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miércoles, 7 de mayo de 2014

And the winner is...

Acabamos de enterarnos de que el frepstiguioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes ha recaído en el frepstiguioso arquitecto Frank Gehry.
Creo que Gehry es un arquitecto que empezó haciendo cosas muy interesantes y que, como todos los arquitectos-estrella, ha terminado banalizándose y autocopiándose. Vamos, lo normal.
Pero esto ahora no viene al caso.
Pienso en la supuesta utilidad social que puede tener tal competición de egos. Y en el papel (un tanto desangelado) del "arquitecto ganador". También me interesaría saber con qué criterios se hacen esas cosas. Hombre, está claro que prima la relevancia social y el forofismo antes que cualquier otra cosa. (Pero eso pasa en este premio, en el Nobel y en todos).
Puestos ahí, en la palestra, con sus virtudes al aire, para ver a quién se escoge como vencedor, dan un poquito de grima.

Uno de esos concursos más o menos culturales que hace Tele 5.
(El presentador parece que ya ha elegido ganador).

En RNE han dado la noticia, y han dicho que Gehry se suma a la lista de arquitectos que han ganado el Príncipe de Asturias, como Niemeyer, Moneo o Foster. No pretendía ser una lista exhaustiva: El locutor los ha citado como a vuelapluma. Se le ha olvidado Calatrava (supongo que voluntariamente) y Oiza (supongo que ni lo conoce).
Lo primero que he pensado es en lo ensordecedor que era el silencio del nombre del valenciano, y en lo desubicado que estaba el navarro en esa lista de glamurosos.
Lo segundo que he pensado es en cómo se podría estructurar y articular el discurso de la arquitectura contemporánea ensartando estas figuras como cuentas de un collar: Niemeyer-Oiza-Calatrava-Foster-Moneo-Gehry (por orden de concesión del premio). Un poco caótico, ¿no?
Si vemos la lista completa también nos parece caótica, y no entendemos nada. O sí. Entendemos que esto es otra cosa. Y que no podemos pretender que sea lo que no es.
Contamos, para empezar, con que en estos premios los españoles llevan un plus. Naturalmente. De seis arquitectos mundiales tres son españoles. ¡Nos ha fastidiado! ¡Que inventen los Premios Príncipe de Beukelaer si quieren premiar a arquitecos beukelaerenses!
La composición del jurado, y la meliflua redacción del acta nos hacen pensar (una vez más) en el discurso automático y en las cabezas vacías. (No lo digo en el sentido de que los miembros del jurado sean bobos -por el contrario, son enormemente listos- sino en que, al parecer, la arquitectura no les interesa especialmente, y en que es un tremendo marrón explicar algo que no tiene fuste, y la cabeza se les queda horra de ideas ante el compromiso de a ver qué coño dicen).

jueves, 2 de enero de 2014

Re, selvático animal

(Dedicado a mi sobrino Sergio, que estudia
arquitectura y suscitó esta reflexión mía).

La empalagosa película Sonrisas y Lágrimas (The Sound of Music, 1965) es de una ya lejana época en que se doblaba todo al castellano, incluso las canciones. Doblar las canciones es algo bastante arduo. En la casi coetánea My Fair Lady (1964) la difícil pronunciación en inglés del diptongo "ai" (The rain in Spain stays mainly in the plain), se convierte en la difícil pronunciación en castellano de la "ll" (La lluvia en Sevilla es una pura maravilla). Pero en Sonrisas y Lágrimas no hay forma de traducir lo que -mostrencamente- significa el nombre de cada nota. Hay que reconocer que el problema no tiene solución. Compadezcamos al pobre adaptador, que tuvo que traducir esta canción:


Y no se le ocurrió otra cosa que esto: (Siento no poder encontrar la versión doblada, pero copio la letra).

