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miércoles, 19 de julio de 2023

Arquitectura con clac (y 2)

Dedicado a Eduardo Almalé, detective infalible,
y a Enrique Parra, que se emocionó en el Panteón. 


Josep Quetglas, a modo de provocación, escribió que "solo los [arquitectos] torpes viajan a ver arquitectura". Vamos, que no entendía por qué ni para qué viajamos a tal fin. Señalaba que es una pérdida de tiempo, un gasto innecesario, una confesión de incapacidad o incluso de estulticia. ¿Es que acaso no sabemos leer un plano? ¿Es que no somos capaces de hacernos una perfecta construcción mental al estudiar plantas, alzados y secciones? Pues vaya una porquería de arquitectos que somos.

El texto de Quetglas sobre los viajes.
Impagable documento conseguido por Eduardo Almalé

Yo, como todos mis colegas, sí que sé hacerme una construcción mental de un edificio viendo sus planos; lo "entiendo"; pero "vivirlo" es otra cosa. Tengo que experimentarlo. Con los planos lo entiende mi cerebro, pero al visitarlo lo siente mi corazón(1)

Por ello, y lamentándolo mucho, me voy a limitar a comentar solo algunos de los (escasos) edificios en los que he estado(2).

¿Hay arquitectura que tenga un clac, una articulación, una clave, que dé sentido a su espacio y a su idea?, preguntaba el otro día. Y me respondía que sí.

sábado, 4 de marzo de 2017

Necio chinchorrero

No quiero escribir esta entrada. No quiero reaccionar airadamente cada vez que un tonto del haba se mete con la arquitectura y con los arquitectos porque sí, sin dar una razón, sin un fundamento, sin conocimiento de causa. No quiero darle a esa gente boba y autocomplaciente una importancia que no tiene. No quiero ensuciar este blog con mi cabreo y mi desprecio.
Pero es que hacen mucho daño. Es que es un bombardeo continuo desde la tele y desde la radio, una gota malaya inmisericorde. Es que es el insulto gratuito y constante sin que nadie haga nada por frenarlo, y calando un día tras otro en la opinión pública.
Es un lugar común: Nadie lo niega, ni siquiera la gente supuestamente culta. (Esos menos que nadie). Una panda de opinadores indocumentados, bobos y chinchorreros dicen que la arquitectura moderna es una desgracia para la humanidad y que los arquitectos somos los enemigos. Y nadie les calla la boca, nadie les pide que se retracten, que pidan perdón. Es una ofensa gratuita y estúpida, sin el menor fundamento ni la menor base, y que sigue cundiendo.
Uno de estos personajillos patéticos que aletean y cacarean con estas falacias es un tal Adriansens, que se tiene por artista, por hombre muy culto y sensible, que no sabe nada de nada más allá de tres datos inanes y de tres nombres alemanes del siglo diecisiete o dieciocho, que babea sus orgasmos stendhalianos y jadea sus suspiritos y sus exabruptos escupiendo alabanzas a los castillos del Loira y a los orinales del Rey Sol mientras despotrica contra todo lo moderno. Habla con rotundidad, con exaltación, con cabreo, y loa sus bibelots y sus chuminadas grasientas a toda hora. Ah, y además pinta.

Cosita de Adriansens

Ayer, en el programa de radio Julia en la Onda, que dirige Julia Otero en Onda Cero, este mamarracho se ha permitido eructar que no puede perdonar a los arquitectos modernos porque han afeado el mundo. Y nadie le ha mandado callar. Ni siquiera nadie ha mediado o ha intentado terciar, matizar nada. Así, tal cual: Los arquitectos modernos no merecen perdón porque han afeado el mundo.
¿Pero por qué nos tiene usted que perdonar? ¿De qué? ¿Pero quién se ha creído usted que es?
Imaginaos que alguien hiciera una afirmación tan genérica sobre los médicos, los charcuteros o los taxidermistas. Tal vez alguien se sintiera molesto y le pidiera que matizara algo, que puntualizara algún detalle o suavizara alguna expresión. Pero con los arquitectos no hay matices. No pasa nada. Somos el pimpampum, los enemigos de la humanidad.
El otro día un eurodiputado polaco ha dicho que las mujeres deben cobrar menos que los hombres porque son más bajitas y más tontas y se ha liado buena, con toda la razón. Si hubiera dicho que los arquitectos debemos cobrar aún menos de lo que cobramos porque somos la pura maldad nadie se habría sentido molesto.

Cosita de Adriansens

Por otra parte, este odiador de la arquitectura moderna (y de la arquitectura en general, pues diga lo que diga no entiende ni sabe nada de arquitectura, ni le interesa lo arquitectónico) va a Florencia o a Venecia y se despiporra. Le da un stendhalazo que se cae al suelo. Levita y palmotea, y se le cae la baba. Pero habría que haberlo visto allí, en la Florencia del quattrocento, cuando el moderno Brunelleschi se lio la manta a la cabeza y acometió aquella tremenda barbaridad del cupulón.

Cosita de Adriansens

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fisión semántica

Hoy quiero ponerme serio y profesoral. Lo siento. Intentaré ser lo más ligero posible. Pero creo que el tema merece la pena.
Vamos a hablar de la fisión semántica, un término acuñado por Lévi-Strauss y que no aparece en ninguno de sus libros. Así que no debió de parecerle tan importante. (Lo dijo en una conferencia, pero luego no desarrolló el concepto en obras más extensas y densas. Se hizo eco el siempre atento y lúcido Bruno Zevi, pero tampoco fue más allá de plasmarlo en un artículo. Umberto Eco, por fin, lo encuadernó en su célebre La estructura ausente (C.3.III). Más tarde expuso elocuentemente este concepto Juan Daniel Fullaondo en sus clases y en sus escritos (por ejemplo, Composición de lugar, Hermann Blume, Madrid, 1990).

El concepto es sencillo, pero tiene implicaciones complejas. Consiste en que tenemos todo el abanico de la historia de las formas a nuestro alcance, y toda la libertad del mundo para usarlas. Pero al utilizar formas del pasado las deformamos, porque leemos en ellas unos mensajes que no son los originales. Nuestras claves para "leer" esos signos son aberrantes, porque no son las mismas que había en la época de aquella forma, y sus connotaciones han cambiado muchísimo. Por ejemplo, si usamos un capitel jónico en un bloque de viviendas estamos interpretando ese capitel de manera completamente diferente al de un arquitecto griego. Pero, por otra parte, también estamos en condiciones de estudiar historia y de entender perfectamente las claves de aquel remoto arquitecto. Usamos entonces ese capitel jónico con erudición y sabiduría del pasado. Pero en ese caso, aun sin querer, también estamos provocando una fisión semántica, porque el mundo en el que estamos insertando ese capitel no es el antiguo mundo griego, y el solo hecho de que lo insertemos produce distorsiones y deformaciones, produce una fisión.