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lunes, 16 de septiembre de 2024

Melancolía III

Una tarde Fullaondo nos habló en clase del Poliedro de la Melancolía de Durero, y lo hizo como si ya lo conociéramos. Yo conocía a Durero, claro, pero jamás había visto ese grabado ni ese poliedro. Lo proyectó en la pantalla y nos explicó un problema proyectual muy interesante.

Su amigo Antonio Fernández Alba estaba haciendo el Tanatorio de la M30 de Madrid y le encargó un diseño para el patio central que actuaba como lugar de encuentro y distribuidor a las distintas salas.

Antonio Fernández Alba. Tanatorio de la M30, Madrid
Patio distribuidor central a las salas

Le pidió que diseñara algún símbolo que evocara la muerte y pudiera servir de consuelo, de motivo de reflexión, de punto de atención, etcétera. Pero había una condición importante: el tanatorio era aconfesional y el símbolo o la alegoría que diseñara no podía formar parte del imaginario de ninguna religión.

miércoles, 3 de enero de 2024

Tintinismos y otras filias

A mis ilustres compañeros Francisco
Gómez de Tejada
y Jaume Prat, porque
saben y están en el bando correcto. 


Estamos rodeados por grupos irreconciliables, fanáticos y terribles: concebollistas y sincebollistas, colacaístas y nesquikistas, paellistas y arrozconcosistas, solotildistas y solonotildistas... Se pertenece a uno o a otro con pasión y fiereza fundamentalistas, y, naturalmente, no solo con exclusión absoluta del otro, sino con la convencida negación de que en el otro pueda haber escondida ni siquiera alguna remota virtud.

Nos encanta pertenecer a un bando y restregárselo por la cara a los del otro, con la firme convicción de que están equivocados. Eso nos refuerza más en nuestra verdad. Ya lo he dicho: es puro fundamentalismo.

Yo me reconozco concebollista (perdón, Pumares), colacaísta ("hace grumos"; "pues que los haga"), arrozconcosista (la auténtica paella valenciana está de muerte, pero por aquí le ponemos chorizo y ohlàlà ohmygod) y empecé siendo solotildista pero me estoy quitando poco a poco (y eso es raro, porque uno pertenece irreductiblemente a un bando hasta su muerte).

Pero también hay grupos más tolerantes y enfrentamientos más amistosos, o al menos menos cruentos. De entre estos casos se me ocurre como el más claro y nítido el de los tintinistas y los asteriquistas.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

No te mueras

A Ángela Hernández y Jesús Ángel Izquierdo
(hERiZO arquitectos), que están planeando también el viaje,
con mi deseo de que lo hagan cualquier año de estos



No sé desde cuándo soñaba con conocer Ronchamp; supongo que desde que con diecisiete años entré en la escuela de arquitectura y fui abducido por el entusiasmo.

Entonces era un sueño casi imposible, como otros cien mil. Pero hace unos siete u ocho años se convirtió en una idea realizable, o al menos acariciable. Lo que pasa es que en mi casa no solemos ser decididos. Todo se alarga incomprensiblemente (y porque mi mujer tira de mí, que si por mí fuera no movería un dedo nunca).

La primera idea fue ir en coche desde casa, llegar hasta Lyon, ver La Tourette (en Éveux, al lado de Lyon), seguir hasta Ronchamp y dar la vuelta. (Y, ya puestos, hacer esta por Marsella y ver la Unité).

Iba a ser una odisea de un montón de días, y mi mujer, muy sensata, me dijo: "Hernández, el coche está bastante cascado y puede que nos deje tirados en la campiña francesa, deliciosa cuando se recorre en un automóvil ágil y fiable y con la cabeza y el espíritu libres de preocupaciones, sí, pero amenazante e incluso procelosa cuando el anciano vehículo se niega a seguir jadeando".

viernes, 5 de agosto de 2022

Querido maestro:

(Permítame que le siga llamando así, aunque, ya próxima la terminación de mi carrera profesional, no haya realizado jamás un solo trabajo digno de que se me pueda llamar discípulo suyo). 

El año pasado, a mis sesenta y uno de edad (tres más de los que vivió usted), supe con gran alegría que le iban a hacer una exposición en la Delegación de Vizcaya del COAVN. La comisariaba Joaquín Lizasoain, otro arquitecto admirador de usted y de su entorno. (Su tesis doctoral se titula El muro de Oteiza, y seguro que le habría gustado mucho).

