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lunes, 14 de abril de 2025

La aciaga sinceridad

Lester Young era un raro caso entre los músicos de jazz: había estudiado música y sabía leer los papeles sin ninguna dificultad. Era de familia de músicos, y para él fue natural aprender violín, trompeta y batería ya de niño.

En sus primeras actuaciones juveniles tocaba la batería, pero se cansó muy pronto de ella porque, cuando terminaban de tocar, él tenía que quedarse recogiendo el engorrosísimo instrumento mientras sus compañeros se iban libres. Así que se decidió por el saxo tenor. Era incluso más sencillo que el clarinete, y pensó que no le supondría demasiado esfuerzo hacerse con él. Y acertó. No solo se incorporó como principal saxo tenor a la famosísima orquesta de Count Basie, sino que queda en la historia como uno de los más grandes de todos los tiempos.

La orquesta de Count Basie acompañó a Billie Holiday en algunas colaboraciones esporádicas. Ahí la conoció Young, pero después siguió acompañándola en distintas ocasiones y con distintos músicos, y grabó algunos discos con ella. En esas obras Young era quien más y mejor la acompañaba, y llegaron a hacerse inseparables. Podemos distinguir entre las canciones de Holiday en las que está Young (con sus complejos y elaborados solos) y en las que no está.

martes, 14 de octubre de 2014

Charlie Parker, el genio atormentado.

Lester Young, uno de mis grandes ídolos (y por aquel entonces el de Charlie Parker), era el saxo tenor solista de la orquesta de Count Basie, que por esa época grababa un disco al mes con la Decca.
Charlie compraba cada disco en cuanto salía. Solamente le interesaba el solo de Lester, que (Basie lo sabía mejor que nadie) era obligatorio en cada pieza que tocara la orquesta.

Lester Young en la orquesta de Count Basie. Lady Be Good. No quisiera perder el hilo de mi relato, 
pero, por favor, escuchad el solo de Lester Young desde 0:41 hasta 2:02.
Aparenta una enorme facilidad y despreocupación. Es puro oficio, pura técnica y pura sabiduría armónica.
(Por cierto: El batería es Jo Jones, quien le tiró el platillo a Charlie Parker).

Charlie tenía los surcos de los solos (especialmente el de Lady Be Good) rayados y desgastados. Los escuchaba constantemente y los tocaba ya de memoria.
Dos músicos amigos y benefactores de Charlie le consiguieron un trabajo de verano en los Ozarks. Era en una orquesta de baile, no muy exigente técnicamente, pero en la que iba a aprender el oficio.
Para tocar en esa orquesta (como en cualquiera) había que saber leer las partituras, porque el director podía aparecer cualquier día con una obra o un arreglo nuevos y, aunque fueran muy sencillos, había que tocarlos a la primera.


Sus dos amigos le enseñaron a "leer los papeles", y también le daban clases diarias de armonía. Se pasaba el día estudiando y practicando, y por la noche tocaba con la orquesta en la sala de fiestas. Le enseñaron las tríadas mayores y el ciclo de quintas. Era algo muy aburrido y mecánico, pero Charlie notaba que eran las piezas que le faltaban para que, por fin, le encajara todo.
También sus amigos escuchaban con él los solos de Lester Young. Ponían los discos a poca velocidad, y aunque los solos se escuchaban demasiado graves, se apreciaban perfectamente los vibratos, los trinos y todos esos matices de tono (susurros, cánticos, parrafadas...) que hacían que la música fluyera como si Lester te estuviera contando una historia.
Charlie aprendió a relajar las mejillas como Lester, a conducir la columna de aire desde la boca de su estómago hasta el extremo de la campana del saxo, y a empujar con la garganta, con la tripa y con el culo.
Charlie tocaba con músicos mucho menos importantes que su admirado Lester Young, pero competentes y muy profesionales. Aprendió cada gesto, cada truco. Charlie, que jamás había tenido profesor, ahora tenía varios a la vez. Y los aprovechó.
Su febril trabajo de siempre no sólo mantuvo la intensidad, sino que la acrecentó, porque encontraba tesoros en cada momento, en cada tresillo, en cada punteado, en cada nota tenida.

En 1939, con diecinueve años de edad, ya era un músico muy bueno; tan bueno que se fue a Nueva York y se presentó en el club donde estaba tocando el celestial Art Tatum para que le contrataran. Le contrataron, sí, pero como lavaplatos. (No habían sido esos sus planes exactamente, pero al menos disfrutó cada noche de la música del gran pianista).

