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sábado, 6 de febrero de 2021

Tristeza o rabia

No conozco Berlín, y tengo el cliché de que es una ciudad dura, adusta, gris. Fantástica, por supuesto: Una de las grandes ciudades del mundo, llena de historia, y poblada de fantasmas de personas ilustres. Pero la tengo por desabrida y nada amable. (Y eso a pesar de las fantásticas Filarmónica y Nueva Galería Nacional: Solo por ellas ya se justificaría el viaje, y una vez allí hay muchas más cosas imprescindibles y formidables).

En el año 1980, con motivo de la prevista Exposición Internacional de la Construcción de Berlín, que iba a celebrarse en 1987, le encargaron a Álvaro Siza Vieira un edificio de vivienda colectiva que, con otros encargados a otros ilustres compañeros, tenía que formar parte de una propuesta de regeneración urbana, de reconstrucción de zonas degradadas y de densificación. Se construyó para alojar a inmigrantes turcos.

A Siza le tocó un solar de esquina de una manzana del siglo XIX en el barrio de Kreuzberg. El edificio que había estado ahí había sido destruido en la Segunda Guerra Mundial, y casi cuarenta años después seguía la cicatriz. (Se habían levantado unos locales en planta baja, pero seguía siendo evidente la falta del edificio que había cerrado la manzana).

Siza diseñó un cuerpo de siete plantas que trazaba una suave línea curva en planta y otra aún más suave en alzado, donde además se quebraba para coordinar y componer (pero sin igualarlas) las dos alturas diferentes de los edificios colindantes, completando así la manzana con un intento de armonía y suavidad.




El edificio se encuentra en la Schlesische Strasse (Calle de Silesia). Se llama (o se llamó) "Wohnhaus Schlesisches Tor" ("Residencia Puerta de Silesia") por la estación de metro o tren urbano "Puerta de Silesia" que queda al lado, y fue el primero que Siza construyó fuera de su país. (Para ello se asoció con el arquitecto local Peter Brinkert, de quien no soy capaz de encontrar ningún dato más que el de que es coautor de este edificio). Es decir: Fue el primer edificio de su después larga y exitosa carrera internacional.

En aquella época todavía existía en Berlín el oprobioso muro de la desdicha, y este edificio, casi a las orillas del río Spree, lo tenía muy cerca, de modo que desde la azotea se veía bien. Dicen que por eso Siza y Brinkert hicieron esa especie de ojo en la proa: para que los habitantes se asomaran a contemplar. (Pero no era nada digno de contemplar: Por el contrario, era una afrenta a la vida y a la libertad).

No sé si con el edificio a punto de ser inaugurado o ya recién estrenado, un visitante no deseado se coló, se asomó y manifestó su tristeza (y su incivismo) con una pintada: "Bonjour Tristesse", como la novela de Françoise Sagan (cuyo título se inspira en un poema de Paul Éluard) y la película de Otto Preminger, que a su vez es una adaptación de esa novela.


No sé si el bruto sensible y triste sacó el cuerpo por el "ojo" de la fachada (ni siquiera sé si por ese agujero cabe el cuerpo de una persona), pero desde luego no lo pintó en una posición cómoda. La jota de "Bonjour" y todas las eses están al revés. (¿Lo hizo a propósito?).

¿Vio por el ojo el muro y escribió su pena? Desde luego, es un acto vandálico, pero no parece el típico vandalismo común.

Algunos lo quieren bañar de tanto romanticismo lánguido que hasta dicen que a Siza le gustó la pintada y pidió que la dejaran. (Incluso yo pensé al principio que estaba en el proyecto). De eso nada. A Siza le repateó la patochada, pero se estimó que no podría parchearse porque se notaría mucho, sino que habría que volver a pintar toda la fachada: Volver a montar andamios... Un disparate. Y la barbaridad se quedó.

