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martes, 2 de junio de 2026

Todo cuanto te rodea

Tras darse un garbeo por la Feria de Nuestra Señora de la Salud el pasado viernes 29 de mayo, discutiendo probablemente de metafísica, y a lo mejor probando algún producto típico de la tierra, fermentado o destilado, que les ha debido sentar mal, tres jóvenes se han subido a sendas columnas y han orinado ante y hacia la Puerta del Perdón de la mezquita de Córdoba.

Lo primero que se me ocurre es que su situación fenomenológica no les ha impedido trepar ahí, cosa que me parece dificilísima, ni, lo que aún me parece mucho más meritorio, bajarse los pantalones (uno de ellos, según vemos, solo se ha bajado la bragueta) y encontrarse el elemento (aunque también parece que solo se lo ha encontrado el de la bragueta, obviamente el más hábil, centrado y ecuánime; según se ve, los otros dos han dejado fluir la cosa como saliera).

Los tres metafísicos y la mezquita

Uno piensa, emocionado, que ambas cosas son puro patrimonio de la humanidad, pura base y estructura de toda nuestra existencia: por una parte una mezquita asombrosa, construida en 786 por Abderramán I y ampliada sucesivamente, y por otra la alegría desatada de la juventud. ¡Ay, juventud, divino tesoro! ¡Qué chisposos los muchachos!

jueves, 11 de julio de 2019

San Manuel Bueno, mártir (y energéticamente eficiente)

La novela San Manuel Bueno, mártir tiene un argumento triste y descorazonador: Trata de un párroco, Don Manuel, que hace escrupulosamente su trabajo pero ha perdido la fe.

Es consciente de que puede llevar paz y conformidad a los dolientes, de que puede dar una última esperanza a los moribundos y a sus familiares, consolándolos con la promesa de una vida eterna en un mundo feliz tras este tan doloroso, pero él mismo no se lo cree. Lo sigue haciendo porque ayuda a los demás, pero él está cada vez más angustiado.

Víctima de un escepticismo insoportable, se obliga a ser un "buen profesional", a cumplir con su deber, a hacer todo lo que se espera de él.

El propio Miguel de Unamuno se retrata, porque él mismo estaba deseando creer en Dios, pero en el fondo de su ser sabía que no creía. De ahí emana su enorme monumento Del sentimiento trágico de la vida.


¿Os suena esto de algo? ¿Hacéis certificados de eficiencia energética de viviendas y locales? Yo sí, y me siento exactamente igual: Los hago, intento convencer a los indignados pagadores de que son útiles, pero yo mismo no me los creo. He perdido la fe.

Y, sin embargo, y para los ridículos honorarios que me pagan, los intento hacer lo mejor que sé. No sé por qué. No es por sentirme un buen profesional, desde luego, porque todo esto es una monumental estafa.

Los dueños de una casa están intentando venderla o alquilarla y les dicen que para ello tienen que contratar a un técnico para que haga el certificado de eficiencia energética de esa vivienda.

-¿Y eso qué es? -preguntan.
-Tenéis que hacerlo -les contestan.

Y llaman a alguien. A veces a mí.

-Buenos días. ¿Es usted el arquitecto?
-Sí -siempre me sorprende lo de "el".
-Es que tengo que hacer un... un... de mi casa... un... una cosa energética.
-Sí, sí. Un certificado de eficiencia energética.
-Eso. ¿Y cuánto me lleva por hacerlo?

Se lo digo. A veces me dicen que sí y quedamos. Y a veces me dicen que ya veremos y no me vuelven a llamar.

Cuando voy a la vivienda y empiezo a medir, los propietarios se me pegan y me acosan a preguntas:
-¿Y esto para qué sirve?
Y a afirmaciones:
-Esto es un sacacuartos.

