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viernes, 4 de marzo de 2011

Una joya de amigo

Sigo dándole vueltas a la funcionalidad inmediata y a su corolario, el chabolismo, y llevo unos días queriendo hacer una entrada sobre la cabaña de Le Corbusier, que tan sabiamente mencionó Pablo el otro día. Pero, no sé por qué, al final acabo hablando de otra "cabaña". (Quizá otro día hablemos de la del Corbu).
Se trata de un pabellón de invitados, una casita, un estuche, un joyero exquisito, que proyectó y construyó el arquitecto danés Wilhelm Wohlert en 1957 en la isla Seeland.
Es, a mi juicio, un ejemplo de elegancia casi insoportable, algo por lo que sufrir el Síndrome de Stendhal con más motivo que por aquellas antiguallas florentinas.
Una cabaña de madera, de cinco habitaciones pequeñas y austeras.
Este pabellón de invitados está en un bosque, separado de la casa de los anfitriones. Demuestra que éstos aman a sus amigos y los alojan como joyas: en un joyero. (Pero también que los colocan alejados de su casa para que no molesten). Es decir: Son los anfitriones perfectos. A esa casa puedes ir sin vergüenza ni timidez. Sabes que siempre serás bien acogido porque no molestas.