Qué hermoso, qué bonito todo: Buenos días, tristeza. Qué lánguido, qué gris, qué tristura. Pues sí. Es todo una hermosa elegía, una égloga pastoril. Me derrito de sensibilidad.

sábado, 25 de mayo de 2019

Tres abuelas y un tío

Maria Antónia Marinho Leite nació el 25 de mayo de 1940 en una familia burguesa y conservadora. Tuvo una educación religiosa que -como la burguesía y el conservadurismo- la llenó de contradicciones y de inquietudes.
En 1957, con diecisiete años de edad, ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Oporto, donde en seguida destacó como una de las mejores alumnas, si no la mejor, y una de las más díscolas, si no la más. Tenía un talento indiscutible que pasmó a sus profesores desde el primer momento, pero no se dejaba aconsejar ni guiar por ellos, ni se plegaba a las enseñanzas regladas. Al tercer año dejó la carrera, como estaba cantado.


Álvaro Siza Vieira nació también en el seno de una familia burguesa y religiosa, siete años menos un mes antes que Maria Antonia: el 25 de junio de 1933. Su padre era ingeniero y en principio parecía natural que él también acabara estudiando ingeniería.
No obstante, de niño padeció "una primera infección", una amenaza terrible que anunciaba un principio (o al menos un cierto atisbo) de tuberculosis. Así que sus padres lo mandaron al campo, a casa de su abuela, para que respirase aire puro y, más que curarse, no permitiese la entrada a la entonces terrible enfermedad.
En casa de su abuela, por mor de la protección, vivió dos meses prácticamente encerrado en su cuarto, mirando el campo a través de una ventana cuadrada y dejando pasar las horas y los días.
Un tío suyo, soltero y que vivía con los abuelos, le puso a dibujar para matar el tiempo.
En una deliciosa entrevista (aquí la tenéis) se lo cuenta a Anatxu Zabalbeascoa. Ella deduce: "O sea, que fue su tío quien le enseñó a dibujar", y Siza le dice que no, que su tío no tenía ni idea de dibujo, que era un negado absoluto, pero que le puso a echar horas por buscarle alguna distracción, y él acabó aprendiendo a dibujar.
El caso es que esa "primera infección", esa estancia con su abuela y ese tío pesado y férreo hicieron nacer en él la pasión por el dibujo, de manera que años después, cuando le tocó elegir carrera, Siza estaba loco por ser escultor, pero como con eso nadie podía ganarse la vida, y además su padre era muy buena persona y él no quería darle un disgusto, eligió estudiar arquitectura. (En aquella época estudiar arquitectura era algo digno y respetable; casi tanto como estudiar ingeniería).
La opción por la arquitectura fue porque le dejaba una puerta abierta para "contaminarse" de bellas artes y tal vez (solo tal vez) asistir también a alguna clase de dibujo y de escultura.

Allí, en la universidad y en el ambiente estudiantil con inquietudes artísticas, conoció a Maria Antónia (los más próximos la llamaban Totó). Le impresionó mucho su talento indiscutible y brillante, y también su alegría de vivir, su fuerza y su optimismo. Se enamoraron, y en 1961 se casaron.


Totó mostraba una gran libertad personal en una época dictatorial muy dura y muy gris. Dibujaba brillantemente y a la primera, a primer trazo. Empezaba por un extremo del papel y terminaba por el otro, de una vez, a pluma, sin encajar ni planificar. Enlazaba figuras humanas retorcidas que llenaban el espacio y lo hacían bailar y retorcerse. Sus dibujos eran atormentados, tensos, a menudo trágicos.


Totó tenía dos caras contrarias: la luminosa y la oscura, la alegría y el dolor, el optimismo y el pesimismo, la explosión de júbilo y el silencio reconcentrado. Una personalidad bipolar muy compleja.


viernes, 7 de julio de 2017

Me explico:

A David García-Asenjo Llana,
perverso embaucador.

Hay mucha gente tan tonta que se pone a palmotear con entusiasmo ante cualquier chorrada. No ven que les están engañando. ¿Hay que decir que esto es una maravilla? Pues lo digo, no sea que me vayan a tomar por tonto por no aplaudir. Y, claro, eres un tonto por aplaudir.


Te la meten doblada y sigues asintiendo y sonriendo. Pero qué bobo.