Yo les digo que sirve para tal y para cual y que no es un sacacuartos, sino algo muy útil. Pues bien: tienen razón. Verdaderamente es un sacacuartos y verdaderamente no sirve para nada.

martes, 27 de octubre de 2015

En la biblioteca de Jorge Oteiza

Mi ya remota tesis doctoral trataba sobre la influencia de Frank Lloyd Wright en Mies van der Rohe pasando por De Stijl. Hacía notar cómo el maestro americano descompuso la caja constructiva en planos que se proyectaban más allá, rompiendo el volumen y haciendo que el espacio fluyera. Esto influyó notablemente en los holandeses y de ahí a Mies y a su Pabellón en Barcelona.
Hasta ahí parece obvio. (Aparte de la comunión de ideas hay un documentado tráfico de aprendices y de arquitectos consagrados que lo demuestran).
Algo más aventurado era sostener que con ese espacio fluyente y esa caja descompuesta se termina componiendo otra nueva caja, pero vacía. (Museo Guggenheim, Neue Nationalgalerie...).
Una vez explicado eso, ahí va el rimbombante título de mi tesis:


El tramo final, la conclusión de todo, tenía como punto fuerte una interpretación del espacio vacío, y ahí eran imprescindibles los físicos del siglo XX y Jorge Oteiza. (Simplificando más de lo permisible, podríamos decir que los diversos puntos de vista confluyen en la idea de que el vacío no es algo previo al espacio, sino una cierta conclusión de este, una colección de referencias, y se produce como ausencia elocuente).
Para colmo, en la conclusión ponía en relación a Oteiza con Unamuno.


No quería contar esto, pero era necesario exponerlo brevemente para que entendáis que yo necesitaba enviarle la tesis a Oteiza.
(Por otra parte, me parece mentira haber dedicado trescientas páginas y algunos años a exponer lo que queda contado ahí arriba en unas pocas líneas).
Jorge Oteiza: ese ser mitológico que se agarraba unos cabreos tremendos y rugía como un león. Jorge Oteiza: el monstruo capaz de arrancarle los higadillos a cualquiera que osara molestarle, pero a la vez capaz de emocionarse hasta las lágrimas al ver a un niño jugando.
Jorge Oteiza: personaje de los Hermanos Grimm o de Oscar Wilde, encerrado en su casita, sin querer ver a nadie y, al mismo tiempo, deseoso de que los estudiantes fueran a verle, encantado siempre con la juventud y anfitrión legendario.
Era el ogro y el príncipe, el gigante y el ruiseñor, todo en uno. (Dependía de cómo lo pillases).

Cartel que Jorge Oteiza tenía colgado en la puerta de su taller,
agobiado por tanta gente que quería conocerlo.

Sé que es un rumor, pero yo llegué a escuchar que cuando su amada Itziar se moría sin remedio Oteiza salió al pasillo del hospital enarbolando una pistola para recabar la atención urgente de los médicos y de los enfermeros. Vale, será un rumor, pero todos lo creímos.(1)
También sé que alguna vez iba algún grupo de estudiantes a verle y les recibía alborozado, les trataba como un padre (o abuelo, o bisabuelo) amantísimo y se tiraba charlando y riendo con ellos hasta las tantas.

En todo caso, yo tenía muchas ganas de mandarle mi tesis, y al mismo tiempo me daba mucho apuro molestarle, importunarle, haber utilizado su obra, su nombre y su pensamiento para argumentar quién sabía cuántas idioteces. Se iba a enfadar.
Así estuve años. De verdad. Años. Tenía su dirección apuntada en una agenda, y de vez en cuando lo pensaba, pero no lo hacía.
De repente un buen día, sin pensarlo más, cogí el ejemplar que tenía destinado para él, le quité el polvo de los años, lo empaqueté junto con una nota respetuosa y se lo mandé.

A los pocos meses hubo una exposición en la Fundación COAM sobre Oteiza y la Arquitectura, y uno de los organizadores me dio noticias suyas. Me dijo que Oteiza le había encargado que me diera muchas gracias por el envío, que le había gustado mucho y que estaba entusiasmado con que le hubiera comparado con Unamuno. Pues si Oteiza estaba encantado con todo eso imaginaos cómo me quedé yo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Arquitectura y Caos

Acabo de leer una buena frase de Rem Koolhaas en el blog de Cosas de Arquitectos. El titular dice: "La arquitectura por definición es una aventura caótica". La frase completa no la copio para que así les hagáis una visita a estos chicos, que lo merecen, (Clicad aquí: Frasecica).
Hacer arquitectura es coordinar aspectos que en principio no son coordinables, y es dar cancha a muchas solicitaciones diversas.
Estoy de acuerdo con lo que dice Koolhaas, sólo que yo utilizaría como conclusión (y titular) prácticamente la contraria: La arquitectura es una aventura que siempre lucha contra el caos.
¿Que pierde? Vale, también nosotros, todos, nos pasamos la vida luchando contra la muerte y al final perdemos. La vida es una enfermedad mortal, y la arquitectura es una aventura caótica que acaba naufragando en el caos. Sí, de acuerdo. Pero es un naufragio extraordinario, fruto de la convicción de que se puede y se debe luchar.


