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martes, 3 de marzo de 2026

En qué orden

En un famoso episodio de Los Simpson Marge le escribe una carta a Frank Gehry pidiéndole que diseñe un gran edificio para Springfield. El famoso arquitecto lee la carta con desinterés, la arruga y la tira al suelo. Pero cuando la ve hecha un burruño le gusta mucho su forma y decide hacer el proyecto que le piden. 


Es una broma, un chiste bastante ingenioso, ¿pero tiene algo de verdad? ¿Cómo proyectaba Gehry? ¿En qué orden iba tomando cada decisión y dando cada paso?

lunes, 2 de diciembre de 2024

Contenido adulto

El otro día quise poner en Bluesky una foto de la reproducción de la estatua La Mañana, de Georg Kolbe, que está en la reproducción del pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe, y no me fue posible. Me salió un mensaje diciéndome que la imagen tenía "contenido adulto" y no podía mostrarse.

¿Contenido adulto?, me pregunté. Sí, claro, es una importante obra de arte que fue catapultada a la historia de la arquitectura por formar parte de una de sus obras maestras inmortales. Infantil propiamente no es, aunque hay gente muy lúcida y muy creativa que les hace llegar a los niños el amor y el conocimiento por la arquitectura(1). Bueno, es discutible, pero digamos que sí, que el contenido es adulto. (Incluso tomando el adjetivo adulto como sinónimo de maduro, serio, importante, desarrollado, responsable, etc. De acuerdo). ¿Y por eso no la puedo poner? Ojalá lo que publico tuviera de verdad contenido adulto. 

¡Ah, no, acabáramos! No se trataba de una disquisición "adulta" conceptual, sino zafiamente torrentera. El robot programado a tal efecto no vio en esa estatua nada más que vulva y tetas, y le debió de salir del alma (o de los microprocesadores) lo de "¿y si nos hacemos unas pajillas?" Hice la prueba y, en efecto, con esos rayajos rojos el robot la admitió sin problemas. O sea, que el contenido adulto era lo que queda tapado.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aburrimiento. Desánimo

Nos lo estábamos temiendo y al final parece que la cosa es ya inminente. Hasta mandé una protesta al Ayuntamiento de Madrid, un mero recurso al pataleo. Me contestaron con muy buena educación diciéndome que me tomara algo, o que me diera un tripazo contra el suelo. Todo da igual. Nada sirve para nada. Qué aburrimiento. Qué desánimo.
Hace unos días he visto en EL PAÍS un artículo que decía que la cosa ya va en serio, y aquí os lo pongo por si lo queréis leer.

La cosa de Emilio Ambasz en el Paseo del Prado de Madrid

Parece mentira de qué forma tan estúpida se le puede vender una moto al que probablemente tenga el dudoso honor de ser el consistorio local más tonto y más patán de todas las capitales europeas.
Un espabilao, un arquitecto mediocre pero socialmente exitoso y políticamente apetecible como Emilio Ambasz, que ha tenido a veces intuiciones arquitectónicas interesantes, pero a mi juicio no las ha sabido desarrollar, ha parido una idea muy ambigua: Hacerse un automuseo de la Arquitectura, de las Artes, del Diseño, del Urbanismo y de los Afinadores de Pianos, donde se homenajeará a los grandes artistas mundiales, entre los que, naturalmente, está él mismo.
Un museo sin programa, sin estructura, sin argumento. Tendrá unas maquetas y unos paneles de los más grandes arquitectos: Le Corbusier, Mies, Wright, Ambasz... Vamos, túyamentiendes.

Emilio Ambasz

Para hacer semejante parida se carga un edificio protegido. Qué más da.
A lo mejor usted quiere poner una peluquería por allí y le vuelven loco con el tamaño de la primera P del rótulo ("Peluquería López"), con la rejilla del aire acondicionado y con el color y la tupidez del cierre enrollable. Pero a Don Emilio le dejan que derribe un edificio protegido, completo, y que levante en su lugar una mierda pinchada en un palo.

