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miércoles, 11 de diciembre de 2024

Ricardo Aroca

Cuando hice la carrera de arquitectura en la ETSAM Ricardo Aroca era un catedrático atípico. Mejor dicho: era EL catedrático atípico. Hacía ya muchos años que se había acabado la obligación de que los alumnos fueran a clase con chaqueta y corbata, e incluso los profesores jóvenes ya iban vestidos como nosotros: camisa (o incluso camiseta) y vaqueros en verano y jersey y vaqueros o pantalón de pana en invierno. Los profesores de más veteranía o enjundia seguían vistiendo rigurosamente. Algunos se permitían chaqueta y pantalón de sport, e incluso, ay, corbata de punto, pero por supuesto los catedráticos seguían aferrados al traje más convencional.

Contra todo ello, Aroca, el catedrático de estructuras, llegaba a la escuela en su moto (no entiendo de motos y no sé decir la marca, pero era de esas grandes), con la melena y la barba ondeando al viento y con un pantalón vaquero de peto.

Recuerdo que el peto tenía un bolsillo que lo cruzaba de lado a lado, y que iba completamente lleno de útiles de escritura y dibujo: portaminas, lápices, bolígrafos, plumas, rotuladores. Podía llevar encima varias docenas, enganchadas por su clip y asomando bajo su barba.

jueves, 17 de agosto de 2023

Ganitas de tema (1)

Por aquí cuando un niño pequeño está hostigoso y protestón, incómodo, aburrido (y encima con este calor) y se le ve que quiere liarla, se dice que tiene ganitas de tema. Eso me parece que tengo en estos momentos (será el calor), porque he hecho un comentario rápido y un poco provocativo en Twitter, he recibido rápidamente unas cuantas respuestas que no me dan la razón en absoluto y, en vez de dejarlo y olvidarme del asunto, o de reorientarlo drásticamente, insisto trayéndolo aquí para desarrollarlo más extensamente, ponerme aún más claramente en ridículo, e invitaros a que me manifestéis también vuestro desacuerdo y me bajéis aún dos o tres peldaños más en vuestra escala de apreciación.

Que conste que ni porfío por tener razón ni pretendo convenceros de nada, pero este blog es muy bueno para mi equilibrio mental y mi paz interior, y mi psicólogo me dice que lo cuente todo y me desahogue, así que allá voy. Tomadlo como una opinión, que intentaré explicar, pero que ni mucho menos pretende ser la verdad ni haceros verla.

Otro opinador, seguramente tan infundado como yo, pero con infinito mayor talento e infinita mayor intuición, Le Corbusier, estuvo por primera vez en Barcelona en 1928, apenas dos años después de la muerte de Gaudí, y quedó impresionado con la potencia espacial, estructural y plástica del arquitecto catalán ("una fuerza, una fe y una capacidad técnica extraordinarias"), pero indignado por la ridícula decoración de sus obras. De la Sagrada Familia dijo: "¡Hay que descubrirse ante esta maravilla constructiva! Es de lamentar, sin embargo, que el sentido decorativo ahogue el razonamiento matemático. Hay un contrasentido extraño en la obra de este genio".

Pero a los pies del templo encontró por fin la obra para él perfecta de Gaudí: las humildes escuelas. Porque no tenían decoración y porque con un gesto amplio y lúcido resolvían la forma, la función, el espacio y la estructura.

lunes, 4 de abril de 2022

Las botas de goma

A Emilio. (Esta historia me la ha contado él).


A raíz de mi antepenúltima entrada ("Mucho hierro") mi amigo Emilio me llamó y estuvimos un rato charlando sobre tanta gente que interviene en las obras y sabe tanto de estructuras que nos dejan en mal lugar, siempre sospechosos y a menudo desautorizados, puesto que aseguran que llevan toda la vida haciendo eso y que saben más que nosotros.

Aprovecho para decir que siempre he aprendido de quienes hacen las obras y que, efectivamente, saben muchas cosas que yo ignoro. Pero también he de decir que ellos ignoran algunas cosas que yo sé, y que estaría bien que también me hicieran caso de vez en cuando, como se lo hago yo siempre, pues a menudo he asistido y sigo asistiendo a obras en las que hay operarios que tienen toda la experiencia práctica que se pueda tener, y realizan su trabajo con una habilidad manifiesta, pero ignoran cualquier fundamento básico teórico sobre lo que están haciendo.