Eso es lo que le da gracia y sentido a la aventura. Sentimos trágica, unamunianamente, la vida. Tenemos miedo a morir, a desaparecer sin dejar nada, a dejar de ser. Pero por eso mismo nos aferramos a la vida y la disfrutamos. Si no muriéramos nunca no tendría sentido nada; todo sería un aburrimiento.
Por el mismo motivo, si nuestro mundo fuera un ente ordenado no habría por qué hacer arquitectura, ya que nos vendría todo dado, y cualquier chabolo (o cualquier montón de trastos) colocado y dispuesto de cualquier manera sería armonioso y bello, útil y funcional, y sus proporciones, dimensiones y características varias serían siempre gratas.
Pero no es así. La entropía es una puñetera. (Es una puñetera y al mismo tiempo una estimuladora y una entusiasmadora. Es la que nos hace saltar de la cama todas las mañanas y lanzarnos a la lucha diaria).
El Otro poema de los dones, de Jorge Luis Borges, comienza así:

Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar
con un plano del laberinto,
[...]

El universo es un inextricable (y divino) laberinto de causas y efectos, pero el ser humano jamás renunciará a soñar con un plano del laberinto, y a trabajar duramente para dibujarlo.
Tal vez en muchos siglos sólo sea capaz de cartografiar un par de giros o recodos, pero no se desanimará ante el ingente trabajo que le queda, sino que celebrará haber reconocido esos dos giros, y estará siempre dispuesto a descifrar el siguiente, aunque le lleve otro milenio.
Esa es la condición humana.
En arquitectura, no sólo una obra tiene que luchar contra mil dificultades, y no triunfa nunca completamente y casi nunca parcialmente, sino que las pocas veces que sale más o menos airosa se levanta en medio de un entorno hostil. (¿Cuántas veces hemos ido en peregrinación a ver una obra mítica y nos la hemos encontrado casi tapada por un concesionario de coches o por un restaurante de comida rápida, que los fotógrafos de arquitectura evitan hábilmente?). Ya no es que no podamos hacer una buena obra de arquitectura: Es que no podemos cambiar el mundo.
Y sin embargo seguimos.
He puesto antes un enlace al concepto "entropía" de la wikipedia, y me ha sorprendido (y agradado especialmente) que la palabra proceda del griego "evolución" o "transformación". Yo ya sabía que era una medida del desorden, y que era una energía que no produce trabajo, una energía inútil, una gaita. Y además significa la irreversibilidad de los procesos y, en definitiva, la tragedia de la vida (El Sentimiento Trágico de la Vida). Pero lo que no me esperaba (pero, por lo demás, es obvio) es que eso mismo fuera la evolución o la transformación.

martes, 19 de junio de 2012

Entrevistas más acá: Antoni Gaudí

Me complace comunicar a los lectores de este blog que he contratado a la gran medium internacional Doña Leucemís Cacatuídae López de Berruguete (alias Sita Chloe), que me ayudará a establecer contacto con los más grandes arquitectos de todos los tiempos.

Para ofrecerme una prueba de sus poderes, y esta vez completamente gratis, me ha puesto en contacto con Don Antoni Gaudí i Cornet. No me lo esperaba, y no tenía nada preparado. Así que, entre esta imprevisión y el susto que he pasado, apenas he acertado a preguntarle cuatro tonterías.
Prometo que en la próxima entrevista estaré más agudo.

La Sita Chloe se ha aferrado a su bola de cristal y ha empezado a balbucear resultados de la Eurocopa. Después se ha agitado, ha temblado, se ha sacudido, y ha sido literalmente poseída por Don Antoni. (Me he dado cuenta cuando le ha empezado a salir una barba blanca).