No hace falta seguir con más detalles. A estas alturas ya supondréis que con ese talento natural y ese concienzudo y feroz trabajo iba a llegar muy lejos. En efecto: A partir de 1940 empezó a destacar y tuvo una ascensión fulgurante. Llegó a ser uno de los grandes. Llegó a tocar y a grabar con Lester Young, pero eso, que podría parecer una meta, fue sólo el principio. En muchos aspectos superó a su ídolo.

jueves, 9 de octubre de 2014

Charlie Parker, el sabio ignorante

Aprovechando la gran alegría que me han dado últimamente Anatxu Zabalbeascoa y Luis Fernández Galiano, y también las cuatrocientas mil visitas al blog y el nuevo descenso en el ranking de blogs de ebuzzing, me apetecía hablar otro poco de jazz, que es un tema que tengo muy abandonado.
Estaba en estas cuando mi amigo Pedro, que me lee el pensamiento, me ha puesto un guasap: "¿Para cuándo una nueva entrada sobre música en tu blog?". Qué tío. Qué talento. Pues para ahora mismo:

Charlie Parker fue el músico de jazz que todos tenemos en mente: Pobre, negro en un mundo racista, sin padre, sin educación... (y drogadicto, y muerto muy joven...). Tiene todas las condiciones, todas las connotaciones y todos los etcéteras que se os ocurran para perfilar el personaje maldito de cualquier historia de jazz.
Aloja en sí todas las evocaciones, todos los sueños, todas las historias. Fascinó a Julio Cortázar (si no habéis leído "El Perseguidor" dejad de leed esto ahora mismo, dejad de hacer cualquier cosa que estéis haciendo y lanzaos a leerlo) y a Clint Eastwood (si no habéis visto Bird dejad de leed esto ahora mismo, dejad de hacer cualquier cosa que estéis haciendo y lanzaos a verla).
(Cortázar no quiere ceñirse estrictamente a Parker y en su relato se inventa un personaje, pero es Parker. Además dedica el cuento a Ch. P., in memoriam. Eastwood, por el contrario, en su película es perfectamente biográfico y documental).
No competiré con Cortázar ni con Eastwood (no me gusta abusar), pero os apuntaré un par de cosas para que quienes no conozcáis demasiado a Charlie Parker le empecéis a amar.


Su pobre madre, haciendo un milagroso esfuerzo, le compró el saxo alto más barato del mundo, de cuarta o quinta mano (y boca), muy estropeado. Las llaves no cerraban bien, las zapatas cuarteadas dejaban escapar aire, y muchos mecanismos no funcionaban.
Con el instrumento lleno de gomas elásticas y de celofán, y con sus zapatas chorreando agua, el niño Charlie lo hacía sonar.
(La madre, por su parte, colaboró haciéndole al saxo una funda con tela de almohada a rayas azules).
Nunca tuvo un profesor. Nadie le enseñó la digitación correcta, que además en ese saxo era imposible, pues mientras que, por ejemplo, con los dedos índice y corazón de la mano izquierda cerraba las llaves 1 y 2 para hacer un La como mandan los cánones, con el meñique tenía que sujetar una varilla o tapar un hueco que se abría inopinadamente.
A falta de otros juguetes y distracciones, pasaba horas y horas tocando el saxo. Con su oído prodigioso sacaba todas las canciones que conocía, y con su instinto y afán juguetón las adornaba y enlazaba.
Tenía una gran memoria y una gran intuición, y le bastaba escuchar cualquier canción en el aparato de radio de un vecino para tocarla exactamente igual.
Con esa formación autodidacta, y capaz ya (según él) de tocar todas las canciones del mundo, escuchó a Lester Young en el Reno Club de su ciudad, Kansas City, y se quedó fascinado. Fue varias veces a escucharle. Se llevaba su saxo, y mientras le oía iba repasando con los dedos (sin aplicar la boca) las posiciones de todas las notas que daba Lester, sin fallar ni una. Y eso es un prodigio, porque Lester Young era uno de los músicos más hábiles y pasmosos de la época.
Después, cuando podía, se quedaba a ver y a escuchar la jam session, en la que el maestro tocaba de manera informal con los músicos locales y con otras estrellas que estaban allí de paso como él, con esa mezcla irreproducible de reto, compañerismo y chulería.
Charlie pasó meses repitiendo una y mil veces las piezas que le había escuchado a Lester Young, y al cabo de ese tiempo se atrevió por fin a participar en una jam session. (Ya sin Lester Young). Fue en el club High Hat. Se puso a la cola con los demás aspirantes y esperó su turno.
Subió al escenario, esperó la entrada que le daban los acordes del piano y empezó a tocar con precaución, buscando el momento del solo. Se metió en Body and Soul, tocó un coro completo y al siguiente trató de doblar el tiempo. A continuación el pianista hizo algo que él no entendió: algo tan sencillo como repetir el tema cambiando de tono. Hubo una acumulación de desastres hasta que el batería dejó de tocar y se hizo un silencio que acabó en una estruendosa carcajada.
Charlie Parker se fue a su casa llorando y no volvió a tocar el saxofón (su vida, su alma) durante tres meses.