Para iluminarme sobre este asunto, Emilio me dijo una anécdota que Ricardo Aroca contaba a menudo en sus clases.

Decía que hizo una vivienda unifamiliar con una considerable losa de hormigón armado en voladizo. En una visita de obra supervisó el encofrado y dio instrucciones sobre la armadura, que estaban empezando a colocar.

martes, 17 de agosto de 2021

Razón de ser

El otro día el siempre atento David García-Asenjo, arquitecto, profesor y comunicador de la arquitectura, se hizo eco de este tuit:

Quien lo publicó tiene un perfil cuyo nombre completo es Architects Against Humanity (Arquitectos contra la Humanidad) y cuyo nick es @arch_crimes (@arqui_crímenes: crímenes de los arquitectos, o de la arquitectura).

El tuit muestra una imagen de Nueva York de un tiempo pasado y, a lo que se ve, añorado por el autor, en el que aparecen las sedes de tres periódicos: The New York World, The New York Times y The New York Tribune. Y el texto que acompaña a dicha imagen dice algo así como: "Una época en la que (aparentemente) solo sabían construir de manera bella en la ciudad de Nueva York". 

De todo ese texto quizá lo más interesante para mí sea ese apparently entre paréntesis, porque de lo que habla, ciertamente, es de apariencia. Vemos mansardas parisinas, torres góticas, arcadas renacentistas, pero lo que más me llama la atención es la cúpula de San Pedro. Nada menos que la miguelangelesca cúpula de San Pedro de Roma en un periódico de Nueva York de finales del siglo XIX (1890). (Por no decir cuánto más me llama la atención que se siga añorando y deseando eso en 2021).

No quiero escribir (una vez más) sobre autenticidad, mentira, ética, adecuación y todas esas cosas, pero es que el ejemplo que esgrime @arch_crimes me parece de lo más aleccionador, pues muestra un momento de especial desorientación y confusión en la arquitectura, y también a la vez de enorme energía y esperanza, y me gustaría decir apenas dos palabras sobre ello. Tengo la gran suerte de que me lean no solo arquitectos, sino también no arquitectos con curiosidades variadas, y pienso especialmente en estos porque el ejemplo es muy interesante para hablar de una cuestión seguramente demasiado trillada por los arquitectos, pero de la que siempre se sacan nuevas reflexiones.

martes, 10 de agosto de 2021

1789

Mil setecientos ochenta y nueve. A lo mejor os pensabais que me refería a un año. ¿Qué pasó en 1789? Obviamente, La Revolución Francesa.


Jacques-Louis David, Le Serment du Jeu de Paume
(El Juramento del Juego de Pelota), 1790-94.

¿Podría escribir en este blog sobre la Revolución Francesa? Hombre, por poder... Sí, aunque no tenga ni idea. (Me paso la vida escribiendo sobre cosas de las que no tengo ni idea, así que, por poder...)

Pero no. No va de eso. Va de algo bastante más anodino. Se trata de que, después de anunciarlo varias veces (y de que siguiéramos a nuestra bola sin querer enterarnos) por fin hoy, 10 de agosto de dos mil veintiuno, se ha publicado en el Boletín Oficial del Estado el Código Estructural. ¡Bien! ¡Bravo! ¡Aleluya! ¡Que suenen las trompetas de Cafarnaúm y que el tío Anselmo se invite a unos tintos!

Este código (podéis consultarlo clicando donde lo acabo de mencionar, en el párrafo anterior a este) sustituye a las Instrucciones sobre el hormigón (EHE) y sobre el acero (EAE) que estábamos manejando mejor o peor.

Es el Real Decreto 470/2021, del 29 de junio de este año, que como se publica hoy entrará en vigor dentro de tres meses; es decir, el 10 de noviembre. Así que tenemos tres meses para estudiárnoslo. Bien. Todo perfecto. Todo controlado.

A mí, además de que soy un arquitecto que siempre se ha calculado las estructuras de sus proyectos (tan solo con puntuales ayudas y colaboraciones de mi amigo Emilio), en estos momentos me pilla (siempre eventualmente, por supuesto) dando clases de estructuras. Así que, por una razón y por la otra, me toca estudiármelo a fondo.

