Mostrando entradas con la etiqueta jubileision. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jubileision. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de octubre de 2024

Desde la puerta

Con motivo del Mes de la Arquitectura me llamó el secretario de la Demarcación de Toledo (mi demarcación) del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (mi colegio) para preguntarme si estaría dispuesto a dar una charla. "Por supuesto", le contesté. A bote pronto no tengo ningún pudor. Luego lo pienso y me pregunto qué voy a decir, qué puedo contar que interese. Pero ya es tarde: ya he dicho que sí.

En seguida (a los dos o tres días) me pidió el título para irlo anunciando, y le solté: "Una mirada desde la puerta de salida", pensando vagamente en que podía contar cómo veo la evolución de la profesión en estos treinta y nueve años que llevo colegiado, y cómo la dejo.

Bien. Estupendo. Se le dio la conveniente difusión y finalmente llegó el día: ayer, 15 de octubre, a las 18:00 h.

Con lo del visado digital hacía mucho tiempo que no iba a la sede. (La verdad es que a los de la provincia nos ha evitado un montón de viajes). Me sentí raro, como un turista. Hice fotos.

jueves, 18 de julio de 2024

Reseñas

Qué mal lo pasé cuando mi socio y yo cerramos el estudio y nos fuimos cada uno a nuestra casa: A la angustia de no tener nada de trabajo se sumó el desconcierto de tener que "reinventarme", como me exigía todo el mundo, sin saber hacer nada nuevo ni distinto ni tener ninguna idea de cómo reorientar mi trabajo.

De golpe abrí este blog (para desahogarme), me hice perfil en Facebook y (no tengo la menor idea de cómo) creé en Google el perfil de mi estudio. Vi que estaba asociado al Maps y confié en que cuando alguien buscara arquitecto por la zona me encontraría.

No sé si me encontró alguien, pero si lo hizo tuvo que ser para pedirme un certificado de eficiencia energética u otra chorrada similar (esto merece una entrada aparte), porque los pocos que me han llamado por teléfono desde entonces no me han solido decir cómo me han encontrado. Y, desde luego, las escasísimas casas que he proyectado y dirigido en estos años no me han venido por ahí.

Una cosa que sí he mirado de vez en cuando, con bastante temor, ha sido si alguien me había dejado alguna reseña en ese perfil. Sobre todo clientes antiguos, que sí he tenido bastantes. Tengo la idea de que, a diferencia de con los restaurantes, es difícil que en un trabajo como el mío alguien deje una reseña elogiosa, pues se supone que si todo sale bien era lo esperable y lo obligado, pero que cuando un cliente queda descontento por lo que sea (quizá esto merezca otra entrada) lo expresa por todos los canales posibles.

Además yo soy de los que ante un comentario amable se alegran (como todo el mundo), pero ante una queja se ponen malísimos y pierden el apetito y el sueño. Así que cada vez que veía esto

me quedaba muy tranquilo. Vale; ni para bien ni para mal. Estupendo.

Pero ahora, que, como ya os conté, me jubilo, y no sé cerrar ese perfil, ya me da igual ocho que ochenta (no es cierto: una mala cara me sigue haciendo mucho daño, pero al menos un comentario negativo ya no me va a quitar encargos futuros) y estoy pensando escribírmelas yo mismo desde un perfil ficticio.

miércoles, 12 de junio de 2024

Fiesta y placa

Ya llegan, un año más, incansables y precisas como un eclipse, las fiestas de mi pueblo. En estos días tengo que soportar algún que otro fastidio, porque resulta que tengo el privilegio de que buena parte de los actos se celebran ante (y en) el soportal al que da mi estudio.

En ese espacio, ante mi puerta cerrada, se congrega mucha gente, que hace todo tipo de cosas (algunas bastante desagradables) durante bastantes horas.

Hace unos años, al llegar la fecha, decidí quitar la placa de al lado de la puerta porque pensé que algún idiota podría romperla, pintarrajearla o llevársela, y desde entonces lo vengo haciendo cada vez. En cuanto terminan las fiestas y el soportal vuelve a su rutinaria normalidad vuelvo a colocar la placa.

Hoy ya la he quitado.

Pero he decidido que ya no la voy a poner más.

lunes, 21 de marzo de 2022

Mucho hierro

Querido Luis Ángel:

Quizá debería esperar unas horas antes de escribirte para estar más frío y más tranquilo, pero es que quiero contarte lo que sigue lo antes posible para ver si llego a tiempo de matizar lo que te acabo de decir en persona en mi estudio.

Reconozco que me has pillado por sorpresa. Además de las muchas reuniones que tuvimos cuando hicimos (sí: hicimos) el proyecto de tu casa, hemos tenido otras cuantas, algunas en mi estudio y otras en la parcela, tanto nosotros dos solos como con el arquitecto técnico, el maquinista, el estructurista y el albañil para comentar distintas circunstancias y ver la manera más eficaz de plantear la construcción.

A las dificultades que señalaba el estudio geotécnico se están sumando otras de tipo logístico y económico y estamos poniéndonos todos algo nerviosos. Las soluciones técnicas que yo creo necesarias a ti se te hacen caras. Entiendo que tienes un presupuesto muy limitado, y que el disparate de precios que estamos padeciendo te saca de tus casillas, pero es que está empezando a sacarme a mí de las mías. Estamos teniendo problemas "colaterales" bastante antipáticos y todo se está combinando para que esta obra se me esté haciendo muy cuesta arriba (aunque ya sé que no tanto como a ti) antes de empezarla.

Tú y yo somos conocidos de toda la vida, y creo que si indagara un poco hasta descubriría que somos algo parientes. Siempre nos hemos llevado muy bien, y no quisiera que esta obra envenenara nuestra relación. Me llamas por teléfono en fines de semana, te presentas en mi estudio a cualquier hora y sin avisar, últimamente tenemos conversaciones bizantinas que no llegan a ningún puerto... En fin, una juerga. Y no hemos empezado la obra.

Pero lo de hoy me ha tocado muy dentro. Te he contestado mal y todo. Lo siento. Pero es que te has presentado con un par de recaditos del albañil, a quien veo trabajando en la sombra contra el proyecto y a quien adivino minando nuestra confianza y nuestra paz durante toda la obra.

El primero ha sido la afirmación categórica de que la estructura tiene MUCHO HIERRO. Y el hierro se está poniendo carísimo. Sugiere que quitemos soportes de acero laminado y hagamos muros de carga. He sido tan idiota que te he contestado a bote pronto: "¡Ni de coña!", cuando lo más correcto habría sido decirte que sí, que lo podría hacer y que te prepararía lo antes posible un presupuesto de honorarios por la modificación del proyecto. Por mi parte habría sido mucho más profesional y sereno; desde luego mucho más que el espectáculo lamentable que he dado.

Mucho hierro

Según te lo decía ya me estaba arrepintiendo. Te he hablado de preocupaciones mías que a ti ni te van ni te vienen, del sexo de los ángeles y del perfume de las nubes, en vez de hablarte de euros, que es de lo único que deberíamos haber hablado. Te he dicho que una construcción a base de muros de carga entorpecería bastante la distribución de tu casa, y además las habitaciones te quedarían más pequeñas. Pero lo único que te debería haber dicho es que si el acero se está poniendo por las nubes qué diríamos de los ladrillos. Lo dicho: Tono tranquilo y euros.