Andersen escribió un cuento sobre esto: "El traje nuevo del emperador". Dos sastres sinvergüenzas se ofrecieron al emperador para hacerle un traje con un paño tan excelente y sutil que no lo podían ver quienes tuvieran el alma sucia o fueran estúpidos, sino solamente la gente buena, inteligente y limpia.
Obviamente, los sastres le cobraron un buen dinero y no le dieron traje alguno. Hicieron el paripé de mostrarle un traje invisible. Y a ver quién era el guapo que reconocía que no lo veía. En la corte unos por otros hicieron como que sí lo veían, ya que cada uno pensaba que él era el único que no podía apreciarlo, e incluso elogiaron su belleza.
Finalmente el rey quiso lucir el traje ante su pueblo y todos también decían verlo, excepto un crío que gritó: "¡El rey va desnudo!"
Al escuchar al niño, que no podía ser sucio ni perverso, sino que era la inocencia misma, todos terminaron por reconocer la estafa de los sastres.

Ese espíritu del niño que hace abrir los ojos a los estúpidos se ha extendido a muchos superhéroes que, como los de la Marvel o la DC, velan por nuestra seguridad y por nuestra integridad. Estos benefactores están siempre atentos a desfacer entuertos y a desenmascarar a los estafadores.

Hay pintores que hacen pintarrajos y pánfilos que creen que esos cuadros les gustan. ¡A por ellos!
Hay poetas que escriben sin rima ni medida, y estúpidos lectores que leen esos poemas y dicen que están muy bien. ¡Zasca!
Hay músicos que componen sin tonalidad ni melodía. ¡Qué asco!
Hay arquitectos que... ¡A muerte! ¡Asquerosos! ¡Destructores del paisaje! ¡Hijos de puta!

Y así todo.

-Te dicen que la tierra es redonda y te lo crees. ¿Lo has comprobado? ¿Has medido su curvatura?
-No, pero...
-¿Ves? Te han engañado.
-Pero mi hermana vivió unos años en Chile y cuando hablábamos por teléfono eran horas distintas. A lo mejor aquí era de noche y allí era de día.
-Ya, claro, ¡pero qué crédulo! ¡La tierra es plana, leches!

Igualmente algunos creemos en las vacunas. Nos han hecho creer que son eficaces. Somos idiotas.
Y también creemos en la quimioterapia, en la física, en la geometría. ¡Paparruchas! ¡Cómo nos engañan!
Hay una confabulación mundial para creer esos disparates y a la vez negar las virtudes de la homeopatía o de la aromaterapia. Menos mal que una valiente presentadora de televisión recomendó oler limones para prevenir el cáncer.

Los superhéroes, los valientes, los lúcidos son muchos, pero el daño es mucho mayor, inabarcable. El grueso de la sociedad seguimos admirando el no-traje del emperador. Cuánto queda por hacer. Qué misión más ardua. Verdaderamente es un océano de despropósitos en el que los héroes pueden, todo lo más, secar algunas gotitas. Qué desesperación, qué impotencia.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Siza x Siza. Segunda parte

El otro día nos quedamos bajando al gran salón de actos para asistir a la presentación formal y solemne del libro Siza x Siza editado por la Fundación Arquia y cuyos autores son Carlos Seoane y Juan Rodríguez.
Pues bien: Cuando llegamos allí ya estaba casi lleno, así que nos repartimos por donde pudimos, más bien atrás.
El ambiente era muy diferente del de hacía un momento: Mucha gente, y los protagonistas muy lejos.

Fotomontaje cutre con fotos que no casan,
para hacernos una idea.

La megafonía no funcionaba demasiado bien, pero nos enteramos del discurso.
A los que habían intervenido en el prólogo se sumó ahora Rafael Moneo, y al director de la Fundación Arquia le sustituyó el presidente. Anatxu Zabalbeascoa actuó como moderadora de la mesa redonda.
El acto se transmitió, y por lo que sé tuvo bastante seguimiento.
(Me comentaron que a Siza y a Souto, que hablaban en el perfecto y límpido portuñol que dije antes,  y a quienes se les entendía perfectamente, en la transmisión les pusieron una traductora).

Siempre me fijo en lo que no es. Ahí delante hay grandes
sabios hablando y yo distraído mirando estas cosas.