Tenía todo preparado para ir a Bilbao a verla con mi mujer (que le manda recuerdos) cuando un problema familiar nos impidió hacer el viaje.

Pero este año (yo ya con sesenta y dos) la ha hecho el Instituto de Arquitectura de Euskadi, y la ha hecho muy bien, con mucho cariño y mucho cuidado, y ahora ya sí que la hemos podido ver.

La sede del instituto es el antiguo convento de Santa Teresa, un lugar estupendo en la zona vieja de San Sebastián, a dos pasos del Museo de San Telmo, en el que han montado una de Oteiza y Chillida. Están ustedes tres casi juntos. (Recuerdo que usted decía que las exposiciones había que verlas de dos en dos. Pues figúrese esta vez).

sábado, 23 de octubre de 2021

Madre de Dios

A David García-Asenjo y a todos los
que tienen su constructiva paciencia.


He visto en twitter este clip de vídeo (clicad aquí) y después este otro (aquí) y me he quedado bastante desazonado.

Por si no se ven los enlaces que acabo de poner, o se pierden, os cuento lo que dicen:

Un simpático presentador de televisión (de la televisión pública del estado español, que gozosa y orgullosamente sostenemos con nuestros impuestos), ataviado de camisa cocheada de colores y de sonrisa irresistible, guapo y potente él, pone una foto de un edificio estrafalario -una iglesia- y se escandaliza con sus alegres contertulios de semejante insulto a la inteligencia y a la sensibilidad humanas.

Y, como debe ser en todo programa televisivo desenfadado que se precie, hay un descojone cruzado, total, exuberante, ante semejante despropósito.

Primer clip:

-Vamos a Francia. Atentos a esta "capillita" de territorio francés. El arquitecto dijo: "Yo quiero diseñar algo que no haya diseñado nadie", y, oye, ha triunfado, porque nadie ha diseñado algo tan feo como eso.

Así dice el presentador, y su gallinero cacarea de risas y de comentarios sobreabundantes. (Uno protesta tímidamente y dice que no es feo, pero se queda solo). Se escuchan risas.

El líder, crecidito, añade:

-Yo creo que el cura cuando (no entiendo el verbo, porque le pisan) la iglesia dijo: "Al arquitecto esto no se lo perdona Dios ni con sesenta padrenuestros ni con ochenta avemarías".

Segundo clip:

-...el arquitecto que ha hecho esto, porque Madre de Dios.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El espacio trampa

A Nao Casanova (@NaoCasanova),
que nos contó esto en Twitter y que
cuenta muchísimas cosas interesantes.
Muchas gracias.


El día 11 de noviembre de 2020 Nao Casanova escribió este tuit:

No había oído hablar de un Eruv en mi vida, y me pareció una trampa bastante estúpida: ¿No creen los judíos que Yahveh es todopoderoso y omnisciente? ¿Y pretenden engañarlo con esa chorrada? No sé: No me cuadra. En mi escéptica sesera me llaman mucho la atención dos cosas: La primera es que alguien crea en un dios tan puñetero (con perdón) como para ser capaz de promulgar esos mandatos, capaz de prohibirte treinta y nueve cosas cotidianas en shabat (entre ellas atar poleas acanaladas, unir o separar dos hilos y transportar un objeto o a una persona de un lugar privado a uno público o viceversa), y la segunda es que piense que con un truco tan tonto como colocar un hilo delimitando un barrio lo va a engañar.

¿No creen que Yahveh es todopoderoso y omnisciente? ¿Y entonces cómo piensan que esa chorrada lo va a confundir? Estas cosas de las religiones siempre me han llamado la atención.


Pero, pasando por alto (que ya es pasar por alto) que ese mandato de no poder llevar ni un mechero, ni unas llaves, ni a un bebé en brazos cuando se entra a la sinagoga en shabat me resulta de todo punto incomprensible y no se me ocurre qué puede pretender Yahveh con ello, creo que -hecha la ley, hecha la trampa- una vez aceptada tal cosa está muy bien lo del Eruv: Es mucho más sutil y coherente de lo que parece a la primera. Con un hilo delimito un espacio, con una línea virtual señalo un lugar y lo hago mío. Mejor dicho: lo hago nuestro. Son todos los miembros de una comunidad judía quienes ceden parte de su privacidad al resto. Yo consiento en que mi casa quede dentro del Eruv y así te permito que entres y salgas de ella como tuya (simbólicamente, claro); y lo mismo haces tú con tu casa para que entre yo (simbólicamente, por supuesto). Y cada uno con la suya, y con la sinagoga, y con la calle, y con el parque.