Perdón por la grosería. Pretendo ser un crítico medianamente serio de la arquitectura y debería utilizar un léxico más apropiado y adecuado. Perdón.
Lo que quería decir, y ahora hago un análisis de las informaciones gráficas y programáticas de que dispongo, es que el proyecto de Museo de Ambasz es una obra arquitectónica cuya estructura espacial y plástica, tanto desde el punto de vista fenomenológico como incluso desde el punto de vista epistemológico-crítico, es una señora mierda pinchada en un señor palo. Así está mejor.
Y con jardín vertical. Naturalmente. ¿Cómo hacer hoy un edificio sin jardín vertical?
(Hasta el jardín vertical es una mpeup, comparado con el del CaixaForum de al lado).

¿Por qué se le deja a este señor hacer este edificio? ¿Por qué a nadie más le habrían dejado ni tocar una cornisa, una jamba o un dintel del edificio actual y a este señor le dejan derribarlo impunemente?
¿Qué concurso ha ganado Ambasz para poder hacer esa cosa? Ah, que no, que es una cosa privada, que es suya y no necesita concurso. ¿Entonces por qué el Ayuntamiento de Madrid le hace la cesión de ese solar?
Por muy privada y muy particular que sea la "Peluquería López" al señor López no le dejan tocar ni un ladrillo del edificio protegido, y menos le dejan tirar un edificio de propiedad pública para cederle el solar ad eternum. (Está bien: ad multo tempore).

Vamos, lo de siempre: Todos los demás tenemos que correr siempre la Maratón con los clavos de las zapatillas hacia adentro y con la boca llena de polvorones, mientras que unos pocos privilegiados la hacen en Rolls Royce, bebiendo champagne en el asiento de atrás, tapizado con piel de lomo de ternera virgen.

martes, 25 de marzo de 2014

¿Para qué te has molestado?

A veces alguien nos hace un regalo inesperado, e incluso algunas veces exagerado, desproporcionado... y horrible.
Nos emociona que se hayan acordado de nosotros, e incluso que se hayan gastado tanto dinero, pero nos emociona aún más pensar qué habríamos hecho nosotros con ese dinero, en vez de comprar esa... cosa.


Es entonces cuando decimos: "¿Para qué te has molestado?". A menudo esa frase quiere decir: "¿Qué especie de mierda es esta?"
En un inolvidable episodio de Los Simpsons Bart dona su sangre (obligado por su padre) a Montgomery Burns, y éste se lo agradece con una tarjeta. Homer, indignado, le escribe una nota antológica exigiéndole un regalo, y el multimillonario finalmente regala a la familia una monstruosa (e inconcebiblemente cara) cabeza olmeca. (Esta cabeza sale en episodios posteriores, arrinconada en el sótano forever and ever).
Homer le pregunta a su esposa para qué sirve ese regalo, y ella le contesta que es una muestra de amistad y de gratitud, sin más. Él le insiste: "No, en serio, Marge: ¿Para qué sirve?"
No sé si lo mío será patológico, pero SIEMPRE estoy de acuerdo con Homer.

Pues bien: Si ya nos produce desazón que alguien se gaste un dineral en regalarnos algo que no necesitamos, o que no nos gusta, no digamos la desazón que nos produce si encima nos hacen ese absurdo regalo con nuestro dinero.

Esto es algo que ocurre a menudo con las obras e infraestructuras públicas. Estamos más que hartos de autopistas, aeropuertos, polideportivos, etc, que no necesitábamos, y que además nos toca pagar.

La última (mejor dicho, penúltima; aquí siempre hay que hablar de penúltima) es la Casa de la Cultura de Romo (un barrio de Getxo, al lado de Bilbao).
Más de mil personas se han manifestado porque esa Casa de la Cultura (que ya se está construyendo) no es la que necesita el barrio, "ni por envergadura, ni por estética ni por su descabellado precio".


Y me planteo y os planteo la cuestión, que tiene varias ramas:
1.- ¿Un gobierno legítimo puede gobernar? ¿Puede tomar decisiones de gobierno? Parece que no sólo puede sino que debe hacerlo.
2.- ¿Los arquitectos pueden diseñar los edificios? Parece que no sólo pueden sino que deben hacerlo.
3.- ¿Los ciudadanos pueden opinar sobre las instalaciones que necesitan y las que no? Parece que no sólo pueden sino que deben hacerlo.