Nunca había tocado con otros, y no sabía que durante la ejecución de una pieza es habitual hacer algún cambio de tono. Charlie Parker se había hecho una rara idea de que toda la música del mundo se hacía en una sola tonalidad. Mejor dicho: Ni se había parado a pensar que existía la tonalidad.
Le explicaron que no había una tonalidad universal, sino una docena de tonalidades mayores (una por cada tecla del piano, blanca o negra, de Do a Do), y otras tantas menores.

Esta información básica y apresurada no le llevó a preguntar más, ni a buscar un profesor, o al menos un amigo algo más adelantado que él, sino que le hizo encerrarse en su casa y practicar, una por una, todas las tonalidades posibles.
Vamos a ver -se decía a sí mismo-; la tonalidad natural, la del Do, es:
Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do.
Si subimos cada nota un semitono tendremos la tonalidad del Do sostenido:
Do#, Re#, Mi#=Fa, Fa#, Sol#, La#, Si#=Do, Do#.
Subamos otro semitono y tendremos la del Re:
Re, Mi, Fa#, Sol, La, Si, Do#, Re.
Etcétera. Hasta la tonalidad del si. (Todas ellas mayores. Por ahora). Doce tonalidades.
Nadie en su sano juicio había tocado jamás en Sol sostenido mayor, o en Fa sostenido mayor, por decir algo. Los músicos de jazz manejaban tres o cuatro tonalidades a lo sumo.
Pero eso Charlie no lo sabía. Se había puesto en ridículo por no saber cambiar de tono durante una canción y ahora las tocaba todas cambiando constantemente de tonalidad en tonalidad, pasando por todas las posibles.
Tocó un blues en Mi que dejó perplejos a quienes lo escucharon. (Los blues no se tocaban en Mi, y este sonaba muy raro). Estaba empezando a crear un sonido propio, gracias a su concienzuda ignorancia de la armonía y de cualquier teoría musical.
Y tenía horas y horas, y días y días, y semanas y semanas, y meses y meses, para experimentar con aquello con lo que nunca antes había experimentado ningún músico de jazz.
Sin ayuda de nadie exploraba los caminos de la armonía. (Pero los exploraba a su manera, sin mapas ni pistas; sin referencias, sin nada). Encontraba disonancias y acordes por casualidad, y desentrañaba la estructura de la música de una forma que nunca antes se había experimentado. Su tremenda ignorancia le hizo pasar muchísimo tiempo probando sonidos que cualquier profesor le habría exigido que desechara. Perdió tanto tiempo en asuntos en los que no merecía la pena perder el tiempo que encontró algo nuevo, fascinante.
Charlie dominaba las escalas "raras". Y, para colmo, había conseguido un saxofón nuevo.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Feliz Navidad (ahora sí)

La anterior entrada de este blog ha tenido un número inusitado de visitas y de comentarios. Suele ocurrir cuando me da llorona, y bien que lo siento. Se ve que estamos todos un poco blandengues y estas salidas de pata de banco nos tocan la fibra sensible.
Bueno, vale. Nunca hemos sido llorones. Nunca hay ningún motivo para serlo.
A veces uno se cabrea y necesita dar un puñetazo en algún sitio (las mesas suelen venir muy bien para esto), pero una vez dado lo único que queda es un intenso dolor en la mano y nada más.
Así que conviene cambiar el chip lo antes posible.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, y por sentiros identificados con lo que escribí. Se suele decir que el mal de muchos es un consuelo para tontos, pero qué queréis que os diga: Que debo de ser muy tonto, porque me consuela no estar solo y sentir que vamos todos juntos enfrentándonos a problemas similares.
Me siento muy querido y apoyado por los compañeros arquitectos, pero permitidme que me dirija especialmente a mis amigos Carlos y Francis, porque no lo son. No padecen los problemas que dije y, sin embargo, siguen visitando este blog y me dan ánimos y apoyo en todo momento.
Ya. Ya lo sé. Ya sé que soy muy querido, y eso es lo único que merece la pena.
Todos somos muy queridos. Todos tenemos alguien que nos quiere de verdad, y es a estas personas a quienes nos debemos y a quienes tenemos que desearles una muy FELIZ NAVIDAD.
Yo aprovecho para desearos a todos los lectores de este blog una muy feliz Navidad de todo corazón y con mis mejores sentimientos. (El otro día, enfangado en mis lamentos, no lo hice. Soy un grosero y un maleducado).
En vez de poner un consabido villancico, hoy quiero presentaros una estupenda obrita de jazz titulada ALGUIEN ME QUIERE, que me parece muy apropiada para la ocasión.
Podemos apreciar lo buen pianista que fue Nat King Cole (el de "muguer, si pueres chú con Dios hablar..." y "ansietat, de tenerete en mis brazos...") y, una vez más, al grandísimo saxo tenor Lester Young, orgullo del saxofonismo jazzístico, pura elegancia y serenidad.
El batería, Buddy Rich, en un plano más discreto y de menos lucimiento, está estupendo.
En resumen: Vaya tres patas para un banco.
Espero que os guste:


