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martes, 15 de junio de 2021

Nota de servicio

La plataforma Blogger, en la que está alojada este blog, me ha dado un buen disgusto mediante un recuadrito de texto casi ininteligible para mí:

Me dicen que en julio el widget FollowByEmail (Feedburner) va a desaparecer, y eso me llena de consternación. ¡Con lo que he sido yo del widget!, que cuando mis hijos eran niños los bajaba al parque pero en seguida los dejaba solos para ir corriendo a atender al widget; pero no a cualquier widget, no: Al widget FollowByEmail (Feedburner). Que yo habré sido un padre pésimo, vale, pero un widgetero ejemplar. ¡Y ahora me lo paga así!

Resulta (si he sido capaz de entender lo que pone ahí) que el feed seguirá funcionando (menos mal, sea lo que sea el feed), pero quienes me hicisteis el gran honor de suscribiros no vais a recibir ya más avisos por email cada vez que publique una nueva entrada.

Me ofrecen, si quiero seguir avisándoos, que me descargue vuestra información de contacto, y me invitan a pedir más información.

He ido a pedirla y no he entendido apenas nada, y creo que cien vidas que viviera serían muy pocas para atreverme a aventurarme en esos laberintos que se me abren.

Una de las cosas que sí he podido entender es que me proponen un nuevo sistema, pero de pago. Y eso no me ha hecho gracia.

Este blog no tiene publicidad. No cobro un céntimo por él. (Mi cobro, generosísimo, es vuestra atención y los mensajes cariñosos que me mandáis a menudo). Pero tampoco quiero pagar dinero por mantenerlo. Voy a intentar evitarlo mientras pueda.(1)

Así que, entre que la forma de activar todo eso se me hace inextricable y que encima tengo que pagar, lo dejo. No hago nada.

Por lo tanto dejaréis de recibir avisos de mis nuevas entradas. Lo siento mucho. Os pido encarecidamente que un día por semana o cada diez días, más o menos, o cuando os venga bien, os asoméis por aquí para ver si hay algo nuevo.

Siento que ocurra esto. Ya sé que estamos todos muy liados y tenemos mil cosas en la cabeza, y que si un email nos da un toque diciéndonos que hay algo nuevo y nos pilla de humor podemos decirnos: "Ah, pues voy a mirarlo". Pero que tengáis la disciplina de ir a mirar cada pocos días es mucho pediros, y sé que se os va a olvidar. Son demasiadas cosas las que hay.

Sé que muchos sí que lo hacéis: mirar periódicamente el blog, pero también sé que a algunos os voy a acabar perdiendo. Lo siento mucho.

Yo seguiré escribiendo aquí mientras pueda.

Saludos. Sed felices. Pasadlo bien y leed este blog alguna vez si os apetece.

Abrazos y muchas gracias por haberme acompañado hasta aquí.


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(1).- El 6 de mayo recibí un correo de Marina, de follow.it (un sustituto de Feedburner), en el que me ofrecía los servicios de tan sorprendente aplicación. Como no le contesté y ya se aproxima la hora inexorable del cese de mi queridísimo aunque para mí completamente desconocido widget, ayer me ha mandado un mensaje por email ofreciéndome un descuento. Pues bien que lo siento, pero no.



jueves, 9 de mayo de 2019

Tatuajes: El tiro por la culata (I)

Antes de entrar en el tema quiero declarar lo siguiente: Acabo de cumplir cincuenta y nueve años. Me crié viendo a Locomotoro, a Matías Prats, a José Bódalo, a John Wayne, al Cordobés, a Mariano Medina, a Tony Leblanc, a Amancio, a Bugs Bunny, a Gila y a Torrebruno, entre otros muchos.
Fui a un colegio de curas. El profesor de gimnasia (educación física) y política (formación del espíritu nacional) era falangista y muchos días iba a clase con la camisa azul y la insignia del yugo y las flechas. Quien no jugaba al fútbol era marica... Si tenéis menos de treinta años dudo que podáis haceros una idea del panorama.
Y sin embargo tuve una infancia feliz y además, para mi suerte, siempre he sido muy curioso, he leído mucho y he tenido la mente muy abierta. Así que poco a poco he ido afinando mis criterios, acaso demasiado simplistas en su origen, y me he ido haciendo a casi todo.
Digo esto como excusa y a modo de justificación de lo que sigue. He evolucionado algo, incluso bastante si nos ponemos como referencia los años sesenta y setenta, pero se me notan los ramalazos de rancio, machista, etc., que aún me quedan y que en esto que cuento se me notan.