Gotas sueltas:

* David Cohn dijo una cosa interesante: que Siza crea formas sin seguir la geometría euclidiana, sino la sensibilidad del lugar. (Esto me pega con lo que dijo Souto de los gatos tumbados al sol).
* Algunos nos fijamos en que mientras los demás hablaban Siza no hacía más que dibujar. Luego dijo que era muy inseguro cuando afrontaba un proyecto, y que dibujaba para ir aclarando dudas y descubriendo caminos y posibilidades. "El dibujo es muy rápido. No tengo otra base intelectual".
* Moneo dijo que era curioso que a estas alturas de la vida Siza hubiera escogido, como resumen de toda su trayectoria concentrada en sólo seis proyectos, dos de sus primeras obras. Eso demuestra que desde el primer momento toda su obra tiene coherencia y continuidad.
* Una de las obras elegidas, es decir, de las más queridas por Siza, es precisamente de esas primeras. Es el barrio de la Malagueira, en Évora, y a Siza le gusta mucho que con los años haya ido cambiando. Está formado por viviendas muy básicas, que han ido sufriendo (o disfrutando) los cambios hechos por los usuarios. Dijo que era muy hermoso que cada vecino pudiera ser arquitecto de su casa. Moneo dijo que eso era posible porque el diseño inicial era muy abierto y lo permitía. 
* Siza dijo que hay que defender el papel del arquitecto, que hoy está amenazado.
* Anatxu Zabalbeascoa dijo que siempre pregunta a los arquitectos si al proyectar un edificio piensan cómo se va a limpiar, así que preguntó eso sobre la obra de Siza. Moneo salió a desviar la pregunta hablando de cosas más "transcendentes", pero Souto sí entró al trapo explicando que acababan de terminar un museo los dos, y que un diseño de una barandilla había sido así para permitir que se limpiara bien la escalera y la pared. También se habló de que en sus famosas piscinas las mamparas de madera de los vestuarios no llegan hasta el suelo para que éstos se puedan limpiar de un manguerazo.

martes, 24 de noviembre de 2015

Siza x Siza = Siza2

El viernes 20 de noviembre la Fundación Arquia presentó su libro Siza x Siza, cuyos autores son Carlos Seoane (texto-entrevista) y Juan Rodríguez (fotografías).
Para el acto de la presentación-homenaje la Fundación nos invitó a algunos privilegiados no sólo al acto en sí, sino a la rueda de prensa previa.
Como, sea por lo que sea, fui invitado en calidad de prensa (o de lo que sea -qué gustazo sería aparecer con un sombrero y con la acreditación en su cinta, y qué poco valor tengo para estas cosas-), y el medio para el que trabajo es Arquitectamos locos?, creo necesario hacer aquí la reseña del acto. Pero comoquiera que este medio es un poco así, pues haré la reseña también un poco así.

Un grupo de avezados reporteros quedamos previamente a comer a la una y media.

Fila de la izquierda: Lorenzo Barnó, Susana Gallego, José María Echarte y yo.
Fila de la derecha: Raquel Martínez, Enrique Parra, Isa, Jimena y Alberto Alonso.
(Miguel Villegas llegó tarde, pero llegó. No sale en la foto).

De entre todos nosotros parece surgir un poderoso líder.



Enrique Parra había dado el día anterior una conferencia sobre arquitectura y videojuegos, y yo creí durante todo el tiempo que ese casco era suyo; que lo había llevado a la conferencia y que hoy lo traía de coña. Pero no: Era parte de la decoración del sitio, y no pegaba nada porque el resto eran libros gordos y como antiguos encuadernados en piel. Me enteré cuando al irnos le dije que se dejaba el casco.

Yo iba cargado desde casa (y para todo el día) con el tocho de Souto de Moura de GG, con la esperanza de que me lo firmara. Sí: cada uno a nuestra manera somos frikis.

La comida fue muy divertida, y ya sólo por eso había merecido la pena apuntarse al plan del día.