Ese tonto hilo del Eruv tiene en sí toda la fuerza de la comunidad. No el hilo en sí como material, sino la delimitación que señala cuando se le tiende de poste a poste. (Es en cierto modo como lo de la princesa Dido fundando Cartago con una piel de buey).

Eruv en Seattle, WA, EE.UU.

Eruv en Nueva York, NY, EE.UU.

viernes, 18 de octubre de 2019

Nueva Forma

Hoy voy a aprovechar mi blog para hacer un llamamiento a todas las personas de bien que os pasáis por aquí de vez en cuando e incluso lo leéis.

Entre mis múltiples frikadas (manías, extravagancias...) está la de coleccionar la revista NUEVA FORMA.

Mi colección, por ahora, es esta:


(Sí: Ya sé que tengo que adecentar esos revisteros, diseñar una etiqueta para tapar esa lomera, pero lo debería hacer cuando la ubicación de las revistas en ellos fuera definitiva y, por lo tanto, cuando acabe la colección; es decir, nunca).

Os pongo aquí los números que tengo (sombreados en salmón-ocre) y los que me faltan (con fondo blanco) para que si tuvierais a mano alguno de estos últimos os pusierais en contacto conmigo inmediata y urgentemente. (Mi correo es arquitectamoslocos@gmail.com).


Obviamente, admito preferentemente regalos, pero también os propongo intercambios o incluso (¡ay, Señor!) compras (a precio de arquitecto contemporáneo, se entiende).

Como veis, el primer número que tengo es el 12. Antes nada. Y ya del resto voy bastante bien  servido excepto un puñado de números al final. Por el centro el 39 es el único agujero que tengo.

Bueno, pues esta entrada ya está. Lo dicho: Si tenéis alguno de los que me faltan o conocéis a algún arquitecto mayor (lo digo por las fechas de la revista) que por jubilación o por aburrimiento quiera desprenderse de su biblioteca decídmelo.

Muchas gracias.

viernes, 7 de junio de 2019

L-C (o "porque lo digo yo")

Una figura puede servir para esquematizar los estratos áticos de Le Corbusier: la misma que se usa para trazar la cifra del "5". Una línea que, empezando a dibujarse como un cuadrado, acaba dibujando un círculo; que, empezando con una línea quebrada convexa, acaba en una ondulación cóncava; y viceversa, desde cualquier posición en que se la tome: es esa figura la que aparece cada vez que Le Corbusier firma con sus iniciales: "L-C", el cuadrado y el círculo, el ángulo recto y el arco.
Josep Quetglas
Les Heures Claires


Alguna vez ya lo he dicho, y las que volveré a decirlo: Creo fervientemente que la crítica es una actividad creativa. A mí me parece obvio. Seguro que a vosotros también y todo lo que sigue sobra. Pero aun así tengo ganas de escribirlo. Paciencia.

Una obra de arte permanece viva en tanto que nos toque la sensibilidad y el intelecto; en tanto que nos hable a nosotros, a cada uno de nosotros. Si no nos dice nada habrá muerto como obra de arte: Quedará como testimonio histórico, como objeto anecdótico o como yo qué sé, pero ya no será arte porque el arte está abierto al ser humano y de su interior sigue manando energía.

Por eso mismo, aunque ya se hayan escrito miles de tratados sobre tal pintor o sobre tal poeta o sobre tal obra, siempre es posible que yo aporte mi versión y pueda decir algo nuevo (si es que sé) y, sobre todo, que sea capaz de llevar la contraria al gran profesor Fulánez de Tal y sean válidos a la vez lo que dice él y lo que digo yo.

La crítica es interpretación y creación, y pueden ser una interpretación y una creación personales con una sola condición para que sean válidas: que sean interesantes. Que sean divertidas, o excitantes, o provocativas, o gamberras, o emotivas. Que construyan. Que nos construyan. Que me muevan a volver a ver esa obra con una nueva mirada. La obra no solo no se agota con cada nueva visita y con cada nuevo disfrute o con cada nueva diatriba, sino que eso la hace seguir viva y ser cada vez más rica.