Bueno: Vamos con ello.

Una de las entradas más frecuentadas de este blog, con más de quince mil visitas, es la que dediqué a glosar el artículo "Ornamento y delito" de Adolf Loos. Pero tanto a él como a mí nos salió el tiro por la culata.

El artículo (y mi glosa) trata de que una arquitectura ética y racional no debe llevar adornos. El adorno es un despilfarro de dinero y de diseño, demuestra primitivismo, no sirve para nada, no aporta nada y lastra la obra de arquitectura. El adorno no es ético.

Buscando ejemplos y pruebas de ello, Loos llegó a una que consideró irrefutable: los tatuajes. "¿Quién se hace tatuajes?", se preguntó. "Los primitivos y los delincuentes", se contestó.


Pues ya está: Asunto arreglado. Queda demostrada la tesis. Así como ninguna persona moderna, culta y ética se hace un tatuaje, así la arquitectura moderna, culta y ética no debe llevar adornos. El adorno es un delito.

Durante unas décadas ese ejemplo le sirvió. Pero finalmente le ha salido el tiro por la culata. Ahora todo el mundo, sobre todo la gente moderna, culta y ética, se hace tatuajes.

Y a mí también me salió el tiro por la culata. Hice mi "famosa" entrada glosando el artículo de Loos y desde el primer momento recibí un aluvión de visitas. Eso me tupió de satisfacción. Pero pronto me di cuenta de que tal afluencia no era por lo que yo contaba, sino por todo lo contrario: Había puesto una impactante imagen de un tatuaje que rodeaba el cuello de un hombre como si fuera una horrible raja cosida de mala manera. La gente buscaba tatuajes llamativos y molones en la sección de imágenes de google y le aparecía la de mi blog entre las primeras. (Lo sé porque blogger me brinda una herramienta para que sepa qué busca la gente que da con mi blog).
La imagen que yo puse como ejemplo del sinsentido de los tatuajes pasó a ser el motor por el que los curiosos me visitaban. Vaya fracaso.

Como google es como la máxima del evangelio que dice: "al que tiene se le dará", cuanta más gente entraba a mi blog por ahí, mejor se colocaba mi imagen y más aparecía en las búsquedas, así que cada vez entraba más gente. Era un círculo vicioso.
Supongo que de los quince mil que visitaron esa glosa loosiana apenas doscientos o trescientos la leerían. Los demás buscaban más fotos, veían que no había y se iban.
Así que en unos cuantos meses el flujo fue remitiendo, y, como google sigue aplicando aquella misma sentencia evangélica: "...y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene", la imagen y el enlace a mi blog fueron sumiéndose en la sima infinita de los desterrados y hoy ya puedes teclear "tatuajes impactantes", "tatuajes molones", etc., que mi blog no sale y ya nadie visita aquella vieja entrada. Sic transit gloria mundi.

viernes, 25 de mayo de 2018

Advertencia

Hoy entra en vigor el nuevo reglamento de protección de datos y llevo desde hace un par de días recibiendo mensajes de todo el mundo y por todas las vías imaginables diciéndomelo. Una tienda virtual me explica que puedo acceder a los datos que tiene de mí (porque me compré unos calcetines por internet hace diez años), que puedo exigir que me los borren (rellenando un formulario en su web, para lo que tengo que acceder a "mi perfil"; eso sí: si soy capaz de recordar qué sobrenombre me puse y qué contraseña utilicé hace diez años cuando me compré esos calcetines). Y así todo el mundo. De pronto se han vuelto todos locos y me están volviendo loco a mí.

En definitiva, me cansan y me abruman explicándome el derecho que tengo a que no me cansen ni me abrumen.

Resulta que me ha dado por pensar que llevo casi treinta y tres años haciendo proyectos de edificios y conservo los planos secretos de los polvorines y los datos de mis clientes, y estoy por quemarlo todo y, si me apuráis, quemarme yo también, porque no soporto tener tanta responsabilidad (incluso sobre edificios que han cumplido sobradamente el plazo decenal, algunos de los cuales no tienen grietas ni humedades).