¿Entonces qué hacemos?



viernes, 13 de agosto de 2010

Frank Lloyd Wright. (Post veraniego)

Hoy no hablaré de Frank Lloyd Wright. (Creo que ya he demostrado otras veces que puedo hablar y escribir mucho sobre él, lo que no quiere decir que sea nada interesante ni valioso, pero al menos sí es extenso). Hoy no me extenderé.
Siguiendo en la línea ligera de verano, tan sólo os voy a mostrar un par de referencias u homenajes a Frank Lloyd Wright que me hacen gracia.
Empezaremos con Los Simpsons, una de las más grandes obras de arte de finales del S.XX y principios del S.XXI.
En un episodio, Homer intenta reconstruir la casa del árbol, y le sale un churro. Desesperado ante su desastrosa obra, mira incrédulo el plano que tiene en las manos y le echa la culpa. Lisa le dice:

LISA.- Papá: Los planos están bien, pero son de una pista de carreras.
HOMER (Rabioso ante la falta de apoyo de su hija).- ¿Tuvo Frank Wright que vérselas con tan duras críticas?
LISA.- Pues claro. Nadie creía en él y tuvo que luchar contra todos.
HOMER.- ¿Quién?
LISA.- Frank Wright.
HOMER.- ¿Quién es ése?
LISA.- ¡Pero si eres tú quien le ha mencionado!
HOMER.- Ah, no sé. He dicho lo primero que se me ha ocurrido.
(Diálogo aproximado, escrito de memoria).

Pero en Los Simpson la referencia a Frank Lloyd Wright es casi constante, porque el insigne periodista Kent Brockman vive en una de sus famosas casas.




Es una inconfundible casa wrightiana, y se me ocurre que estará inspirada en la casa Dana, la única construida por Wright en alguno de los veintidós Springfields que hay en EE.UU. Y este es un guiño de la serie. El Springfield de los Simpsons es “cualquier ciudad provinciana”, pero todos los springfieldianos quieren que el suyo sea el de los Simpsons. Lo de la casa Dana me parece un guiño al de Illinois. Me haría gracia que otro tuviera una central nuclear, otro un observatorio astronómico, que la iglesia estuviera sacada de otro, etcétera.

No es que un periodista, por prestigioso que sea, se pueda permitir esa casa. Es que a Kent Brockmann le tocó la lotería. (Él mismo estaba dando los premios y se enteró en antena de que le había tocado).

El otro ejemplo me parece menos gracioso. Es del Tío Gilito, cuyo nombre original es McDuck (típica broma sobre la tacañería de los escoceses; más o menos tan oportuna y tan graciosa como la que hacemos aquí con los catalanes).



Yo al Tío Gilito no le he visto en la tele, sino en los tebeos. De niño las películas y los cortos de Disney me parecían espléndidos, pero los tebeos me parecían bastante malos.



En esos tebeos (no sé si los conocisteis) había muchas aventuras del tacaño millonario Tío Gilito, que se lanzaba “ostentóreamente” a una piscina de monedas de oro que siempre le querían robar los Apandadores, y que le defendían, baydeféis, Donald y sus jartibles sobrinos.

La gran caja cúbica (el Money Bin) blindada, feísima, mamotrética, en la que el Tío Gilito guardaba su fortuna y se regodeaba pocerilmente, se la había proyectado el célebre arquitecto Frank Lloyd Drake. (No se atrevieron a utilizar el nombre de Wright, pero, aún peor, no se atrevieron a adaptar alguno de sus diseños).
En el caso de Disney, la referencia a Wright es tan sólo una mención a un nombre ilustre, conocido por los americanos medios (los americanos se enorgullecen mucho de sus héroes, aunque practicaran una disciplina que no les interese nada), pero sin ningún interés por su obra.
Valga tan sólo como curiosidad.

(Otras referencias más intencionadas y más debatibles, como el So Long, Frank Lloyd Wright de Simon y Garfunkel y El Manatial de Ayn Rand y/o de King Vidor, creo que no vienen a cuento aquí).