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miércoles, 22 de mayo de 2024

¡Será por dinero!

-¿Qué más ha pintado después de esta capilla?
-Pues... no mucho...
-¿Cómo, si estaba tan orgulloso de haber perfeccionado un nuevo método?
-Cuando el papa Clemente VII me designó Guardián de los Sellos, ya no necesité trabajar. Tenía todo el dinero que deseaba.
-¿Así que el dinero era la única razón de su pintura?
Sebastiano miró a Miguel Ángel con asombro, como si creyese que su benefactor había perdido repentinamente la razón.
-¿Y qué otra razón podía haber?

En esta escena de la novela La agonía y el éxtasis, de Irving Stone, vemos a Miguel Ángel hablando con su amigo y protegido Sebastiano Luciani, más conocido como Sebastiano del Piombo precisamente por lo que ahí cuenta: porque el papa le nombró guardián de los sellos (de plomo) de la Santa Sede. Un cargazo.

Sebastiano del Piombo, La resurrección de Lázaro

Sebastiano fue un magnífico pintor, con influencias cruzadas de los opuestos estilos veneciano (color) y florentino (dibujo) -perdón por la excesiva simplificación-, que siempre admiró a Miguel Ángel y fue ayudado por este (aunque al parecer la cosa no acabó muy bien. Ya sabéis: los artistas).

viernes, 7 de julio de 2023

No es solo talento

En esta entrada voy a ser un poco como la zorra aquella de las uvas, un personaje de Esopo que no me gusta nada, a quien sufro de vez en cuando y de quien siempre procuro huir. Es un ser abominable que disimula su envidia con desprecio y se hace así triplemente repugnante por envidioso, despreciativo e hipócrita. Espero no serlo mucho y poder salir airoso de ese siniestro estado que me corroe.

La zorra y las uvas
Ilustración de Milo Winter, 1919

Este estado se debe a que soy un arquitecto mediocre (queda mejor decir "mediano") y sin talento. Creo que un buen profesional, que no es poco, pero tampoco nada más.

Conozco a algunos verdaderamente notables. Siempre he tenido relación con varios; los he visto trabajar y se me ha caído la baba. Hacen una arquitectura francamente buena, que me gustaría muchísimo ser capaz de hacer yo. Tienen un talento innegable, pero no es solo talento. Tienen una cualidad muy superior: una determinación y una seguridad tal en lo que hacen y en lo que proponen que nadie puede ponérseles por medio.

Son arquitectos poseídos por una pasión febril, y siempre dispuestos a sufrir, a trabajar más, a no conformarse con ninguna solución estándar, a buscarle tres (o cinco) pies al gato, a no acomodarse jamás y a asumir riesgos. Y a hacérselos asumir a todos en beneficio de su sacrosanta obra.

martes, 7 de noviembre de 2017

Arte

Todos somos artistas, y lo somos todos los días y todas las horas.
Todo lo que no es natural es arti-ficial; todo lo que hacemos es arte-facto. Arte.
En ese contexto se habla del arte de la medicina o de las artes de pesca. (Y también hay quien se da mucho arte para vendernos una póliza de seguros).


Y luego está el arte "sublime", como por ejemplo el de mi padre haciéndome una mesa de dibujo articulada a partir de una vieja mesa de cocina de formica.
Arte.
Repito: Todos somos artistas. Todos hacemos arte, y lo hacemos todo el rato.
Esta vocación artística que tenemos todos se ve adulterada e incluso corrompida (a mi modesto juicio) por dos venenos: el afán de lo bonito y el éxito.
El afán de lo bonito hace que nos olvidemos de la eficacia de lo que estamos haciendo para regodearnos en su hermosura. ¿Os imagináis eso en los ejemplos que he dicho antes: las artes de pesca o el arte de la medicina? ¿Os imagináis que las guías dentadas que aplicó mi padre a la ex mesa de cocina hubieran tenido el prurito de la belleza? Un desastre.
La idea de belleza siempre ha entrado en la definición de arte de una forma u otra. De ahí viene buena parte del desconcierto en el que vivimos respecto al arte.
En cuanto al éxito, otra buena causa del desconcierto son las desorbitadas cantidades de dinero que se pagan por una mera ocurrencia. Y, claro, si nos distraemos pensando en el éxito tenemos que pensar también en su reverso: el fracaso.
Pero creo que esto no debe ser tomado en cuenta, porque si lo hacemos nos quedamos sin palabras.