La palabra "moderno" es, especialmente para los arquitectos, una palabra que no conduce a nada, una palabra vacía. Además ya sabemos que si acudimos al diccionario, este no va a solucionarnos nada.
Vale, en el lenguaje común quiere decir, más o menos, actual. Pero si queremos insertar esa palabra en el campo del arte, del pensamiento, de la historia o de la cultura sus límites se van diluyendo y se acaba por diluir entera.
Si la usamos con minúscula, lo moderno es lo de ahora, sea ese "ahora" cuando sea. Y así, para un agricultor tardorromano cierta forma de riego sería "moderna"(1), como también lo sería, diez o doce siglos más tarde, cierta clase de vela para un navegante genovés. Pero si la usamos con mayúscula y al modo rimbombante, ese "Moderno" es de cuando lo acuñó alguien, y según pasan las décadas ese "Moderno" es cada día más "Antiguo". Y así ocurre en historia con la "Edad Moderna" o en arquitectura con el "Movimiento Moderno".
La arquitectura moderna (con minúsculas y sin ánimo estupendo) es la de ahora, la de cada "ahora" desde la época de las cavernas hasta 2026, pero la Arquitectura Moderna (con mayúsculas) es la de vanguardia entre 1920 y 1950, por ejemplo. (Tampoco ando yo ahora mismo con ganas de afinar mucho). Para más inri, en España tenemos una dificultad añadida, y es que gastamos el término "modernismo" antes de tiempo, mientras en otros países se hablaba de Art Nouveau o de Jugendstil. Y así, cuando en cualquier otro idioma se habla de Modernism para referirse a los corbusieres y compañía, aquí tenemos que decir "Lo Moderno", "La Modernidad" o cosas así, pero jamás Modernismo, que dejamos para los arquitectos de medio siglo antes (y sigo sin ganas de afinar).
¿Entonces qué es "lo moderno"? Creo que estoy cansado del prurito historiográfico que gastamos los arquitectos y me voy cada vez más a la interpretación común, y además acabo de leer un texto de Antonio Miranda(2) que me ha transportado a una idea que me gusta, y que me ha dado pie para escribir esta entrada.
Empieza diciendo que Engels sugiere que podemos hacer coincidir el origen de la Modernidad con el origen del ser humano. Se refiere con ello a su presente eterno, y en seguida habla de
el ascenso de la humanidad hacia el Reino. Reino de los Pobres, o de los Cielos, en Jesús; Reino de la Libertad en Marx: allí donde todos cuidamos de todos. Tal es la Modernidad, siempre en marcha intemporal e indestructible mientras existan hombres y mujeres que aspiren a la emancipación y la alegría de los demás seres humanos.
Aplaudo y me siento muy contento con este enfoque, y me gusta mucho ese optimismo en un autor siempre pesimista. Me quiero agarrar a esa fe de que la Modernidad es presente eterno de progreso, y de que es intemporal y siempre está en marcha. Y, sobre todo, me encanta esa lectura absolutamente ética de la Modernidad:
* Allí donde aspiramos a la emancipación y a la alegría de los demás seres humanos.
Me recuerda aquello tan famoso y tan importante que dijo Margaret Mead: que el primer signo de civilización (y en este contexto que llevamos yo diría "de modernidad") es un fémur soldado hallado en un yacimiento. Porque en los albores salvajes del pre-ser humano fracturarse un fémur era morir. Con una pierna rota no podías cazar, no podías conseguir comida y tampoco podías escapar de cualquier depredador. Estabas muerto. Sin embargo, encontrar entre restos humanos antiquísimos un fémur fracturado al que le dio tiempo a soldarse significa que esa persona estuvo atendida y cuidada, pudo permanecer en reposo y ser alimentada y protegida por su clan. Sus compañeros tuvieron que cazar un poco más y con un poco menos de ayuda para poder dar de comer a un miembro temporalmente inútil.
Eso es algo que escapa al inmediato afán de beneficio propio, a la perentoria necesidad de rentabilidad en cada una de nuestras acciones. Es algo que se refiere directamente a la solidaridad humana y a la ética.
Me encanta pensar que esa sórdida frase de "es el mercado, amigo" pueda quedar algún día como un residuo de un modo muy primitivo de actuar, y que lo que nos identifique como seres "modernos" sea la ética y, como dice Miranda, la aspiración a la emancipación y a la alegría de los demás seres humanos. Y creo que esto es muy aplicable a la arquitectura. Que la arquitectura moderna no sea la del abuso ni la de la especulación ni la del mero mercado desnudo, sino la del progreso social y la de la construcción de la colectividad humana(3).
Me entusiasma pensar que estos días de mierda que vivimos y que nos dejan tan exhaustos y tan tristes no sean ya más eso, sino días de esperanza, días de verdadera modernidad.



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