Vamos, que no sé qué hacer con mi archivo. En cuanto a los nuevos proyectos lo tengo muy claro: En la carátula y en la memoria dirá:
Proyecto de Ejecución de Un Edificio.
Situación: Un lugar.
Promotor: Una persona (física, con su DNI o NIE, o tal vez jurídica, con su CIF), domiciliada en su casa (o acaso en su oficina).
Y, naturalmente, todos los planos irán pixelados para que no se vea cuántos cuartos de baño hay ni cosas así, que la gente es muy cotilla.

Si no les dan licencia de obras se siente. Yo más no puedo hacer.

Pero ya el colmo, lo que me ha inquietado, me ha aturdido, me ha desazonado y me ha angustiado es que Blogger me manda este mensajito:

Por favor, clicad para verlo más grande.

Así, diciéndome que tenga cuidadito con quienes entráis aquí de vez en cuando (y no digamos si además dejáis un comentario) porque tengo una altísima responsabilidad y me la estoy jugando.

No entiendo nada, no sé nada. Soy como la infanta.

No sé qué datos vuestros recopilo en mi blog. Vamos, que yo no recopilo ninguno. Los que queráis dejar vosotros.
Blogger me dice que ya os está dando una advertencia sobre las cookies, cosa que le agradezco porque yo no sabría. Bueno, yo ni sé todavía exactamente qué son las cookies, Hulio. Pero me advierte de que si estoy usando otras (¿estoy usando otras?), como por ejemplo las que añadan determinadas funciones de terceros (¿?) puede que esté cometiendo el pecado nefando.

Qué angustia, de verdad. Qué coraje. Yo solo os puedo decir -y os lo digo con la mano en el corazón y lágrimas en los ojos- que jamás utilizaré ni daré a nadie vuestros datos bancarios, vuestro historial médico ni vuestros antecedentes penales. Lo juro. Y no solo por mi inmarcesible ética personal, sino porque no sabría cómo hacerlo.

Podéis estar tranquilos. (¿O no?)

domingo, 18 de junio de 2017

Comentarios

Tengo ya el vicio de mirar este blog varias veces al día por si hay algún nuevo comentario. En general sois parcos o tímidos, o es que para dejar algún comentario se os piden demasiados datos y molestias y os da pereza.
El caso es que, salvo en algunas entradas muy "calientes", no suele haber demasiados comentarios. Pero, eso sí, los que hacéis suelen ser muy cariñosos y a veces hasta elogiosos. Así que me hincho como un pavo.

A menudo ocurre que cuando alguien está de acuerdo con el contenido de una entrada no se suele tomar la molestia de hacer un comentario. ¿Para qué? ¿Para decir que muy bien, que vale? Sin embargo, cuando se está en desacuerdo, y no digamos cuando la entrada le llega a indignar a uno, sí que salva todos los laberintos y tropezones que le impone el blog (los he dejado en lo mínimo posible) para hacer constar su disconformidad.

Hace dos entradas me eché al monte a hablar de un personaje muy difícil: Juan Navarro Baldeweg. Me superó. No fui capaz de decir nada interesante de él. Se me escurrió entre los dedos (como suele hacer, el cabrito) y me dejó sin nada. Mi blablablá no pudo ser más vacío ni más torpe. Esa entrada merecía comentarios acerbos, sin duda. Pero creo que no se merecía los que recibió. Porque los comentarios que tiene hasta este momento(1) no critican mi pobreza analítica y expositiva, sino el arte de Juan Navarro y la pintura y la arquitectura contemporáneas en general. Benditoseadiós.

 

A estas alturas esos argumentos. Otra vez.
Se le quitan a uno las ganas de seguir.
(Me estaban esperando desde lo de Adriansens).
Menos mal que por las redes sociales -y los más íntimos cara a cara- me hacéis comentarios y críticas de otro tipo.
¿Cómo se puede seguir alimentando, a estas alturas, ese desprecio a todo lo que supone la modernidad, la contemporaneidad? ¿Cómo se puede, para reforzar esa postura, hacer dos bandos no basados en la calidad ni en la profundidad programática, sino en la mera percepción superficial y anecdótica?