"Do" es trato de varón
"Re" selvático animal
"Mi" denota posesión
"Fa" es lejos en inglés
"Sol" ardiente esfera es
"La" al nombre es anterior
"Si" asentimiento es
Y otra vez ya viene el "Do"

Tremenda y surrealista canción que nos llena de estupor. "Mi", "Sol" y "La" son irreprochables. A "Si" le falta apenas la tilde. A "Do" una n final, y a "Fa" una r. Psché. Muy cogidas por los pelos.
¿Pero qué narices es "Re"?
"Re": Selvático animal. Mejor no lo penséis. En internet hay tesis para aburrir. Todas añaden una letra al final, como en "Do" y en "Fa". Hay quien dice que es "Res", vaca. Vale: Una vaca selvática. Lo normal. Otros añaden una "y" para que sea el león, rey de la selva, pero tampoco cuela: "Rey" no es un animal. Y hay incluso quien añade una "x", por el Tiranosaurius Rex. Claro, claro. No sé. A ver qué se os ocurre a vosotros. Si es por mí, yo le añadiría "nault 5", pero creo que tampoco cuela.

No le deis más vueltas: Re es un selvático animal y ya está.

Y voy a la perorata que le solté el otro día a mi sobrino Sergio:
¿Qué es mejor: un edificio al que se entra por arriba y se desarrolla hacia abajo o uno al que se entra por abajo y se desarrolla hacia arriba? ¿Un edificio vertical u horizontal? ¿Un conjunto de bloques paralelos o radiados desde un espacio central? ¿Un esquema central, axial, una doble altura, una cúpula, una casa-patio, una sala hipóstila, un cuerpo en voladizo, una cubierta plana, inclinada a un agua, a dos, a tres...?
La primera respuesta que se nos ocurre es que eso dependerá de cada caso, de cada solar, de cada programa, de cada uso, de cada usuario... Pero una respuesta más rotunda (y más cínica, pero en el fondo más cierta) es que en el fondo da igual. A mí me da igual.
Re, selvático animal.
Lo que me importa de un proyecto de arquitectura no es el qué, sino el cómo. ¿Edificio vertical? Bueno; vamos a verlo. ¿Serie de pastillas en peine? De acuerdo; a ver qué tal está. ¿Distribución radial? Vale; veamos cómo se ha resuelto.
El problema (y la gracia) es ser coherente con el planteamiento inicial y ser capaz de resolverlo. Si ese planteamiento inicial lleva a un callejón sin salida habrá que cambiarlo, pero si da de sí y se deja desarrollar, adelante.
O, dicho de otra forma: Yo, como cualquier arquitecto, por mediocre o torpe que sea, sé hacer una casa de planta cuadrada, sobre pilotes y con cubierta plana a modo de solarium. También sé hacer una casa en la orilla de un riachuelo, con un salón que tenga una terraza que vuele sobre un pequeño salto. Pero no creo que me salieran así:


En todo caso, repito. ¿Qué es mejor? ¿Un esquema así o asao? Da igual. Lo que importa es cómo está desarrollado y concretado, cómo se distribuye el espacio, cómo fluye, cómo se habita, cómo se usa, cómo está construido, cómo es, cómo funciona, cómo, cómo, cómo. Los qués no importan. Son los cómos.

sábado, 5 de mayo de 2012

Antitwitter

Ahora que cada vez estoy más convencido de entrar en twitter porque... No lo sé. Mi amigo Andrés y mi amiga (virtual) @acafeole me han terminado de convencer. Ahora que voy a entrar, digo, aprovecho para decir qué tengo contra twitter, que es como decir qué tengo contra este mundo en el que vivimos, qué tengo contra la gente, contra la tecnología, contra la vida, contra mí mismo o contra Dios.
Oscar Niemeyer está hospitalizado a sus ciento cuatro años y no es el mejor momento para meterse con él. Además, ya lo hice y no me gusta ensañarme. Pero es que leo una cita suya: "de un trazo nace la arquitectura", y no puedo callarme. Es otra vez lo mismo que ya dije: No, señor. La arquitectura no nace de un trazo. Un trazo no es nada. Por eso hace usted unos edificios tan esquemáticos y tan pobres. La obra no sale de una inspiración graciosa sin más. La obra es trabajo, es ajustar muchas cosas, solucionar muchos problemas, sudar mucho. Y cuando el resultado queda contenido, ligero, etéreo, grácil y airoso, no se debe a un gesto rápido (que siempre estará mal resuelto), sino al talento de mantener el arado firme hasta dominar a los bueyes que no querían colaborar.
Por lo mismo, los ciento cuarenta caracteres del twitter son lo justo para decir una parida graciosa o una frase genial, o para hacer más soportable a ese plasta que en cuanto te descuidas te endilga una parrafada de veinte minutos. Pero hay pocos conceptos que lo resistan; hay pocas ideas que quepan en twitter. Twitter no es nada: Es la radiografía de un suspiro, es el ectoplasma de un anémico pajarillo azul.