Llegamos a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fuimos a la rueda de prensa. Era una sala en la tercera planta. Antes de entrar, vimos a Suoto sentado, tomándose un café con leche y hablando en inglés con un hombre que estaba de pie.
-Ahí lo tienes. Dile que te firme el libro -me dijeron mis amigos.
Efectivamente, cuanto antes mejor.
Saqué el libro de la mochila y me puse respetuosamente detrás del hombre que hablaba con Souto. Pero, en vez de terminar e irse este señor, se le sumó otro, y siguieron hablando los tres tranquilamente.
Souto me vio y se apiadó de mí. Me hizo una afirmación con la cabeza y un gesto para que me acercase. Tomó el libro, lo apoyó en la mesa, me dijo que pesaba mucho y me preguntó mi nombre en un portuñol perfecto. (Yo diría 85% español y sólo 15% portugués. O sea, que se le entendía divinamente).


Buscó la página en la que aparece el título (su nombre), que aprovechó para que quedara incluido en la dedicatoria y me escribió: "Para José Ramón c/ un abrazo de EDUARDO SOUTO DE MOURA", y debajo su firma (legible: SMoura) y Madrid015.
Al ver cómo apretaba toda la dedicatoria en el borde superior de la hoja, dejando todo el espacio de abajo libre, durante un momento pensé lo mismo que me dijeron luego mis amigos:
-¿A ver? ¿A ver? Joder, te podría haber hecho un dibujo.
Ya veis cómo el ser humano es insaciable e ingrato.

miércoles, 7 de mayo de 2014

And the winner is...

Acabamos de enterarnos de que el frepstiguioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes ha recaído en el frepstiguioso arquitecto Frank Gehry.
Creo que Gehry es un arquitecto que empezó haciendo cosas muy interesantes y que, como todos los arquitectos-estrella, ha terminado banalizándose y autocopiándose. Vamos, lo normal.
Pero esto ahora no viene al caso.
Pienso en la supuesta utilidad social que puede tener tal competición de egos. Y en el papel (un tanto desangelado) del "arquitecto ganador". También me interesaría saber con qué criterios se hacen esas cosas. Hombre, está claro que prima la relevancia social y el forofismo antes que cualquier otra cosa. (Pero eso pasa en este premio, en el Nobel y en todos).
Puestos ahí, en la palestra, con sus virtudes al aire, para ver a quién se escoge como vencedor, dan un poquito de grima.

Uno de esos concursos más o menos culturales que hace Tele 5.
(El presentador parece que ya ha elegido ganador).

En RNE han dado la noticia, y han dicho que Gehry se suma a la lista de arquitectos que han ganado el Príncipe de Asturias, como Niemeyer, Moneo o Foster. No pretendía ser una lista exhaustiva: El locutor los ha citado como a vuelapluma. Se le ha olvidado Calatrava (supongo que voluntariamente) y Oiza (supongo que ni lo conoce).
Lo primero que he pensado es en lo ensordecedor que era el silencio del nombre del valenciano, y en lo desubicado que estaba el navarro en esa lista de glamurosos.
Lo segundo que he pensado es en cómo se podría estructurar y articular el discurso de la arquitectura contemporánea ensartando estas figuras como cuentas de un collar: Niemeyer-Oiza-Calatrava-Foster-Moneo-Gehry (por orden de concesión del premio). Un poco caótico, ¿no?
Si vemos la lista completa también nos parece caótica, y no entendemos nada. O sí. Entendemos que esto es otra cosa. Y que no podemos pretender que sea lo que no es.
Contamos, para empezar, con que en estos premios los españoles llevan un plus. Naturalmente. De seis arquitectos mundiales tres son españoles. ¡Nos ha fastidiado! ¡Que inventen los Premios Príncipe de Beukelaer si quieren premiar a arquitecos beukelaerenses!
La composición del jurado, y la meliflua redacción del acta nos hacen pensar (una vez más) en el discurso automático y en las cabezas vacías. (No lo digo en el sentido de que los miembros del jurado sean bobos -por el contrario, son enormemente listos- sino en que, al parecer, la arquitectura no les interesa especialmente, y en que es un tremendo marrón explicar algo que no tiene fuste, y la cabeza se les queda horra de ideas ante el compromiso de a ver qué coño dicen).