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miércoles, 21 de febrero de 2024

El tercer hombre

A Carlos Bento Company, que lo
mencionó en Facebook.


Renzo Piano (Génova, 1937) y Gianfranco Franchini (Génova, 1938 - Génova, 2009), paisanos, se conocieron muy jovencitos estudiando arquitectura en el Politécnico de Milán e incluso compartieron habitación. Con el tiempo, y ya titulados, trabajaron juntos y se les unió Richard Rogers (Florencia, 1933 - Londres, 2021).

Los tres jóvenes talentosos dieron la campanada cuando ganaron uno de los concursos de arquitectura más importantes de la segunda mitad del siglo XX: el Centro Georges Pompidou en el centro histórico de París. Tocaron el cielo y, de rebote, el infierno.

domingo, 1 de mayo de 2022

Vestido de nazareno

No tenía intención de continuar la entrada anterior, ni la planteé como primera parte de nada, pero en ella comenté de pasada que hacía no mucho tiempo Norman Foster era un huracán que se remangaba la camisa y dije que alguna vez lo contaría aquí si no lo había hecho ya. (Obviamente, en seguida alguien me pidió que lo hiciera).

Suelo escribir tan compulsivamente que ni me paré a comprobarlo antes de publicar esa entrada. Lo hice después y vi que no lo había contado, así que creo que está bien hacerlo ahora. (También vi que no se remanga la camisa. La memoria es engañosa y, al menos en mi caso, magnifica las escenas y las hace más épicas aún de lo que ya son).

Titulo esta entrada "vestido de nazareno" para completar el dístico de Machado que transcribí el otro día, aunque los títulos resultan ahora cruzados. Hoy cuento lo del trueno y la semana pasada dije lo del nazareno.

Foster sin chaqueta y con el rotu gordo

En mayo de 2012 la empresa L&L Holding Company invitó a once estudios de arquitectura de fama internacional para que presentaran ideas para un rascacielos de oficinas que pretendían construir (conservando el 25% de la estructura del edificio existente(1)) en el número 425 de Park Avenue, en Nueva York. De esos once quedaron cuatro finalistas: Foster + Partners, Rogers Stirk Harbour + Partners, OMA y Zaha Hadid Architects, y se les pidió que participaran en una segunda vuelta para ver a quién le encargaban el proyecto.

Esa ronda final se filmó y tenemos a nuestra disposición un documento valioso de cómo venden sus dotes y sus cualidades tan grandes estudios. Vamos a verlo un poco(2).

domingo, 19 de diciembre de 2021

Malas notas

A mi compañero y amigo Ignacio Vicente-Sandoval, como sólido
y brillante docente que es, comprometido con que la enseñanza de
la arquitectura tenga sentido (y también, ya de paso, porque fue un
excelente maquetista en el estudio de Richard Rogers). 


Ha muerto Richard Rogers(1), uno de los más brillantes arquitectos de las últimas décadas. Y todos, naturalmente, nos hemos puesto a glosar y celebrar sus magníficas obras. Pero alguien, muy oportuno, ha sacado un interesante documento: sus penosas calificaciones del cuarto curso de arquitectura:

Solo aprobó una asignatura (services, que sería algo así como "instalaciones"). En el informe que acompañaba a esas notas se decía que el chico tenía un genuino interés y sentimiento por la arquitectura, pero no estaba intelectualmente equipado para canalizarlos, y también que tenía un método de trabajo caótico y un juicio crítico inarticulado. Vamos, que sus profesores tenían lo que viene llamándose "ojo clínico". Y, claro, de ahí muchos tuiteros han inferido que la enseñanza es y ha sido siempre un desastre y nos han pedido a los docentes que nos lo miremos (o que dimitamos, o que nos demos un tripazo).

Bien: Aparte de que siempre es conveniente hacer examen de conciencia y de que me aterroriza ser injusto con alguien (llevo tres días pasándolo mal por una corrección que le hice a una alumna, e incluso le he escrito un correo para intentar puntualizar y suavizar algo), creo que no se puede achacar a fallos del sistema lo que pueden ser problemas de adaptación, de velocidad de maduración, de adiestramiento en rutinas, etc.

Rogers era disléxico, si bien en cuarto curso de arquitectura ya debía estar más o menos adiestrado en torear estas cosas. Pero, en efecto, hay gente que se desenvuelve muy bien durante sus estudios y que luego no tiene una gran carrera profesional, o científica, o artística, y otra a la que la etapa académica se le hace una árida, insoportable y dificilísima cuesta arriba, que salen de la facultad de perfil y por la puerta chica, pero que luego explotan con todo su brillo y su fulgor en el "mundo real", que es el que importa.

Creo que quienes deducen de las malas notas de Richard Rogers que el sistema falla, que siempre ha fallado y que los profesores somos nefastos seguro que aciertan en algún caso (ojalá no en demasiados), pero no deberían generalizar. A veces se hace el razonamiento al revés, y hay quien llega a considerar que fallar en las pruebas escolares es garantía de ser bueno. Según eso yo soy un magnífico pintor y un músico genial.


Los estudios académicos están pensados para dar una formación estándar a unos alumnos estándar, y a veces fallan con los muy geniales o con los muy no-geniales. Pero he tenido la oportunidad de poder asomarme un poco a la trastienda de quienes organizan los programas, las asignaturas, los créditos y las pruebas, y no hacen más que pensar e imaginar cómo pueden ser útiles. Cada uno desde nuestro puesto estamos dándole vueltas y vueltas a cómo exponer y proponer, cómo entusiasmar, cómo evaluar, de qué forma obtener los mejores resultados ayudando a la madurez y a la plenitud de los estudiantes.

Richard Rogers, como tantos grandísimos artistas, técnicos, filósofos y científicos, demostró que el sistema educativo a veces no se adapta a las personalidades "especiales" y "desequilibrantes", pero también supo hacer el esfuerzo de tragar ricino, pasar por el aro y salir -aparentemente- con una formación endeble y cogida con alfileres, con un título de mírame y no me toques, pero lo suficiente como para empezar a hacer lo que quería y podía, para crear y para asociarse con gente brillante que también tenía esa formación incipiente e incompleta que no sirve para solucionarte la vida, ni mucho menos, sino para ayudarte a formular preguntas y a tener dudas. Y luego, a partir de ahí, ojalá tengas suerte.



Añadido en frío al día siguiente: 20-12-2021
Lo que queda escrito más arriba no excluye la posibilidad de que los tutores tuvieran razón. Todos hemos conocido la obra de Rogers... después de haber salido de la escuela con su título bajo el brazo. A quien no hemos conocido es al Richard Rogers que cursaba penosamente el cuarto curso de la carrera de arquitectura suspendiéndolo casi todo.
Es obvio que tarde o temprano terminó por aprobar. A ver si fue eso. A ver si verdaderamente tenía muy buenas cualidades natas pero desordenadas y poco maduradas, y los estudios (y sus profesores) lo ayudaron a centrar y orientar sus aptitudes.
A ver si al final los estudios de arquitectura le sirvieron para algo.


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(1).- En el nombre de Richard Rogers he enlazado un estupendo artículo de Anatxu Zabalbeascoa que os pido que leáis.