La historia es otra cosa: El historiador tiene que dar el dato preciso. Tampoco la obra se agota; siempre se puede aportar un nuevo documento, o relacionar dos que hasta ahora no se habían relacionado. Eso da nuevos conocimientos sobre la obra. Son conocimientos ciertos.

La crítica, sin embargo, me parece que no aporta un nuevo conocimiento objetivo sobre la obra, sino una nueva opinión y una nueva interpretación por si nos puede servir. (Si me permitís la expresión, un nuevo "conocimiento dinámico") Porque la crítica, como queda dicho, es productiva y nos mueve a actuar.

De la historia valoro si es verdad o mentira. De la crítica si es útil o inútil.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La lección del maestro

Hoy quiero hablaros de los maestros: las grandes personas a quienes admiramos y a quienes deseamos escuchar porque pensamos -porque sabemos- que tienen algo importante que decirnos. Ellos han descubierto el secreto (de lo que sea) y deseamos que nos digan algo, que nos dediquen un gesto, una palabra (incluso enigmática) para que rumiemos y rumiemos cada detalle y saquemos enseñanzas valiosísimas. 
Maestros hay muy pocos. Una persona que verdaderamente merezca ese nombre es un tesoro rarísimo, y hay que mimarlo y venerarlo.

Para nosotros Jorge Oteiza es un maestro. Yo estuve un par de veces a punto de conocerlo, pero finalmente la cosa no salió porque... porque patatas. (No removamos el asunto, que aún me resulta muy doloroso).
Sin embargo, ese Oteiza mayor, con barba apostólica y gesto impresionante, fue también una vez un joven tímido en busca de maestros.

Se había ido a Sudamérica en 1934 (con veinticinco o veintiséis años(1)) y allí le sobrevino la guerra civil española y se quedó. Malvivió entre Bolivia, Colombia, Argentina y Chile.
En el año 1937 (con veintiocho o veintinueve años(1)), el joven escultor estaba en Buenos Aires muy desanimado y muy perdido: La guerra en España, su impotencia allí, sin dinero, con muchas dudas como creador... Estaba realmente en unos momentos muy bajos.
En ese momento llegaba Pau Casals a Buenos Aires para dar un concierto benéfico para los niños que habían salido de España. El maestro tenía sesenta años(2) y estaba en la cumbre de su carrera.
Oteiza no era muy aficionado a la música clásica ni tampoco especialmente al arte de Casals, pero este gran artista, en ese preciso lugar y en ese momento, era una referencia para el joven desorientado.

Retrato de Pau Casals por Ferdinand Schmutzer.
Tarjeta dedicada a Oteitza.

Casals, además de como artista, era admirable por su valor político y cívico y por su generosidad.

Oteiza lo llamó al Hotel Plaza y él le concedió una cita.

Tal como lo cuenta el escultor se nota su nerviosismo al llegar al hotel, su timidez y también el valor trascendental que le daba a ese encuentro. Nos habla de cómo desde recepción llamaron al maestro para anunciarle la visita, y que él dijo que podía subir. Lo veo paleto, cohibido, bruto (se sorprende y admira por la mullida alfombra). Subió callado con el ascensorista hasta uno de los pisos más altos. Al llegar, este le dijo lacónicamente: "Al final", y lo dejó solo. (Sí: Oteiza nos dice que el ascensorista lo dejó solo. ¿Qué quería, que saliera con él del ascensor y lo acompañara hasta el final del pasillo?)

Avanzó tímidamente por el corredor, en silencio (nos vuelve a decir que iba solo) y muy despacio. Comenzó a oír el violonchelo, que le condujo hasta la puerta de la habitación. Ante ella no se atrevió a llamar. El maestro estaba tocando y él no podía interrumpirlo. Se quedó escuchando, extasiado y con los ojos cerrados.
Cuando Casals terminó, Oteiza aún permaneció unos momentos sin atreverse a llamar. Por fin lo hizo y el músico le abrió la puerta, sonriente.

-Pase, joven.

lunes, 29 de octubre de 2018

Si sale con barbas...

Nota previa: ¿Qué haces cuando ya tienes casi escrita una entrada en este blog y al irla puliendo en el repaso final te enteras de datos nuevos y te das cuenta de que estabas equivocado (o ahora crees que lo estabas)? Pues supongo que modificar la entrada y redactarla según lo que crees ahora, ¿no? Pues no. No me sale. Ahora veo, gracias a un dato aportado por la Fundación-Museo Jorge Oteiza, que la anécdota que pretendía contar tiene mucha más profundidad de lo que pensaba, y necesitaría que la contara un investigador más serio que yo, que soy un indocumentado sin ningún peso académico ni solvencia alguna. No obstante, la publico de todas formas. Me contradigo y corrijo sobre la marcha, y cambio de opinión en el punto donde me he enterado del dato nuevo. Dejo los hilvanes sin rematar por si le pueden valer a alguien que sepa y quiera.

