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lunes, 16 de marzo de 2026

Dear architects

El otro día en Facebook me asaltó esta publicación:

Es de un grupo que se llama "Modern Architecture", y que por lo que veo tiene seiscientos diecisiete mil setecientos miembros, entre los que no me encuentro ni me quiero encontrar (estas mierdas del algoritmo, que te acosa presentándote a impresentables a quienes ni sigues ni quieres seguir), al que acudió un interesado que mostró el croquis que veis, con la siguiente petición: 

Hello dear architects, I have this apartment, and I don't remember the exact dimensions, but it has a total area of 89 m². I want to transform it into a 2 rooms. Please help me with ideas on what I can do. (Hola, queridos arquitectos, tengo este apartamento, y no recuerdo las dimensiones exactas, pero tiene una superficie total de 89 m2. Quiero transformarlo en uno de dos habitaciones. Por favor, ayúdenme con ideas de qué puedo hacer).

Yo entré solo para contestar: "A esto precisamente nos dedicamos los arquitectos, pero tenemos el vicio de cobrar por dar esas ideas", y una vez que lo escribí bloqueé al grupo, que es algo que aún Facebook nos permite hacer.

¿Creéis que hice bien, que estuve fino? No. Mentí. Los arquitectos no cobramos. La prueba es que en los comentarios a esa petición ya veréis algunas propuestas. A los dear architects nos falta tiempo para plasmar nuestras siempre interesantes y creativas ideas. No nos podemos quedar quietos ni un ratito. Nos rebosa el talento por las orejas.

jueves, 13 de marzo de 2025

Elegí un mal día

En la película Airplane! (en España Aterriza como puedas), de 1980, hay un Boeing 707 con muy serios problemas para aterrizar, lo que pone a prueba a todo el personal del aeropuerto, especialmente al supervisor de la torre de control, Steve McCroskey (interpretado por Lloyd Bridges). Es un hombre templado, pero aun así se preocupa porque va a soportar una terrible carga de estrés. Ante la que se le viene encima dice: "Elegí un mal día para dejar de fumar", y fuma pensando que ya encontrará un mejor momento para dejarlo de verdad cuando se pase todo esto. Las horas transcurren y la tensión crece; entonces aumenta su declaración: "Elegí un mal día para dejar de beber"; y bebe. Más adelante: "Elegí un mal día para dejar de tomar tranquilizantes"; y se toma uno. Y ya después: "Elegí un mal día para dejar de oler pegamento"; y lo esnifa.

Pues así estoy yo ahora: Elegí un mal día para jubilarme.

martes, 26 de noviembre de 2024

Cuernos

Ya lo he asumido y se me está pasando un poco, pero qué disgusto y qué ofensa más grande.

Sí, en ese sillón de mi estudio se sentó una chica muy joven (conozco a sus padres, y a ella la he visto corretear de niña) para pedirme que le hiciera el proyecto de su casa. Venía con el típico papel cuadriculado en el que, como tantos clientes, había dibujado en planta el croquis de su casa. Pero en este caso, a diferencia de los demás, tenía bastante buen criterio arquitectónico y además ella buscaba una "estética moderna".

Me puse muy contento ante esa rareza tan estupenda. Hablamos un rato con entusiasmo. La verdad es que esa casa tenía muchas posibilidades. Le dije que en ese momento no podía darle un presupuesto exacto, que me comprometía a cerrar en una próxima reunión, pero sí que le avancé una cifra aproximada de lo que podrían suponer los honorarios del arquitecto y del arquitecto técnico, y le insistí en que era una cosa muy grosera que habría que afinar, seguramente a la baja.

Aceptó lo que le dije y quedamos en que nos veríamos en seguida. Nunca más volvió a aparecer.

martes, 7 de mayo de 2024

¡Chinita!

Hoy he tenido un "¡chinita!" No es el primero; ni el quinto; ni el décimo. Sí que espero con todo mi ser que sea el último, pero quién sabe.

¡Ch! ¡Ch! ¡Chinita! ¡Chinita! ¡Chinita, ven aquí!

Esta es la forma en que muchos se dirigen a nosotros, y, como en el fondo nos merecemos ese trato, acudimos dóciles como la chinita de la película.

Yo he sido chiniteado cien veces a la cara, por teléfono, por correo electrónico, o -como hoy- por WhatsApp. Os voy a contar cómo ha sido porque lo tenemos tan asumido que a veces no nos damos ni cuenta de la humillación y nos creemos que es una forma correcta de ser tratados. Desde luego, quien se dirige a nosotros no se da cuenta; lo suelta así, como si cualquier cosa.

domingo, 31 de julio de 2022

Contrato menor

He estado unos días de vacaciones, fuera, lejos del sórdido bullicio cotidiano, y en ellos me entró un correo de un ayuntamiento anunciándome que tenía una notificación, pero como en el teléfono no tengo certificado digital ni autofirma (ni falta que me hace) he esperado a llegar a casa para verlo.