A estas alturas. Vamos, por favor.
En algún comentario detecto una sana ironía. O a lo mejor me la imagino yo, que ya no sé ni qué pensar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Algunas consideraciones sobre el blog

Martina, una estudiante de arquitectura, me dice que tiene que hacer una presentación sobre algún tema, libro, arquitecto, movimiento, crítica, etcétera, para suscitar un debate en clase, y que ha elegido este blog.
La idea me emociona y me vuelve aún más pasteloso de lo que lo soy habitualmente. (Ni "no me lo merezco" ni narices: Las cosas vienen de la forma más inesperada y hay que celebrarlas; todas. Yo lo celebro; claro que sí).
Me pide que le cuente cómo surgió el blog, qué "ideología" tiene, etcétera, y que haga una "lectura crítica" de él.
Las circunstancias sobre cómo surgió Arquitectamos locos? ya las he contado aquí alguna vez, así que me temo que me voy a repetir.
No obstante, esto es lo que le he contestado:



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL BLOG “ARQUITECTAMOS LOCOS?”, por su autor.

Hola, Martina:
(Esto que te cuento ya lo he dicho en el blog. Me repito).
Siempre he sido muy discutidor (o muy bocazas), pero limitaba mis diatribas a los bares y sitios similares, con un reducido número de amigos.
Empecé a oír hablar de los blogs, y me puse a leer algunos, sobre todo de libros y de cine. Me iba haciendo gracia la idea de tener uno, pero no tenía ni idea de cómo se hacía eso.
Coincidió con el cierre de mi estudio y con la peor situación profesional y anímica que he tenido en mi vida. Mi hermana tenía un blog y me dijo que era muy sencillo. Me metí en blogger y, sin tener ni idea, acepté las plantillas que se me ofrecían, sin plantearme nada en cuanto al diseño o a la imagen del blog, y me lancé a escribir.
Esto ocurrió en julio de 2010, y yo escribía pensando en cinco o seis personas concretas (que al final son las que menos me leen) y no podía ni sospechar que en cinco años iba a tener más de medio millón de visitas.
El blog nació con un título que ni supe poner bien. Ahí se ve el nulo conocimiento que tengo de estas cosas. No me gusta la moda de escribir en español las interrogaciones con un solo signo, y hasta con el teléfono móvil las abro y las cierro, pero en el blog me diseñé un logo (que luego ni supe insertar) que jugaba con un solo signo de interrogación.
Yo quería dar un grito de indignación contra la pérdida de sensatez y de criterio en la arquitectura de relumbrón y de disparate, y titulé: ¿Estamos locos?, que a la segunda vuelta (¿Estamos locos con la arquitectura? ¿Hacemos arquitectura locos? ¿Arquitecturamos locos?) se quedó en “¿Arquitectamos locos?” Me gustó el título, pero iba con dos signos de interrogación.
Sólo tenía claro que lo que me gusta es la literatura, el cine, la música (especialmente la de jazz), y que un “blog de arquitectura” se debía abrir a esos campos. Vamos, que la sola idea de un “blog de arquitectura” me parecía un poco tonta y corta. Por eso puse el lema (que no es mío): “Quien sólo sabe de arquitectura no sabe de nada, ni siquiera de arquitectura”.
(Hace muchos años, siendo estudiante, me bajé del autobús con un libro del grandísimo Jardiel Poncela bajo el brazo. Me vio un compañero de clase, cogió con curiosidad el libro y en cuanto vio la portada me lo devolvió casi con asco, diciéndome: “¡Pero esto no es arquitectura!” Pues eso: Me ha enseñado mucha más arquitectura Jardiel Poncela que Aldo Rossi, porque Jardiel me ha hecho reír, pensar, coger ritmo, contrastar… etcétera).
Mi blog no tiene criterio, ni línea editorial. Hay algunas entradas más serias sobre algún arquitecto o movimiento, o sobre el concepto de espacio moderno o de fisión semántica, en la que me veo más profesor (aunque sin decir palabros y sin avasallar ni agobiar). Y hay otras de mero cabreo ante algún atropello. Hay otras sobre jazz. Hay otras más bromistas. Etcétera.
Cuando publico una entrada creo que ya no voy a ser capaz de publicar ninguna más. No tengo más que decir. No sé nada más. Y sin embargo al cabo de unos días me sale una nueva. Salgo más o menos a una entrada por semana, y nunca tengo la menor idea de cuál va a ser la siguiente.
(Mira: Ahora que lo digo, este texto va a ser el siguiente).
Creo que mi blog es un auténtico blog en cuanto a “diario personal”. Soy yo mismo, y se me nota mucho. Pero por ese mismo motivo adolece de falta de línea argumental o expositiva, de falta de programa.
A mucha gente le gusta leer lo que dice este bocazas, y a mí me gusta mucho escribir. Suelo hacerlo además con algún ligero tono humorístico (a veces es más descarado) y caricaturesco.
No me debo a nada ni a nadie. No cobro de nadie. No le debo obediencia a nadie. Así que lo que pongo en el blog son chorradas, pero son las que me salen libremente y sin mayor pretensión ni alcance.
Quería hacer alguna autocrítica, pero me releo hasta aquí y observo que estoy encantado de haberme conocido. Lo siento. En general no soy así, y acepto mis limitaciones y carencias con bastante deportividad y aun con cierta elegancia.
Por resumir, esto es sólo un blog. Son mis obsesiones y mis cabezonerías machaconas. Aún me sorprende que le interese a alguien.
Por favor: Si haces algún trabajo previo de presentación sobre este blog pásamelo, y si en tu clase debatís hazme un resumen.
Abrazos

