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viernes, 22 de julio de 2022

Decadencia

Ahora que acaba de terminar el curso y que han salido nuevas hornadas de arquitectos en todas las escuelas de arquitectura me parece pertinente comentar el habitual mantra que salmodiamos los arquitectos mayores acerca de que cuando nosotros estudiábamos todo era más difícil y más exigente, que nuestros profesores nos hacían estudiar y trabajar mucho más y que salíamos mucho mejor preparados que los jóvenes de ahora.

Supongo que esto mismo lo dirán los médicos, los abogados, los geógrafos y los historiadores viejos de sus colegas recién titulados, pero yo lo oigo donde lo oigo y solo puedo referir mi experiencia. Y, precisamente hablando de mi experiencia, os cuento:

Cuando yo comencé a estudiar Arquitectura en Madrid la ETSAM estaba aún sin construir. La tuvimos que hacer nosotros, curso a curso, al estilo de los discípulos-esclavos de la alegre hermandad de Taliesin.

Ese año solo se daba primer curso. Nos dieron un pico y una pala y nos pusieron a hacer las zanjas de cimentación. Mientras sudábamos y teníamos la espalda y los brazos doloridos, un maestro nos recitaba en voz alta los fundamentos del álgebra y de las proporciones armónicas, que teníamos que retener en la memoria sin pizarra y sin tomar apuntes (teníamos las manos ocupadas con las herramientas de trabajo), y de los que éramos preguntados inesperadamente en cualquier momento.

¡Ay de ti como no supieras la respuesta correcta! Te llevaban a la picota y allí te daban diez azotes que no te eximían de hacer después los metros de zanja que tuvieras asignados para ese día. Te tocaba quedarte a cavar una vez terminada la jornada.

miércoles, 3 de junio de 2020

Ignominia y torpeza

Aunque ya sé que nunca aprenderemos y que siempre seremos igual de imbéciles(1), me enfado cada vez que tengo noticia de un nuevo episodio, pero es siempre el mismo.

Hoy toca hablar, de nuevo, de políticos emocionados con el arte. Pero si no entienden nada, si no saben nada, si no les importa ni un poquito. ¿Para qué destrozan? ¿Para qué ofenden? ¿Para qué vandalizan? No ayuden, por favor, pero tampoco estorben ni arruinen.

Que a los políticos no les interesa el arte, la arquitectura, el diseño ni la cultura es notorio. Ya nos hemos resignado a ello. Pero cuando se entusiasman con algo es peor; es para salir corriendo.

Ya hablé aquí del vergonzoso episodio del "vandalismo artístico" de los silos castellanos. Ahora toca cargarse el faro de Ajo (Cantabria).


En esta foto tenemos a una caterva de impresentables haciendo el ridículo y posando ante la nueva agresión que van a perpetrar. Y tan contentos. Y con esa cara tan grimosa de "¿pero no decías que no nos interesaba el arte contemporáneo?; pues aquí nos tienes".

Uno enrojece, mira hacia abajo, humillado y cansado, y dice: "No es eso. No es eso".

No se enteran de nada. En su inconcebible ignorancia omnímoda escuchan siempre al cantamañanas y nunca al artista, siempre al demagogo y nunca al riguroso, afrontan proyectos absurdos y nunca los verdaderamente válidos y necesarios. Tienen un radar infalible: Apunta siempre al revés. Si caminaran hacia el lado contrario del que les dicta su instinto acertarían siempre.

martes, 12 de noviembre de 2019

Aseos (y II)

(Nota previa: Esta entrada está basada en experiencias mías como usuario. Con tan escasa muestra estadística lo más seguro es que mis opiniones y conclusiones sean muy rudimentarias e incompletas. Os animo a comentar para aportar más puntos de vista y para contradecir los míos).
(Ah, y perdonad alguna guarrería. Intento ser lo más aséptico posible, pero sé que hablo de un tema tabú).

Según mi experiencia de muchos años exonerando subproductos de mi metabolismo en establecimientos públicos, me atrevo a hacer este decálogo de nueve mandamientos (con envío a un décimo que redondee la lista):

1.- Prohibido separar el inodoro del lavabo. Juntitos, sí. Los dos a mano en un mismo ambiente.
Ejemplo a). Un ostomizado se tiene que cambiar la bolsa. Se baja los pantalones y los calzoncillos, se la quita. Se limpia restos. (Me agradeceréis que no dé demasiados detalles de algo que, por otra parte, es bastante sencillo y nada traumático). Necesita lavarse las manos, por ejemplo. Pues bien: Sale de la cabina de inodoro con los pantalones y los calzoncillos por los tobillos, cantando "las muñecas de Famosa se dirigen al portal" (también se dice "haciendo el pingüino"). Saluda a quien esté por ahí. Se lava. Vuelve a entrar a la cabina del inodoro cantando de nuevo la cancioncilla del querido Luis Figuerola-Ferretti.

