la que no profundizo porque no me veo con fuerzas para entender todo el proceso (parece que el edificio está protegido e inventariado y que la Frank Lloyd Wright Foundation lo ha denunciado y las autoridades le están exigiendo al dueño que recupere los elementos que haya vendido hasta ahora). Lo que yo pretendo, a raíz de esta noticia, mejor o peor entendida por mi parte, es mencionar dos males de la arquitectura: el desprecio y la veneración.

miércoles, 8 de marzo de 2023

La placa secreta

Nunca he asistido a la ceremonia de colocación de la primera piedra de un edificio. He hecho bastantes, e incluso algunos públicos, que son los que más se prestan a algo así, pero no se ha dado el caso.

En ese rito solemne se reúnen los agentes que van a llevar a cabo el milagro de la construcción, y en un hoyo practicado a tal efecto reciben con mortero o similar la supuesta primera piedra del edificio (es mentira: no tiene nada que ver con este y se quedará enterrada ahí, desvinculada de la obra)(1). La autoridad representante de la propiedad deposita junto a la piedra unas monedas, un periódico del día y algún otro objeto simbólico como testimonio del tiempo en que eso se construyó, para que se pueda saber en un futuro lejano, cuando a alguien le dé por hurgar en el hoyo.

En la novela La arquitectriz(2) Plautilla Bricci, su narradora y protagonista, cuenta la emoción, la responsabilidad y el miedo que sintió al poner la primera piedra de la Villa Benedetta ("El Bajel"), proyectada por ella en la colina del Janículo de Roma. Entre los objetos simbólicos que entierran se encuentra una placa de plomo grabada con un texto.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Pura intención (puro teatro)

Una famosa imagen que cualquier buen conocedor de la arquitectura moderna sabe identificar es esta:

Pero si no has sabido no te preocupes. No pasa nada. Para eso estoy yo aquí. Este blog cumple una admirable (no es porque yo lo diga) función social, aunque hasta la fecha no haya sido reconocida por el gobierno, el parlamento europeo, la otan ni la academia sueca. Ya sabéis: las cosas. La vida injusta.

Esa foto pertenece a la casa que le hizo Le Corbusier en 1923 (la terminó en 1924) a su señora madre -Marie Charlotte-Amélie Perret (dite Jeanneret-Perret)- en Corseaux (Suiza), en la orilla del lago Léman.

Fue una de las primeras obras del arquitecto, quitando sus iniciales y afortunadamente muy escasos chaletones suizos -por más que Colin Rowe(1) se quiera emocionar con alguno de ellos-, y ese rincón de la fotografía es formidable: Una tapia de piedra que tiene un agujero rectangular por el que se ve el lago. Ante ese agujero hay una mesa de hormigón con una pata y dos bancos de estructura de acero y tablas de madera.

Un hueco casi monástico. Un rincón para mirar, pero también para charlar, comer o leer. La disposición de la mesa y los bancos permite todos esos usos deliciosos. Y siempre el lago.