(Dicho lo cual, voy con mi entrada):


Seguro que todos conocéis el proverbial dicho de aquel tallista de imágenes religiosas que sobre ser muy malo era de muy buen conformar y muy despreocupado: "Si sale con barbas, San Antón; y si no, la Purísima Concepción".

Es una frase muy reconfortante y consoladora, muy digna de aplicar a todos quienes nos equivocamos y, pretendiendo hacer una cosa, hacemos otra. Santa y bella frase que deberíamos grabar y tener muy a la vista en nuestros lugares de trabajo.

Traigo esta bella divisa hoy aquí para contaros que Jorge Oteiza estaba haciendo el retrato de Ramón Laborda, sacerdote abertzale, estimable tenor y creador de coros y grupos de danza, y sin quererlo le salió el de Juan XXIII.

Jorge Oteiza: Retrato doble de Ramón Laborda y Juan XXIII 

Estaba Oteiza enfrascado con Ramón Laborda y todo el que lo veía le decía: "Caray, Jorge, qué bien te está quedando Juan Veintitrés. Es que está clavado".

Ramón Laborda y Juan XXIII

Él protestaba: "Que no, leche. Que es Ramón Laborda". A lo que le contestaban: "¿Y quién es Ramón Laborda. Ese es el Papa".

Así que el autor, resignado -también él veía que el retrato le había salido mal y tiraba mucho al cardenal Roncalli-, lo acabó titulando como retrato doble.

jueves, 11 de octubre de 2018

Fragilidad

En clase de Fullaondo hicimos una sólida amistad Juan Pablo de Bidegáin, Marta Buenaventura, Juan Torres y yo.
Una vez terminada la carrera nos seguimos viendo, pero, lo que son las cosas, cada vez menos.
Tuvo que morirse Juan Pablo a principios de este año para que los otros tres volviéramos a quedar. Y la verdad es que, después de tantos años (gracias otra vez, Juan Pablo), lo hemos tomado con cierta seriedad y estamos juntándonos a comer cada tres o cuatro meses, que no está nada mal. Esperemos que la costumbre arraigue y se consolide.

Ayer tocó, y Marta nos dijo que, después de llevar un tiempo queriendo hablar con Paloma (la viuda de Fullaondo) se había enterado de que había fallecido hace poco. Naturalmente, Juan y yo no sabíamos nada y nos quedamos muy tristes.
Le teníamos mucho cariño. Siempre se portó muy bien con nosotros, como su marido.

Volvimos, como siempre, a evocar aquellos tiempos lejanos de cuando éramos primero estudiantes y después incipientes profesionales, en los que seguíamos en contacto con ellos. Tantas historias, tantas bromas, tantas batallitas. Tantos compañeros, tantas maniobras buenas y malas de unos y de otros, tantos dimes y diretes, pequeñas intrigas y grandes generosidades. Me imagino que lo normal, lo de todo el mundo, la vida de cada uno. Sí, ya, pero es que esta es la mía y me toca muy dentro y me conmueve.

Les conté que la última vez que estuve en contacto con Paloma fue a cuento de haber ido con Ochandiano a conocer la calle de Juan Daniel Fullaondo en Madrid. Nos fotografiamos bajo las placas con su nombre y le mandamos las fotos a Paloma. Siempre tan amable, tan cariñosa, nos agradeció el gesto y nos deseó lo mejor.

Les dije a mis amigos que estaba terminando de leer este libro (lo saqué de la mochila y se lo mostré):


Ya en casa por la noche lo acabé. Todo cuadra, así que lo fui a terminar justo unas horas después de haberme enterado de la muerte de Paloma.

El libro es magnífico, pero no estoy ahora para hacer una reseña de él (o tal vez sí, pero de otra manera).

lunes, 1 de enero de 2018

El lomo de mi tesis

Dedicado a los cinco amigos que menciono
al final. Muchas gracias, majetes.


