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viernes, 5 de agosto de 2022

Querido maestro:

(Permítame que le siga llamando así, aunque, ya próxima la terminación de mi carrera profesional, no haya realizado jamás un solo trabajo digno de que se me pueda llamar discípulo suyo). 

El año pasado, a mis sesenta y uno de edad (tres más de los que vivió usted), supe con gran alegría que le iban a hacer una exposición en la Delegación de Vizcaya del COAVN. La comisariaba Joaquín Lizasoain, otro arquitecto admirador de usted y de su entorno. (Su tesis doctoral se titula El muro de Oteiza, y seguro que le habría gustado mucho).

Tenía todo preparado para ir a Bilbao a verla con mi mujer (que le manda recuerdos) cuando un problema familiar nos impidió hacer el viaje.

Pero este año (yo ya con sesenta y dos) la ha hecho el Instituto de Arquitectura de Euskadi, y la ha hecho muy bien, con mucho cariño y mucho cuidado, y ahora ya sí que la hemos podido ver.

La sede del instituto es el antiguo convento de Santa Teresa, un lugar estupendo en la zona vieja de San Sebastián, a dos pasos del Museo de San Telmo, en el que han montado una de Oteiza y Chillida. Están ustedes tres casi juntos. (Recuerdo que usted decía que las exposiciones había que verlas de dos en dos. Pues figúrese esta vez).

lunes, 5 de agosto de 2019

Mirando el escaparate

Estos días se ha hecho público el fallo del concurso de ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao y aquí unos colegas nos hemos puesto a opinar (a despotricar con el palillo en la boca) en las redes sobre el infausto proyecto que ha sido elegido de entre los presentados, que van desde los correctos (pero no brillantes) hasta los muy malos.



Ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, 1967-1970.
Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa, arquitectos.(1)

Como de eso se está hablando mucho por ahí y yo no tengo nada interesante que añadir voy a comentar algo que me preocupa del "antes de", en vez de seguir insistiendo en el "después de".

El Museo de Bellas Artes de Bilbao es muy querido por los bilbaínos, que van muy habitualmente a verlo como si fuera su casa (que lo es), pero menos por los turistas, que solemos babear ante el Guggenheim sin enterarnos de las joyas que atesora este porque es más discreto y comedido y no está en el recorrido de los touroperators.


Voy aún más atrás y comento la primera perplejidad: Teníamos un museo consolidado, lleno de obras de arte, muy bien montado, con una colección muy completa, coherente y armónica, hecha con tiempo y con sabiduría, y que calaba en el alma del pueblo, en su tradición y en su cultura a la vez que miraba hacia el futuro, y de golpe aterrizó un chirimbolo venido del extranjero, espectacular e impresionante pero sin fondos, sin nada que enseñar. Recuerdo que se le dio mucho bombo a la primera exposición temporal (o una de las primeras) que hizo: Unas motos de la marca Harley Davidson. No había fondos, no había colección, no había obras permanentes, pero había que hacer movidas y saraos como fuera y de lo que fuera para mover el tinglado.
Con gran rapidez y a golpe de presupuesto el gigante americano fue adquiriendo obra, mientras que su hermano pequeño y desheredado la había ido formando delicadamente durante décadas y décadas.

En todo caso, la versión "nuevo rico epatante" se impuso, y mientras este ascendía a los cielos como un cohete, el otro languidecía para los cuatro gatos de siempre, cada vez más desubicados y sobrepasados.
Lo he comentado en las dos entradas anteriores: ¿Nos interesa de verdad el arte o más bien el turisteo y el espectáculo?



La situación era intolerable. Había que darle un enérgico empujón al querido museo.
La dirección se puso a ello y finalmente obtuvo fondos para ampliarlo, pero no ya como se había ampliado otras veces, respondiendo a las necesidades de espacio y a las condiciones funcionales. No. El "efecto Guggenheim" había sido un éxito tan grande que pasó a ser el epónimo de cómo la arquitectura espectáculo puede salvar a una ciudad, a una institución, a un colectivo, a un pueblo, a lo que sea. Si vemos sucursales increíbles de cualquier entidad prestigiosa en sitios inverosímiles y con formas disparatadas es porque se busca el poder salvífico del mamotreto.

Pues bien: Si el efecto Guggenheim obraba milagros en las cuatro esquinas del planeta, ¿no los habría de repetir en la ciudad que lo alumbró?

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Traicionando a Gerardo Diego

a los dioses se les ha caído el verdoso paladar salpicado de estrellas marinas


rezando a su dios huevo duro con retóricas ocarinas


sólo existe lo inesperado desde la luz solar en estos días
de otoño babeante yo busco una flecha de oro que niño
de un hada madrina acaso putativa adquirirá en cómodos plazos lustrales


Primavera sempiterna pútrida hacia el ocaso dadme mi lira dádmela


una piara de válvulas pronosticadas ah exalado policía municipal
sin humorismo de patíbulo esa sanción indefinible
como de nube fría y parda verdes prados salpicados de chichones
moviéndose hacia atrás que digamos me atenaza el alma


Estaba confundido ah ah aquellas aquellas imágenes


nada más luz de mis ojos nada más


Advierto desolado que mi potencia brigadier
se extingue segunda mano y también el alma humana llama de vela


procesiones de semana santa sevillana y suculentas gabelas
a cargo del Ku Klux Klan rigor de las desdichas
y el Presidente de las Cortes deslumbrado por espejos gravitados


Me siento mal tengo volando bajo volando bajo
como una piedra de madera en el estómago
y estoy enfermo de sombras nada más como la cegada golondrina


Nadie te aguarda ya a tu alcance lo que quieras
rígidos misterios civiles con sonido a hueco y despojos
soledad tan enmohecida pese a quien pese mansedumbre
mentira al canto gelatinosa en las zonas medias del ensueño conspiración
me da lo mismo marchar por mis dichas inseguras con retraso
todos los defectos nuestros puestos de manifiesto con estampas
fórmulas de temporada garfios en lugar de dedos y fragmentos de entusiasmo