José Ramón

domingo, 5 de julio de 2015

Cinco años

Este blog cumple hoy cinco años. ¡Qué barbaridad! Cuando lo empecé no sé si habría sido capaz de hacer votos por cinco años. No sé si esperaba algo así. Seguro que no.

(Claro, que hay otros más lanzados, que en seguida los hacen pero luego no duran nada).
Reverso de un centenional de Joviano en el que hace votos por cinco años,
aunque sólo fue emperador durante ocho meses. (Cortesía de tesorillo.com)

En el peor momento profesional de mi vida me dio por abrirlo. Hacía ya tiempo que quería hacerlo, pero no me terminaba de decidir y no sabía cómo. Mi hermana Gema tenía un blog en Blogger y me dijo cómo se creaba.
Yo no sabía nada. Quería que se titulara ¿Arquitectamos locos?, y empecé por dibujar el título que debía hacer de cabecera. Lo hice con una tipografía muy rotunda y muy bruta, en la que destacaba tanto el signo de cierre de la interrogación que acabó por comerse al de apertura. Así que al empezar el proceso de creación del blog y tener que escribir el título puse "Arquitectamos locos?" esperando que me pidiera en algún momento la terrible imagen jpg que tenía preparada, pero ni me la pidió ni yo supe dónde tocar para subirla. Fui dejándome llevar, eligiendo fondos y formatos entre los que me aparecían como disponibles, sin pensar siquiera en cómo diseñar yo uno, y me lancé a escribir.
No sabía ni insertar una imagen, ni hacer un enlace, ni nada de nada. (Ahora sé muy poco más).
Mi primera entrada fue esta. Hasta tiene el título repetido porque me lié y porque no sabía cómo aparecería en pantalla. (Pensaba que el título que yo ponía en el cajetín del borrador era un nombre de fichero para mi uso interno, pero que no se vería. Por eso lo volví a poner en el cuerpo del texto. A veces soy muy retorcido y hago ese tipo de cosas. Ya os he dicho alguna vez que jamás he sido capaz de rellenar correctamente un formulario: Suelo decir más de lo que me preguntan, y más enrevesadamente). Tampoco sabía editar lo ya publicado, y así se quedó.
Rápidamente me hicieron comentarios a esa primera entrada unos entrañables, grandes y valiosos amigos, así que a partir de ahí seguí escribiendo muy animadamente. Y hasta ahora. ¡Cinco años ya!

Esta es la entrada trescientos cuarenta. (Bueno, vale: tricentésima cuadragésima). Salgo a una media de 68 entradas al año. Una cada 5,37 días. Vale, quizá no sean muy buenas, pero son muchas. ¡Y hay quien se ha leído el blog entero! (Enormes gracias y un emocionado abrazo a Sergio Andrés Uribe -Arquitecturibe-, que en un determinado momento descubrió el blog y lo fue leyendo hacia atrás, sin perderse tampoco las nuevas entradas. Y sé que como él lo han hecho otros. Es una exageración tan formidable que no sé qué pensar. Me deja anonadado y muy agradecido).

