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jueves, 10 de marzo de 2011

Haikus

Estamos en tiempos de prisa. No me sueltes un rollo, hazme un resumen.
Propendemos a hablar (o a escribir) sin decir nada y extendiéndonos más allá de lo admisible. Pues no, señor. Se impone la máxima brevedad.
El éxito del twiter consiste en que sólo se pueden utilizar ciento cuarenta caracteres por entrada. En ciento cuarenta caracteres hay que exponer una opinión, una tesis, una ideología. No; una ideología no: una idea. Ahí está la gracia. Vale ya de dar la brasa y de impartir doctrina. Venga, venga, que no podemos perder el tiempo. Díganos lo que sea deprisita, y no maree.
Está de moda el microrrelato. Planteamiento, nudo y desenlace en dos líneas. O, mejor, ni planteamiento, ni nudo, ni desenlace. Apenas un aroma, apenas una sospecha. No hay tiempo para más.
Tampoco es ya tiempo de odas, ni de epopeyas. Ni siquiera de sonetos. Ahora lo que molan son los haikus.
Un haiku es un minipoema japonés de tres versos, de (aproximadamente) cinco, siete y cinco sílabas. No riman, no se miden con precisión, no tienen normas.
Me apunto a la idea como ejercicio de autocontrol, ya que yo tiendo a enrollarme.
Debuto con los haikus. No sé. Me salen demasiado coherentes, y sin el punto ingenuo e inocente. Es una primera tentativa. Ya iré mejorando.

Ay Calatrava.
Ya perpetra otro puente.
Tiene bemoles