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viernes, 9 de diciembre de 2022

Un libro de arquitectura

El otro día una alumna ya de la segunda mitad del Grado de Fundamentos de la Arquitectura me dijo que hasta el momento había estado muy ocupada en ir aprobando las asignaturas y en ir avanzando con su carrera -lo que no es poco-, y que tenía la sensación de que no se había ocupado de pensar qué es la arquitectura, cómo la quiere entender, y no había reflexionado sobre las cuestiones principales.

Me pidió que le recomendara un libro de arquitectura -porque además ahora, con las vacaciones de Navidad y con los Reyes Magos, es un buen momento para comprar alguno e incluso para leerlo- y no le supe qué decir. Le di muchas vueltas evocando qué libros de arquitectura me habían sacudido a mí y en qué circunstancias.

Me hice una lista apresurada con la convicción de que eran libros que me gustaron mucho, pero no sé si a ella le interesarían, y me sentí perdido y desorientado. Si mi misión es dar alguna orientación o alguna idea soy (de nuevo) un fraude.

La foto que he puesto es un fragmento de mi biblioteca, formada por años de amor por los libros. ¿Pero en qué se podría resumir? ¿Qué tres o qué cinco libros podría seleccionar para pasárselos ahora a alguien que está empezando a leer y a mirar? ¿Cuál fue el primer libro de arquitectura que yo leí?

martes, 1 de mayo de 2012

El arquitecto municipal

Si hay un arquitecto ligado a una ciudad, y, aún más, si hay un arquitecto ligado al desarrollo urbanístico de una ciudad, ese es Willem Marinus Dudok a Hilversum.
Dudok nació en Ámsterdam en 1884, y a los dieciséis años inició su carrera militar. Fue destinado a las colonias de Indonesia, y a su vuelta sirvió en la unidad de telegrafía de Utrecht. Con veintitrés años fue teniente, con veintisiete se casó y tuvo una hija.
Este hombre, que al parecer valía para todo, decidió buscarse un oficio en el mundo civil y fue nombrado Director Suplente de Obras Públicas en Leiden. ¿Dónde había aprendido sobre obras? No lo sé, pero creo que igual podría haber sido Director Suplente de la Filarmónica de Ámsterdam (su padre era violinista, y su madre pianista) o delantero centro del Ajax. Hay gente que lo mismo sirve para un roto que para un descosido.
Al año siguiente le llegó el nombramiento de capitán en la reserva y nació su segundo hijo.
En 1915, con treinta y un años, consiguió el cargo de Director de Obras Públicas en Hilversum, municipio al que quedó vinculado de por vida (y fue larga: murió meses antes de cumplir noventa años).


Además de hacer el Ayuntamiento de Hilversum (obra maestra de la arquitectura de todos los tiempos), Dudok participó en los planes de ordenación de la ciudad, proyectó sus colegios, sus barrios residenciales, centros comerciales, etc., con una calidad arquitectónica apabullante.
He viajado muy poco, pero tengo la suerte de haber estado en Hilversum. Es una ciudad estupenda, coherente, limpia, clara, hermosísima. Desde sus exactos trazados urbanos hasta el más humilde porche para bicicletas de su más modesta escuela infantil, rezuma encanto, belleza, simpatía y talento por todas partes.


Dudok hizo una obra magnífica, que supo concertar las dos corrientes antitéticas de Holanda: Por una parte, su obra se hace eco de la plasticidad (la neoplasticidad) de De Stijl, con sus ángulos rectos, sus planos que "se pasan de largo" en los encuentros, volando y disparándose, abriendo la caja constructiva; y, por otra, toma el expresionismo de la Escuela de Ámsterdam, con sus volúmenes de ladrillo, sus formas rotundas y su "tremendismo". Tanto es así que, sin ser miembro de ninguno de los dos grupos, a menudo se le encuadra tanto en uno como en otro. Y eso que no tenían nada que ver.
¿Nada que ver? Bueno: Los dos movimientos adoraban a Frank Lloyd Wright.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El concepto moderno de espacio arquitectónico

