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viernes, 12 de enero de 2018

Oiza viejoven

Oiza siempre fue una persona muy activa y muy nerviosa. De joven había sido buen ciclista, y presumía de haberle plantado cara nada menos que a Federico Ezquerra, "el Águila del Galibier". (Iba en bicicleta de Madrid a La Granja, ida y vuelta, y se picó con otro ciclista. En Puerta de Hierro el otro le preguntó que en qué equipo corría, mientras que se descubría como Ezquerra. Esto Oiza lo repetía a cada momento con legítimo orgullo: Le había pedaleado de tú a tú al gran Ezquerra).

He escrito "de joven" y ese es el problema, que Oiza seguía sintiéndose joven a una edad avanzada. Vale: Se dice que hay que sentirse siempre joven, que hay que serlo en el corazón y que la juventud no está en los años que se tienen, sino en la ilusión y en las ganas de vivir. Pues vale, pues bueno, pues de acuerdo.

Los grandes Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes tienen un espectáculo, Viejóvenes, en el que se retratan como seres desubicados que están ya en la cuarentena pero no asumen su edad y quieren seguir saliendo de marcha y llevando la misma vida que a los veinte. Se producen algunas situaciones cómicas, tristes y ridículas.

Cartel del espectáculo Viejóvenes.

Pero Oiza no estaba precisamente en la cuarentena cuando yo lo conocí en la escuela. Estaba en la sesentena y era un torbellino. ¡Bien!
Siendo director de la ETSAM tuvo que sufrir una huelga muy dura. Un día -ya tendría sus 65 tacos-, yendo a su despacho de la escuela se encontró con un piquete de alumnos que le cortaban el paso. Se encaró con ellos y se negaron a dejarle pasar. El acceso al pasillo al que daba su despacho estaba tapado con un tablero de los de las aulas de dibujo técnico. Oiza, muy cabreado, saltó por encima del tablero. Muy poca gente puede hacer eso a los veinte años, y él lo hizo a la edad de jubilación.
Obviamente, después de eso los alumnos, pasmados, no hicieron nada para impedirle que llegara a su destino.

Todo eso es encomiable, sí, y todos quienes lo hemos visto y escuchado hemos celebrado esa energía, esa vitalidad, ese espíritu. Pero tiene una componente menos plausible, y es que Oiza quería ser más joven que los jóvenes, más que sus alumnos, más que nadie, y a veces llegaba a situaciones ridículas.
No me refiero a situaciones personales -allá cada uno, y en ese aspecto no tengo nada que decir-, sino a actitudes profesionales.

miércoles, 7 de mayo de 2014

And the winner is...

Acabamos de enterarnos de que el frepstiguioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes ha recaído en el frepstiguioso arquitecto Frank Gehry.
Creo que Gehry es un arquitecto que empezó haciendo cosas muy interesantes y que, como todos los arquitectos-estrella, ha terminado banalizándose y autocopiándose. Vamos, lo normal.
Pero esto ahora no viene al caso.
Pienso en la supuesta utilidad social que puede tener tal competición de egos. Y en el papel (un tanto desangelado) del "arquitecto ganador". También me interesaría saber con qué criterios se hacen esas cosas. Hombre, está claro que prima la relevancia social y el forofismo antes que cualquier otra cosa. (Pero eso pasa en este premio, en el Nobel y en todos).
Puestos ahí, en la palestra, con sus virtudes al aire, para ver a quién se escoge como vencedor, dan un poquito de grima.

Uno de esos concursos más o menos culturales que hace Tele 5.
(El presentador parece que ya ha elegido ganador).

En RNE han dado la noticia, y han dicho que Gehry se suma a la lista de arquitectos que han ganado el Príncipe de Asturias, como Niemeyer, Moneo o Foster. No pretendía ser una lista exhaustiva: El locutor los ha citado como a vuelapluma. Se le ha olvidado Calatrava (supongo que voluntariamente) y Oiza (supongo que ni lo conoce).
Lo primero que he pensado es en lo ensordecedor que era el silencio del nombre del valenciano, y en lo desubicado que estaba el navarro en esa lista de glamurosos.
Lo segundo que he pensado es en cómo se podría estructurar y articular el discurso de la arquitectura contemporánea ensartando estas figuras como cuentas de un collar: Niemeyer-Oiza-Calatrava-Foster-Moneo-Gehry (por orden de concesión del premio). Un poco caótico, ¿no?
Si vemos la lista completa también nos parece caótica, y no entendemos nada. O sí. Entendemos que esto es otra cosa. Y que no podemos pretender que sea lo que no es.
Contamos, para empezar, con que en estos premios los españoles llevan un plus. Naturalmente. De seis arquitectos mundiales tres son españoles. ¡Nos ha fastidiado! ¡Que inventen los Premios Príncipe de Beukelaer si quieren premiar a arquitecos beukelaerenses!
La composición del jurado, y la meliflua redacción del acta nos hacen pensar (una vez más) en el discurso automático y en las cabezas vacías. (No lo digo en el sentido de que los miembros del jurado sean bobos -por el contrario, son enormemente listos- sino en que, al parecer, la arquitectura no les interesa especialmente, y en que es un tremendo marrón explicar algo que no tiene fuste, y la cabeza se les queda horra de ideas ante el compromiso de a ver qué coño dicen).

viernes, 12 de agosto de 2011

Malaria, animales salvajes, congelación, caníbales.

Estamos en verano otra vez, y vuelvo a hacer un artículo muy chorra con la excusa de que es "el post veraniego". (El del año pasado está yendo muy bien. Tiene bastante éxito).
El motivo es que me he encontrado esta bonita sección, El ladrillazo del verano, en el suplemento Vivienda del periódico EL MUNDO.
Han acudido a diez conspicuos personajes de la sociedad española y les han hecho a todos las mismas diez preguntas prediseñadas para obtener evidentes respuestas demagógicas.
Me ha hecho gracia, porque una de las diez preguntas perennes es que digan tres razones para irse a vivir o no irse a vivir a Seseña.
Seseña es tristemente famosa en el mundo de "la vivienda". La hizo famosa "el personaje", como le dice uno de los preguntados. Y me veo, yo, que tanto he despotricado contra todo aquello, esperando que alguien diga algo amable de mi pueblo. Pero nada. No hay forma.

Tan sólo se sale de lo trillado Joaquín Reyes, que dice que no se iría a vivir a Seseña por la malaria, por los animales salvajes, por la congelación en invierno y por los caníbales. Si es por eso, vale. Pero al escritor superextraordinario (por cierto, muy bien parodiado por Joaquín Reyes en sus Celebrities) a lo mejor le tendríamos que decir los seseñeros que nosotros tampoco le querríamos por vecino. No sé. Es un decir.
Todos los entrevistados creen que Seseña es sólo aquel famoso episodio de urbanismo creativo. Bueno, qué se le va a hacer. Seseña es mucho más, como cualquier grupo de gente y de historias.
Influido por el escritor, y contagiado por su pertinaz y contumaz afán de protagonismo, os comento que hace tiempo escribí una novela sobre Seseña. Bueno, sobre mi familia seseñera. Pero al menos es algo más que asociar mi pueblo al pocerismo. Se ve que en ese pueblo ya hubo gente antes, y que no lo inauguró "el personaje".
Perdonad por este post, que se va demasiado de lo que yo quiero que sea mi blog, pero comprended que hace mucho calor y que no me centro, ni pienso con la suficiente claridad, y me dejo llevar por lo que veo en internet cuando curioseo.