Es una invitación a presentar un presupuesto de honorarios, y el plazo termina mañana lunes, así que he preparado mi respuesta a toda prisa. Como quizá os interese el asunto os lo cuento.

(Cambio datos, aunque no los de superficie y presupuesto de ejecución material, e intento disimular un poco para no identificar a nadie).

La notificación dice:

Expediente Tal referencia Tal:

INVITACIÓN
Este Ayuntamiento está tramitando expediente de contrato menor para el dar servicio de contratación para la “Redacción de documentación técnica de dirección facultativa de obra para la construcción de una nueva escuela infantil en la urbanización [la que sea]”.
Les especificamos los aspectos para tener en cuenta en el presupuesto que nos manden:
SUPERFICIE PARCELA: 2140 m2
EDIFICABILIDAD: 1 m2/m2
SUPERFICIE CONSTRUIDA ESTIMADA: EDIFICIO: 1.000,00 m2
PATIO: 400,00 m2
APARCAMIENTO: 350,00 m2
PRESUP. DE EJECUCION ESTIMADO: 1.240.000,00€
Nº DE PLAZAS ESTIMADO: 170 pzas
ORDENANZA DE APLICACIÓN: [La que sea]
Parcela [la que sea]

La oferta económica o declinación de participar podrán presentarla, como establece el artículo 14.2, de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, las personas jurídicas estarán obligados a relacionarse a través de medios electrónicos con las Administraciones Públicas para la realización de cualquier trámite de un procedimiento administrativo (Sede Electrónica del Ayuntamiento de Tal o de cualquiera otro de los Registros electrónicos de las Administraciones Públicas).
En caso de estar interesados rogamos nos remitan su mejor oferta lo antes posible, por tener carácter urgente, se establece como límite máximo para presentación de esta el día 01/08/2022.
* Forma de pago: por transferencia una vez realizada el servicio.
Les adjuntamos Anexo III de Declaración Responsable, para que la envíen rellena y firmada junto con el presupuesto, indicando en la casilla de “ASUNTO”, el número de expediente, referencia y a la atención de la concejalía que corresponda.
Cualquier duda o aclaración que necesiten para ofertar pueden ponerse en contacto con el departamento de urbanismo, en el teléfono tal (y preguntar por Tal). Muchas gracias.

Firmado el concejal delegado de tal y tal.

miércoles, 19 de enero de 2022

Hablo por mí

No hay mes en el que algún compañero (o algún colectivo de compañeros) no saque a la arena del debate la necesidad de que se impongan de nuevo las tarifas de honorarios de los arquitectos. Ante la debacle, el hundimiento inmisericorde de nuestras retribuciones, provocada por insensatos suicidas que apenas pretenden cobrar algo por su trabajo, la profesión clama por unas tarifas justas y equilibradas que sean obligatorias y que garanticen así que podamos afrontar decentemente nuestro trabajo, cubrir nuestros costes e incluso sacar algo en claro de esta profesión que, por otra parte, cada vez se va cargando más y más de obligaciones y de responsabilidades.

Entiendo perfectamente estos clamores, pero no les auguro ningún éxito y tampoco los comparto. No creo que tenga sentido imponer tarifas de honorarios. Pero cuidado, compañeros: No os abalancéis contra mí. Es solo mi opinión; mi desilusionada, desencantada y pesimista opinión. Y solo hablo por mí.

Yo manejé este cuadernito. Ahí estaban las tarifas que teníamos que cobrar como mínimo todos los arquitectos por cada uno de nuestros trabajos. Los colegios les cobraban a los clientes en nuestro nombre y luego nos daban nuestra parte. Era cómodo tener una estructura poderosa que velara por nuestros ingresos. Se decía que eso era una cosa anacrónica y muy paternalista y que la sociedad contemporánea y avanzada no podía permitirla, como si los profesionales fuéramos niños pequeños. Yo os aseguro que vivía muy a gusto bajo esa tutela.

El problema que veo es que se rompió el vidrio y ya no se puede arreglar. En estos años de lucha fratricida nos hemos desgarrado unos a otros, y, todos juntos, lo hemos tirado todo por la borda. Ahora tenemos muchísima más responsabilidad que antes, nuestros proyectos son inmensamente más voluminosos y trabajosos, y cobramos por todo ello bastante menos de la mitad que lo que cobrábamos entonces. Así están las cosas.

Se suponía que el sacrosanto mercado regularía nuestros precios y en seguida se llegaría a una situación de equilibrio, pero no ha sido así. Y yo creo que no ha sido así principalmente porque los arquitectos no somos mercado, sino póliza. Perdón, hablo por mí: Yo no soy mercado, sino póliza.

