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jueves, 11 de enero de 2024

No se me ocurre nada

Hay veces (incluso bastantes) en que tengo dos o tres temas bulléndome en la cabeza para escribirlos aquí, e incluso empiezo un par de entradas a la vez, cuyos borradores se estorban y se dan codazos para ser publicados antes que el otro, pero de repente (serán las fiestas, será el año nuevo) me he quedado sin nada que decir. El tan temido momento ya apareció: Adiós al blog. Se me acabó la mecha.

Pero la vida nunca para y en mi estúpida rutina ayer mismo vinieron a verme unos clientes para pedirme que les hiciera el certificado final de obra de una pequeñísima y modestísima intervención que les he hecho. Así que os voy a contar esa insignificante aventura.

Hace unos años les hice el proyecto de su casa y les dirigí la obra. Es una casa que jamás publicaré aquí ni en las redes sociales ni en ningún otro sitio, porque temo la feroz (y seguramente justa) aversión de mis adorados compañeros de profesión y de los amantes de la arquitectura en general.

La casa que me encargaron fue una versión reducida y más pobre (pero con el mismo espíritu optimista) de esas mansiones salvajes, empalagosas y agobiantes que aparecen en la revista ¡HOLA!(1).

domingo, 3 de noviembre de 2019

Hasta el más mínimo detalle

Perdonad: Os tengo prometida una segunda entrada sobre aseos, y estoy con ella, pero de pronto se ha abierto paso otro asunto y ¿quién puede pensar en aseos? ¿Quién puede pensar ya en nada después de esto?

Este blog no está al tanto de las noticias de última hora, pero ha llegado a mis manos un testimonio desgarrador (desgarrador para nosotros; para los protagonistas es muy plácido y muy feliz) y lo tengo que compartir con vosotros urgentemente.

Tengo ante mí un ejemplar del número 3927, de 6 de noviembre de 2019 (dentro de tres días) de la revista ¡HOLA!, en el que sale la casa que los famosos Helen Lindes y Rudy Fernández se han hecho en las afueras de Madrid. (No solo es que se hable de la casa, sino que el reportaje llama al lector desde la parte superior y principal de la portada, de la que ocupa casi dos tercios. Es decir: es el asunto principal de este número).


Ya en esa portada nos dice la dueña: "Rudy y yo hemos diseñado todo juntos, desde el exterior hasta el más mínimo detalle interior", y empiezo a temblar.

Supongo que es una forma de hablar, y que quiere decir que se han implicado mucho CON EL ARQUITECTO(1) en la concepción de su casa, y que ha habido entre ellos muy buena comunicación y colaboración. Eso es fantástico. Así deberían ser todos los clientes. (Son los que más guerra nos dan, pero con quienes nos quedamos más contentos).

Aunque ya me huelo yo que no van a ir por ahí los tiros. No obstante, me pongo a mirar el reportaje con muchas ganas de leer algún: "Le dijimos al arquitecto..." o cosa similar.

Nada.

El arquitecto no existe.

-¿Han visto ustedes a algún arquitecto por aquí?
-¿Arquitecto? Fiuuuuuu. Pssssssss. Uhhhhhh(2).

Pues no ha habido tal: Hacía tiempo que la pareja quería hacerse su casa y lo han diseñado todo juntos. Meter a un repugnante "técnico titulado" en ese núcleo de amor y comprensión habría sido una atrocidad.