Voy al enlace para descargarme el pdf del BOE. Voy incluso con optimismo y alegría, pero veo que tiene... ¡1789 páginas! No puede ser. Pienso que hay un error, que habrá muchas páginas en blanco, corruptas, gráficos desformateados, tablas rotas, de esas 

q
u
e
s
e
h
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e
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m
p
u
e
s
t
o

o algo así. Pero cabalgo al galope con el ratón y no. Pasan a toda velocidad decenas, cientos de páginas compactas, llenas, pletóricas de fórmulas y de mala leche.

El Gobierno de España -sí, amigos- ha actuado con vacacionidad y alevosía. Esto es un abuso, un atraco. ¿Cómo se puede dominar una norma fundamental que tiene 1789 páginas? Y necesitamos dominarla. No basta una breve noticia de que eso está ahí y ya lo consultaré cuando quiera algo.

Bah, nos decimos. No es para tanto. Hay mucha paja, muchos anexos, muchas tablas. Ya. Pero va a ser en una de esas pajas, en uno de esos anexos, en una de esas tablas donde se va a agarrar como una lapa y donde se va a hacer fuerte el perito contratado por el abogado de la parte contraria para hundirte a ti en el fango a la primera fisurita que te salga.

"No, si al final es un refundido de las normas anteriores y poco más". De eso nada, monada(1). Para producir 1789 páginas tienes que refundir la EHE con la EAE, con la trilogía del Señor de los Anillos y con la guía telefónica de Soria. Y, lo que es peor: Esto es igual que antes, esto también, y esto, y esto, y esto... pero esto no. Esto no, y ahí camuflado te lo has tragado. El coeficiente de incremento de carga revertida indirecta sustancial no fenoménica (vamos, el ptsí de toda la vida) te lo han cambiado y ni te enteras. Sigues aplicando el de antes y la has cagado. No has tenido en cuenta que ahora han añadido un caso más de mantenimiento de carga insostenible accidental verborreica flatulenta(2) que antes no existía. Un desastre, porque por pereza has seguido usando el programa que tenías y, sobre todo, la mentalidad que tenías y eres reo de lesa tracción. Lo siento, amigo: Has pandeado pero bien.

Échate sal por la cabeza, ponte solo un saco sobre tu trémula desnudez y sal a la calle a mostrar tu vergüenza y tu humillación. Eres un ser despreciable, un profesional nefasto. Porque preferiste pasar el mes de agosto de dos mil veintiuno jugando con tus hijos o (¡qué asco!) leyendo una novela policíaca en la tumbona, con una cerveza fría y unos mejillones al alcance de tu mano en vez de estudiarte a fondo las mil setecientas ochenta y nueve páginas del nuevo y flamante Código Estuctural.

Laus Deo.


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(1).- ¿Cuánto tiempo hacía que no oía eso? Lo debía de tener ahí en el fondo de mi cabeza, anclado con la EH-80 y con las MV.

(2).- Estaréis pensando: "¿Pero de verdad a este tipo le dejan dar clase de estructuras?" "¿Pero de verdad confían tiernas criaturas a su discurso ignorante y disparatado?" Sí. Así están las cosas. Ya lo veis.

jueves, 22 de julio de 2021

Otro búnker (I)

A Manuel Revilla, que cada día nos ilustra
con buenas obras de arquitectura.
Y a Ekain Jiménez, que es el adalid
de la defensa de la arquitectura fea.

En Twitter hay de todo, ya sabéis: idiotas y sabios, mezquinos y generosos, insufribles y deliciosos. Lo bueno es que uno sigue a quien quiere y aparta a quienes no.

Uno de los tuiteros necesarios es Manuel Revilla. Con un entusiasmo inagotable por la arquitectura cuelga una y otra vez imágenes de buenísimos edificios que yo casi nunca conozco. (Mi ignorancia es legendaria). Así que siguiéndole tengo cada año un curso de arquitectura gratuito, inagotable y amenísimo. (Además es un excelente fotógrafo y un hombre afable y bueno, así que seguir sus publicaciones es una garantía de aprendizaje, de disfrute y de simpatía).

El otro día puso estas fotos de una casa en Savièse, de Anako Architecture. (No conocía yo ese estudio. Ya os digo que soy ignorante).




Y en seguida empezamos a darle "láic" y "retuís", a decir "qué bueno" o (muy de arquitecto sujetándose la barbilla) "interesante". Pero también, como es normal, salió el típico: "Vaya búnker nuclear".