A ver si me explico:

sábado, 20 de noviembre de 2021

Chusma

No somos la chusma. Somos lo mejor y lo hacemos gratis.
Ernest Hemingway, Islas a la deriva(1)


Hace muchos años leí Islas a la deriva, de Hemingway, y me gustó. No la recuerdo muy bien, pero la frase que he puesto arriba no se me olvida. Esa escena me impresionó. Es al final (penúltima o antepenúltima página). El protagonista, Thomas Hudson, está en una situación muy difícil, tal vez definitiva, y se define: "No somos la chusma. Somos lo mejor y lo hacemos gratis". La frase me gustó muchísimo. Tiene orgullo, honradez, desfachatez y algo así como la conciencia limpia. (Me gustó tanto que ya digo que es prácticamente de lo único que me acuerdo de esa novela tantos años después).

Debía de estar muy tonto con esa frase porque, en pleno frenesí de un proyecto se la dije a Tomás, mi socio: "Somos lo mejor y lo hacemos gratis". Me miró con una expresión inolvidable. Creo que no hace falta que os la describa: Tenía, como siempre, toda la razón. Menos mal que trabajaba con él y que él tenía las ideas mucho más claras que yo. No somos estúpidos románticos ni soñadores melifluos: Somos profesionales y nuestro trabajo vale mucho. (Ah: Y vivimos de él).

Vuelve la frase a mi memoria porque acabo de ver algo que no debería haber visto y que me ha perturbado mucho: He tenido acceso a un proyecto de una vivienda redactado por un arquitecto de un pueblo cercano a quien conozco de referencia y de rebote. En su interior había (por error e indiscreción) la hoja de comunicación de encargo del arquitecto técnico a su colegio, con mención de sus honorarios como director de la ejecución de la obra y coordinador en materia de seguridad y salud.

El doble de esa cantidad me habría parecido aceptable con muchas objeciones: Baja, pero podría haberlo comprendido. Ojo: que estoy hablando del doble. Esto era la mitad.

¿Pero cómo es posible? ¿Pero dónde hemos ido a caer y cómo es que hemos caído tan bajo? La casa tiene garaje y piscina, y todo ello suma trescientos cincuenta metros cuadrados construidos. Es un verdadero casoplón, y el aparejador de la obra, el encargado de supervisar las certificaciones, velar porque sus clientes no paguen ni un céntimo más de lo justo, comprobar las calidades de los materiales y su correcta ejecución, y responsabilizarse (civil e incluso penalmente) de la seguridad de la obra, echándose a sus espaldas los accidentes que ocurran y los desperfectos de acabados, remates, piezas, etc., es quien menos va a cobrar de todos los que intervengan allí. Hasta el antenista, el instalador del wifi y el del videoportero van a cobrar más que él.

Este arquitecto técnico trabaja con el arquitecto; son equipo, y sé que el arquitecto va del mismo palo. No he visto sus honorarios, pero sé que también son ridículos. Menos que ridículos. Inconcebibles.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Bochorno

Desde que nuestras lloradas tarifas de honorarios fueran destruidas y abominadas, a todos nos ha pasado más de una vez que por muy bajos que ofertemos nuestro trabajo siempre damos con un miserable -mal rayo le parta- que se propone como más barato que nosotros y nos levanta el encargo.

Esto me ha hecho pensar más de una vez que qué triste es que otro que pide menos dinero que tú se lleve el gato al agua, pero que aún lo es más que seas tú quien triunfe, porque eso significa que eres el más arrastrado, el más ruin, el más infeliz.
Ahora cualquiera que se quiera hacer una casa (qué digo una casa: y un certificado) da un mínimo de cinco telefonazos a otros tantos estudios y organiza así un miniconcurso exprés de arquitectura en un pis pas: "¿Tú cuánto me cobras?" "¿Y tú?" "¿Y tú?... Y gana el que diga la cifra menor. Si eres el agraciado, inmediatamente te dices que has sido imbécil, que si nadie ha bajado tanto como tú por algo será, que has hecho el primo y que te has estrellado y vas a trabajar mucho por una ridiculez.

Es lo mismo (pero al revés) que pasa en las subastas: Uno puja por un cuadro, una joya, una moneda, pugna con otros interesados y al final se la lleva. ¡Bravo! Pero entonces, inmediatamente, piensa: "¿Por qué nadie ha querido llegar hasta esta cifra?" "¿Habré pujado de más?" Y de repente está seguro: "He pagado demasiado. Esto no vale lo que he ofrecido". Y se arrepiente en el acto.

 -¿Dos mil y pico por ese cromo?

Nuestra profesión se ha convertido en una subasta diaria a la baja, hasta que finalmente cuando conseguimos que nos encarguen algo nos damos cuenta de que hemos sido muy optimistas en nuestras estimaciones de tiempos y de gastos, y de que más nos habría valido perder ese trabajo.
Casi siempre gana algún ser vil y despreciable que se cruza por medio ofreciéndose por una mierda, con lo que nos daña, se daña a sí mismo y daña la profesión y su ya mermadísimo prestigio.

Bueno, pues os tengo que contar con mucha vergüenza que esta vez el ruin, el vil, el miserable he sido yo.