Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de enero de 2022

El insoportable estruendo

Y hubo tanto ruido
que al final llegó el final
(Joaquín Sabina)


Iba a titular "Ruido" y he tenido el vago recuerdo de que ya había empleado ese título alguna vez. He buscado y, en efecto, lo usé aquí. Así que, entre que ya lo había utilizado y que ahí hablaba del ruido con intenciones serias de intentar comprender sus alcances semánticos y culturales mientras que ahora solo quiero contar mi desorientación y mi desamparo, he cambiado de título.

El día 4 de enero vi esta imagen en Twitter, con la consiguiente denuncia del tonteriísmo al que estamos sometidos:

Es una foto de una joven vestida de paje de los Reyes Magos, tomada (supuestamente) del Telediario de la primera cadena de Televisión Española con un rótulo que dice: "Las pajas recorren pueblos y ciudades".

La "viralización" de esta foto tiene el objetivo de poner en ridículo a los defensores del lenguaje inclusivo señalando un involuntario juego de palabras.

miércoles, 2 de mayo de 2018

La fealdad

Advertencia: Sobre la fealdad se pueden (y se deben) escribir varios tratados muy extensos. Esto es solo el blog de un aficionado, y por lo que me pagáis debéis conformaros con tres o cuatro brochazos rápidos exponiendo un par de ideas (o solo una), y nada más. Seguramente retomaré el tema más de una vez.


INTRODUCCIÓN:

Vincent Van Gogh no consiguió vender un solo cuadro en toda su vida porque todos eran horribles. (Bueno, vendió uno a su hermano, que era marchante, pero eso no cuenta porque su hermano le daba dinero y le intentaba mantener como podía, de manera que esa venta no puede considerarse tal, sino una ayuda fraterna).


No es que los cuadros de Van Gogh no gustaran a casi nadie. No es que solo gustaran a unos pocos. No. Es que no le gustaban a nadie. A nadie. Repito: A nadie. Es decir: en la segunda mitad del siglo XIX lo que pintaba Van Gogh era feísimo.
Y sin embargo hoy esos cuadros nos gustan a todos. A todos. No a la mayoría, no a muchos. A todos. Es decir: en la primera mitad del siglo XXI lo que pintó Van Gogh es bellísimo.
¿Y eso por qué es? ¿Acaso la belleza y la fealdad son una moda? ¿Acaso la belleza y la fealdad van por rachas? Pues sí. Parece obvio.