En el famoso anuncio de Famosa las muñecas iban andando con una escasa
movilidad de pies similar a la de alguien con la ropa trabada por los tobillos.

Ejemplo b). Una mujer se cambia el tampón y ¡mierda! necesita lavarse. Pues también tiene que hacer un "Famosa" para conseguirlo.
Ejemplo c). Un usuario se está limpiando el cañón del Colorado con el papel higiénico y comete un error de estimación de fuerzas y resistencias. En conclusión, sus dedos... Bueno, vale, que ahora también las muñecas de Famosa se dirigen al portal para hacer llegar al niño su cariño y su amistad.
Ya está bien.
Ya basta.
Lavabo a mano desde el inodoro. Es una exigencia obvia, indeclinable.

jueves, 26 de abril de 2018

Rejas

Esto no es una novela sino
la purga de mi corazón.
               Camilo José Cela, Oficio de tinieblas 5


En mi vida he proyectado dos centros de atención a la infancia y he intervenido muy levemente en otros dos. Los cuatro bastante pequeños y de una sola planta. (Estos centros de atención a la infancia son los que antiguamente se llamaban guarderías, y en el lenguaje común se siguen llamando así. Pero en el lenguaje políticamente correcto no sé cómo se llamarán ahora porque hace mucho tiempo que no hago ninguno).

En uno de ellos, henchido de un sentimiento de buen rollo que a su vez estaba contaminado por mi perenne estupidez, pensé que sería agradable que en el pasillo de circulación que daba a la fachada hubiera ventanas a dos alturas: la de los niños y la de los adultos.
(Sí, ya lo sé: La típica chorrada que no se le ha ocurrido nunca a nadie).
Quería que los niños tuvieran su propio punto de vista.
(Aunque el centro da a una calle peatonal tranquila y alegre no quise que las salas dieran a ella, sino a un gran patio interior ajardinado al que salieran los niños directamente. Por eso hice el pasillo por fuera).

En cuanto se inauguró, el edificio empezó a sufrir robos y actos vandálicos. Los ladrones entraban a placer y se llevaban los ordenadores, el equipo de música y todo lo que pillaban. Todo. (Supongo que los ladrones expertos se colarían por las ventanas de arriba y los aprendices por las de abajo).
No solo entraban ladrones. También (sobre todo) se metían amantes de romper cosas por el placer de romperlas. (Al parecer hay algunos menguados que disfrutan rompiendo).

El caso es que la dirección del centro se vio en la necesidad de poner rejas.


(Las rejas estaban todas pintadas de negro, pero en una intervención posterior las han pintado de colores y también han pintado un zócalo de color azul añil).

Antes de seguir hacia donde quiero ir, y puesto que este blog es sobre todo la purga de mi corazón, he de reconocer que cuando hice el proyecto y cuando dirigí la obra no preví ese problema, y por lo tanto, obviamente, no dispuse ninguna solución, por lo que tiempo después la dirección del centro, el ayuntamiento, la consejería y hasta el Sursum Corda han tenido que aplicar las medidas que han considerado oportunas y yo no solo no tengo ningún derecho a quejarme sino que he de agachar las orejas avergonzado por haber forzado esta situación con mi imprevisión y mi torpeza.

(Cuando os "destrocen" una obra pensad por qué lo han hecho, y analizad, lo primero de todo, qué problemas no habéis sabido resolver y habéis dejado a los usuarios para que se las apañen como puedan).

Dicho lo cual, me llama poderosamente la atención que lo que yo imaginé como un lugar de juego, de luz y de alegría se haya convertido en un búnker, una caja hermética, enrejada, inaccesible, y lo que imaginé como un espacio en el que los niños pudieran tener una experiencia incluso arquitectónica de... no sé cómo decirlo... digamos "libertad orgánica", haya quedado como un bloque cerrado a hierro y fuego y encajonado porque el mundo no es la alegría que quisiéramos inculcar a nuestros niños, sino una desordenada colección de hijosdeputa a quienes un arquitecto torpe no supo dejar fuera.

lunes, 14 de abril de 2014

Arquitectura y educación. #Eduarq10

Estoy participando con otros nueve compañeros en una serie de escritos y reflexiones sobre arquitectura y educación que organiza el activo blog de Stepien y Barnó.
También se ha creado un hashtag al efecto: #Eduarq10. Lo puedes seguir en twitter.


Hoy ha salido mi aportación a ese proyecto colectivo. Es un artículo que se titula "La formación del arquitecto", y dice algunas perogrulladas que he creído conveniente decir.
Os animo a que leáis los diez y participéis con vuestros comentarios y opiniones.
Es un honor ser uno de los diez elegidos para este equipo. Me siento muy a gusto y en muy buena compañía.

Muchas gracias a todos: A los organizadores que pensaron en mí, a mis compañeros, que dignifican mi intervención con las suyas, y a todos vosotros por leerlas y por comentarlas y debatirlas.