He traído de Youtube una lista de reproducción que tiene como primera pista esta de la que hablo, pero después vienen más que no tienen desperdicio, así que si os animáis...

Se la dedico especialmente a Carlos, que me ha dicho n veces que no aprecia el jazz; vamos, que no puede con él. Pero el mensaje está por encima del estilo y del género, ¿no?

Ah, ¿que no lo está?. Vaaaaale. Vamos con unos villancicos más convencionales. (Qué pesadito te pones, Carlos).
Para todos vosotros, con mis mejores deseos, FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO, EXUBERANTE, EXCITANTE, PLETÓRICO, FASCINANTE, LOGARÍTMICO, EXOGÁMICO, POLIMORFO, ANACREÓNTICO, TRIGONOMÉTRICO, PARANOICO-CRÍTICO, ARQUITECTÓNICO, NUMISMÁTICO, FILATÉLICO, PANÓPTICO, DISLÉXICO Y PELIAGUDO AÑO 2014.





Pero si pasáis de todo esto y pensáis que es la misma cursilería de todos los años, y sólo os entran ganas de matar personas, entonces este vídeo os puede ayudar y dar ideas: 

martes, 30 de agosto de 2011

Cuando sonríes

Os propongo un ejemplo típico del jazz: Se toma una canción "popular", sin demasiadas pretensiones "artísticas" (lo que no quiere decir que no sea una obra de arte) y se "jazzea" al gusto.
Veamos cómo una canción deliciosa como When You're Smiling (compuesta por Larry Shay, Mark Fisher, y Joe Goodwin) puede versionarse de muy diferentes maneras. Cómo sobre una base melódica y rítmica muy sencilla (y muy buena) se pueden construir estructuras complejas pero muy frescas.
La letra de la canción es ésta:


WHEN YOU’RE SMILING

When you're smiling, when you're smiling
The whole world smiles with you
When you're laughing, when you're laughing
The sun comes shining through

But when you're crying, you bring on the rain
So stop that crying, be happy again
Keep on smiling, because when you're smiling
The whole world smiles with you.

(Apenas dos estrofas, que se pueden repetir y modificar ad libitum).


Una traducción podría ser ésta:

CUANDO SONRÍES

Cuando sonríes, cuando sonríes
El mundo entero sonríe contigo
Cuando te ríes, cuando te ríes
Sale el sol brillando al máximo

Pero cuando lloras traes la lluvia
Por eso, deja de llorar; sé feliz de nuevo
Sigue sonriendo, porque cuando sonríes
El mundo entero sonríe contigo.

La letra es muy sencilla y muy directa, pero muy bonita. La música también lo es.
La estructura permite dar una primera vuelta sólo presentando la melodía, otra con improvisaciones, otra con la letra, otra a orquesta completa en plan apoteosis, etc. Como se quiera.
Todo el mundo la ha cantado. Veamos algunos ejemplos. Os pido que no los escuchéis todos seguidos, porque os puede dar una sobredosis.
Quería dejar a Satchmo para más tarde, porque su interpretación no es la más "típica" para empezar. Es demasiadio lenta. Pero a ver quién le dice que no a Don Luis. Una pasada.