Los del ranking de blogs de arquitectura me han subido de golpe del puesto 72 al 39. ¡Vaya! Esto me carga de responsabilidad, así que hoy debo ser serio y endiñaros un poco de doctrina.
(Que conste que me han debido de subir por algún ajuste raro. Lo primero es que de Wikio han pasado a llamarse ebuzzing, y lo segundo es que nadie o casi nadie baja de puesto, así que ha debido de haber una limpia general, y a partir de ahí volveré a bajar y a normalizarme, y trataré de las banalidades habituales. Pero hoy voy a ser pero que muy serio).
Hay un libro de Giulio Carlo Argan que se titula El concepto de espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de los años sesenta y hoy descatalogado (como tantos y tantos libros fundamentales), que a mí me parece interesantísimo. (Era de la editorial Nueva Visión, de Buenos Aires, y aprovecho para agradecer a las editoriales argentinas la inmensa labor que han hecho por la cultura en castellano, y lo mucho que les debemos desde España. También saludo con cariño a las bibliotecas y a las librerías de viejo, que nos dejan conocer tantísimos libros que el mercado y la moda han devorado).
Bueno: Al grano. He dicho que hoy me pondría estupendo, pero tendré piedad de vosotros y simplificaré todo lo que pueda.
Aparte de esto, hay que tener en cuenta que cuando se habla de términos tan resbaladizos hay que exagerar o, por decir así, forzar los contrastes. Ni lo blanco es tan blanco ni lo negro es tan negro. Es una forma de entendernos.
Argan dice que el espacio no es una relidad objetiva, definida, con una estructura estable, sino que es un concepto; es decir, una idea que tiene un desarrollo histórico propio.
Desde el Barroco hasta nuestros días ese concepto de espacio se ha transformado desde ser considerado algo previo hasta entenderse como consecución final.
Antes del seiscientos la arquitectura se pensaba como representación del espacio, pero en el Barroco se transformó hasta concebirse como determinación del espacio.
El arquitecto del Barroco se da cuenta de que el espacio no existe previamente, sino de que él lo puede crear. Imaginaos la normativa estricta del Renacimiento, los órdenes, la claridad de composición. Entonces el arquitecto también creaba, pero su creación era para constatar que el espacio era como tenía que ser, que la obra se había realizado correctamente.
Sin embargo, el arquitecto del Barroco crea convexidades y concavidades que chocan, explosiones imprevistas y desordenadas, contradicciones. El espacio no es previo, sino que se va determinando a través de las formas arquitectónicas. El arquitecto hace que el espacio palpite, y el ser humano se ve inmerso en una concepción mental, en una abstracción que, no obstante, se materializa muy carnal y concretamente.
El espacio da vértigo.
El arquitecto ya no representa el espacio, sino que lo hace.

martes, 4 de enero de 2011

Otra vez La Sagrada Familia

Hace poco escribí un artículo en el que me quejaba de lo que le habían hecho (y le siguen y le seguirán haciendo) a la Sagrada Familia de Gaudí.
Hoy leo en EL PAÍS un artículo de Óscar Tusquets en el que se arrepiente de haber tenido aquella misma opinión.
Por honradez, y porque creo que es un tema interesante para el debate, os pongo aquí el artículo.

(Me reconforta que también se opusieran Aalto, Le Corbusier, Bruno Zevi, Giulio Carlo Argan... Gente de criterio. ¿Qué habrían dicho de verla ahora, casi terminada? ¿Se habrían arrepentido como Tusquets?)

Edito el texto para incluir el enlace que tan amablemente nos ha pasado nuestro amigo (o nuestros amigos) Anónimo. Muchas gracias. (La lista de firmantes es imponente). Clicad aquí.