ANTONI GAUDÍ.- Qui és? Qui em molesta?
ARQUITECTAMOS LOCOS?- Buenas tardes, Don Antoni. Perdóneme. Soy un apasionado admirador de su obra… de la seva obra… y quería charlar con usted.
AG.- No té res més a fer? Qué be! Anem a molestar el Antoni!
(La cara de la Sita Chloe se viene a primer plano y la de Gaudí se desdibuja. Es ella la que habla ahora:)
SITA CHLOE.- ¿Quiere usted la versión doblada al castellano?
AL?- Sí, por favor.
AG (Ahora con la voz y los tics de Jordi Pujol).- ¿Qué pasa? (Arg, arg). ¿Qué quiere usted, joven? (Arg).
AL?- En primer lugar, manifestarle mi más profundo…
AG.- Sí, sí. (Arg, arg). Vale. (Agitando la mano como para espantar una mosca). Está bien. (Arg).
AL?- ¿Qué tal está usted en el cielo?
AG.- Divinamente, divinamente. [A partir de aquí suprimo los "arg, arg" y las descripciones de los tics]. Estoy a la derecha de Nuestro Señor Jesucristo. Bueno, no justo a su derecha, sino un poco... ¿cómo le diría?... como hacia el suroeste. No sé, es que allí no es como aquí. ¡Y a menos de cien metros de Dios Padre! Un lugar muy bueno, muy bueno. Con muchas vistas.
AL?- ¿Tiene noticias de la arquitectura que se está haciendo ahora en el mundo?
AG.- No hijo. Ni que fuera una cosa tan importante. Como si no tuviéramos otras ocupaciones allí arriba. Tan solo sigo, muy por encima, lo de mi canonización. Claro; es que eso me haría ganar bastantes puestos.
AL?- Naturalmente. ¿Sabe que el Papa consagró hace poco el Templo de la Sagrada Familia?
AG.- Ah, sí. Sí. Me hizo mucha ilusión.
AL?- A mi juicio se lo han destrozado.
AG.- No, hijo, no. Si está muy bien... Si yo ya sabía que no podría acabar esa obra, que otros la continuarían. Un arquitecto es solo un instrumento...
AL?- Ya, pero es que lo que han hecho...
AG.- ¡No quiero hablar de eso! ¡No quiero! ¡Humildad! ¡Caridad! ¡Santa Paciencia! ¡Lalarááá! ¡La, la, laláááá! ¡Bulabulabulabula!
AL?- Cálmese, por favor. Cálmese. ¿Y el Barça? ¿Le gusta el Barça?
(Ni sé por qué he preguntado eso).
AG.- Pues sí. Esas cosas allí se siguen mucho; ya ve. Cuando yo morí... ¿Sabe que me atropelló un tranvía?
AL?- Sí. Claro. Todo el mundo lo sabe. Escribí un relato sobre eso.
AG.- Ya. Muy malo. Hay que ver cómo aprovecha todo el mundo para meter sus ridículas cuñitas. "Escribí un relato; escribí un relato".
AL?- Perdón.
(¿Me pregunta que si sé que le atropelló un tranvía y luego me dice que conoce mi relato? ¿Qué clase de lógica tiene esta gente ectoplasmática?).
AG.- Pues cuando morí aún no se había desatado esa pasión por el fútbol que hay ahora. Pero una vez arriba, como tengo tan buena localidad, me he ido aficionando. Además, allí hay muchos piques. Y estos últimos años con el Pep Guardiola lo he pasado muy bien.
AL?- Me gustaría comentarle una cosa que siempre me ha estado dando vueltas en la cabeza. Precisamente su último día de trabajo, el del atropello, usted se despidió de los operarios diciéndoles que al día siguiente harían cosas "muy bonitas". Ese calificativo, "bonito", no se suele emplear en arquitectura. Queda un poco demasiado... ingenuo. O simplón. Yo creo que su obra no es "bonita", sino mucho más. Algo muy importante y muy fuerte, muy por encima de la belleza. ¿Qué es para usted la belleza?
AG.- Me deja usted de piedra, joven. ¿Es que ahora los arquitectos prefieren hacer cosas feas? Las obras tienen que ser bellas para alabar a Dios y a la Santísima Virgen María. Es el pequeño homenaje que les podemos hacer.
AL?- Sí, claro. Pero su obra tiene rasgos tan potentes, es usted tan tremendo, tan poderoso, que algunos de sus adornos y detalles no le hacen ningún bien, e incluso quedan un poco kitsch.
AG.- ¿Me ha sacado del paraíso para insultarme?
AL?- Perdón, perdón. Lo siento mucho. Yo no quería...
AG.- Sepa usted que quien hace kitsch de mi obra son los turistas, que no se enteran de nada. Yo trabajaba con mucha intensidad, incluso con mucho sufrimiento. Yo dormía en la cripta de la Sagrada Familia, y apenas comía un puñado de nueces. No tenía ni tiempo para comer. No tuve tiempo para crear una familia, para frecuentar amigos, para nada. Solo trabajaba y trabajaba, intentando encontrar la forma digna. Sí, digna. Digna de Dios, digna de la ciudad, digna de la sociedad. En eso no había fin, ni descanso, ni solución.
Y ahora los turistas se hinchan a hacerse fotos sonriendo delante de mis obras, sin enterarse de nada, sin comprender nada. ¡Y con mis obras hacen baratijas de todo a un euro!