El primer -histórico- comentario de este blog es de mi amigo Pablo a aquella entrada inaugural, y consiste en un lacónico pero estimulante "Enhorabuena!!" que me produjo una gran alegría y el vértigo de pensar que ya no había marcha atrás; que ya no podía hacer melindres ni vaguear, y también el vértigo de preguntarme cada día qué podría contar yo aquí. En ese vértigo sigo.
(Es curioso, pero en ese primer mes del blog, julio de 2010, escribí 17 entradas. Una barbaridad. Eran cosas rápidas, inmediatas. Eran, como el Oficio de Tinieblas 5, la purga de mi corazón).

A las pocas semanas mi socio Tomás y yo cerramos el estudio y me vine a mi casa, desde donde sigo trabajando a salto de mata y haciendo mis proyectos y mis cosas en solitario y como puedo. En algunos aspectos he madurado (a mis cincuenta y cinco años); en otros -la mayoría- sencillamente he envejecido.

Mientras tanto, he cambiado mis bobadas y diatribas en el Amedros (léase el segundo comentario de Pablo) con cuatro (u ocho) amigos por este blog, con muchos lectores, pero añoro aquellos días. (Hoy el Amedros, igual que mi estudio, está cerrado). También añoro la actividad de entonces. Siento muy nítidamente, cada vez más nítidamente, que el peor de los proyectos y el peor de los edificios es mejor que la mejor que las críticas, reseñas o habladurías (llamad a estas de aquí como queráis). Hacer edificios -como hacíamos entonces- era tan apasionante que no nos quedaba tiempo ni para escribir, ni para leer, ni apenas para reflexionar en algo más que en los propios problemas técnicos y constructivos. Qué fantástica es la pasión por construir. Qué estimulante es ver levantarse de verdad, en carne y hueso, lo que uno ha pensado y dibujado.

Este blog me ha salvado la vida, y espero que a vosotros os la entretenga de vez en cuando. Pero vida, lo que se dice vida, es hacer edificios. Todo lo demás, todo esto, es subsistir, luchar, patalear, no dejarse vencer, pero no es lo mismo. No. No lo es.
Si tienes alas, vuela; si tienes piernas, corre; y si no las tienes, arrástrate. Nunca te rindas, nunca dejes de moverte, de manotear, de morder, de arañar. Como sea. Por eso sigo con el blog. Y si me lo quitaran hablaría por la calle. Y hasta daría clases si fuera preciso. Pero no nos confundamos, no perdamos la perspectiva: Esto no es volar.

Gracias a este blog he conocido a mucha gente, la mayor parte compañeros de profesión, pero otros no. Amigos virtuales todos, que me llenan de alegría y de estímulos para escribir, para pensar, para discutir... Pero he perdido (a estas alturas ya pienso que definitivamente) a mis compañeros del estudio: a Adeli, a Eva, a Rafa, a Miguel Ángel... (A Tomás, a Germán y a Andrés los sigo viendo de una forma más o menos irregular pero mantenida y continuada). No sé si leeréis esto alguna vez. No sé qué es de vosotros. Ojalá os vaya todo bien, razonablemente bien, o al menos no muy mal. Me acuerdo constantemente de vosotros, y lo hago con nostalgia, con pesimismo y con desazón. Ojalá me mandarais algún tipo de mensaje para desarmar mis temores.

En fin. Lo siento. Quería celebrar el privilegio que tengo por escribir aquí, y la alegría que me dais leyendo y comentando estas cosas, y haciéndome sentir acompañado y querido, pero me ha dado llorona.

Maldita sea. Quemaría este blog y todo lo que contiene por un café en el Tanín con vosotros.



(Pero sigo. Sigo y seguiré. Tengo que escribir).
Silicua de Valentiniano I. Cumplidos cinco años de fidelidad a su pueblo
promete cinco más, hasta un total de diez. Lo tomo como ejemplo.
(Y después, cumplidos los diez, otros diez. Etcétera).