Eso es normal y hay que aceptarlo: El hormigón visto es intolerable para muchos. No lo pueden soportar: Es frío, duro, antipático... (Curiosamente sí les gusta una fachada de ladrillo visto, que no es que a mí me parezca blandito precisamente. Pero como fachadas de ladrillo visto las ha habido toda la vida la gente está acostumbrada y las ve como a algo acogedor y familiar. Eso es así).

En seguida saltó Ekain Jiménez, adalid de todas las causas perdidas, y completó las fotos de Manuel con estas:




Pero si con ellas pretendía demostrar que la casa es acogedora y que se puede vivir a gusto en ella no lo consiguió. Si alguien se incomoda por ver hormigón al exterior ya llega al paroxismo de la repugnancia al verlo en el interior.

La gente (iba a decir la Humanidad, pero me quedaba muy ampuloso) tiene, en general, una relación muy compleja y alambicada con el hormigón. Incluso muy hipócrita.

El hormigón es un material extraordinario, muy resistente, fácil de manejar y barato. Viene a ser una roca artificial, formada por conglomerantes y productos inertes que le "dan cuerpo". El hormigón actual que más utilizamos está formado por un conglomerante (el cemento), unos productos inertes o "áridos" (arena y grava) y agua para unirlo todo, hacer la masa y disparar el fraguado. Por cierto: llamadlo "hormigón" en España o "concreto" en Hispanoamérica, pero nunca "cemento". El cemento es uno de los componentes del hormigón, y se presenta en forma de polvo molido, normalmente de color gris. (Es como si en vez de decir "pan" dijerais "harina". No es correcto y quedáis mal).

sábado, 16 de enero de 2021

Año de nieves

"Año de nieves, año de bienes", dice el refrán. Lo que pasa es que los refranes, si alguna vez fueron verdad, desde luego ya no lo son. Y menos los climáticos y los agrícolas, que abarcan una buena parte del repertorio sentencioso.

Por una vez pongo una foto mía. Seseña Nuevo (Toledo).
Arquitectura de Regiones Devastadas.
Y esta vez vuelven a estar devastadas.

Por donde yo vivo nieva muy poco. La última buena nevada que yo recuerde, de las de agarrar puñados de nieve, hacer bolas con ellos y lanzárselos a tus hijos, fue hacia 1996 o 1997, no lo sé con exactitud, pero recuerdo que bajé a la plaza con el mayor a jugar con la nieve mientras mi mujer nos miraba desde detrás del cristal, en el salón de casa, con el pequeño en brazos. En estos veintitantos años no recuerdo que haya nevado en serio(1). Tan solo alguna nevadita de esas de cuatro copillos que se derriten nada más tocar el suelo o que a lo sumo forman una ridícula cáscara durante pocas horas.

En mi vida he visto muy pocas nevadas, y nunca de más de quince o veinte centímetros de espesor(otra vez 1). Lo de este año ha sido inaudito.

Al principio estuvo muy bien. Era un espectáculo, una fantasía de la Naturaleza, un regalo de los Reyes Magos. Pero cuando tras estar nevando todo el jueves 7 de enero siguió durante todo el viernes 8 y durante casi todo el sábado 9, la cosa empezó a preocuparnos a todos. Y cuando, además, tras esta inconcebible borrasca de nieve ha venido una ola de frío salvaje que nos tiene toda la semana y nos va a tener la mitad de la que viene bajo cero, la situación se ha vuelto insostenible. La nieve se ha hecho hielo y no hay manera de quitárnosla de encima. Hacemos esfuerzos con palas, con azadas, con todo lo que tenemos a mano. Pero no desaparecerá hasta que este miércoles que viene, según parece, ya esté todo el día sobre cero y siga así los siguientes.

Ya sé que la gente de Ávila, de Burgos o de Rovaniemi (en Rovaniemi siguen mucho este blog) me dirá que soy un llorón por cuatro copitos que han caído. Pero es que en cada zona se vive como corresponde a la costumbre, y se tienen los medios y las cosas que hay que tener. Por ejemplo, me han dicho que la Marina Suiza (un país tan organizado y competente) es un desastre, y la División de Alta Montaña del ejército holandés (perdón, paisbajiano) es ridícula.

Pues en Toledo no nieva. Es así. No estamos acostumbrados, ni tenemos las casas preparadas, ni las herramientas adecuadas, ni los coches protegidos. No hace falta. Igual que tampoco tenemos embarcadero en casa, ni arpones de pesca.