(Se saca esto de un bolsillo y lo pone con desprecio sobre la mesa, diciendo: "Es un sacrilegio, una burla").

AL?-Bueno. Hay que reconocer que solo las obras cumbres pueden alcanzar ese éxito. El éxito es siempre un poco kitsch, porque vulgariza la obra.
AG.- Ah, será eso. Si usted lo dice... Yo siempre he dicho: "La belleza es el resplandor de la verdad, y como que el arte es belleza, sin verdad no hay arte". Me importa mucho la belleza porque me importa la verdad, porque mi obra busca la verdad y es verdad. Y es de verdad. De verdad. De verdad. ¿Entiende? Mi familia era de caldereros. Yo aprendí el oficio. Esas rejas y esos elementos de hierro que gustan tanto son fruto del calor y del trabajo. El metal se deforma, pero esas deformaciones que sufre no son mentiras. Son fruto del trabajo intenso, de los golpes, del calor abrasador. De la verdad del sacrificio. No son formas caprichosas, sino búsquedas de la verdad. Y la piedra; la piedra de Montserrat, la piedra tallada a golpes de cincel, pulida, abujardada... Trabajo, hijo mío. Trabajo y lucha, y todo en aras de ofrecimiento a Dios y a la sociedad humana. ¿Es eso mentira? ¿Es eso kitsch de ese que usted dice? ¿Sabe por dónde puede meterse usted al kitsch y a los turistas?

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cristiano Ronaldo y El Sentimiento Trágico de la Vida

Estos días están sonando mucho unas declaraciones del futbolista-ciclista Cristiano Ronaldo. Tras su último partido le preguntaron por los ya habituales abucheos y silbidos del público, y dijo: "Será porque soy guapo, rico y muy buen futbolista. Me tienen envidia".
Claro que sí, hermoso. Claro que sí, machote.


Tiene toda la razón:
Primero.- Es guapo. Pues sí. Es guapo. Mucho. Su belleza natural se ve además aderezada por habilísimos y cuidadísimos arreglos capilares, y por exquisitos pendientes. Se diría que sus dos preocupaciones metafísicas son su aspecto físico y sus ferraris. Yo hasta ahora he sido siempre heterosexual, pero es que este hombre...
Segundo.- Es rico. Pues también. Debe de ganar más de veinte millones de euros al año (por decir algo), que es bastante más de la media de lo que se viene ganando por aquí. Pero es tan rico porque la gente, incluso la que está en la más precaria situación económica, se gasta unos eurillos en el fútbol y en adquirir algunas de las chorradas que anuncia. Por lo tanto, puesto que toda la sociedad estúpida le entrega una parte de sus mermados haberes, es lógico que este hombre ejemplar se vaya cargando de oro.
Tercero.- Juega muy bien. Eso nunca lo he tenido claro. Es un tipo muy hábil; eso es indiscutible. Y está muy ágil. Pero, haciendo un deporte de equipo, se entretiene demasiado en su lucimiento personal. Si puede dar un pase rápido al hueco no lo hará: Es más chuli hacer dos o tres bicicletas. Pero, vale, concedamos que juega bien al fútbol.
¿Y?
¿Esas tres cosas son tan envidiables? ¿Ser guapo? ¿Tener mucha pasta? (Que nunca gastará en libros de Schopenhauer) ¿Jugar muy bien al fútbol?
Parece ser que sí. Parece ser que esas son las tres metas ideales de todos los jóvenes del planeta. Pues vaya.
Pues vaya planeta.