Sí: La concreción es una virtud; la síntesis es un acierto. Vale. Es verdad. Pero recuerdo haber visto en la tele a un periodista entrevistando a un sabio y diciéndole eso tan tremendo de: "Explíquenos, por favor, la estructura del adeene, pero con palabras sencillas, que las entienda todo el mundo". Y me vino a la memoria aquella definición tan maravillosa de la célula que le dio Castelar a Ramón y Cajal: "Querido amigo Ramón: Sepa usted que la célula es un animalito muy pequeño imprescindible para la vida". A lo que el científico no tuvo más remedio que asentir con la mirada baja y las orejas rojas de puritita vergüenza ajena.
Pues eso: Definiciones cortitas, conceptos sencillos, brevedad y compendio. ¿Que no son ciertos? No importa. ¿Que son meras ocurrencias vanas? No me líes con tus pesadeces. No me des la barrila, que me canso.
También recuerdo a una famosa presentadora televisiva (de las que después escriben libros y todo) pidiéndole un soneto a un escritor de moda, y puntualizándole: "pero uno cortito". Me levanté enfurecido del sillón, y con el puño enhiesto, amenazador, vociferé el verso de Lope: "¡Catorce versos dicen que es soneto!"
Yo necesito los catorce versos, y, si quisiera conocer la estructura de la doble hélice (que no quiero; vamos, ni por lo más remoto), me dispondría a dedicar no menos de una semana para que alguien me la explicara con harta paciencia y así alcanzar un palidísimo atisbo.
Yo necesito un poco más de texto, un poco más de chicha, un poco más de pájaro azul. Yo soy de los que se leen la novela antes de que salga la película. Pero la gente ya no quiere ni ver la película; menudo rollo. Con ver el tráiler vale.
Me acuerdo de una frase de Woody Allen, tan buena como todas las suyas: "Tomé clases de lectura rápida y conseguí leer Guerra y Paz en veinte minutos. Creo que iba de algo sobre Rusia".

viernes, 25 de marzo de 2011

Niemeyer: Poca cosa para Avilés

 (Cambio el título de este artículo porque coincidía con el de Diego Fullaondo en soitu.es. No sé si es casualidad o que leí aquel artículo hace tiempo y se me quedó en algún pliegue de algún tejido mental).


Ya estamos. Lo siento, de verdad, pero os prometo que cada vez que hay una noticia arquitectónica me da mucha alegría porque los medios de comunicación se hacen eco, y hablan de arquitectura, y eso está muy bien. Pero al final acabo hablando mal, protestando, criticando, tocando las narices y dando la tabarra. Lo siento.
Hoy se habla de la inauguración del Centro Niemeyer en Avilés. Al arquitecto brasileño le dieron el Premio Príncipe de Asturias y él, en agradecimiento, donó un proyecto a Avilés (que llevará su nombre).
Vale. Lo primero que hay que decir es que esto le hace un flaco favor a nuestra profesión. Porque todo el mundo celebra que el arquitecto tenga ciento tres años de edad y ve tan normal que le sobren fuerzas para hacer un proyecto sin mayor problema. Al fin ¿qué hace un arquitecto? Esbozar una idea con un carboncillo gordo y acariciar la maqueta.


Parece fácil.
Y, además, regala el proyecto, con lo que se refuerza la idea de que un proyecto no vale nada, o casi nada.
Es como jugar. Es un pasatiempo entretenido y simpático.
Hoy preguntan en Avilés por Niemeyer, y la gente de la calle, convenientemente aleccionada, dice que es una maravilla. Un señor dice convencido: "Es un genio" y, como tal vez ese comentario le parece escaso, repite: "Un genio".
Hombre, un genio es Le Corbusier, de quien este hombre es un pobre imitador. Y ha habido imitadores bastante mejores.