la edad de la sabiduría y también de la locura;
la época de las creencias y de la incredulidad;
la era de la luz y de las tinieblas;
la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.
Todo lo poseíamos, pero nada teníamos.
Chals Diquens. Historia de dos ciudades.
A menudo pienso en la suerte que tenemos todos los que vivimos en esta época, en la que cada día asistimos a nuevos avances científicos y descubrimientos. Es algo que nos llena de optimismo y de alegría, y que, de vez en cuando, nos hace recordar con nostalgia a nuestros abuelos: "Pobres; si ellos hubieran sabido..." "Si en su época se hubiera conocido este tratamiento médico..." Pero qué le vamos a hacer: A nosotros nos ha tocado disfrutar.
Y lo mejor es que estos nuevos hitos del conocimiento no están reservados a una reducidísima élite, a unos muy pocos privilegiados, sino que gracias a los medios de comunicación -que a su vez son cada día más ubicuos- nos llegan a todos.
El penúltimo zambombazo, de hace apenas dos días (13 de enero) ha sido este:
Sí. Sí. Fijarze bien: 13 de enero de 2020 a las 5:30 de la tarde: "Última hora". Lloro de la emoción. La Tierra no es plana. Última hora, sí: última hora. Me eratosteneo de entusiasmo(1).
¡Qué cosa más grande!
Pero es que las sorpresas y las excitaciones no acaban ahí. Al día siguiente, ayer, asistimos a esto:
Volverze a fijá: 14 de enero de 2020 a las 9:45 de la mañana. Solo dieciséis horas y cuarto después de que los científicos supieran que la tierra no es plana, han descubierto por qué pasamos frío en invierno. Bueno, vale, pasamos frío en invierno porque lo hace. Ya. Eso ya lo sabíamos. A lo que quiere referirse el titular es a que ya se sabe por qué hace frío en invierno.
Y es que, pasmaos, ¡la Tierra gira de dos formas a la vez! Por una parte, gira sobre sí misma, en torno a un eje que une sus dos polos, y por otra, gira alrededor del Sol. Ya, ya sé que cuesta creerlo, pero aún no he dicho lo más gordo.
Lo más gordo es que ese eje interno de la Tierra no es perpendicular al plano en el que esta da la vuelta al Sol, sino que está ligeramente inclinado. Y, por eso, al pasar por una zona del circuito los rayos del "astro rey" nos pegan más perpendicularmente y al pasar por la opuesta nos rozan de forma más oblicua.
Y esto, a su vez, tiene un corolario inquietante: Cuando el Sol le pega más de lleno al hemisferio norte roza más suavemente al sur, y al revés. Es decir: Cuando en uno es verano en el otro es invierno, y viceversa.
Yo m'he quedao to loco to loco to loco. ¡Dónde vamos a llegar, Dios mío!