sábado, 21 de mayo de 2011

Las manos (1)

Iba a escribir una cosa sobre la Mano Abierta de Le Corbusier cuando he pensado que antes tendría que explicar algo sobre las manos. Empiezo por este "Las manos (1)" y ya veremos hasta dónde llego. Supongo que serán tres entregas. (Tres es un buen número).
Antes de empezar declaro que, como no soy arqueólogo, ni paleontólogo, ni nada-ólogo, ni le debo disciplina ni obediencia a nadie, me permito tomar todo lo que el mundo y la historia me ofrecen, de gratis y sin dar explicaciones, para construir hipótesis heterodoxas. Es la ventaja de no ser académico y de no tener que rendir cuentas.
(No obstante, lo que sigue está en deuda con el súper heterodoxo Oteiza (siempre) y con el Giedion de El Presente Eterno: Los Comienzos del Arte. Pero los entiendo a mi manera).

Empecemos:

Imaginad una escena de hace unas decenas de miles de años: Unos cazadores vuelven a su cueva arrastrando una pieza que han cazado (o cargando con ella). La llevan para alimentar a su clan. Vienen llenos de barro y de sangre, jadeando, exhaustos.
Al llegar a la cueva uno de ellos se apoya en la pared. Apoya su mano ensangrentada para descansar unos segundos, para tomar aire. Al retirarla, ve la marca roja de su mano. Ve su mano impresa en el muro de la cueva.


(Qué momentazo. ¿Qué os imagináis que sentiría?)
Yo me imagino que reconoce su mano. Tarda unos segundos en entenderlo: Ahí está su mano. Ahí está él.
¿Qué hará a continuación? Eso no me cuesta nada imaginarlo. Lo veo con toda claridad. Toca la piel del animal muerto, sus heridas abiertas, para volver a mancharse la mano de sangre. Y la planta en la pared una vez, y otra, y otra. (¿Habéis visto a algún niño pequeño con un sello de caucho?).
Se ve de pronto poseedor de un poder mágico. Es capaz de representarse a sí mismo en el espacio. Es capaz de señalar su "Fulano estuvo aquí" y de reconocerse. Se apodera del plano de la pared, y se apodera del espacio interior de la cueva. "Este soy yo". Es un afán de representación, de expresión, de llenar el espacio con la huella de uno mismo.
En ese "Fulano estuvo aquí" que vemos escrito en los monumentos (y en los retretes) de todo el mundo hay el mismo afán de perpetuidad que en las manos ensangrentadas.
(Ni que decir tiene que, una vez conocedor del procedimiento, el artista no necesita hacerlo con sangre, y prueba otros pigmentos más duraderos).

(También comprobamos que aunque el espeleólogo de la foto parece querer imitar el gesto con la mano izquierda, las manos impresas son derechas. Si había la misma proporción de diestros y zurdos que ahora, y todo parece indicar que sí, es más normal imprimir la mano derecha que la izquierda).
Esta es la primera fase del arte: expresivo y trágico. No quiero morir. No quiero que me olviden. Si me muero, quiero que quede una huella de mí, un recuerdo, un "José Ramón estuvo aquí". ¿No es esto todo el arte y toda la actividad humana? ¿No es esto este blog? ¡Yo, yo, yo! El Sentimiento Trágico de la Vida. ¿Qué más le da a la Torre Eiffel y a la humanidad entera que Fulano la visitara el 29-4-2005? Y, sin embargo, ahí están los miles de graffiti: "Fulano, 29-4-2005" (o lo que sea). (Tomo como ejemplo la torre Eiffel porque nunca he visto más en ningún otro sitio).