Ahora en muchas casas, en barrios y en pueblos enteros, se ha ido la luz. Con este frío terrible se han quedado sin calefacción. En otros muchos sitios se han congelado las tuberías y han reventado. Pero, por encima de ello, muchas estructuras ligeras (cubiertas de naves industriales, polideportivos, marquesinas de aparcamiento...) han colapasado.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Funiculì, funiculà

Todos los arquitectos hemos puesto cara de ajáquéingenioso cuando nos han contado el sistema de "cálculo" de Gaudí con sus funiculares.
Lo primero que hay que decir es que no es de cálculo, sino de diseño, y lo segundo que no es un sistema, sino un buenoyatúsabeh.

Voy a explicarlo muy someramente, ya que este blog tiene lectores legos en estructuras y la verdad es que el tema es bonito y merece ser contado. (Yo no soy ningún experto, pero me siento capaz de hacerlo).

Para empezar diremos que la piedra tiene una considerable resistencia a compresión pero muy poca a tracción. Y esto si hablamos de un bloque monolítico de piedra, porque si hablamos de una fábrica (es decir, de bloques unidos por algún conglomerante o meramente superpuestos) no tiene ninguna resistencia a tracción.
Con las fábricas de ladrillo ocurre lo mismo: Una interesante resistencia a compresión y una nula (o casi nula) resistencia a tracción.

Las estructuras se suelen comportar de forma compleja y confusa: Una misma viga tiene zonas comprimidas y zonas traccionadas por efecto de la flexión, y también sufre esfuerzos cortantes y a menudo torsiones.
Para que una estructura de piedra o de ladrillo trabajara de manera óptima cada una de sus piezas debería estar comprimida en cada una de sus secciones, sin "contaminarse" con flexiones, torsiones ni cizalladuras. Por todo ello, es muy interesante darle a esa estructura una forma tal que todas las fuerzas que actúan sobre ella se vayan descargando, desplazando y descomponiendo en compresiones puras.
¿Y eso cómo se puede saber? ¿Cómo podemos estar seguros de que la forma de tal arco o la inclinación de tal pilar es la correcta para que sólo sufra compresión?

Pues hay una forma muy ingeniosa: A una cuerda, a un hilo, a un cable o a una tela le pasa lo contrario que a la piedra: sólo tienen resistencia a tracción. Si tiramos para intentar estirar se resistirán, pero si empujamos se arrugan. (Imaginaos un juego de la soga en el que los dos equipos en vez de tirar empujen).
Con esa tontería, a alguien se le ocurrió que podría hacer una estructura de hilos y telas a la que aplicara cargas (pesos). Las cuerdas adquirirían unas formas para resistir esas cargas, o, dicho de otro modo, esas cargas deformarían las cuerdas y las telas de una manera natural, de la única manera que estas podían admitir.
No sé si me estoy explicando bien. Veamos un ejemplo:


Lo que aparece en esa imagen es una maqueta de una estructura que cuelga de un techo. A los centenares y centenares de hilos se les han aplicado centenares y centenares de saquitos con peso (arena, por ejemplo) y esos pesos aplicados han deformado esos hilos. El peso propio de la tela también la ha deformado.

(En este ejemplo no hay tela, sino sólo la estructura "de alambre", "en esqueleto")

Lo que tenemos con estos juegos son estructuras que trabajan a tracción pura (ya que los hilos y las telas no admiten otra cosa). Si les diéramos la vuelta tendríamos esto:



Es decir: Tendríamos maquetas de edificios cuyas líneas y superficies trabajarían todas a compresión. (Es decir: en la maqueta tengo materiales que sólo trabajan a tracción, pero al invertirla los pesos "caen" hacia arriba. O sea, cambio de signo las cargas y por lo tanto los resultados en tracciones son los mismos, pero en compresiones. Ya que tracción y compresión son efectos de signo contrario).

Fijaos no sólo en los hilos de la foto en color, qué familias de arcos van formando, sino también en los pliegues de la sábana de la foto en blanco y negro: qué arcos y bóvedas.

Solucionado: Copiemos esas formas y tendremos una estructura que trabajará a compresión pura.

El famoso ejemplo que se pone siempre: La iglesia de la Colonia Güell,
de la que sólo se construyó la cripta, está diseñada con funiculares.

Maqueta de la iglesia de la Colonia Güell.

Pues hala. Ya os he contado el asunto. ¿A que es bonito?

Pero...