A veces (demasiadas) utilizo este blog para desahogarme y limpiarme de mis múltiples mierdas y vosotros sois tan pacientes como psicoterapeutas, y además sois gratuitos. Perdonad que abuse una vez más de vuestra paciencia para quitarme de encima otra espinita justo al empezar el año.

El caso es que para algunos asuntos me considero inteligente, pero para otros soy el más tonto del mundo. Por ejemplo, para lo burocrático soy de lo que no hay. En ningún curso de la ETSAM conseguí matricularme bien: Un año no había rellenado bien las asignaturas, otro había olvidado poner la cuenta bancaria (la de mis padres), otro había escrito lo que no era y donde no era... El caso es que todos los años, TODOS, o aparecía en una lista oprobiosa de torpes o incluso recibía una cartita para que me pasara por secretaría a corregir lo que fuera. Parece una exageración, pero lo digo completamente en serio: Ni una sola vez hice bien  la matrícula.

Esta actitud tiene un efecto perverso, y es que a la hora de cumplimentar cualquier trámite ya sé de antemano que lo voy a hacer mal, y entonces leo las instrucciones nervioso, o me salto párrafos... Y acabo autocumpliendo mi autoprofecía: "Me va a salir mal"; "lo voy a hacer mal". Y me sale mal.

Hace ya muchos años que he entrado en una espiral sin solución.

Bueno, pues os quiero contar hoy una de mis innumerables meteduras de pata. Que no son sólo eso, meteduras de pata, sino humillaciones, penas, vergüenzas, amarguras y arrepentimientos.

Cuando me disponía a presentar mi tesis doctoral, conociendo esta deficiencia mía me informé con todo cuidado sobre cómo tenía que encuadernarla. En la secretaría de doctorado me dieron unas normas que -de verdad que sí- estudié a fondo.
Con todo lujo de detalles se indicaba qué tenía que poner en la portada. Lo repasé todo mil veces para no olvidar ningún detalle ni poner ninguno de más.

Mi tesis doctoral, que os recuerdo que podéis descargar si
queréis clicando el icono de arriba a la derecha de este blog.

Universidad, escuela, título de la tesis y después "tesis doctoral", mi nombre y mi título ("arquitecto") y la fecha. (La presenté en 1991 y la leí en marzo de 1992). Todo ello en letra negra sobre fondo gris.
La única frivolité que me permití fue escribirlo todo con la tipografía de Van Doesburg, que tenía importancia en mi tesis. (Bueno, si a eso vamos también la tenía la de Frank Lloyd Wright, pero no me atreví a dibujar en vegetal todo eso con la letra de Wright. La de Van Doesburg era mucho más fácil). Hasta me compliqué la vida pensando cómo poner las tildes sin desvirtuar mucho el modelo del holandés, que no las tenía.

A ese nivel de paranoia estaba.

Bueno, pues en ese nivel de paranoia leo en las instrucciones que "en la parte superior del lomo se inscribirá el número de la escuela técnica superior", y luego una lista en orden alfabético en la que a Arquitectura le correspondía el 03.

lunes, 9 de octubre de 2017

La Ola

Jorge Oteiza. La Ola. 1998. MACBA, Barcelona.
Aluminio patinado y pintura de poliuretano.
4,15 m x 3,40 m x 7,70 m

Grabé tu nombre en mi barca. Me hice por ti marinero
para cruzar los mares surcando los deseos.
Fui tan feliz en tus brazos, fui tan feliz en tu puerto
que el corazón quedó preso de tu cuerpo y de tu piel.


Como una ola tu amor llegó a mi vida;
como una ola de fuego y de caricias,
de espuma blanca y rumor de caracolas;
como una ola.

Grabé tu nombre en mi barca.

Y yo quedé prendida a tu tormenta;
perdí el timón sin darme apenas cuenta.
Como una ola: Tu amor creció
como una ola.


Bajé del cielo una estrella en el hueco de mis manos
y la prendí a tu cuello cuando te dije "te amo".
Pero al mirarte a los ojos vi una luz de desencanto;
me avergoncé de mi estrella y llorando me dormí.

Como una ola tu amor llegó a mi vida;
como una ola de fuerza desmedida.
Sentí en mis labios tus labios de amapola
como una ola.

Y me escapé contigo mar adentro
sin escuchar las voces en el viento.
Como una ola se fue tu amor;
como una ola.
                                                  José Luis Armenteros y Pablo Herrero



NOTA.- Las fotografías del estado actual de La Ola están obtenidas del blog Tot Barcelona.