Las indicaciones nusmismáticas se las debo a mi amigo Manuel Pina,
factótum de la web tesorillo.com y seguidor de este blog.
Muchísimas gracias, Manuel.

viernes, 8 de julio de 2011

Cumplo un año

Acabo de comprobar que inauguré este blog el día 5 de julio de 2010. Hoy cumplo un año y tres días. (El mismo día de mi cumpleaños no me di cuenta).
Lo estrené en el peor momento profesional de mi vida (y muy malo también en lo personal), y en este año el blog no me ha dado más que alegrías. He conocido nuevos amigos, que me dicen cosas amabilísimas, y mantengo más estrecha mi relación con los amigos de siempre, que también.
En este año he tenido veintiséis mil quinientas veintiséis visitas (hasta este momento), cosa que no podía ni imaginar cuando empecé.
Es cierto que más de la mitad de las visitas son por error, pero eso no me importa. Como dice Vienna en Johnny Guitar: "Miénteme. Dime que me quieres". Pues eso.
Son visitas por error porque una vez se me ocurrió poner una imagen de un tatuaje espeluznante para ilustrar la tesis de Loos sobre el ornamento y el delito, como ejemplo de actitudes poco recomendables, y resulta que blogger me da una herramienta para saber cuántas visitas tengo cada día, a qué artículos, y con qué palabras de búsqueda dan conmigo; y todos los días la gran mayoría de los que entran aquí lo hace buscando tatuajes graciosos, que es justo lo que yo no quería. Se ve que entran, ven la foto y se van. No leen el texto, porque no he tenido comentarios ofensivos.
El único comentario ofensivio que tuve fue por mi burla de Punset. Ahí está, conservado. Pero después otro lector contestó a éste atacándole a su vez para defenderme a mí. Le agradecí el gesto pero le borré el comentario. Es el único que he borrado en un año. He tenido hasta el momento doscientos veinticinco. Gracias a todos.


No sabía cómo se hace un blog. Y sigo sin saberlo. Entré en blogger, elegí un fondo que me pareció bien (la estantería con libros) y apenas elegí nada más. Ni tipos de letra ni nada parecido. Poco a poco metí algunas cosillas en la columna derecha (las más obvias) y pare usted de contar. Me había hecho un dibujo para la cabecera, un logotipo de Arquitectamos locos?, pero no sabía cómo ponerlo, y se quedó sin estrenar. Y así todo lo demás.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Vanitas vanitatis

Hay una herramienta de Blogger que me permite saber cuánta gente entra en mi blog cada día, cada semana, cada mes... y de qué países, y con qué buscadores, y con qué palabras de búsqueda.
Confieso que miro esos datos fascinado y un poco vanidoso. Me leen en México, en Argentina, en Chile... También entran bastantes desde EE.UU. y Canadá. Y un día, no sé por qué, entraron un buen puñado desde Rusia.
Me siento como aquel periodista español de los años cincuenta-sesenta a quien sus burlones amigos convencieron de que los agentes americanos seguían muy de cerca sus artículos, que enviaban subrayados y glosados a la Casa Blanca. Y ese periodista entraba en el café con la cabeza muy alta y el gesto altivo diciendo: "¡Hoy se van a enterar los yankis! ¡Cómo los he puesto!"
Pues así estoy yo: pensando que mis opiniones y resoplidos sobre arquitectura y sobre todo lo demás son muy seguidos desde América hasta Asia (en África no; en África me leen menos). Y me siento tan ufano y tan tontito.
Y resulta que el post que más se visita, y se sigue visitando bastantes veces cada día, es el de "Ornamento y delito", y entonces durante un instante me parece como si el espíritu de Adolf Loos siguiera vivo y su mensaje de sensatez ornamental tuviera aún fuerza, y me caigo del guindo comprobando que las palabras de búsqueda que han dado por error con mi blog han sido tatuajes, tatuajes guapos, tatuajes en el cuello, tatuajes de terror... y recuerdo que para ilustrar aquel post puse una foto flipante de un tío que se había tatuado un trampantojo en el cuello, como si lo tuviera cortado y cosido.
Es decir, que puse aquello para argumentar por qué no me sentía muy partidario de los tatuajes, y resulta que son los amantes del tatuaje quienes más me visitan. Me imagino que van buscando fotos chulas y ni se molestarán en leer mi artículo, porque si lo hacen va a ser peor.
En fin; siento que el buscador les mande aquí y les haga perder su valioso tiempo. Y me imagino que de entre todos los que registran los contadores, los que de verdad leéis algo de esto que escribo seréis "cuatro gatos". Pues os doy las gracias de corazón. Me siento muy acompañado y muy querido por vosotros.

(Tengo que decir también que entran muchos buscando datos sobre Louis Armstrong, y eso sí que me lleba de satisfacción).