Empieza la banda, muy despacio, tocando los acordes finales, la resolución. Mientras, Armstrong adorna con los duduá exquisitos de su trompeta. Y tú te quedas diciendo: "¿será posible?" Hace una transición entre el duduá y un final tranquilo (entre 0.12 y 0.18, seis segundos) y empieza a cantar. ¿A cantar? ¿Será posible? Entre 0.18 y 0.22 arranca a cantar algo así como "ban to totsi du du tsant tsa tsa" y ahí mismo un "ooh" que no deja ni un ápice de respiración al "when-you'res-miling" en un stacato inesperado. Y yo le digo: "Vale, Don Luis, cántelo como le de la gana, que sólo por esto ya merece la pena tener un blog de arquitectura: para ponerle a usted".
No sigo segundo por segundo. Sólo os repito que reparéis en la versatilidad que ofrece un esquema tan sencillo, que permite solear, bandear y cantar a placer.
Demasiado lento, ¿verdad? Pero la canción lo aguanta bien.

Vamos ahora con otro Don Nadie. ¿Quién dudaba si era o no era cantante de jazz?

Un estilo completamente distinto. Cinco segundos de entrada de gran banda y Don Francisco ataca la letra directamente. Escuchad el adorno del saxo a cada paso. (When you're smiling -dadarada tabadadá- when you're s -tariradá dabadará taratá). Muy bien, Muy buen swing.
Canta la letra con un gran dominio -como siempre- y la termina en 0.48. Ahí deja el toro dispuesto a los subalternos (¿subalternos? nadie lo diría), que tocan la melodía a toda potencia y con una alegria contagiosa. Da gusto escucharlos. Y en 1.12 empieza un solo de saxo que es como para que los que manoseamos uno lo dejemos ya de una vez. Qué frescura y qué fraseo. Dura sólo hasta 1.33. Apenas ha durado 21 segundos, pero en 21 segundos uno puede demostrar su absoluta maestría.
La banda redondea cinco segundos y el jefe vuelve a entrar y repite lo mismo que ha hecho al principio. Un esquema clásico cantante-banda-cantante, pero ahora llega a la parte final de la letra con un ritardando muy escénico, y la banda cierra de un golpe. Ya está. Así se canta y así se toca la música.

viernes, 11 de marzo de 2011

Bilie Holiday, la lady del jazz

Un día se me ocurrió poner un vídeo de Ben Webster para ilustrar la emoción de la imperfección, y desde entonces voy trufando este blog vagamente arquitectontico con admirables piezas de jazz.
La reina de las cantantes de siempre es Billie Holiday. Cumple además con el consabido cliché (vida atormentada, drogas, desgracias...), y es otro claro ejemplo de la belleza de la imperfección. Aparte de que las grabaciones de la época son malas y están llenas de ruido, se aprecia una cierta propensión chillona y una muy poco pulida dicción. Pero Lady Day tiene un raro poder de fascinación, un misterio trágico, y un dominio de su voz como si fuera un instrumento más.
Su mejor época fue 1937, y de ese año es esta maravillosa obra de arte.
La madurez de Billie Holiday coincide con la de su amigo, socio y cómplice Lester Young. Es una simbiosis perfecta, un entendimiento íntimo, artístico y personal.
Esta grabación de Foolin' Myself, del 1 de junio de 1937, está en el disco The Quintessential Billie Holiday, Vol. IV, considerado por la crítica (en general) como el mejor suyo y uno de los mejores de la historia del jazz.

La estructura es muy sencilla: Teddy Wilson desempolva su piano durante diez segundos y ahí no más empieza Lester Young con su saxo tenor, potente y sensual, elegante, grande, poderoso, jugando con el tema con enorme facilidad durante cuarenta segundos. Qué poquito: sólo desde 0:10 hasta 0:50. Pero es suficiente para apabullar. Hay que contar toda la historia en tres minutos, y la distribución de los tiempos y los papeles de cada uno es perfecta.
(Reparad en la foto que aperece fugazmente en 0:26. Lester Young mira ¿enamorado? a una bellísima Billie Holiday, sonriente, feliz, dueño de su maestría, aferrado a su saxo, que es su dominio).



Luego una transición de 20 segundos (de 0:50 a 1:10) de Teddy Wilson al piano, para dar paso a la trompeta solista (que no sé si es Cootie Williams o Buck Clayton), que vuelve a enunciar el tema, sólo durante otros veinte segundos (1:10 a 1:30). Entonces un rápido capotazo del pianista y director deja el toro en suerte para la lady, que lo recibe con autoridad en 1:32 y lo torea durante un minuto y veinte segundos (hasta 2:53), un tiempo eterno en el que nos dice que se burla de sí misma y se ve ridícula por amor, y nos vuelve locos a todos nosotros.
¿Qué hacer después de esto? Despedirse. Tocar fuerte la trompeta durante seis segundos, hasta 2:59, y morir.

Billie Holiday
la voz vibra con Lester
sigue cantando